Sígueme

Twitter Facebook Pinterest Youtube G+ Tumblr LinkedIn Amazon Goodreads Lektu Podcast Contacto rss

martes, 26 de febrero de 2013

Pobre imperativo T___T

Yyyyyyy andaba yo pensando que hacía ya mucho rato que no me lanzaba a escribir un post que pudiera granjearme, una vez más, las iras, odios y berrinches varios de un sector del respetable al que no le agrada en demasía que le digan que tiene que hacer las cosas bien. Qué queréis que os diga, me va la marcha xD y soy, como todos sabéis, una especie de talibana lingüística incapaz de quedarse calladita (con lo mona que estoy yo calladita, hay que ver) cuando ve alguna aberración en el uso del repreciosísimo idioma que tenemos.

Dicho lo cual, hoy la cosa va a ser breve porque tampoco hay tanto que decir. Últimamente he visto en sitios de lo más diverso (redes sociales, foros, conversaciones en el transporte público, conversaciones telefónicas, conversaciones a la hora del desayuno, la cola de la panadería…) un fallaco gordote en el uso del idioma que, aunque no es nuevo (no es un vicio actual, todos lo hemos visto en innumerables ocasiones), sí es cierto que me da la sensación de que ha proliferado. Y cómo no, si todos los vicios se extienden mucho mejor desde que Internet entró en nuestras vidas xD ¿Que por qué pienso que ahora se da más? Pues porque ahora he ‘cazado’ a nada menos que cinco personas de mi entorno más cercano, CINCO, que siempre han usado el idioma con una corrección impecable y que de un tiempo a esta parte han adoptado ese vicio y ni siquiera se han dado cuenta de que ahora están usándolo mal. Si lo veo en ocho mensajes en Facebook no me preocupo; si lo veo en varias conversaciones entre gente que siempre ha sabido usar el idioma, entonces sí.

Me estoy refiriendo al uso del infinitivo en lugar del imperativo. ¿Que eso qué es? Bueno, muy facilito: es cuando alguien dice, por ejemplo, «Iros a la mierda». O «Darme vuestra opinión sobre tal tema». O «Venir todos a mi cumpleaños, que os invito a mil cubatas y medio».

Arrrghhh ick ick ick ick.

¿Que no veis qué es lo que está mal? Hombreeeeeee… Vale, vamos a tomar como plausible la hipótesis de que se nos ha olvidado a todos cómo se conjugan los verbos, ¿ok? Total, lo estudiamos allá por el segundo ciclo de la EGB (sí, ése que iba de 3º a 5º), y ni siquiera tengo claro que los que estudian Primaria ahora lo tengan incluido en el plan de estudios, aunque confío en que sí. Una cosa que uno se aprende para pasar el mal trago de que el profe le saque a la pizarra y punto, ¿verdad? Bueno, pues no ÒÓ que si nos lo enseñan es por algo, y con la que está cayendo está la cosa como para decir que la educación básica en realidad no sirve más que para tener a los críos entretenidos en horario laboral.

Si aceptamos que no nos acordamos de la conjugación de los verbos, entonces igual ya va siendo hora de repasarla, que no está hecha para dar por culo a los pobres alumnos de educación obligatoria sino para que aprendamos a hablar bien, cojona. No, no voy a poner las tablitas esas tan monas: si tenéis curiosidad, en el diccionario de la RAE, cuando buscáis un verbo, hay al lado un botoncito azul que pone “conjugar” y que, si le dais, ¡PLUF!, sale la tabla por arte de magia cibernética. No, ya dije que lo de hoy era sencillito porque sólo quiero reivindicar UN tiempo verbal en concreto: el imperativo.

Sí, mi pobre y depauperado imperativo. Ése es el tiempo que se tiene que usar en esas frasecitas que he puesto arriba, que no, no están bien, porque lo que usan es el infinitivo. Y no, el infinitivo no es igual que el imperativo, porque no sirven para lo mismo ni significan lo mismo ni son lo mismo. Para entendernos, el infinitivo es algo así como “el nombre” del verbo (hola, soy Cantar =D encantado), y el imperativo es lo que sirve para mandar (Canta o te mato ÒÓ). El imperativo es la orden, el deseo o el ruego: canta. Cantad, cantad, malditos.

Fácil, ¿no? Tú les estás ordenando que se vayan a tomar por saco, así que no les dices «Iros a tomar por saco» (infinitivo: ir) sino «Idos a tomar por saco» (imperativo: id). ¿Que suena raro? Eso es porque ya casi nadie lo usa como corresponde, pobrecito mío T__T «Dadme vuestra opinión, mamones sin alma» (infinitivo: dar. Imperativo: dad). «¡Venid a mi cumpleaños, josdetal, que yo sola me deprimo!» (infinitivo: venir. Imperativo: venid). Que a mí eso de "Iros" me suena al primer paso para acabar diciendo algo como esto:



Vale, La Faraona era La Faraona, pero por muy artista que fuese no era precisamente candidata a ocupar un sillón adornado con una letra :P Hablando de lo cual... ¿Qué es lo que dice nuestra amada y nunca bien ponderada RAE al respecto? Pues todo esto, fijaos bien (fijaos, he dicho «fijaos», ¿os habéis dado cuenta? Nada de «fijaros» ni muchísimo menos «fijarse», hombreporlosdioses):


Cuando se da una orden a una segunda persona (del singular o del plural), deben usarse las formas propias del imperativo, si la oración es afirmativa, o las formas correspondientes del subjuntivo, si la oración es negativa, va introducida por la conjunción que o se dirige a un interlocutor al que se trata de usted.

SINGULAR
Tómate toda la sopa y deja de protestar.
No te enfades y ponnos otro café.
Que te calles.
Hágame caso.

PLURAL
¡Venid aquí ahora mismo, granujas!
Poneos el pijama y dormíos cuanto antes.
No lleguéis tarde.
Que os estéis quietos.
Cierren la puerta y siéntense, por favor.

No se considera correcto, en el habla esmerada, el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural, como se hace a menudo en el habla coloquial: ¡Venir aquí ahora mismo, granujas! Poneros el pijama y dormiros cuanto antes.

Solo es válido el empleo del infinitivo con valor de imperativo dirigido a una segunda persona del singular o del plural cuando aparece precedido de la preposición a, uso propio de la lengua oral coloquial: ¡Tú, a callar!; Niños, a dormir.

No debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos a un interlocutor colectivo e indeterminado, habituales en las instrucciones de uso de los aparatos, las etiquetas de los productos o los carteles que dan indicaciones, hacen recomendaciones de tipo cívico o prohíben determinadas acciones en lugares públicos: Consumir a temperatura ambiente; Depositar la basura en las papeleras; No fumar; Lavar a mano. Se trata, en estos casos, de estructuras impersonales en las que no se da una orden directa, sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación o una prohibición de carácter general, en las que hay que sobrentender fórmulas del tipo Se debe consumir... / Es preciso consumirlo... / Hay que consumirlo... / Se recomienda consumirlo...; Debe depositarse la basura en las papeleras / Hay que depositar la basura a las papeleras; No se puede fumar / No se permite fumar; Debe lavarse a mano / Se recomienda lavarlo a mano.



¿Qué demoños quiere decir todo esto? Pues básicamente que, aunque sea más cómodo (por aquello de que a la lengua, como órgano, le resulta más fácil, nosémuybienporqué, usar la erre en ese sitio que usar la de) utilizar el infinitivo, NO ESTÁ BIEN. Que para eso hay un tiempo verbal específicamente creado para dar órdenes, cojona: ¡usadlo! (no «usarlo», no no no, ¡USADLO! me iréis a decir que no queda mucho más acongojante). Pobre imperativo, con lo majo que es él, no nos dará pena maltratarlo de semejante manera.

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Que pague qué?

En los últimos días he visto, y no sé muy bien por qué, un recrudecimiento de lo que yo personalmente considero “intentos de estafa al autor pardillo”. Y lo voy a seguir considerando así por muchas razones que me den, y ahora daré yo mis propias razones para hacerlo.

Me llegan de mil sitios noticias de autores a los que les han hecho propuestas que son para quedarse con las patas colgando. Supuestas editoriales que, tras una valoración ultramegaprofesional de 10 días a contar desde el día en el que les envíes el manuscrito (10 días, nomejodas), ofrecen publicar una obra “corriendo con la mitad de los gastos” y que piden, sin cortarse un puto pelo, 3.000 pavos por publicarle al autor 200 ejemplares y encima le exigen que venda 100 de esos ejemplares en una presentación que el mismo autor tiene que organizar. Y si ese día no vende 100 ejemplares (no, no vale al día siguiente), entonces el autor tendrá que pagar de su bolsillo (aparte de esos tres mil napos que ha dado antes) el precio de los 100 ejemplares. Que por cierto no le dan, en muchos de los casos.

No, no es coña. Los números oscilan: algunas ofrecen 150 ejemplares y exigen que se vendan 70 en la presentación, otras ofrecen 300 ejemplares por 3.500 euros, otras te quieren publicar en formato electrónico y te piden 2 euros por página por la maquetación y la corrección y la puta de oros y aparte un poco de dinero por los riesgos y blablabla (no me toques las palmas que me conozco, qué riesgos ni qué leches, si es un puto doc que puedo hacer yo en mi puta casa!!!), pero el denominador común es que todas te piden dinero por publicar tu obra. Y tú, autor novel que no sabe de qué va esto y que tiene unas ganas tremendas (como es lógico y normal) de ver su obra publicada, vas y picas.

El último granito de este montón de despropósitos lo he visto en mi propio correo. En los dos correos que tengo, el personal y el profesional: en la última semana me han llegado no menos de doce e-mails de una supuesta editorial cuyo nombre no había oído (con perdón) en mi puñetera vida, en el que me aseguran haber leído mi currículum literario y estar interesados en mi perfil profesional, me piden que envíe un resumen del mismo (¿pues no lo habían leído ya?), un resumen de la obra que quiera publicar con ellos y el manuscrito íntegro (¿y para qué quieren el resumen si también quieren el manuscrito? Coño, que lean el resumen y si les interesa me pidan la obra completa, qué ansiosos), y me ofrecen una supuesta edición en la que ellos correrían con la mitad de los gastos y trabajar conjuntamente conmigo durante dos años para dar a conocer mi obra (fijo que sí, van a quitar el cartel de Schweppes de la Gran Vía para poner mi cara bonita en neón azul y rosa). Lo divertido del invento es que esa supuesta edición, que no es más que una co-edición sin usar la palabra maldita, me la ofrecen asegurando haber leído mi currículum. Y digo yo: ¿a alguien se le ocurre que yo pudiera decidir cambiar dos editoriales como son Minotauro (Grupo Planeta) y Ediciones B (Grupo Zeta) por la Editorial Nisu, que me ofrece una co-edición requetechupiguay pagando una pasta por dos ejemplares y medio que luego igual tengo que volver a pagar? Quiero un poco de lo que se fuma esta gente. De hecho, lo quiero TODO.

Lo jodido es que a mí me da la risa sólo de pensarlo, pero si ese correo ha ido a parar a la bandeja de entrada de un alguien que no cuente con el respaldo de esas dos editoriales quizá, sólo quizá, la cosa podría colar. Y eso me da miedo, porque las co-ediciones, queridos míos, suelen en su más amplia mayoría (o casi su totalidad) ser estafas estafosas cascabelosas: las editoriales (las llamaremos así) de co-edición no corren ningún riesgo, que es quizá uno de los principios del trabajo editorial “tradicional” (una editorial apuesta por un autor y se gasta las perras en publicar su libro ‘apostando’ a que con las ventas va no sólo a cubrir gastos sino a ganar dinero); pero no sólo es que no quieran correr riesgos, es que no hacen NADA de lo que supuestamente es el trabajo de un editor, que es preocuparse por el producto que va a vender para así asegurarse un beneficio. Una editorial de este tipo, habitualmente, está más preocupada por sacarle las perras al autor que por sacárselas al comprador del producto, y en consecuencia una vez que ha conseguido el dinero del autor SE LA PELA si la novela se vende o acaba archivada en la C de “contenedor”; ergo no le preocupará si la novela es buena o mala (“Oh, nos encanta tu novela, eres la rehostia”: una editorial seria jamás os dirá algo así, son parcas en alabanzas personales y quizá eso sea lo que les dé una mayor credibilidad; por el contrario, por muchas alabanzas y lamidas de cuarto trasero que hagan al incauto autor, las editoriales de co-edición pillan todo lo que les pasa por delante, que con que sea un manuscrito escrito por alguien capaz de pagar por verlo publicado tienen más que suficiente. Ni siquiera les hace falta que esté escrito en un idioma legible). Tampoco se preocupará por mejorarla (olvidaos de correcciones de estilo, forma o contenido, olvidaos de portadas de calidad), ni se preocupará por distribuirla o por promocionarla. Porque LES DA IGUAL, ya han ganado su dinerito sacándoselo al autor directamente y el resto se la bufa en clave de sol. ¿Apostar por el autor novel? Mis cojones, apuestas por sacarle el dinero suficiente para irte de allí frotándote las orejas, mamón.

Una cosa tenéis que tener muy clara si sois escritores y os apetece publicar: NO PAGUÉIS. Nunca. ¿Nadie apuesta por vosotros? Seguid intentándolo. Esto es una carrera de fondo; seguid enviando manuscritos, seguid escribiendo, seguid mejorando. Y si dentro de unos años os da la impaciencia chunga y no podéis esperar más, entonces lo mejor que podéis hacer es autopublicar. Sí, vosotros mismos con vuestro mecanismo: al menos sabéis qué hacéis, dónde, cuándo y sobre todo cuánto. Se puede autopublicar sin gastar dinero (en formato electrónico, por ejemplo, o en impresión por demanda); se puede autopublicar por medio de un crowfunding. Hay empresas que se encargan también de ese tipo de autoediciones: no dicen ser editoriales, simplemente ofrecen un servicio de corrección, maquetación, diseño de portada, etc, sin entrar en valorar el manuscrito; cobrando por esos servicios y punto, no asegurando apostar por un autor para sacarle la pastarrancaca y huir del país.

Si una editorial os ofrece un contrato de edición y os dice que corréis a medias con los gastos… desconfiad. Por principio. No paguéis. Nunca. Que hay mucha gente que juega con los sueños de los demás: no dejéis que jueguen con los vuestros.