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miércoles, 29 de octubre de 2014

Todos somos Martin

Un tema del que tenía yo ganas de comentar un par de cosas hace tiempo, pero siempre se me olvidaba :P Hoy voy a hacerlo, porque en menos de doce horas han conseguido que me salgan dos úlceras (de forma involuntaria, estoy segura/confío/espero/creo/supongo). Veréis, el detonante de mi momento de ARGSFGJGJGLLGGGL han sido dos cadenas de twits:





Que esto no es nuevo, ¿eh? Ya ocurría hace años, en vez de con Martin, con Tolkien (a rey muerto, rey puesto). Pero veréis: ni es justo para Martin ni es justo para los demás autores de fantasía que todo lo que se haga en ese género pase por el rasero de Canción de Hielo y Fuego. No es justo que TODO lo que se escriba de fantasía épica medieval ahora sea "una copia de Canción", como hace años era "una copia de Tolkien". Y no es justo básicamente porque no es verdad.

Veréis: los escritores, como es obvio, también leemos. Y, a la hora de escribir, es evidente que tenemos nuestras influencias, y que lo que hemos leído influye en nuestra forma de escribir de una manera más o menos acusada. Es cierto que cualquier autor de cualquier género tiene una serie de autores que han influido en él y por los que se sigue dejando influir hasta que todas esas influencias conforman un estilo diferenciado propio del autor en cuestión. Lo que no es cierto es que TODA la fantasía épica actual esté influida por Martin, como no toda la fantasía épica del siglo XX estaba influida por Tolkien. Pongamos las cosas en perspectiva: en estos casos concretos que os ponía arriba, esta gente estaba diciendo que mis novelas parecen de Martin porque son medievales y tienen política, sangre, sexo y mapas. El mismo Martin se descojonaría en sol sostenido si alguien se atreviera a decirle que él inventó la fantasía épica, que él inventó las conspiraciones políticas, que él inventó los mapas en las novelas de fantasía, que él inventó eso de cargarse personajes, que él inventó lo de meter sexo en sus novelas y hasta que él inventó la Edad Media. (Por cierto que si muchos autores elegimos el Medievo para ambientar nuestras novelas no es por Martin, ni por Tolkien: es porque las historias épicas/de caballería/de héroes se inventaron en aquella época. Y también porque la Edad Media es la época ideal para hablar de brujos, maldiciones, conjuros y profecías, una época oscura y llena de magia y de monstruitos, dragones y brujas malas. Vale, no los había, pero la gente creía que sí, que es lo importante. Y no, eso tampoco lo inventó Martin. Ni Tolkien. Tolkien, de hecho, se basó en las leyendas y la mitología de la edad media escandinava/germánica, así que tampoco era del todo original. ¿Os sorprende? ¿Por qué?).

Un poco de por favor :P Martin es un escritorazo y se ha convertido en un referente por algo, pero tampoco vayamos a sacar los pies del tiesto pensando que TODO lo que se hace está hecho para imitarlo a él, porque ni es justo ni es cierto. Es como los que comentan que Camelot y Outlander quieren aprovechar el tirón de Juego de Tronos. Eh... ¿hola? ¿La historia del rey Arturo también es un plagio de Canción de Hielo y Fuego, cuando es unos 10 siglos anterior? ¿Una serie basada en una novela de 1991 es una copia de una serie basada en una novela de 1996? Claro que sí. Si me apuráis, hasta Shakespeare, con su manía de matar personajes, era una burda copia de Martin. Que escribiera en el XVI-XVII es un detalle sin importancia.

Lo que quiero decir con este exabrupto no es que Martin tenga menos mérito del que tiene =) creo que los que me conocéis un poco sabéis que soy #muyfan de Canción y del señor de la barba y los tirantes, y que me flipa su saga y el resto de sus novelas. Pero el resto de los escritores de fantasía también tiene su mérito, y no únicamente como imitadores. Y que no es justo que cuando una novela huele a épica medieval ya se tache de "imitación de GoT", ni que cuando un autor mata a un personaje ya se le tache de "imitador de Martin", ni que cuando un autor hace un mapa se le diga que el mapa "es de Poniente". Que ya había mapas, épica, Edad Media, sangre, muerte y sexo antes de Canción, y que seguirá habiéndolos después, vaya ;) simplemente eso.

jueves, 23 de octubre de 2014

Al Cid, que le folle un pez

Quería yo hoy comentar un tema que llevamos varios milenios debatiendo en las redes sociales, y del que, como de casi todos, parecemos tener la solución parcial o total pero ¡oh, cosa extraña!, nadie nos hace caso (sobre todo los que mandan, que son los que deberían hacérselo mirar. Y bueno, también en temas económicos y sociales parece que las cosas “de cajón” no les entran en la cocorota, así que de qué nos extrañamos).

El tema en cuestión es la educación y el dañito que hace a la lectura. Sí, tal cual. Veréis: a juicio de los que nos hemos entretenido en debatir esto (parte interesada, ya os lo voy diciendo, porque el 95% somos escritores), el plan educativo en literatura está perfectamente diseñado para que los chavales no vuelvan a leer un puto libro en su puta vida. Hablo de España, pero no creo que en el resto del “mundo libre” la situación sea mucho mejor. Aunque estoy dispuesta a dejarme sorprender, siempre que sea para bien, gracias =)

O sea, vamos a ver. ¿A qué mente preclara se le ocurrió que la mejor forma de conseguir que la gente ame la lectura es obligar a los chavales de 13-14 años a cascarse el Cantar de Mio Cid en castellano antiguo y El Quijote en versión extendida con sus dos partes y el fanfiction extraoficial? ¿En serio piensan que la amenaza «O te lees y asimilas y entiendes a la perfección La Celestina y El Lazarillo de Tormes de aquí al lunes, o suspendes, pazguato, y calla la boca o te mando al despacho del dire» va a hacer que los muchachetes que llenan las aulas de Secundaria respondan «Genial, profe, a partir de ahora en vez de irme a los futbolines o pasarme las horas muertas trolleando en el LOL, voy a dedicarme a leer, muchas gracias»??? Coño, se me quitan las ganas de leer hasta a mí, que soy el monstruo de las galletas versión libros... Lo raro es que todavía quede alguno que no decida des-aprender a leer para ahorrarse sufrimientos. O sacarse los ojos con una cucharilla, lo que venga antes.

Vamos, que para que un chicochica estudiante de ESO decida no colgar los libros y dedicarse a ver MYHYV en sus ratos de esparcimiento, para que de un adolescente salga un lector, el adolescente en cuestión tiene que “venir leído” de casa: haber aprendido a amar los libros antes de que en el cole le explicasen cómo se abren y qué movimientos musculares hay que hacer para leerlos. Guau, qué mérito el del sistema educativo, ¿eh? Apartar de la lectura a TODOS los chavales excepto a los que ya están tan metidos en el vicio de leer que no los apartas ni con agua caliente. E incluso ésos, lo que sí se consigue en el 80% de los casos (caso arriba, caso abajo) es que decidan no volver a leer en su puta vida ESOS libros. ¿La prueba? Mirad estos dos twits, que son (creo) sintomáticos:




Estos dos chavales son un síntoma de lo que ocurre, y por fortuna son el mejor de los síntomas: el de los poquitos que no deciden mandar a los libros a pescar coquinas por la vía rápida. Uno porque decide seguir leyendo pese a todo (eso sí, seguir leyendo lo que a él/ella le gusta, no lo que el ministro de turno piensa (je) que debe leer), el otro porque supera su fobia a los libros y decide meterle mano a uno que parece que le puede molar. Por desgracia, no es lo más común. No tenéis más que pasaros por las redes sociales y echar un ojo a los mensajes que se intercambian los adolescentes y adultos jóvenes: el que lee casi casi lo oculta, se siente avergonzado de ello, o lo declara con el orgullo de quien declara que su enfermedad degenerativa no le impide hacer vida normal. Y la mayoría hace de su no-lectura una bandera, «Yo no leo», sabiendo que con ese lema va a encajar en el grupo mayoritario y a formar parte del club más amplio y con más seguidores de todo el planeta.

Y luego se asombran de que en España, y en casi todo el mundo, no se lea un pijo. Y se desprecie la literatura, y los libros sean un quéseso (o, en el mejor de los casos, una forma bonita para crear un bolso de moda, que es lo que se lleva ahora, bolsos con forma de libro O_o ¿Y lo de dentro?). Pero es que es normal, joder. Te cogen con 14 años y te zoscan el Mester de Clerecía sin anestesia, y ahí el que no sale corriendo despendolado y jurando en veinte idiomas que no vuelve a leer algo más complejo que la etiqueta del champú es un jodido héroe. Que parece que hagan el programa educativo para que los críos no vuelvan a leer una mierda, coño.

Que no digo yo que no se estudie la historia de la literatura. Hay que estudiarla. Pero eso no sirve para hacer que los chavales aprecien la lectura: sirve para meterles datos en la mollera con un embudo y un pistón de corchopán. Aparte de que muy bueno tiene que ser el profe para que todos esos datos se les queden en el cerebro, pero eso pasa con todas las asignaturas, así que para qué hurgar.

A lo que yo me refiero no es a que no se dé esa materia de historia de la literatura, sino a que no se obligue a esos chavales a leer semejantes bodrios (sí, son bodrios. Tened en cuenta que hablamos de gente muy joven y, generalmente, con poca experiencia lectora: cascarles algo así de complejo y denso es matarles las ganas pa siempre jamás). Que se estudie la asignatura todo lo que se quiera, pero que se impulse a los chicos a leer otras cosas que les puedan gustar. En clase, Cervantes; en casa, Harry Potter. Y quizá los datos y fechas y corrientes literarias no se les queden en la cabeza (total, ahora tampoco se les quedan, así que qué más da), pero seguro que la magia de la lectura convierte a más de uno y más de dos en un lector irredento conforme vaya creciendo y saltando de libro en libro y de género en género. No creo que sea tan descabellado =)

lunes, 13 de octubre de 2014

Se mata poco

Buenas =) Me apetecía hoy comentaros un mensaje/respuesta/cosa que me enviaron ayer en twitter y que me resultó lo bastante curiosa como para detenerse un poco a pensar en ella. No mucho, que tampoco hay que pasarse :P pero sí un poco más de 140 caracteres, por qué no =) El mensaje fue éste:


El caso es que esta respuesta me hizo pensar. Para empezar, en que este ser humano cuya identidad he escondido con tanta habilidad :P (sólo por si no quería que su mensaje saliera aireado con su perfil ahí a lo bestia) es uno de los pocos que no hacen referencia a mi bienamado y nunca bien ponderado George R. R. Martin cuando se habla de matar personajes. Que sí, que Martin mata personajes, eso es innegable :P pero ¡No es el único! ¡Ni es el primero en hacerlo! ¡Ni es el que más mata! Anda que no hay muertes a cascoporro en la historia de la literatura universal, empezando por las tragedias griegas y acabando... bueno, no se acaba nunca. Pero en fin, lo de que cuando dices "voy a matar a un personaje" toda la humanidad en su conjunto se apresure a preguntarte si quieres parecerte a Martin no es más que una anécdota :P El tema da para mucho más que eso.

El tuit me hizo plantearme si es cierto que a algunos escritores (lo del género lo dejaremos a un lado porque es tan anecdótico como lo otro) nos gusta matar a los personajes más queridos de los lectores. Y mucho me temo que la respuesta, en muchas ocasiones, es un contundente .

No me entendáis mal: no lo disfrutamos. Bueno, un poco sí xD pero sólo como uno disfruta una travesura, te echas una risita al pensar en lo que pensará el de enfrente y ya está. En realidad, cuando un lector se enamora de un personaje suele ser porque el autor se ha enamorado antes de ese mismo personaje, y ha conseguido transmitir ese sentimiento al lector. Y, si el autor ama apasionadamente a ese personaje ¿cómo va a disfrutar matándolo? Al menos los que todavía estamos medio cuerdos :P :P Nah: una cosa es que no tengamos miedo de matar, otra bien distinta que lo hagamos por joder al lector o por maldad pura y asalvajada.

No =) en realidad los escritores matamos cuando es necesario. Sí, es evidente que queremos despertar una reacción en el lector (como con todas las escenas que escribimos), pero la muerte de un personaje no es un objetivo en sí mismo: es una forma de hacer avanzar la trama, es necesaria cuando es necesaria, tiene que ser sólo cuando tiene que ser. Y, además, es una cuestión de provocar dos cosas en el lector: por un lado que no se acomode (¿No os ha pasado nunca que habéis dejado de emocionaros al leer un libro porque sabíais que los protagonistas iban a salir de aquélla sí o sí? ¿Que, por muy negras que se les pusieran, SIEMPRE saldrían? Cuando uno deja de temer por el futuro de un personaje, puede ocurrir que le deje de emocionar o de interesar la historia. Y eso es algo de lo que todos los autores huimos :P y cuando el lector sabe que eres capaz de matar a CUALQUIERA, que no te importa que sea el protagonista o el personaje más querido o un secundario que pasaba por allí... entonces no puede acomodarse jamás, #bwahaha y todo eso), y por otro lado queremos provocar una sensación de realismo (sí, los autores de fantasía también). Y, por desgracia, en la vida real la gente muere. Mucho. De hecho, todos :P Así que no es tan extraño que un personaje de una novela muera, sea quien sea. Todo el mundo tiene que morir, y todos los días muere un montón de gente. Así es la vida, no la inventé yo y todo eso.

Así que no, no lo hacemos por maldad ni por dar por saco al pobre y desconsolado lector =) lo hacemos porque tenemos que hacerlo, y lo contrario sería incumplir nuestra obligación como escritores. Eso sí, y ahora hablo sólo por mí, no me tiembla el pulso al matar a ningún personaje PEEERO cuanto más adoro a ese personaje mejor muerte quiero darle: más épica, más dramática, más... digna de recordar. Es mi personaje y lo quiero, ¿no? Lo quiero MUCHO. Así que quiero que tanto su vida como su muerte sean memorables. Y si soltáis una lagrimilla... bueno ;) eso es porque os he hecho sentir, ¿no...?