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lunes, 24 de noviembre de 2014

¡Hablad bien, que no cuesta un carajo!

Es una frase que decía mi abuelita (creo) y que me viene al pelo para definir lo que me apetecía contaros hoy. Veréis, el otro día un buen amigo y mejor profesional en esto de la edición/corrección/escritura me comentaba que alguien le había dicho que había dejado de leer una de mis novelas porque le había chocado demasiado (para mal) que «un rey medieval llamase “cabronazo” a un mayordomo». Este amigo me decía que a él no le parecía correcto, que lo consideraba un fallo estilístico y que se había disculpado con ese alguien (el que había dejado de leer) por haberle recomendado mi novela.

Vayamos por partes ^^ En primer lugar, por supuesto que esa persona tiene todo el derecho del mundo a dejar de leer una novela si el estilo, la historia o el tipo de letra no le gusta, ¡faltaría más!, y yo ahí no tengo nada que decir. Donde sí tengo algo que decir es en la otra afirmación, la de que utilizar ese tipo de coloquialismos (que yo en mi casa llamo «palabras malsonantes», «tacos» y «salvajadas burras») es un fallo estilístico. Y mirad que suelo estar de acuerdo en prácticamente todo lo que me dice este amigo, porque es un grandísimo profesional; pero en esto no, sorry =)

Cuando una novela está escrita con corrección ortotipográfica, sintáctica y semántica y mantiene una coherencia interna en los tonos (de la narración y de los diálogos de cada personaje), NO contiene fallos estilísticos. A uno le puede gustar más o menos un estilo, obviamente; pero, le guste o le disguste, el estilo ES CORRECTO. Eso como punto número uno.

Como punto número dos: desde los inicios de la literatura se han empleado los coloquialismos como recurso. No es algo nuevo, ni es algo que yo me haya inventado (hasta ahí podíamos llegar): las mismísimas comedias de Aristófanes están plagadas de ellos. Vulgarismos en griego clásico, válgame. Lope de Vega escribía una obra al día y, aunque lo hiciera en verso, también metía por ahí sus expresiones “bajunas”, y no de vez en cuando. Por no hablar de la literatura más contemporánea, por supuesto, donde los coloquialismos y vulgarismos tienen una presencia casi predominante.

Punto número tres: los coloquialismos y vulgarismos están ahí para algo. Ese tipo de expresiones, frases y términos es el que utiliza la gente al hablar entre sí, cuando no está empleando el idioma para dar un discurso o una conferencia, cuando no está escribiendo una carta oficial o un ensayo sobre la inmortalidad del alma sensible, cuando no se está dirigiendo a una instancia superior :P Es el lenguaje que empleamos todos cuando charlamos con el vecino del quinto en el ascensor o con nuestro amigo Paco mientras nos peleamos por las aceitunas en el bar. Entonces ¿por qué digo que es correcto empleado en literatura, si no está aceptado dentro de la corrección semántica/sintáctica general (aunque la mayoría sí está recogida en el diccionario de la RAE y en el Panhispánico, conste)? Porque la gran diferencia entre la narrativa de ficción (meaning “novela”) y el resto de géneros escritos estriba en los personajes y el tipo de narración.

Es fundamental para todo autor de ficción saber caracterizar a los personajes, hacerlos reales, convertirlos en personas auténticas, existentes y vivas. Y para conseguir que un personaje inventado esté vivo, aparte de otras muchas cosas (que por cierto este amigo mío conoce a la perfección, dicho sea de paso) es absolutamente necesario que, cuando hablan, el lector se crea que están hablando. Que son de verdad. Que sus palabras han salido de sus bocas.

¿Cómo se supone que vamos a creernos que un personaje está vivo y es real si, cada vez que abre la boca, suelta un discurso como si estuviera en el palacio de la Zarzuela dirigiéndose a Sus Majestades los (cuatro) Reyes de España con motivo del aniversario de su proclamación? Ese tipo de discursos, ese tipo de lenguaje y de tono altisonante, sólo funciona si DE VERDAD el personaje está en la Zarzuela con los reyes. Si no, la caracterización del personaje falla y la credibilidad de la novela se tambalea. No hay nada más chocante y provoca-muecasdedolor que un campesino pobre y desdentao entrando en un bar de pueblo a pedir un carajillo y dirigiéndose al parroquiano de al lado con un «Buenas tardes. El señor alcalde ha proclamado en un bando municipal la obligatoriedad de todos los convecinos de ésta, nuestra villa, de inscribirnos en el padrón de la provincia, con motivo de...» Pooor favooor, «Paco, ¿has oído al hijoputa del Pepito que dice que nos tenemos que apuntar en no sé qué coño? Pues se van a apuntar él y su puta madre, que no tengo tiempo de soplapolleces». Hala. Y no sólo al describir al campesinado: no tenéis más que salir a la calle para daros cuenta de que todo el mundo, sea cual sea su profesión, clase social, nivel económico y de estudios y patrimonio, TODO el mundo, habla con coloquialismos y vulgarismos. Nadie emplea un lenguaje elevado excepto en lo que os comentaba antes, discursos oficiales, conferencias, ese tipo de cosas raras.

¿Y en fantasía épica? En fantasía épica, lo mismo. Antaño (allá por mediados/último tercio del XX) los diálogos de personajes de fantasía eran muy altisonantes, no sé si será por culpa de las traducciones o porque los autores bebían de Tolkien y no sabían exactamente hasta dónde beber antes de emborracharse. Es decir: las novelas de Tolkien, por su tono, son altisonantes (sí, lo son; lo cual no quiere decir que me gusten menos, pero serlo, lo son. Bien es cierto que Tolkien escribía en una época y dentro de una corriente que empleaba este tipo de lenguaje). Cuando se dio la furia imitadora de Tolkien, todos los autores de épica se dedicaron a imitar ese tono, y quedaba raro no, lo siguiente: porque en la obra de Tolkien los personajes y situaciones son lo bastante “etéreos” como para que les pegue hablar como si estuvieran declamando, pero ese tono no siempre encaja. Por ejemplo: si metes a un pavo espada en mano cargándose a medio mundo para abrirse paso hacia la Sede del Mal en busca del Malo Deificado que está destruyendo la realidad, ese menda no va por la vida diciendo a sus enemigos «No sabéis lo que hacéis, deteneos, por los cinco dioses que cometéis un gravísimo error al atacarme con tanta saña». No, joder: el tío está luchando desde hace veinte años, anda que no habrá soltado tacos, exabruptos y maldiciones en todos los idiomas a estas alturas :P

En la actualidad, eso se ha diluido. La fantasía épica actual intenta acercar el género heroico al lector y dotarlo de un mayor realismo (a pesar de sus elementos fantásticos): la descripción de la supuesta época medieval, por ejemplo, se acerca más al medievo real y se aleja de esa Edad Media de cartón piedra que parecía más un decorado de una película de Errol Flynn. Hay guerras sangrientas, hay gore, hay tripas, hay violencia, hay violaciones y masacres, hay injusticias que no reciben compensación. Los personajes son grises, no blancos o negros: son más reales, más humanos, porque ningún ser humano real es completamente bueno o completamente malvado. Hacen cosas muy malas, y cosas muy buenas. Y hablan como habla todo el mundo: con un lenguaje coloquial plagado de vulgarismos. Porque ningún violador que se precie va a decirle a la moza que tiene debajo abierta de patas «Ahora vais a conocer el precio de vuestras erróneas lealtades, señora». Pues claro que no. Como mínimo le dirá «Te voy a meter de tó menos miedo, japuta». De ahí parriba.

En la fantasía épica actual, los personajes (y el narrador, si es tercera persona subjetiva, como es a menudo) hablan como habla la gente de la calle. Y los tacos, exabruptos, insultos y coloquialismos y salvajadas que dicen son las que decimos todos cuando charlamos con los colegas en un bareto. ¿Que “mamonazo” no es un insulto medieval? Bueno, aquí hay otro debate distinto, pero mi postura en este caso es la siguiente: si los autores empleamos castellano (o inglés, o polaco, o whatever) MODERNO para escribir toda la novela, diálogos incluidos, ¿por qué íbamos a cambiar a un lenguaje más antiguo en los tacos/insultos/expresiones coloquiales? Eso sí que no tendría sentido. Eso sí que chirriaría. Chirría, cuando se hace. Y, no menos importante: no hay un conocimiento claro de las expresiones vulgares y coloquiales que se empleaban en la Alta Edad Media. Si intentamos poner los diálogos en “medieval”, la cagaremos fijo; primero, porque ningún lector se enterará de una mierda; segundo, porque no lo haremos bien. ¿La novela está escrita en lenguaje moderno, los personajes hablan en lenguaje moderno? Lo lógico es que también los coloquialismos que empleen sean modernos. Pero ese es otro debate y mejor lo dejamos para otro día =)

Sea como sea, que me enrollo: ese tipo de expresiones sirve para caracterizar a los personajes y la época, para aligerar el tono de la narración y, sobre todo, para darle realismo y verosimilitud a la novela. ¿Un error estilístico? No puedo estar menos de acuerdo ;) ¿Significa eso que TODO el mundo debe escribir con tacos y burradas? No. Igual que es elección del lector abandonar una novela por un «cabronazo», es elección del autor poner «cabronazo» o «desgraciado». Lo importante es que, al leer la novela, los diálogos suenen naturales. Y que un capitán chusquero del ejército no hable como si estuviera leyéndoles a sus soldaditos el discurso de investidura del sacerdote supremo del templo diamantino de las veinte declinaciones.

Y un apunte más: lo que me hace gracia es que autores como George R.R. Martin, Joe Abercrombie o Andrzej Sapkowski llenen sus novelas de tacos, insultos, vulgaridades, coloquialismos y expresiones «de letrina» y todo sean alabanzas y loas, y lo haga cualquier otro (por ejemplo una chavala madrileña apellidada Pérez) y sea un fallo estilístico. Eso sí que me hace una gracia bárbara :P

9 comentarios:

  1. Si un personaje demanda tener una voz digna del mejor estercolero de carretera, adelante. Nada saca más de una lectura que las voces inadecuadas. Que para gustos colores, pero no sé yo si uno puede dárselas de "saber leer" si desprecia una novela porque en ella un rey medieval le suelta una salvajada a un criado sin valerse de la cuaderna via.
    Por cierto que sobre insultos de época, nada mejor que esto, jajaja.

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    1. ¡Ooooooh, documentación! =D =D =D Jrasias mil =)

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  2. Cierto es que la primera vez que me aproximé a tus novelas me chocaron las expresiones usadas puesto que estoy acostumbrado al lenguaje altisonante en este tipo de novelas y se me hacía raro verlas estampadas en papel.
    Pero, como ya te comenté, el pasaje de la batalla en tu libro "Mi Alma Por Mi Rey" me pareció alucinante precisamente por el lenguaje usado por los personajes. En esas situaciones, puedo constatarlo, los "cabrón", "hijo de...", etc. vuelan a velocidades de vértigo desde y hacia todos los implicados independientemente de su alcurnia.
    De verdad, sigue así. Es refrescante leer una novela sin un lenguaje que salvo en contadísimas ocasiones nadie usa.
    Un saludo.

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  3. Gracias =) aunque ya digo que ni lo he inventado yo ni soy la única que emplea este tipo de expresiones y de estilo en este género. Gracias a los dioses xD

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  4. Esto me hace acordar a una película en la que un actor va a una base aérea porque tiene que hacer de piloto. Entonces un verdadero piloto lee el guion y opina (más o menos): «Los pilotos de verdad no hablan así. El protagonista se está muriendo mientras su avión cae y dice: "Decid a mis seres queridos que los amo y que lamento haberles fallado." No es realista.» «¿Entonces qué diría?», le pregunta el actor. Y el piloto responde: «"¡Oh, mierda, me dieron como a un estúpido!"»
    Y la verdad, ya me suena raro en las películas que los campesinos iletrados se expresen con tanta corrección. Apuesto a que en la vida real no tenían un vocabulario de más de 1000 palabras, y que sonaban más o menos como los paletos menonitas fundamentalistas de un documental que vi (gente que sólo se dedica al campo y a quienes sólo les está permitido leer la Biblia; a las chicas las sacan del colegio apenas empiezan a menstruar).

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  5. Quizá pueda entender que a alguien le pueda resultar raro o chocante que un rey medieval diga cabronazo, pero eso es porque se cierra a los "estándares" con respecto la forma de hablar en el medievo, estamos acostumbrados a escuchar otras formas de expresión cuando se refiere a otras épocas pero no por ello debe de tacharse de fallo estilístico. En ocasiones veo expresiones, palabras "rebuscadas" donde tengo que detenerme a buscar su significado. No veo nigún fallo en utilizar un lenguaje coloquial o vulgar "actual" si con ello facilita la lectura, porque menospreciar a un criado llamándole arrapiezo teniendo otras alternativas mas familiares, XD.
    Por otra parte, (pido disculpas de antemano por ofrecer mi opinión) he leído que tu amigo pide perdón por recomendar esta lectura, ahí tengo que decir que el fallo y error es suyo. Si tu recomiendas una novela por la razón que sea (porque te ha encantado, es de un conocido...) la persona que lo lee por esa recomendación después podrá hacer su juicio, gustarle o no, pensar que tiene errores o que es de difícil lectura por lenguaje incoherente, es "su" opinión como la que pueda hacerse cualquier lector, pero no por incentivar la lectura de una novela que te ha gustado debes pedir perdón a otro a que no le haya gustado.

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  6. Aquí hay unas cuantas cosas de las que hablar. Para empezar, no es lo mismo una novela de fantasía que una novela histórica. En una novela de fantasía tú pones las reglas. Si en tu mundo la gente puede llamar "cabronazo" a otro, pues vale. Si se tratara de una novela histórica, ya habría que investigar si esa palabra se usaba en la época, y si ese personaje en concreto lo hacía.

    Por otra parte, no tenemos mucha idea de cómo hablaba la gente de verdad en la Edad Media, por ejemplo. Lo que nos han llegado han sido obras literarias, y encima hechas para la clase alta. Las recopilaciones de romances se hicieron ya en el siglo XVI, a saber cómo lo recitaría el juglar en la plaza del pueblo.

    Pero... tampoco hay que pasarse con la modernización, porque un "hijoputa" es intemporal, pero si un personaje de novela le llama a otro "fistro pecador de la pradera", en diez años no se entenderá la bromita. XDD

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  7. Un problema con usar el lenguaje coloquial por sobre el lenguaje elevado es la localidad. Si yo escribo un cuento en argentino coloquial, un español de madrid simplemente no lo puede leer. Hasta las conjugaciones son distintas, por el voseo.
    Abercrombie y el gordo Martin han superado ese problema hablando con vulgaridades, digamos, atemporales. No en cockney o en el slang de new jersey, sino que en una especie de inglés sanitizado, producto de las peliculas (por ejemplo, para mostrar a la gente mas barbarica usan "reckon" todo el tiempo, como los cowboys de Clint Eastwood). En castellano es mas complicado, porque la diversidad linguistica es mucho mas pronunciada.

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    1. Por supuesto, es que no es lo mismo el coloquialismo "coloquial" que el coloquialismo vulgar universal. Yo intento poner en mis novelas expresiones que sean comprensibles para todo el mundo hispanoparlante, no se me ocurre meter expresiones de mi pueblo, mi grupo de amigos o cosas muy puntuales en determinada época (una coña de Internet, por ejemplo, tiene gracia un par de meses y al tercero está pasada de moda, y en dos años nadie recuerda de qué iba; no se me pasa por la cabeza meter un "Ola ke ase" por muy coloquialismo universal (horrendo) que sea. Ya está pasado a estas alturas, imagina en un par de años...)

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