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lunes, 13 de octubre de 2014

Se mata poco

Buenas =) Me apetecía hoy comentaros un mensaje/respuesta/cosa que me enviaron ayer en twitter y que me resultó lo bastante curiosa como para detenerse un poco a pensar en ella. No mucho, que tampoco hay que pasarse :P pero sí un poco más de 140 caracteres, por qué no =) El mensaje fue éste:


El caso es que esta respuesta me hizo pensar. Para empezar, en que este ser humano cuya identidad he escondido con tanta habilidad :P (sólo por si no quería que su mensaje saliera aireado con su perfil ahí a lo bestia) es uno de los pocos que no hacen referencia a mi bienamado y nunca bien ponderado George R. R. Martin cuando se habla de matar personajes. Que sí, que Martin mata personajes, eso es innegable :P pero ¡No es el único! ¡Ni es el primero en hacerlo! ¡Ni es el que más mata! Anda que no hay muertes a cascoporro en la historia de la literatura universal, empezando por las tragedias griegas y acabando... bueno, no se acaba nunca. Pero en fin, lo de que cuando dices "voy a matar a un personaje" toda la humanidad en su conjunto se apresure a preguntarte si quieres parecerte a Martin no es más que una anécdota :P El tema da para mucho más que eso.

El tuit me hizo plantearme si es cierto que a algunos escritores (lo del género lo dejaremos a un lado porque es tan anecdótico como lo otro) nos gusta matar a los personajes más queridos de los lectores. Y mucho me temo que la respuesta, en muchas ocasiones, es un contundente .

No me entendáis mal: no lo disfrutamos. Bueno, un poco sí xD pero sólo como uno disfruta una travesura, te echas una risita al pensar en lo que pensará el de enfrente y ya está. En realidad, cuando un lector se enamora de un personaje suele ser porque el autor se ha enamorado antes de ese mismo personaje, y ha conseguido transmitir ese sentimiento al lector. Y, si el autor ama apasionadamente a ese personaje ¿cómo va a disfrutar matándolo? Al menos los que todavía estamos medio cuerdos :P :P Nah: una cosa es que no tengamos miedo de matar, otra bien distinta que lo hagamos por joder al lector o por maldad pura y asalvajada.

No =) en realidad los escritores matamos cuando es necesario. Sí, es evidente que queremos despertar una reacción en el lector (como con todas las escenas que escribimos), pero la muerte de un personaje no es un objetivo en sí mismo: es una forma de hacer avanzar la trama, es necesaria cuando es necesaria, tiene que ser sólo cuando tiene que ser. Y, además, es una cuestión de provocar dos cosas en el lector: por un lado que no se acomode (¿No os ha pasado nunca que habéis dejado de emocionaros al leer un libro porque sabíais que los protagonistas iban a salir de aquélla sí o sí? ¿Que, por muy negras que se les pusieran, SIEMPRE saldrían? Cuando uno deja de temer por el futuro de un personaje, puede ocurrir que le deje de emocionar o de interesar la historia. Y eso es algo de lo que todos los autores huimos :P y cuando el lector sabe que eres capaz de matar a CUALQUIERA, que no te importa que sea el protagonista o el personaje más querido o un secundario que pasaba por allí... entonces no puede acomodarse jamás, #bwahaha y todo eso), y por otro lado queremos provocar una sensación de realismo (sí, los autores de fantasía también). Y, por desgracia, en la vida real la gente muere. Mucho. De hecho, todos :P Así que no es tan extraño que un personaje de una novela muera, sea quien sea. Todo el mundo tiene que morir, y todos los días muere un montón de gente. Así es la vida, no la inventé yo y todo eso.

Así que no, no lo hacemos por maldad ni por dar por saco al pobre y desconsolado lector =) lo hacemos porque tenemos que hacerlo, y lo contrario sería incumplir nuestra obligación como escritores. Eso sí, y ahora hablo sólo por mí, no me tiembla el pulso al matar a ningún personaje PEEERO cuanto más adoro a ese personaje mejor muerte quiero darle: más épica, más dramática, más... digna de recordar. Es mi personaje y lo quiero, ¿no? Lo quiero MUCHO. Así que quiero que tanto su vida como su muerte sean memorables. Y si soltáis una lagrimilla... bueno ;) eso es porque os he hecho sentir, ¿no...?

2 comentarios:

  1. Yo debo confesar una cosa, como lectoras empedernida (y escritora hasta ahora amateur) de literatura fantástica: a mí no me gusta matar a los personajes queridos. Es más, hago encaje de bolillos para no tener que matarlos, siempre que consiga salvarles la vida de una forma coherente. En este sentido, soy más fan de la llamada "eucatástrofe" por J.R.R.Tolkien: hacer creer al lector que todo está perdido, que el personaje va a morir... para, en el último momento, salvarlo. Por supuesto, lo difícil es hacer esto de manera coherente y no con un deux ex machina, porque si no, apaga y vámonos. Tolkien lo consigue magistralmente con Gandalf, Eowyn, Faramir, o con Beren y Lúthien. Por supuesto, eso no quita que el mismo Tolkien no tengan también muertes trágicas que permanecen como tales (por ejemplo la de Boromir, o en la historia de Turin Turambar, que es una tragedia griega con todas las de la ley), porque como bien dices, hay veces que son necesarias para hacer avanzar la trama.

    De hecho, las muertes por pura cabronería son las que se hacen solo para "mostrar que en el mundo real muere gente" (no sé los demás, pero si yo leo y escribo fantasía es precisamente para evadirme del mundo real, no para que me lo recuerden), o para "dar un final impactante" (muere el protagonista o el gran amor/mejor amigo del protagonista). A mí jamás me han gustado esas muertes y jamás las he disfrutado; de hecho, disfruto muchísimo más cuando sé que los personajes se van a salvar al final de la historia y habrá un final feliz. Esa es, precisamente, la razón por la que tengo (lo reconozco) la mala cotumbre de leer la última página de un libro que me llama la atención antes de comprarlo, porque vista la enorme tendencia que hay en la literatura fantástica hoy en día de asesinar a los mejores personajes, me niego a enamorarme de uno de ellos y a sufrir por él durante seiscientas páginas para que luego resulte que me lo matan en el capítulo final. Igual es proque considero que en la vida real ya hay sufrimiento de sobra, pero yo personalmente cuando leo (y escribo) quiero disfrutar, no sufrir, y quiero cerrar la novela con una sonrisa en la cara, no con lágrimas en los ojos. Y creo que ese precisamente es el máximo exponente del éxito de un autor: crear una obra con final feliz en la que todo acaba bien (con su final eucatastrófico), y que al mismo tiempo sepa mantener el interés del lector. Lo de "emocionar al lector a fuerza de asesinato" es, por contra, un recurso facilón. Al fin y al cabo, como dice un conocido axioma del mundo de la farándula, "es más difícil hacer reír que llorar".

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    1. Concuerdo contigo, Estelwen. De hecho, a veces algunos autores, a fuer de matar personajes importantes, insensibilizan al lector. A mí me pasó con A Dance with Dragons. Estoy tan acostumbrada a que Martin mate a diestra y siniestra a cuanto personaje le da importancia que ya realmente no me importa un comino lo que les pase. Así. E incluso, me cansé del libro y lo dejé por ahí para reemprenderlo en cuanto me desocupe de otros menesteres, pero sin hacerme problema ni preocuparme de si alguien "importante" va a morir. Me gusta la verosimilitud de las historias: los cuentos de hadas estilo Disney solo están bien para Disney, pero una cosa es que en la vida real la gente muera de vez en cuando y otra distinta que en una novela todo el mundo, todo el mundo, se muere. Eso es tragedia shakespereana, no vida real. La gente también sobrevive y bien en el mundo real. Lo difícil, como dices tú, es hacerlo verosímil y coherente. Y si en tu historia introduces alguna muerte -necesaria, significativa- estará bien, si también es coherente con tu final feliz o agridulce.

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