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lunes, 19 de mayo de 2014

De chepcho y tal

Yo sigo atendiendo peticiones del lector del blog, y resubiendo algunas de las entradas más "in" y "cool" y "yupis" de allá por los alláes. En este caso, ésta es un MUST. No sé por qué, ni que el tema fuera... oh, wait :P

¿Que de qué va esto? Lo habéis adivinado: de sexo. ¿Por qué? Porque me apetece (aunque no sea la actividad más lógica un martes por la mañana, y menos para alguien que de repente se ha echado toda su senectud encima; pero a nadie le amarga un dulce, y si algo he intentado toda la vida es ser honesta. No me van demasiado los disimulos ni los fundidos en negro, y esta mañana, después de sacudirme la depre de verme un año más vieja, he pensado: "¿De qué hablo hoy?" y la respuesta automática de mi mente ha sido: "De sexo". ¿Y quién soy yo para contradecir a mi mente...?). Y también, por qué no decirlo, escribo esta entrada porque éste es un tema del que he hablado en muchas ocasiones en foros, chats y reuniones con lectores y escritores del género y de otros géneros, y creo que puede resultar interesante. Aunque lo fundamental sigue siendo que me apetece, claro =)


Que el sexo vende es una de esas Verdades que ya apenas necesita demostración empírica. Si alguien la requiere, no tiene más que comparar, por ejemplo, las visitas a este humilde blog con las visitas a, póngase por caso, un blog con contenidos "subiditos de tono". Las cifras cambian, vaya que si cambian. El sexo vende, el sexo atrae, el sexo gusta. Al menos eso demuestra que todavía hay esperanza para la raza humana, a pesar de todo (¿qué pasa? ¿cómo creíais que nos reproducíamos, por bipartición? xD). Cuando digo que hay esperanza pese a todo me refiero, por supuesto, a esa otra gran Verdad que se llama represión, y que muchas veces nos hace confundir las churras con las merinas o el sexo con algo intrínsecamente malo, malvado, maligno, sucio, vergonzoso o potencialmente peligroso para nuestras almas. No voy a juzgar las creencias religiosas, morales ni éticas de nadie: allá ca cual con su cacuálo, que diría aquél. Pero sí voy a hablar de sexo, y más concretamente voy a hablar del sexo en la literatura fantástica, que es a lo que me dedico. A la literatura, digo, no al sexo :P



Es un tema del que, como digo, se ha hablado ya en tantas ocasiones que poco más puedo aportar al asunto, salvo mis propias reflexiones. Si queréis leer un reportaje bastante bien documentado sobre sexo y fantasía, os invito a asomaros aquí: http://sirmia.wordpress.com/2010/10/13/sexo-mentiras-y-fantasia/ . Ahí se hace un recorrido por los géneros (nunca mejor dicho) desde la antigüedad más antigua hasta más o menos hoy.

Poco más, repito, se puede decir que no se haya dicho. Salvo quizá plantear un par o varios pares de cuestiones bastante curiosonas al respecto. Por un lado, quizá uno de los motivos por los que, a mi juicio, la literatura fantástica ha sido tan pacata y tan poco dada a las efusiones sexuales hasta hace bien poquito. En primer lugar, hay que tener en cuenta que una de las bases de la fantasía tal y como la conocemos ha sido el maestro Tolkien, que tenía muchas virtudes pero entre ellas no se encontraba precisamente el tratamiento del sexo con naturalidad: de hecho, quizá El Señor de los Anillos sea una de las novelas más asexuales que conozco, con la posible excepción de El Pampinoplas (pensemos lo que pensemos sobre Frodo y Sam, o sobre Merry y Pippin, no hay nada explícito en la novela, ni sobre ellos cuatro ni sobre Sam y Rosita, la pareja hobbit “uficiá”; tampoco, por supuesto, sobre Faramir y Eowyn. Y Aragorn y Arwen dan la sensación de haberse querido como la parejita de El milagro de P. Tinto, poco más o menos).

En segundo lugar está ese estigma que ha arrastrado la fantasía como género hasta ayer por la mañana: ese "para niños" que tenía pegado al lomo, y que hacía que muchos de los autodenominados frikis hayamos tenido que escuchar en infinidad de ocasiones la afamada y nunca bien ponderada frase de "¿Y no eres un poco mayorcito/a para leer esas cosas?", y la no menos exitosa de “¿Y cuándo vas a leer libros de verdad?”. Obviamente, en un libro “de pa niños” no vas a meter guarrerías erótico-festivas, que no está bien visto y además les puedes corromper la mente y todo eso y que casi mejor dejar esas cosas para cuando tengan el raciocinio bien formadito. De la violencia, ni papa: un chaval puede matar marcianos a hostias a los cinco años —pobres marcianos—, pero como se le ocurra preguntar cómo nacen los bebés la sociedad se llevará las manos a la cabeza. Volvemos a lo mismo: represión, idea del sexo como algo malo, sucio, pecaminooooosooooooo (aka pongan ustedes un ceporrín con los ojos en blanco). Y si son jóvenos o jóvenas, pues tres cuartos de lo mismo: no les pongas sexo no sea que aprendan, déjalos que sigan en la ignorancia (así pasa lo que pasa, sin querer entrar en polémicas sobre educación sexual) y que sepan cómo romperle el alma a leches a su vecino pero no cómo zoscarse a la chati/el chato que les mola y que la chati/el chato se lo pase de puta madre y no haya consecuencias indeseadas a raíz del “zoscamiento”. Y de ahí que en las novelas de fantasía hasta hace dos días y medio no hubiera ni un mísero metimiento o metición de manopla, pero eso sí, la espada los colegas la metían hasta la empuñadura.


Hablo, por supuesto, de la generalidad. Claro que hay ejemplos de novelas y series del género en las que el sexo tiene una presencia: sin embargo, en esa generalidad de la que hablamos el sexo apenas existe, se esboza como mucho, a lo máximo a lo que llegamos es a un fundido en negro colocado más o menos a tiempo de impedirnos vislumbrar cómo el besito se convierte en algo más. Creo que lo más que he llegado a leer en fantasía hasta hace poco fue cómo Tika Waylan tenía que atarse la blusa con un nudo después de los torpes manejos de Caramon Majere, o cómo Drizzt Do’Urden se ponía las botas sentado en la cama de Catti-Brie Battlehammer después de un fundido de lo más tocapelotas. O de lo menos, si de textualidades hablamos. La rosa que Rand Al’Thor deja en la almohada de Elayne Trakand también es un buen ejemplo de descripción explícita de coito (nótese la ironía).


Estamos, pues, ante una cuestión cultural bastante interesante: puesto que la fantasía siempre ha sido para jóvenes, y la literatura para jóvenes NO tiene sexo, la fantasía NO tiene sexo. Luego además tenemos que tener en cuenta otra cuestión: la fantasía tradicionalmente ha estado destinada a un público juvenil Y MASCULINO, de modo que las poquitas veces que se trataba —solapadamente— la sexualidad, se hacía de una forma un tanto… uf, por decirlo así. El hombre era un Macho-man mega powerful “mía-mi-mújculo” con su súper espadón (me irán a decir que en lo de “espada grande ande o no ande” no hay un ligero cariz de inseguridad sexual que lo flipas, cual si de enseñarse el “sable láser” en los servicios a ver quién lo tiene más grande se tratase), y la mujer era el adorno floreado que acompañaba al guerrero y se quedaba transida al ver su enorme espadón, un a modo de “descanso del guerrero” con las tetas más grandes de toda… donde sea xD xD xD. O, por el contrario, y si la mujer se atrevía a destilar no sólo sensualidad sino también un poquito de independencia (o, básicamente, no se dejaba impresionar por las espadas grandes), es porque era “la mala”. En el 90% de los casos, vamos, o incluso más. Hablamos de la generalidad. Había excepciones. Pocas, pero las había. Y cuando esa “tensión sexual solapada” se dejaba ver más de lo moralmente correcto, zas, cartelote de “fantasía erótica” o incluso “pornografía”. Y siempre, por supuesto, desde esa perspectiva un poco BDSM que culturalmente estaba más aceptada que la igualdad de géneros allá por los alláes.


Por supuesto, una vez la fantasía se desperezó y se sacudió la etiqueta de "para jovenzuelos inadaptados" o “para adultos enfermizos” el género se ha adecuado a la sociedad y ha visto nacer una bonita dicotomía: por un lado, el sexo ya tiene su presencia en el género, ya hay novelas con escenas explícitamente sexuales sin tener que aguantar el sambenito de “porno”: el sexo en muchas de ellas se trata con naturalidad, como una escena más, sin advertir al lector con un redoble de tambores ni cascarle el cartelito de “cuidado, dos rombos”. Por otro lado, no todo el monte es orgasmo: para empezar, porque para llegar hasta ahí ha tenido que surgir el género comúnmente denominado “fantasía para adultos”, que casi da la sensación de tener esos dos rombetes pegados en una esquina y que, para muchos, sólo se distingue de la otra fantasía en el sexo (aka otro ceporrín con los ojos en blanco, por favor). En realidad, la fantasía adulta tiene mucho más aparte del “no cortarse” a la hora de las acrobacias entre sábanas, pero lo que preocupa a muchos es sencillamente eso: qué más da que un jovenzuelo o jovenzuela lea violencia muy explícita, gore asquerosamente asqueroso o filosofía pura incomprensible: lo que importa es que no lea sexo. Válgame. (Y bueno, teniendo en cuenta que aún hay gente que la palabra “sexo” la pronuncia “seso”, “sepso” o “sesho”…). Y para seguir, porque aún hoy existe ese “desvío tímido/abochornado de mirada al atisbo de escena sexual”. Y como resulta que la fantasía sigue siendo considerada para jóvenes pese al cartelote anteriormente mencionado, nos encontramos con que muchos lectores tragan saliva al ver que en la fantasía actual el sexo es un elemento más de la historia (blablabla ojos en blanco, todo eso).


Y por otro lado, otra cuestión que me ha llamado la atención en los últimos meses, en el trato con otros escritores. Muchos de ellos (no todos, válgame) tienen un poquito o un muchito o un todito de reparo a la hora de describir con naturalidad una escena sexual. Algunos aseguran que “las escenas de sexo no se les dan bien”, y bastantes ni siquiera se plantean meter sexo en una novela o relato, pegue con la historia o no pegue con la historia (en contraste con aquéllos que meten sexo haya o no haya necesidad, que para todo hay dos extremos). Como escritores, y como correctores/lectores de otros escritores, aún existe esa “atención morbosa/desvío de mirada/qué van a pensar de mí” ante el sexo: si hay una escena de sexo, la novela o el relato queda automáticamente marcada/o por ella, y el resto de la historia da exactamente igual. “Metida con calzador” o “innecesaria” son críticas que he leído u oído acerca de escenas de sexo de todo tipo y pelaje, críticas que jamás nadie se plantearía hacer a una escena, por ejemplo, en la que el prota se emborracha o se dronja hasta las pencas, roba/estafa al vecino del quinto, insulta a alguien hasta la quinta generación, acaba a hostia limpia con medio barrio y lo detienen por resistencia a la autoridad. ¿Por qué nadie tiene que “justificar” una escena de violencia, robo, insulto flagrante, paseo aburrido por el campirri o juego de azar con acompañamiento de licores espirituosos, y sí es necesario justificar perfectamente la escena de sexo? ¿Tamos tontos? ¿O es que nadie practica en su vida el retoce y el refrote porque sí?


Bueno, pues aquí va una justificación, una que no tiene que ver con el hecho de que el sexo es (así de simple) lo que nos da la vida, y que sin sexo no existiríamos (fundamentalmente porque no nacerían más “humanitos”), si a alguien le hace falta dicha justificación y no le vale con “meto una escena de sexo porque me sale de los ovarios/cojones, igual que meto una escena de cánticos regionales y otra de carreras de cuádrigas”: el sexo, como tal, simple y llano, es una de las armas más poderosas con las que cuenta un escritor a la hora de describir a un personaje. Una escena de sexo puede mostrar al lector cómo es un personaje con muchísima más claridad que veinte poemas de diálogo y una canción de acción desenfrenada. Puede parecer extremista, pero es así de sencillo: Dime cómo follas y te diré cómo eres. En el sexo una persona se muestra desnuda, y no sólo de forma literal: desnuda su cuerpo y también su alma. Un amante generoso, un amante violento, un amante travieso, un amante egoísta, un amante fiel o promiscuo… describen una parte importantísima de sí mismos con lo que hacen entre las sábanas (nótese que el masculino de “amante” está utilizado de forma genérica: las mujeres también, por supuesto, se describen en la cama). Y me parece una estupidez renunciar a un arma tan poderosa como ésa de forma voluntaria. ¿Y por qué muchos escritores lo hacen? Porque aún hay muchos reparos culturales al respecto, y porque todavía hoy en día se tiene esa idea de que “si meto sexo me cuelgan el sambenito de “obseso/a” y nadie se fijará en el resto de la historia”. Válgame. Así no le quitamos el cartel de “sucio, pecaminoso, pernicioso para el alma” en la puñetera vida.


Nos encontramos con una paradoja absolutamente deliciosa: el sexo vende, pero el sexo también da miedo. O quizá sea vergüenza. Y bueno, supongo que repetir el manido “¿por qué el sexo es malo y la violencia no?” no va a conseguir que las cosas cambien así de un plumazo, pero qué quieren que les diga, a mí me sigue pareciendo un tanto absurdo. Por no decir lamentable.

Pero en fin, seamos optimistas: el caso es que la cosa va cambiando, y que ahora, con la “nueva ola de fantasía martiniana” (como antaño la hubo tolkiniana), poco a poco el tema sexual en el género se normaliza con paso lento pero (esperemos) seguro. Quizá si un día el ser humano se deja de pamplinas y comprende que no se puede estigmatizar algo que es fundamental para la conservación de la especie la cosa cambie de verdad y para siempre.






Y sí, aunque (por fortuna) cada día se nota menos, es muchísimo más difícil encontrar un dibujín de un maromo en "cuerpo" (destinado a ojos femeninos, no a excitar la imaginación culturista del hombre) en fantasía épica que uno de una nena enseñando las curvas de la oferta y la demanda. Válgame.

6 comentarios:

  1. Lo que me he reido xDDD me encantan los "vágames" indignados xDD
    Yo creo que el problema está en que aún se diferencia la literatura "para mujeres" y "para hombres". Y yo no creo que esa diferencia exista realmente... me explico:
    Leí un texto tuyo (creo que era un artículo de este mismo blog, pero no recuerdo ahora mismo) en el que explicabas como una chica se interesó por tu libro, pero su novio, al ver que la autora era una mujer, se lo quitó y lo volvió a dejar en el estante con desprecio... Creo que es algo así. Se sigue considerando que la literatura que hacemos las mujeres es más "floja", todo más romántico, y únicamente destinado a otras mujeres.
    Los autores de los ejemplos que has puesto pensaban que sólo les iban a leer hombres de una edad concreta y... ¿una mujer? ¿para qué? tampoco vamos a darle mucha importancia, no queramos que esto se convierta en un bodrio romanticón. Que el prota la rescate en una escena, y que sirva para hacerse el machote una noche (por supuesto fundida en negro) para que se vea que puede utilizar perfectamente sus cosas de hombre (xd). Y al contrario también pasa mucho, ¿para qué voy a leer a Martin si tengo Cazadores de Sombras, Hermosas criaturas o cualquiera de estos?
    Creo que me estoy haciendo la picha un lío...
    Lo que he querido decir es que esa diferenciación no debería existir, yo al menos no la tengo en cuenta, me da lo mismo que el autor sea hombre o mujer (los años de mi infancia que pasé pensando que Rowling era un tío...) pero en la sociedad sigue aún muy arraigado eso. Y si el género del autor es tan importante, más lo es un tema tan... ¿peliagudo? ¿vergonzoso? como el sexo. Supongo que ya conocerás la multitud de quejas de sectores feministas a Martin por incluir sexo en sus libros... y sin embargo bazofias como las sombras de grey lo ponen los las nubes por el simple hecho de que lo ha escrito una mujer...
    Creo que me he ido un poco por las ramas xD

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    1. Bueno, pero se te ha entendido. Al menos yo te he entendido :P creo jajajajajaa

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  2. Me parece un tema super interesante el que planteas, y yo misma he reflexionado sobre esto muchas veces. La conclusión a la que he llegado es parecida a la tuya: como tradicionalmente se ve la fantasía como un género para niños o adolescentes, no se mete sexo explícito porque no queda bien. Ahora que, yo tampoco he visto mucha violencia explícita al nivel de "Canción de Hielo y Fuego", por ejemplo.
    Lo único malo que le veo a las novelas de fantasía "adulta" donde meten sexo, es que las escenas de sexo suelen ser de sexo-violación, de sexo-lujuria, o de sexo-entretenimiento. En "Canción de Hielo y Fuego", por mencionar el ejemplo más conocido, no hay una sola historia de amor que se trate con cierta profundidad o que acabe bien. El romanticismo brilla por su ausencia. Las escenas de sexo son todas con prostitutas, con amantes ocasionales, o como parte de un juego de poder donde no existe el verdadero amor, y donde de hecho la manipuladora es la mujer. Y las escasas historias de amor que hay en esta saga, además de ser tratadas de manera superficial, acaban todas mal.

    ¿Y qué pasa? Que con los prejuicios nos vamos al sitio contrario: a la que un autor escriba una novela fantástica donde haya una historia de amor y escenas de sexo explícito, automáticamente es desterrada ad eternum del reino de la fantasía para irse al de la "romántica paranormal". Parece que si quieres una novela fantástica con historia de amor y escenas de sexo, tienes que irte a la novela rosa de Sherrilyn Kenyon o de J.R.Ward, toda llena ella de dioses nórdicos, guerreros vikingos, vampiros y hombres lobo que provocan calenturas a las damas. Novelas de las que yo personalmente me acabo hartando y no leo casi nunca porque en todas ellas el elemento fantástico no es más que una excusa de fondo para poderte contar, en larguíiisimas descripciones picantes, cómo el machorro le da candela a la hermosa protagonista de turno, en medio de una historia de amor tan empalagosa y manida que no se la cree ni el Tato.

    Mi ideal, la verdad, es hallar un término medio: una novela de fantasía, bien construida y con un argumento interesante y épico, con aventuras bien desarrolladas... en la que haya como una de las tramas principales, pero no la principal ni la única, una buena historia de amor, romántica y auténtica, sin triángulos amorosos ni amor-odio ni otras zarandajas tan tópicas, en la que el autor o autora no tenga reparos en introducir escenas de sexo si es preciso, pero sin convertirlas en esas típicas descricpiones kilométricas acerca de pechos turgentes y torsos desnudos que tanto abundan en la literatura rosa y en las cuales los protagonistas llegan simultáneamente al orgasmo en diez segundos.

    Por desgracia, debo decir que aún no la he encontrado :-(

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    1. Hmmmm interesante. Ya te contaré cuando no sean las dosymediadelamañana :P a ver si te animas a leer una cosita que venden por ahí... porque verás, yo estaba en las mismas que tú =/ no encontraba esa novela por ninguna parte. Así que decidí escribirla yo jajajajajajajajaja xD

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  3. SPOILERS de la DRAGONLANCE a proa. Pero vamos, no son muy importantes. Y la Dragonlance tampoco...

    Muy buena la entrada. Cuando era pequeña prácticamente no me di cuenta... pero cuando intenté releer la Dragonlance, Tika Waylan había conseguido conservar su virginidad en una zona de guerra llena de draconianos siendo la posadera (qué dominio de la sartén). Pase porque es para niños. Laurana era una princesa elfa, y parecía que aún pensaba que los niños venían de Ishtar en águila gigante. Pase, es una princesa élfica mimada. Ahora... Goldmoon tenía 29 años, se había pasado la tira de ellos con el maromo novio-guardaespaldas, y dice en el primer libro que hasta que pronuncie sus votos, naranjas de la china. Y eso con la que llevaban encima, que era para desesperar a cualquiera.

    Y luego te presentan a Kitiara, se cepilla a Tanis, y cuando el posadero cierra la puerta, resulta que "es el tercero esta semana". La que folla es que es mala (y folla mucho), y las demás son todas vírgenes contra viento y marea (porque para Tika y Goldmoon la cosa estaba complicada por motivos distintos en cada caso). Ole sus cojones. Y no entremos ya en la deleznable escena entre Raistlin y Crysania en las Leyendas... en las que él es un calienta y encima la trata como zorrón a ella... vamos, para ponerse a dar de guantazos.

    Lo siento, tenía que desfogarme, porque la segunda vez que toqué la Dragonlance fui incapaz de tragarla. Y no he podido evitar recordarlo al leer tu artículo. Porque aunque a mí no me afecte mucho, la asociación virgen=buena; sexualmente activa=malvada me toca las narices por simpatía que no veas...

    Vamos, que menos mal que el género está cambiando, está creciendo (a medida que hemos crecido los fans) y se han acabado esas polleces, porque joden que no veas.

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    1. Sí, y a Weis y Hickman también se les acabaron las polleces xD al menos, y aunque siguieron sin meter sexo explícito, en el Ciclo la cosa cambia un poquitirrinín al respecto... Y menos mal :P porque teeeela...

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