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domingo, 29 de enero de 2012

Qué dices, si ya no hay discriminación...

(Léase el título con un conveniente gesto realizado con los ojos, orientando el cristalino hacia el interior del párpado superior). Vale, quizá con la que está cayendo por todas partes este tema pueda parecer ‘fuera de onda’, pero ¿quién dice que por el hecho de que nos preocupe una cosa no podamos preocuparnos por otra? A mí esto me preocupa. ¿Por qué, si no me toca directamente? Una cosa es que protestes cuando ves que hay discriminación hacia las mujeres, colectivo del que sí formas parte, y otra que pongas el grito en el cielo cuando se meten con los gays, con lo hetero que tú eres, Virginia… Bueno, pues no. A ver si ahora sólo vamos a poder protestar cuando se meten con nosotros. Y qué queréis que os diga: a mí no me mola vivir en un mundo injusto, y aunque sé que me lo voy a tener que comer con papas (el mundo injusto, digo) pues no me resisto a pegar un berrido de vez en cuando, aunque sólo sea para que no se nos olvide que esto sigue ocurriendo, y no sólo en ‘allá lejos en esos países raros de religiones curiosas’ sino en el mismísimo centro de la tan traída, llevada, laureada, afamada y nunca bien ponderada civilización occidental. Esta vez me refiero a la discriminación de las personas por causa de su orientación sexual.



En vez de martirizaros con datos, cifras, fechas, leyes, opiniones y blasblasblás varios, voy a poneros un ejemplo que me ha llamado la atención esta semana y que creo que es bastante ilustrativo. Más que nada porque no habla de "la generalidad" ni de "en la sociedad en general", de una forma más etérea que convincente, sino de un sector profesional muy concreto y muy específico. Me refiero al sector audiovisual, y en concreto a los "que dan la cara" en el mismo, que suelen ser los actores porque son los que se ponen delante de las cámaras y son los que, por fortuna o desafortunadamente, resultan más conocidos para "el gran público".

El siguiente artículo, que me ha resultado lo suficientemente interesante como para traerlo hasta aquí, fue publicado el pasado jueves 26 de enero (de 2012, quién nos lo iba a decir) en “The Stage”, y estaba firmado por Matthew Hemley (warning, traducción textual de noticia incoming; si queréis leer el original en inglés, pasaos por aka: http://www.thestage.co.uk/news/newsstory.php/35033/exclusive-survey-reveals-effect-of-being?utm_source=feedburner&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+TheStageNews+%28News+Headlines%29 ). Leedlo, y después sacad vuestras propias conclusiones:

«Un estudio revela los efectos de ser abiertamente gay en la carrera de los actores. Prácticamente la mitad de los artistas gays no ha revelado su condición a sus agentes, y más de un tercio admite que ha experimentado homofobia en la industria.

Los datos se han extraído de las respuestas de los participantes de un estudio desarrollado por Equity en el que se investigaba si es seguro ‘salir del armario’ en la industria del entretenimiento. El estudio estaba abierto a todos los miembros de la unión, y la mayoría de los participantes trabajan como intérpretes. Pese a que el informe revela que el 81% de los encuestados han salido del armario en sus vidas profesionales, y que el 94% son honestos acerca de su sexualidad con sus compañeros de reparto, sólo el 57% incluyen a sus agentes entre aquéllos con quienes son abiertos acerca de su sexualidad.

Los comentarios de los encuestados revelan cómo los actores consideran que decírselo a sus agentes y a los directores de casting limitaría los papeles que les ofrecerían, y la mayoría asegura que les preocupa que ser abiertamente gay restringiese los papeles que les ofrecerían. Un tercio clama haber experimentado homofobia en la industria. El director de igualdad de Equity, Max Beckmann, declaró que “el hecho de que el 81% de los encuestados en este estudio hayan salido del armario en sus vidas profesionales y que el 73% haya encontrado fácil esa decisión es muy alentador, y sugiere que hablamos de una industria en la que es seguro salir del armario. Lo que es perturbador es descubrir que sólo el 57% de los encuestados se lo han comunicado a sus agentes, y es particularmente preocupante ver que el 35% de los participantes han experimentado homofobia en sus vidas profesionales. Esto explica de alguna manera por qué muchos de los encuestados sopesan hablar de ello dependiendo de cada uno de sus proyectos, y que pese a que no esconden su orientación a menudo tampoco hacen gala de ella. Los comentarios también sugieren que los actores siguen temiendo que salir del armario impediría su contratación para papeles como, por ejemplo, protagonista de historia romántica”.

Mientras las tres cuartas partes de los participantes aseguran que el hecho de haber salido del armario no ha tenido ningún efecto en sus carreras, el estudio también revela que los artistas todavía se sienten preocupados por el impacto negativo que ser abiertamente gay puede tener en su vida laboral. A la pregunta de cuáles creen que serían esos efectos negativos, más de la mitad asegura que temen que los papeles disponibles para ellos pudieran restringirse, con el 54% de ellos mencionando los castings “estereotipados” y el 42% aludiendo a la posibilidad de “convertirse en objeto de discriminación”.



Uno de ellos se lamenta: “He visto a otros ser marginados por culpa de su sexualidad, y sé que yo también he sido marginado”. Otro escribe que “está bien visto que un actor hetero interprete a un gay, pero es mucho más difícil, si no imposible, que sea al contrario”. Algunos recopilan las experiencias negativas de salir del armario delante de sus agentes; uno de ellos asegura que “un agente que tuve me dijo que no hablase de mi sexualidad, y, aunque he salido del armario, no lo voy pregonando”. Beckmann asegura que los comentarios recopilados en el estudio sugieren que “la situación es menos positiva” para las lesbianas, y que “algunos encuestados comentan que la industria es menos comprensiva con las lesbianas que con los hombres gays”. Hablando sobre la homofobia, una de las encuestadas explica: “Me dirigía a casa después de recoger dinero en un local en el que trabajaba y un desconocido gritó “Jodida lesbiana” mientras entraba”. De los que se quejan de la homofobia, el 57% dice que los homófobos fueron otros artistas, alrededor del 20% que fueron los productores y el 37% que fueron trabajadores del cuerpo técnico.

Pese a esto, muchos de los artistas que tomaron parte en este estudio dicen que animarían a otros actores a salir del armario. La mayoría de los encuestados aseguran que no hacerlo público puede ir en detrimento de la salud de una persona. El portavoz de Equity, Martin Brown, explicó que el estudio “forma parte de un proceso para animar a los miembros a salir del armario en el trabajo”. También declaró que la unión hablará con la Asociación de Managers Personales acerca del “significante número de actores que han tenido dificultades en el trabajo como consecuencia de su sexualidad”. “La clave de esta campaña, que supondrá un proceso continuado a lo largo de este año y del futuro, es sacar a colación el pro0blema de salir del armario entre otros miembros y en la industria, y cuestionar la percepción de que, puesto que se percibe a la industria del entretenimiento como un ente tolerante con las diferentes sexualidades, no existe problema alguno”, aseguró».



Vale, hasta aquí el arrrtículo. Es bastante blanquito, ¿verdad? Sin embargo, entre líneas se pueden leer unas cuantas cosas que no sé a vosotros, pero a mí me saben un poquito amargas. ¿Actores mintiendo acerca de su sexualidad porque si dicen que son gays acaban discriminados o ridiculizados? ¿Actores no diciendo que son homosexuales porque si lo dicen no podrán protagonizar, por ejemplo, una comedia romántica? ¿Actores gays no pudiendo interpretar personajes heterosexuales? Esto me recuerda a aquella época en la que los papeles femeninos de las obras de teatro eran interpretados por hombres, porque las mujeres no podían ser actrices… ¿Os acordáis?

Lo curioso de este asunto, y que es acerca de lo que yo quería reflexionar hoy, es que esto ocurre entre gente que, supuestamente, forma parte de la “élite”. Estamos hablando de actores, productores, directores, guionistas, de aquéllos que forman parte del Olimpo Mediático, de una gente a la que se mira desde abajo y, en algunos casos, se adora como si realmente fueran dioses bajados a la Tierra. ¿Os imagináis lo que sucede entre el común de los mortales, entre los que ni tienen la obligación ni tienen la necesidad de dar una imagen, de ‘quedar bien ante la prensa’, de fingir aceptar algo ‘políticamente correcto’ por el bien de su imagen pública? ¿Y todavía alguien piensa que no hay discriminación…?


Notita marginal: las afotos publicadas en esta entrada NO me pertenecen: por gracia o por desgracia, nunca he estado delante de ninguna de estas personas (excepto del Bosé, y no tenía a mano una cámara para hacerle una foto bonita). Han "posado" para esta entrada: Rupert Everett, Derek Jacobi, Ian McKellen, Udo Kier, Mark Gatiss, Jill Bennett, Miguel Bosé, Amber Heard y Stephen Fry.

martes, 24 de enero de 2012

Video killed the radio star all over again

El reprecioso título de la entrada viene propiciado por una cuestión que lleva debatiéndose varios cientos de eones y que creo que nunca va a dejar de debatirse por muchas cifras que salgan. ¿Recordáis aquello que se decía allá por hace varias décadas (si sois muy jóvenes igual habéis oído hablar de ello en conversaciones de segunda mano), eso de que la tele iba a acabar con la radio? Preguntadles (preguntadnos) a todos los profesionales de la radio si tan pesimista y agorero augurio se ha hecho realidad. Preguntaos a vosotros mismos si habéis abandonado la radio por la tele, por el vídeo, por el ordenador. Más bien me parece que hemos abandonado la tele por Internet, y que la radio, ahora, se escucha a través del PC; pero la radio es una superviviente, y como tal ha sobrevivido a la televisión comercial, a la tele en color, al Vídeo 2000, al Beta, al VHS, al DVD, y seguirá sobreviviendo como una campeona.

Bueno, pues con los libros pasa lo mismo. ¿Cuántas veces no habremos oído eso de que la gente ya no lee (o cada vez lee menos) por culpa de la tele, del vídeo, de Internet? No sé vosotros, pero yo lo he debido escuchar lo menos mil quiñones de veces en diferentes formatos. Ya no se lee, la tele es más fácil y el libro está condenado a desaparecer (inserte aquí profecía catastrofista relacionada con nueva tecnología de su elección). La gente es inculta/iletrada/maligna/perversa, es mucho más fácil que te lo den hecho y no tener que esforzarte para que te cuenten una historia, uy, con lo malo que es eso de leer para los ojos/la espalda/los riñones/la celulitis. Quita, quita, yo no leo y encima me siento orgulloso/a de ello. El mundo se acaba, esto es el Apocalipsis, y otros grandes éxitos (aquí ceporrín de ojos en blanco). Yo hoy quería hacer el pronóstico contrario: ¿y si no fuera así? ¿Y si la televisión, y el vídeo, y el cine, no fueran enemigos de la literatura escrita sino (oh, milagro) TODO LO CONTRARIO?

Pero vamos a ver, almacántaro (me diréis): ¿no te ha quedado claro a estas alturas que la juventud (aquí un ceporrín de viejuno con bastón y mano alzada en gesto admonitorio) no lee una mierda y prefiere sentarse delante de la tele y/o el ordenador antes que pillar una cosa con tantas letras? ¡Pero si no saben ni escribir sin faltas de horrografía, o incluso con faltas y con todas las letras —aunque alguna esté equivocada, sobre o falte—, qué van a leer esos! ¡Demasiado esfuerzo intelectual, demasiada poca inmediatez en la satisfacción de sus deseos, bla bla bla! ¡Con lo fácil que es descargarse un juego de megaup... (oh, wait)... qué van a leer ni leer, ¿no ves que esta juventud está perdida bla bla bla? ¿Aún tienes fe en el futuro de la Humanidad…?

Bueno, pues sí. Naïve que es una. Para empezar, porque (independientemente de la calidad de los libros en cuestión) los niños/jóvenes/adolescentes SÍ leen, aunque sólo sea una reacción química ante su primer enamoramiento literario, que les compele a leer más y más y más acerca del personaje/la historia de sus desvelos. Y no sólo tengo fe, sino que además estoy convencidísima de que tele/cine/ordenador y libros pueden (y son, más veces de las que pensamos), aliados. ¿O no habéis visto la de películas y series que se nutren de los libros y que llevan al cine o sientan ante la pantalla a los amantes de la literatura? Y, en plan vicevérsico, ¿no habéis visto la de gente que empieza a leer porque ha visto una peli/serie basada en un libro?

¿Que no? Por poner sólo un ejemplo, echadle un ojo a esta noticia (con cuidado, que el último párrafo del texto contiene un pequeño spoiler del capítulo 2x03 de ya-sabéis-qué-serie): http://www.radiotimes.com/news/2012-01-17/benedict-cumberbatch's-sherlock-boosts-conan-doyle-book-sales

Para aquellos que no entiendan ni papa del idioma pagano, aquí va una traducción aproximada, a la que le he extraído convenientemente el spoiler (los que sí hayáis entendido la noticia podéis saltar directamente al párrafo siguiente :P: «Las ventas de las historias originales de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle disfrutan de un resurgimiento gracias a la popularidad del programa de BBC1 “Sherlock”. La primera temporada de la adaptación a la época actual realizada por Mark Gatiss y Steven Moffat, protagonizada por Benedict Cumberbatch en el papel del gran detective, se emitió en 2010. Ese año, las ventas de los libros de Sherlock Holmes se incrementaron en un 53% —de alrededor de 57.000 ejemplares a 88.000— respecto a 2009. El año 2011 ha visto un incremento aún mayor cuando los fans decidieron adelantarse a la segunda temporada, que concluyó la pasada noche. La taquillera película “Sherlock Holmes” protagonizada por Robert Downey Jr también puede haber contribuido a aumentar el interés por los libros —las películas fueron estrenadas en diciembre de 2009 y de 2011—, pero las estadísticas apoyan la idea de que es la serie de televisión la máxima responsable. Las ventas semanales de los libros de Sherlock Holmes experimentaron “un salto considerable” cuando comenzó la serie, de acuerdo con David Walter de Neilsen BookScan, que facilitó los datos. Fueron más del doble en la semana de emisión del primer episodio —de 1.562 ejemplares en el anterior período de siete días pasaron a 3.758—, manteniendo ese nivel durante la emisión de las tres partes y volviendo a la normalidad alrededor de un mes después del final de la temporada. Pese a que el incremento annual de las ventas navideñas hace más difícil una comparación semana a semana para la segunda temporada de “Sherlock”, que se emitió en enero, parece haber tenido un impacto similar. “Si comparamos las ventas de la primera semana de 2012 con las de una semana normal de 2011 (con ventas por debajo de los 2.000 ejemplares/semana) las ventas son cerca del doble”, explica Walter. “Las ventas de libros habitualmente son bajas después de Navidad, de modo que esto indica que las ventas son buenas”. Los datos empleados incluyen todos los libros de Conan Doyle vendidos durante los períodos citados, pero Walter asegura que las ventas de los libros no protagonizados por Sherlock Holmes no tiene un impacto perceptible en los datos».

Vale, pues esto es un “como muestra, un botón”. Ni es el primero, ni será el último, ni es el único. ¿No se incrementaron de forma exponencial las ventas de la saga de Canción de Hielo y Fuego después de la emisión de la serie de HBO la pasada primavera? ¿No se han alimentado el uno al otro, el formato literario al formato audiovisual y viceversa, en casos tan salvajes como Harry Potter, Crepúsculo, El código DaVinci, Millenium…? Hay mucha gente que lee y va al cine o a la tele a ver las adaptaciones de sus libros favoritos; sin embargo, y por aquello de ser justos, también tenemos que reconocer que la tele, y el cine, hacen que mucha gente enamorada de una peli o una serie decida echar mano a los libros para saber más acerca de sus personajes adorados/aborrecidos, para alimentar su adoración o ayudarse a pasar el ‘mono’, o simplemente por la curiosidad de ver cómo es el original y cómo lo han adaptado. ¿O acaso no os ha ocurrido a vosotros nunca, que habéis visto un lo-que-sea en la tele y de repente os han entrado ganas de leer el libro, incluso cuando ya lo habíais leído...?

Evidentemente, las productoras/editoriales se aprovechan de este efecto de retroalimentación. Los guiones nacen de libros de éxito, los libros se reeditan con las portadas de las películas o series, todo con tal de incrementar las ventas. Pero lo que importa, lo que de verdad importa, es que se lee. Y si la gente se engancha a la lectura gracias a la tele o al cine… pues bienvenido sea. Y si para ello hay que pasar por las ediciones de libros clásicos con portadas televisivas... pues bueno, al final lo que importa es lo de dentro.

O sea que, en definitiva, creo sinceramente que formato audiovisual y literatura no deberían ser considerados enemigos sino aliados. Digo yo.

sábado, 14 de enero de 2012

Erotismo, sexismo, machismo y otros –ismos varios y variados

(Pre-aviso: esta entrada contiene spoilers del capítulo 2x01 de "Sherlock". Advertidos quedáis :P).

Hace ya algunos mesecillos hice una excepción (ya sabéis que no suelo hacer ni reseñas de libros ni reviews de pelis/series, porque considero que mi criterio no es nada para que yo intente imponérselo a nadie o simplemente condicionar el suyo a partir del mío). Allá por el mes de mayo, decía, hice una excepción y me detuve a comentar un capítulo de una serie de televisión, en este caso Game of Thrones, de HBO. Tenía excusa: no lo hice para reseñar/criticar el capítulo ni la serie, sino porque me pareció interesante el debate que surgió a partir de dicho capítulo acerca de la homosexualidad, los arquetipos gays actuales/pasados, las interpretaciones de la obra de George R. R. Martin (el que está detrás de todo eso, pa entendernos) y la ceguera selectiva de determinados lectores/televidentes. Para más detalles, podéis leer la entrada aquí: http://desdelanieve.blogspot.com/2011/05/traicion.html

Bien, pues voy a volver a caer, porque he vuelto a encontrarme con un debate suscitado por una serie de televisión que me parece lo suficientemente interesante como para traerlo a colación. Esta vez la serie es Sherlock, de la BBC, y el capítulo, el primero de la segunda temporada (emitido el primer día del año, pero que aquí en España se estrenó el pasado jueves). Si aún no habéis visto esa serie, aprovecho para llamaros herejes (con cariño y sin acritud) y a ordenaros de forma tajante que os pongáis a ello en este mismo instante. Y, por favor, POR FAVOR, vedla en versión original. No es mi intención echar por tierra los esfuerzos del colectivo de dobladores de España ni hacer campaña anti-ninguna cadena española, pero de verdad, siendo francos, y sin acritud alguna y desde el cariño y blabla el respeto, doblar a ese muchacho llamado Benedict Cumberbatch debería estar tipificado en el código penal como delito con muchos agravantes y penas de indefinidos años de trabajos forzados y una cantidad indecente de euracos de multa. O más.

Vale, a lo que vamos (que si me pongo a hablar de la voz del chaval no sólo no acabo en todo el día sino que puedo morir de deshidratación e insatisfacción sexual). El capítulo que ha suscitado el debate en cuestión se titula Escándalo en Belgravia y está basado en “Escándalo en Bohemia”, de Sir Arthur Conan Doyle. Y a partir de aquí ya vienen los SPOOOOILERS masivos (lo aviso por si alguno no ha visto aún ese capítulo y quiere ir de nuevas).

Para los que hayáis leído la obra de Doyle en cuestión, el capítulo es una adaptación de la misma hasta aproximadamente la mitad del mismo, y después la historia continúa allá donde el caballero victoriano no siguió escribiendo. Siendo una adaptación a la época actual, la Irene Adler amante de la realeza de Bohemia que chantajea al rey con una foto “incómoda” se ha convertido en una dominatrix que posee un móvil cargadito de imágenes explícitas de sí misma con cierta ‘miembra’ de la realeza británica, pero la historia de cómo Sherlock Holmes trata de hacerse con la foto y es vencido por Irene Adler en un certamen de inteligencia (por lo cual el insensible detective acaba obsesionado con ella) se complica bastante cuando, en esta versión, entran en conflicto los servicios secretos británicos y alemanes, un plan del hermanísimo gubernamental de Holmes para derrotar a cierta célula terrorista, los amerricanos y el afamado y nunca bien ponderado Jim Moriarty, némesis por excelencia del héroe y malo malísimo que ha servido de modelo para el 80% de los malos malísimos creados con posterioridad. Por aquello de resumir y no contarlo todo, decir que el concurso de neuronas entre Sherlock e Irene se convierte en un tira y afloja que mezcla el deseo sexual provocado, curiosamente, por los alardes de inteligencia del uno y de la otra, y que al final, cuando se descubre que Irene ha estado jugando con el deseo con el que Sherlock (al que llaman “el virgen” xD) no sabe lidiar para derrotarlo, él le da un giro al invento y utiliza el deseo de Irene para derrotarla. Todo ello en una hora y media cargadita de tensión sexual y un erotismo que se basa sólo en ojos y voces, lo cual no deja de ser curioso en una historia que tiene como protagonista al detective asexuado por antonomasia, pero que también tiene su lógica si nos ceñimos al “canon” de Conan Doyle.

La cuestión es que esa historia ha provocado una reacción visceral en algunos foros de Internet. Y lo más curioso es que no ha sido por el hecho de que la adaptación haya alargado el original (al fin y al cabo, es lo que hace la serie de la BBC, adaptarlo, no calcarlo), sino porque, a juicio de algunos críticos y foreros, los guionistas han convertido a Irene Adler en una simple mujer-florero, objeto sexual y, finalmente, damisela que requiere de la intervención del macho dominante (aka Sherlock) para salvar su vida. Entre algunas de las perlas que he podido leer por ahí se habla de esperpento, ridículo, fantasía de mente enferma obsesionada con la dominación masculina, reducción de la única mujer fuerte del mundo de Holmes a un títere estupidizado, etc.

Yo no estoy de acuerdo. Y soy una mujer, y además soy de las que pelean con uñas y dientes por el igualitarismo (que no feminismo), así que poco se me puede acusar de machista a estas alturas. Evidentemente, cada uno ve lo que quiere ver, y si se quiere ver sexismo se puede ver =), del mismo modo que se puede ver en los anuncios de champú si a uno le da la gana. Sin embargo, yo lo había interpretado de una forma completamente opuesta: Irene Adler puede parecer manejada tanto por Sherlock como por Moriarty en esta versión, y sin embargo ella misma empieza manejando a Moriarty (y logrando que deje a un lado sus planes de matar a Sherlock pese a que lo tenía encañonao, resolviendo ella solita el cliffhanger que dejaron colgado la temporada pasada) y pasa el resto del episodio manejando a Sherlock como le da la gana. Tan superior es en algunos momentos que incluso permite que Sherlock piense que ella quiere usarlo empleando el deseo y consigue usarlo precisamente de esa manera sin que él se pispe de una mierda, sencillamente utilizando su cabecita.

¿Que es un objeto sexual? No, es ella misma la que utiliza la debilidad de Sherlock, ese deseo con el que el muy pavo (a.k.a. inexperto) no sabe lidiar, para manejarlo y llevarlo y traerlo. El hecho de que al final sea Holmes el que venza utilizando contra ella esa misma arma no es más que justicia poética, si tenemos en cuenta que ella le ha vencido antes usando contra él el arma que, teóricamente, hace invencible a Holmes. Ella le vence usando su intelecto, él la vence usando su deseo y sus sentimientos.

Creo que es fácil decir “uy, han cambiado el original, Irene es una trabajadora del sexo y al final gana Sherlock, esta serie es machista”, y dejar a un lado lo que hay detrás: para empezar, en el original Irene Adler TAMBIÉN es una trabajadora del sexo, aunque sea de una forma un poco más sutil (no se anuncia en una web, sino que se dedica a encamarse con gente de alcurnia); para seguir, no han tocado una coma de ese relato (que es uno de los pocos que me he leído xD), lo que han hecho es ampliarlo y darle más connotaciones y más detalles (en definitiva, enriquecerlo, y sé que con esto me voy a ganar un par de collejas xD). En el original, Irene vence a Sherlock usando su intelecto, y por eso él se queda un poco obsesionado con ella; en éste, Irene usa a Sherlock usando su intelecto, él se obsesiona con ella y la desea, y al final él vence a Irene usando sus propias armas (es decir, el deseo). Sí es cierto que el epílogo es un poco “licencia hollywoodiense”, con esa escena final en la que ella depende de él para no acabar decapitada y él la salva cual caballero de brillante armadura, pero también cumple una función: la de quitarle amargura al final y darle un toque optimista e incluso tierno, lo cual calma las ansias románticas del personal y, de paso, ahonda un poquito más en eso que han ido descubriéndonos durante todo el capítulo, y es que Sherlock Holmes, pese a su frialdad, a sus carencias afectivas, a su síndrome de Asperger y a su personalidad aséptica oculta bajo una capa neurótica, es un ser humano.

Es, quizá, una de las cuestiones que hacen de esta serie un “paso más”, que no se queda en la simple resolución de cada uno de los casos que se les ponen por delante a la pareja de detectives sino que ahondan en la personalidad de los protagonistas y, algo que (y ahora es cuando me llevo otra colleja) creo que Conan Doyle no hizo en sus relatos sobre Sherlock Holmes, los hace evolucionar. Tal vez por eso esta serie me gusta tanto, teniendo en cuenta que aborrezco el género policíaco/detectivesco y que el personaje de Sherlock Holmes hace que me salga urticaria (lo sé, lo sé, otra colleja): es un personaje con el que no puedo sentir la más mínima empatía, precisamente porque él es anti-empático. Y sin embargo Doyle insinuó esa grieta (sin profundizar en ella) en sus novelas y relatos, y la BBC lo que hace es ahondar en esa “humanidad” del personaje deshumanizado por excelencia: el frío y sociópata Sherlock Holmes tiene que lidiar primero con el deseo sexual y con el amor, y después (y aka un pequeño SPOILER del 2x02) con el terror, emociones que no está acostumbrado a sentir y que sin embargo lo humanizan y, de alguna manera, logran alzarlo aún más hacia la estratosfera heroica de los héroes más héroes del mundo universo. Porque, como decía Ned Stark en Juego de tronos, «[cuando se tiene miedo] es el único momento en el que se puede ser valiente». FIN DEL SPOILER.

Vaya, que creo que en conjunto la adaptación no tergiversa el original, sino que le da más matices. Y es curioso también, volviendo al capítulo de Escándalo en Belgravia, que ese deseo no parta de una cuestión física ni por parte de él ni por parte de ella, sino que sea una reacción intelectual (cosa bastante curiosa teniendo en cuenta que ella intenta usar su cuerpo para desarmarlo). Lo único que considero que puede incordiar un poco a los “puristas” es que al final venza Sherlock y no Irene: sin embargo, en la primera mitad del capítulo (que es, estrictamente, la adaptación del relato de Doyle), Irene SÍ vence a Holmes. Y durante todo el capítulo le va venciendo día sí y día también. Creo que reducir esa batalla intelectual y sexual que se traen ambos a un "es que ella es un objeto de deseo, una mujer florero y acaba vencida porque no es fuerte como el personaje original" es demasiado simple: al fin y al cabo, si él la desea no es porque ella le plante las tetas en los ojos, sino porque ella es LISTA.

A modo de reflexión final, que para eso es para lo que traía yo este capítulo, esta serie y este debate a colación (y no sólo pa disfrutar de la vocecita del Cumberbatch una vez más, que cualquier excusa es buena): no todo en esta vida es sexismo, machismo ni discriminación. A veces, somos nosotros mismos los que interpretamos una cosa llevándonos las manos a la cabeza y emitiendo un alarido indignado cuando la intención de quienquiera que sea el emisor del mensaje no era adornarlo con ningún significado subyacente, o incluso cuando pretendía emitir el mensaje opuesto. Quizá es que estamos demasiado acostumbrados a tomarnos las cosas como un ataque directo hacia nuestras personas, géneros, ideologías, religiones o colectivos profesionales y/o de ocio. Y quizá, en realidad, nadie nos está atacando, y somos nosotros los que nos sentimos atacados. Por desgracia, hay muchas ocasiones en las que estamos en lo cierto: aún hay mucha discriminación, y la de género es una discriminación que sigue campando a sus anchas, y no sólo allá lejotes sino aquí mismo, en el mundo occidental. Pero sinceramente creo que ésta no es una de esas ocasiones. Tal vez me equivoque, pero es lo que pienso.




Nota adicional: para aquellos “herejes” que aún no se hayan dado cuenta de lo que se pierden si están viendo la serie doblada, aka va un cacho de este capítulo (o sea, SPOILER) en su versión original (ignorad los subtítulos, que están en turco, y centraos en lo que hay que centrarse, que nos conocemos), un cacho que, por cierto, creo que ilustra bastante bien lo que venía yo a comentar ahí arriba acerca del final y bla bla bla. Me irán vuecencias a decir que no merece la pena oír esa voz *—* meaow.

Sherlock - Sherlocked (I took your pulse) from SametErel on Vimeo.





Todas las imágenes son propiedad de la BBC. Y el vídeo también. He dicho ;)

lunes, 9 de enero de 2012

Sí, bonita: es delito. Y además está feo.

El lindo título de la entrada viene por un tema que me viene a mí rondando por la cabeza desde hace ya unos cuantos años: se trata del plagio, en este caso literario. Una palabra fea para una práctica fea que a mí, personalmente, me hace pupita física cada vez que la oigo.

Está claro que todo esto da pie a la polémica. ¿Por qué? Pues porque uno de los temas que más guerra están dando últimamente es el de la afamada Ley Sinde y la no menos afamada futura SOPA, las reglas con las que los políticos, aunados con la industria (discográfica, cinematográfica, televisiva, editorial), intentan conservar un modo de hacer las cosas que las nuevas tecnologías han dejado obsoleto. No voy a dar mi opinión acerca de las leyes en concreto, puesto que ya han corrido ríos de tinta de gente mucho más informada que yo al respecto (reconozco que sólo les he echado un ojo aturdido por encima y después las he apartado de mí con gesto horrorizado): baste decir que estoy convencida de que la industria TIENE que evolucionar, del mismo modo que evolucionan los hábitos de consumo marcados por la evolución de las tecnologías. Sin embargo, y aunque esté estrechamente relacionada con el tema, esta entrada no va por ahí.


Creo que hay que distinguir muy bien una cosa de la otra. Cuando hablamos de plagios no estamos hablando de piratería: no es lo mismo mangar un texto para leerlo sin pagar que mangar un texto para decir que es tuyo y recibir el reconocimiento y, en determinados casos, el pastarrancaco que puedas ganar con él (dos duros y medio, pero hay gente que se arriesga a la cárcel y la ignominia y el oprobio por mucho menos…). Si yo, ejemplo completamente al azar y sin ningún tipo de intencionalidad, me descargo un libro de Lucía Etxebarría, lo meto en mi e-reader y me lo leo sin pagar, eso se considera piratería. Si yo me descargo ese libro, le planto mi nombre en la portada y lo vendo diciendo que es mío, eso es plagio. Y robo. Y una putada, y encima gilipollesca, dicho sea de paso.

Así que no confundamos ;) robo es robo, piratería es piratería, plagio es plagio. Y plagio es robo. Y de plagio es de lo que yo venía a hablar, porque hoy me ha dado por ahí y porque he recordado lo que le sucedió hace algunos meses a un camarrrada de armas, de nombre Gandalf, que un “buen” día descubrió que alguien había pillado un relato suyo y lo había colgado en una web sin molestarse en decir de quién era el relato, haciéndolo pasar por suyo (del dueño de la web, se entiende). A raíz de aquello tanto él como otros muchos camarradas descubrieron que en la red hay ya una tradición en esto del hurte de textos literarios, de blogs, fotologs, webs, etc: mucha gente que coge, copia, pega, y se queda más a gusto que un arbusto, oiga, y a recibir comentarios de los colegas alabando su destreza con el teclado. Y si les dices algo, te responden mandándote a Cuenca sin trasbordo O_O pero qué me estás contando. ¿Que no? Echadle un ojo a esta entrada del blog de la camarrrada Jane Eyre, en el que denuncia en concreto este caso de Gandalf (si luego visitáis el blog entero, veréis que no es un caso aislado ni mucho menos): http://nodeberiascopiar.blogspot.com/2010/11/tagesita-o-el-colmo-de-lo-absurdo.html Aquí están las reacciones de los insignes weberos a la denuncia de que el texto no era suyo sino de Gandalf. Leed, y flipad a cuadros escoceses de colores primarios.

Los pelos de picos pardos, ¿verdad? Pues sí, así viene la cosa y así se la estamos contando. Perlitas como que las palabras no tienen dueño, como que a quién le importa el autor si lo importante es el texto, como que de qué vamos al intentar reclamar que se ponga la autoría del texto… Un WTF en toda regla, pero que está tan extendido que ya la gente ni siquiera pestañea. Oh, guay, un relato molón, lo pongo en mi blog y seguro que Paquito (perdón, Pakito) se orina encima al leerlo y me hace ojitos al salir de clase de Educación para la Ciudadanía. Con lo fácil que es seleccionar, darle al botón derecho, copiar y luego pegar… ¿Que el texto tiene un autor? ¿Y…?

Pero vamos a ver, almacántaro: si tú mismo te molestas cuando alguien tecopia un estado del Facebook, ¿cómo no te va a joder que te manguen un relato que has tenido que sudar? ¿Estamos tontos? Que no digo yo que no lo pongas, que si el relato estaba colgado en Internet y accesible a todo el mundo digo yo que se podrá coger y poner en otras webs, y que probablemente el autor estará encantado de que lo hagas, pero ¿sin decir de quién es? ¡Que ese texto lo ha escrito él, y probablemente le habrá costado un enorme esfuerzo intelectual, psicológico y físico, cosa que quizá a los que no sabéis ni escribir “qué” como corresponde a lo mejor no os entra en la cabeza! ¿Qué os habéis creído, que escribir es como cagar, hala, voy dos veces al día al baño y expulso un relato haciendo un breve esfuerzo muscular?

Ya, vale, lo sé. Me exalto. Me pongo furiosa y rabiosa y me ataco y me da un mal de nervios. Me cabreo, para entendernos. Pero es que todo esto me recuerda a lo que me sucedió a mí hace años (concretamente creo recordar que fue en 2006, si mi memoria no me falla, aunque la cosa venía de antes). Cuando salió publicado en inglés el sexto libro de la saga de Harry Potter (2005), esta servidora tenía tantas ganas de ver terminada la historia, de saber cómo acababa, que tuvo la genial ocurrencia de escribir un fan-fiction con el final que consideraba más probable. Era un modo de quitarme de encima el ansia y, además, una forma de probarme a mí misma: ya sentía yo los picores de querer escribir, y quería saber si era capaz de terminar una novela. Y lo hice, y la colgué en una página dedicada precisamente a eso (www.fanfiction.net). Evidentemente, lo único que pretendía con aquello era escribir, pasar un buen rato y, si era posible, hacérselo pasar al que, como yo, tuviera tantas ganas de conocer el final de la saga como para leer un fic. No se puede cobrar por escribir un fic: los personajes, el mundo, la historia que hay detrás no son tuyos. Otra persona pensó de un modo algo distinto: lo bajó de Internet, lo publicó y lo vendió en varios países de América Latina y, por las informaciones que me llegaron en aquel entonces, debió venderse como pan caliente, porque se habló de ello mucho, muchísimo, tanto que incluso J.K. Rowling se puso en contacto indirecto conmigo a través de una web de Harry Potter para preguntar si era yo quien estaba vendiendo el fic para tomar medidas legales. Obviamente la respuesta fue no, y no tuve ningún tipo de problema legal, porque yo sí sabía que no podía comerciar con algo que no me pertenecía, que era el mundo de Rowling; sin embargo, lo que picó de toda aquella historia no fue que alguien se lucrase a mi costa (yo lo había escrito) y a costa de Rowling (ella había creado los personajes, el mundo, la historia). Lo que picó fue que alguien hubiera robado aquella historia que yo había escrito con mucha ilusión y con mucho esfuerzo, y estuviera vendiéndola como si fuera suya. Porque aquello podía llamarse “fic”, pero en definitiva era mi primera novela.

Veréis, creo que esto ilustra muy bien eso que a veces no es tan evidente como a nosotros nos puede parecer, y es el hecho de que los derechos del autor no se limitan exclusivamente al pastarrancaco que mencionábamos antes. Con todo el asunto de las sindes y sopas da la sensación de que los creadores artísticos (literarios, musicales, cinematográficos, plásticos) sólo vamos a por el arrasque económico, pero no hay nada más lejos de la realidad (vale, sí, todos queremos comer, qué coño, tanto los que estamos en contra como los que están a favor de las nuevas normativas). Cuando uno da a luz a una obra artística, lo más importante, al menos para mí —y de verdad creo y espero que para la mayoría también—, es que esa obra es tu niña. Tu hijita recién nacida. Y si alguien se lleva a tu hijita y dice que es suya, eso duele y mucho. No porque ya no vayas a poder ganar dinero con ella O_O sino porque te ha costado sangre, sudor, lágrimas y un enorme esfuerzo parirla, y no es justo que otro se lleve el reconocimiento y la posibilidad de enseñarla en el parque y decir “¿A que me ha salido guapa?” Oiga, sí, es guapa, pero no es suya, es MÍA. Me he dejado no sólo un enorme esfuerzo en ella: me he dejado un cachito de mi alma. ¿Me robaría usted el alma y diría que es suya…? Pues eso.

De lo que se trata, supongo, es de saber valorar el trabajo y el esfuerzo de los demás. Y conste que en este caso no estoy, como dije al principio, hablando de piratería —que no tiene nada que ver con el plagio— ni de retribuciones monetarias: estoy hablando de conciencia. Y de que, aunque yo no vaya a cobrar un duro por un texto (como sucede en el 95% de las cosas que escribimos), lo he escrito, me he dejado ahí una parte de mí, es mi horrocrux XD, y no es justo que otra persona me lo sise para darse aires (en el mejor de los casos) cuando el único esfuerzo que le ha costado es hacer “click” en el ratón.






Nota al margen: las imágenes están todas sacadas de Internet, y evidentemente no son mías ni muchísimo menos. El problema es que las he sacado de Google Imágenes, y no hay manera de encontrar el nombre del autor original :(

domingo, 1 de enero de 2012

(Léase en tono ominoso): La saga continúa... ¡Mwajajajajajaja!

No, no hablo de una saga en particular, ni siquiera de una mía (más que nada porque mi saga aún no ha empezado... al menos, a ver la luz). De lo que se trata hoy es de un tema que me viene rondando por la cabeza desde hace algunos meses y que creo que algunos de vosotros también os habéis planteado: se trata de la bonita, afamada y nunca bien ponderada discusión acerca de las novelas vs las sagas, y todo ese fregao.

Hace algunos meses, un lector me escribía un mail para comentarme sus impresiones acerca de La Elegida de la Muerte (Öiyya). En ese mail, aparte de decirme muchas cosas bonitas, me hacía una pregunta que acabó iniciando un debate muy satisfactorio entre ambos, y digo satisfactorio porque, entre sus argumentos y los míos, salieron unas cuantas cosas curiosonas acerca de la literatura en general y el género fantástico en particular. La pregunta era: ¿Por qué esa manía con las sagas? Y seguía diciendo que la mayoría de las trilogías, tetralogías, pentalogías y n-logías que se ven por ahí pueden parecer más "literatura de explotación" que obras que responden de verdad a un plan preciso. Comentaba este lector anónimo que entendía que un escritor que ha creado un universo más o menos completo y complejo ambiente en él el grueso de su obra, pero en la mayoría de los casos le parecía que algunos autores estiraban demasiado algo que no daba para tanto…

Y yo le respondía mostrándome completamente de acuerdo con él. Y sí, me gustan las sagas, tanto para leer como para escribir. Pero en ese detalle en concreto, este lector tiene más razón que veinte santos y una canción desesperada. Sí, hay muchas sagas (aunque el término “saga” no esté excesivamente bien empleado en este contexto, ya que en realidad debería referirse a una obra que abarque las vicisitudes de varias generaciones de una familia, no a una historia dividida en varias novelas… pero a estas alturas creo que ya hemos asimilado ese otro significado :P), hay muchas sagas, decía, que dan precisamente esa sensación: la de historias que empiezan con una novela y cuya buena acogida por parte del público hace que el escritor, o el editor, o ambos, decidan estirarla para seguir vendiendo libros. Es algo completamente lícito, pero también es cierto que al lector puede darle la sensación de que le están vendiendo lo que no es, una historia larga y compleja donde sólo hay una dilatación de vicisitudes que en realidad no tienen que ver con la historia original.

Supongo que el tema da para mucho debate... y que depende de lo que el propio autor quiera hacer y cómo se plantee su obra. Por ejemplo: en mi caso, yo escribí "Öiyya" pensando en una novela independiente, y después empecé a plantear una novela distinta (también independiente), "Mellizo", y cuando empecé a desarrollar la historia en mi cabeza me di cuenta de que, para contarla bien, tenía que hacerlo en varios libros. A mí personalmente las sagas me gustan, PERO cuando son una historia completa DE VERDAD, es decir: una historia planteada desde el principio hasta el final, como si fuera una novela íntegra pero más larga. Lo que no me gusta es precisamente lo que comentaba este lector, cuando un escritor alarga de forma innecesaria, o coge su mundo y sus personajes y, después de la primera novela, los mete en más y más fregaos sin sentido por el mero gusto de alargar la historia. Yo sólo me planteé escribir una saga cuando vi que mi historia no podía contarse en un libro (salvo que ahora publiquen libros de 6.000 páginas xD), a menos que lo hiciera de forma telegráfica, lo cual no acaba de gustarme =(. Supongo que, como todo, depende de lo que quieras contar... hay historias que te piden un relato corto, hay historias que te piden una "novella", hay historias que te piden siete libros :P. El truco está en saber ante qué estás a la hora de escribirla.

Coincido en que muchas veces se aprovecha el tirón de la primera historia para alargar los beneficios desarrollando historias paralelas, precuelas, secuelas y demas "elas". De hecho, un recurso que usan muchos escritores es dejar posibilidades argumentales abiertas para seguir explotando la historia si tiene suertecilla y el público responde, un cierre en falso para seguir la historia si hay que seguirla y darla por terminada si no ha habido suerte. (No hay que confundir esto con lo que ahora se llaman “cliffhangers”, que son justo lo contrario: dejar la historia completamente abierta y en un punto culminante para cuasi-obligar al lector a comprar la siguiente novela, algo que, cuando se trata de sagas de este tipo, se hace mucho (y que, narrativamente hablando, tiene bastante valor en determinados casos; y si se hace bien, claro xD).

El “cierre en falso”, si está bien hecho (coño, pues como todo xD), puede ser una de las mejores ‘trampillas’ de este mundo: uno escribe una novela independiente, y deja abierta una posibilidad por si acaso la cosa ‘pita’ y puede seguir palante contando la historia. El problema es cuando no se deja abierta esa posibilidad, se cierra la trama y luego se abre “en falso”, que eso queda mucho peor. Y que hay muchos, muchísimos casos en los que eso se ha hecho, y el lector, que está en su derecho porque para eso paga por el libro, pues va y protesta, claro. Porque eso no es una saga, es una novela cerrada y atada, un cuerpo terminado y perfecto al que después se ha añadido un apéndice postizo pretendiendo convencer a alguien de que eso ya formaba parte del cuerpo original desde el principio.

Por supuesto, hay que distinguir de lo que estamos hablando en cada caso: no es lo mismo una serie de novelas ambientadas en un mundo o con unos personajes comunes (compuesta de historias independientes que pueden o no estar relacionadas entre sí), que una saga "falsa" (alargada de forma artificial), que una historia completa demasiado larga para publicarla en un solo volumen. A mí me gustan las historias compactas, redondas y bien desarrolladas desde el principio hasta el final (como a todo el mundo, supongo xD); si esa historia ocupa 200 páginas, guay; si ocupa 20.000, guay también, mientras sea una historia compacta, redonda y bien desarrollada DE VERDAD, no un alargamiento de los de "voy a ver si lío un poquito la madeja por aquí y así expando y en vez de vender un libro vendo veinte". Y no porque esos siguientes libros no vayan a ser buenos, que pueden ser maravillosos (y algunos, de hecho, lo son): el problema es que no son lo que me están intentando vender, no son una historia completa, son otra cosa. Y si yo quiero leer una historia completa en varios libros no quiero acabar leyendo una historia de un libro y diecinueve libros más acerca de cómo al prota le crecen los enanos por un champú en mal estado vendido por el primo hermano del malo muerto cuando por fin parecía que había conseguido su sueño de poner un circo. Y ya si me hablas de "la historia de las vicisitudes de los hijos de los protagonistas de la anterior novela", personalmente y sin ánimo de ofender creo que vomito.

Supongo que, como en todo, dependerá de la calidad del autor. Sin embargo, a priori creo que lo más honesto, tanto con el lector como con uno mismo, es saber desde el principio lo que uno está haciendo. ¿Una novela independiente? Estupendo. ¿Una serie de novelas ambientadas en ese mundo/escenario que te has inventado y que te ha gustado tanto que no quieres abandonar? Magnífico. ¿Una (mal llamada) ‘saga’, una historia larga compuesta de varias novelas que cuentan cada una una parte del total? Sensacional. Pero intentar hacer pasar una novela independiente por el primer capítulo de una saga que no existía ni siquiera en tu cabeza creo que es un poquito menos limpio. Ojo, eso no quiere decir que no se deba hacer, que sea ilícito ni que la saga resultante no pueda ser maravillosísima (de hecho, también hay ejemplos que hablan de esta posibilidad), pero a priori tiene muchas papeletas para ser un WTF en toda regla. ¿Lo mejor? Si uno no está seguro de poder escribir o publicar la saga que tiene en mente, escribir una novela independiente y después, una vez visto el panorama, emprender o no ese proyecto. Aunque claro, como en todo, cada caso es un mundo.

¿Conclusión? Básicamente la de siempre: que cada cual haga lo que le salga del cimborrio octogonal, que escriba lo que le venga en gana como y cuando le venga en gana (siendo honesto con uno mismo, con sus gustos y con sus motivaciones) y que sepa, eso sí, que el lector no es tonto y sabe lo que tiene entre manos cuando está leyendo un libro. Nada más.


PD. No, lo de “alargamiento” NO suena perverso. Son vuestras mentes, que están muy viciadas ya a estas alturas. Panda depravados.

Nota al margen: Seh, las imágenes son una ida de olla. Pero es que no quería poner ninguna de ningún libro en particular, que luego nos sentimos aludidos y hay llanto y crujir de dientes, y hoy estoy buenrrollista. Qué pasa :P