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sábado, 31 de marzo de 2012

De cómo enganchar a los adolescentes a las grandes obras de la literatura universal, segunda parte

Antes de empezar, dos aclaraciones: la primera, llevo un tiempo sin actualizar por causas ajenas a mi voluntad (bla-bla-bla inserte excusa aquí); la segunda, esta entrada no ha sido idea mía. Digamos que he decidido, tras recibir varias amenazas sutiles y un par de ellas directas, abrir un espacio dedicado a las peticiones de los oyentes, y que la primera petición ha resultado ser ésta. No me quejo porque me va a adornar el blog de una forma considerablemente agradable (nunca protesto cuando me dan una excusa para llenar esto de fotos de nenes monos), pero quiero hacer constar que, aunque llevo tiempo pensando en la excusa para meter a este chavalín en este espacio, quizás no me habría atrevido de no ser por la insistencia del público en general. Sí, masculino también. Tendré yo la culpa de que el chaval en cuestión sea el único caso que conozco de persona humana que atrae por igual a mujeres heterosexuales, hombres heterosexuales y hombres homosexuales, e incluso a alguna que otra mujer homosexual. De lo que se deduce que al final lo de la atracción no va a depender del género que se gaste cada uno sino de lo rechupeteable que esté el ser que tenga enfrente.


El nene en cuestión (que por cierto está a punto de cumplir 41 tacos, useasé que esto de la ‘cualidad chaválica’ no se acaba cuando uno se hace mayor sino cuando uno decide dejar de ser un chaval) es escocés (dato importante si, como a mí, ciertos acentos te suben la progesterona hasta hacerla alcanzar la masa crítica), actor de cine, tele, teatro, radio, saraos varios y probablemente ducha también, se llama David Tennant (bueno, en realidad no se llama así, pero le voy a dar la razón en lo de que “McDonald” suena demasiao típico aunque sea real) y es el causante de que un inmenso porcentaje de adolescentes de los de verdad y de los vocacionales hayan decidido de repente engancharse a ciertos géneros lamentablemente minoritarios, entre los que destaca el Teatro Con Mayúsculas y, el caso más destacado, el teatro de ese señó llamado William Shakespeare. Y aquí, oh milagro, es donde yo encuentro la excusa para responder con amabilidad a la petición en cuestión y dedicarle una entrada del blog al nene, que teniendo en cuenta que esto es un espacio generalmente literario no era fácil, no vayáis a creer. Que el chico es conocido sobre todo por protagonizar durante años una serie de culto allá por las U Kas, y esa serie era de ci-fi, y usté me dirá cómo iba yo a hacerlo para encajarlo aquí si no fuera porque no se ha limitado a ser el Doctor (¿quién? seh, respuesta correcta).

El caso, que me voy yo por las ramas hasta alcanzar la luna de Valencia y las de Júpiter: del mismo modo que hace unas semanas yo alababa la cualidad que tienen la TV y el cine para arrastrar gente hacia los amorosos brazos de la literatura (merced a las adaptaciones de libros a la pantalla, mejores o peores), hoy me ha dado por destacar un fenómeno curioso que, por extraño que parezca, TAMBIÉN sirve de fomento de la literatura, la lectura y el amor por el teatro, ese (en algunos sitios más que en otros) gran e inmerecidamente olvidado.

Es el fenómeno de las hormonas despendoladas. Imaginaos la siguiente situación: joven adolescente (pongamos del género femenino) pegada a la pantalla del televisor y/o el ordenador babeando de forma incontenible mientras desgasta el botón de replay de algún vídeo en el que salga su último amor. Es fácil de imaginar, ¿verdad? Todos hemos sido adolescentes (algunos no hemos dejado de serlo con la edad), todos nos hemos encaprichado locamente por algún/a actor/actriz/cantante/whatever (táchese lo que no proceda), todos hemos pasado las horas muertas embobados viendo la cara de alguien que, por supuesto, ni sabe que existimos ni lo va a saber jamás. Es ley de vida. Lo de babear, digo: lo de “jamás”… nunca se sabe, y de esperanzas vive el hombre (y la mujer, y el/la adolescente). Un encaprichamiento tan obsesivo-compulsivo que la jovenzuela que hace de protagonista de nuestro ejemplo se dedica a recopilar fotos, posters, vídeos, pelis, discos… de su gran amor. Se lo traga TODO. Lo que sea. Desde una entrevista en el programa de los domingos por la mañana hasta la peli aquella que hizo su nene allá por cuando ella todavía no había ni nacido siquiera.

Vale. Hasta aquí, todos de acuerdo, ¿verdad? ¿Qué pasa cuando su inquebrantable amor la lleva de la mano a convertirse en espectadora de alguna obra maestra de, pongamos, el teatro? ¿Qué ocurre si el objeto de su enamoramiento no es un (con perdón) Justin Bieber cualquiera, sino un actor como la copa de un ciprés que usa su versatilidad para colarse de rondón en la mitad de las Cosas Culturales Molonas Y Dignas De Premios Varios que se hacen en su país? ¿Si su noviete virtual más-quisieras-moza no le hace soñar con vampiros luminosos retrógrados sino con personajes de la Historia de la Literatura Universal? ¿Qué ocurre si en vez de suspirar por las esquinas “Oh, Edward” a la niña la descubrimos suspirando “Oh, Hamlet”? Pues ocurre que a la niña algún día se le pasará el encaprichamiento, pero lo más probable es que su amor por Hamlet permanezca. Es decir, ocurre lo que ocurre con David Tennant.

Nos pongamos como nos pongamos (ponernos, nada menos, bwahahahaha y todo eso), que alguien descubra el teatro en general y a Shakespeare en particular gracias a un embobamiento por un actor ES BUENO. Vamos, es que por más que miro no le veo ninguna consecuencia negativa, salvo quizás la de que la niña o el niño en cuestión reciban un par de miradas estupefactas en el cole por dedicarse a citar a los clásicos en voz alta. Y eso tampoco es malo, si al final resulta que sus compañeros de clase se pican y también ellos descubren que los clásicos molan mucho más de lo que habían imaginado cuando el coñazo del profesor de literatura intentaba hacérselo ver.

Últimamente esta adolescente vocacional (vale, tengo 35 tacos, pero mis hormonas dicen lo contrario) se ha encontrado, por puro azar (por supuesto), con una inmensísima cantidad de adolescentes no vocacionales obsesionadas con Shakespeare. Sí, con Shakespeare. Les dices “ser o no ser” y suspiran hondamente, adoptando una expresión soñadora en dirección al techo que haría las delicias de cualquier psicólogo del mundo. Les dices “fragilidad tu nombre es, mujer” y tienen que enjugarse la comisura de la boca con un babero. Les dices “Cupido da muerte a unos con flechas y a otros con redes” y se ponen a llorar de pura histeria. Curioso, ¿verdad?, cuando los profesores se las ven y se las desean para conseguir siquiera que lean ALGO, mucho más si ese algo es un clásico. Y sin embargo te las encuentras arriesgando su conexión a internet para pasarse archivos de obras de teatro clásicas, o pasando noches en blanco para hacer unos subtítulos en condiciones de cierta versión de cierta adaptación de cierta obra, o dejándose los tímpanos para comprender la obra en su versión original sin subtítulos (otra de las bondades de esto de la obsesión con actores extranjeros, dicho sea de paso: el aprendizaje de idiomas).

¿El mundo se ha vuelto loco cuando las adolescentes histéricas chillan por un texto de hace quinientos años? No. Los adolescentes, vocacionales o reales, siguen siendo igual que eran. Lo que ocurre es que el objeto de sus sueños ha conseguido lo que no consigue ni la amenaza de veinte suspensos: que amen el teatro. Que, sólo por verlo, sean capaces de leerse la obra original y transcribirla mientras ven la versión teatral para entenderla en toda su extensión. Que se gasten la paga semanal en entradas al teatro y deuvedés en los que el único efecto especial es el que sale en los títulos de crédito y la frase más ‘modernilla’ que pronuncian los actores es «Voy a callaros la boca, mujer».





A mí personalmente me parece estupendo. Después de presenciar impotente cómo todas las quinceañeras de mi entorno se pasaban la vida de ensoñación en ensoñación por un quítame aquí estos Edwards Cullens, ver que hay muchas, muchísimas, millones (y creo que no exagero) que sueñan con su Benedick particular vestido de Superman o con un Hamlet de gorrito de lana me parece un cambio a muuuucho mejor. Dejando aparte las consideraciones personales, tales como que el escocés en cuestión me parece mucho más inteligente, simpático, gracioso, decente y por supuesto buen actor que la mayoría de los “ídolos adolescénticos” que pululan por estos mundos de Dios xD

¿Significa esto que todos esos idolillos deberían interpretar textos de Shakespeare? No, por todos los dioses. Shakespeare no se merece semejante castigo :P :P :P. Lo que significa es que los niños TIENEN criterio. Significa que, si les das cosas buenas, las prefieren a las cosas malas. Significa que no es imposible que les guste la calidad. Y significa que, cuando un actor es tan cojonudo (sin paliativos) como este hombre en cuestión, que se atreve a hablarle de tú al mismísimo William (broma íntima dedicada a los fans de Doctor Who), es capaz de conseguir enganchar a quien sea a lo que sea, adolescentes incluidos. ¿Quién dijo que la aceleración cardíaca obsesivo-compulsiva basada en personaje famoso tenía que ser sinónimo de falta de criterio? ¿Quién dijo que sólo los guapos plastas podían hacer perder la cabeza a los y las niñas en edad de cambio hormonal (y de paso, ya que estamos, a los y las personas en otras edades procreadoras y post-procreadoras)? ¿Quién dijo que sólo los chulazos mononeuronales y las muñequitas recauchutadas tenían derecho a un trocito de carpeta? Forremos los institutos con Shakespeare. Veréis cómo mola el resultado.

¿Conclusión? La mejor forma de fomentar la cultura a todos los niveles y para todas las edades es hacer CULTURA DE CALIDAD. El resto… sólo es silencio.



Nota marginal: el atractivo físico no está reñido con el talento, por mucho que nos hayan hecho creer lo contrario a base de meternos por los ojos a figurines con la capacidad interpretativa de un plátano. Más bien al revés: en este caso concreto, si el tío fuera un rancio incapaz de interpretar a una piedra nadie lo miraría dos veces. De lo que se deduce que el atractivo depende, en gran medida, de la actitud. Temblad, actores-patata de carita mona del mundo, que últimamente se está demostrando que no hace falta tener una cara perfecta ni un cuerpazo para levantar suspiros. Que se lo pregunten a David Tennant, a Benedict Cumberbatch y a todos los integrantes de esa hornada de actorazos que se está abriendo paso a golpe de interpretaciones acojonantes. A la hora de enamorar al espectador, vale más el talento que mil horas de gimnasio.

8 comentarios:

  1. Otra buena forma de hacer a las (o los) adolescentes babear con Shakespeare. Y también a algunas "señoras" (disculpad, voy a por mi servilleta):
    http://www.youtube.com/watch?v=llD16uIzuzk&feature=player_embedded

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  2. Ayjamía, ojalá tengas razón, pero no sé yo. Es verdad que hay adolescentes que, gracias a que las hormonas se les alteran con David Tennant o Benedict Cumberbacht en vez de con Justin Bieber, descubren que hay vida más allá de "Camp Rock". Pero me parece que la mayoría siguen tragándose "Gran Hermano" y "Mujeres y hombres y malas bestias", digooooo, "y viceversa" y lindezas semejantes. Yo creo que la niña que se encandila con Shakespeare gracias a Tennant probablemente ya estaba predispuesta por carácter. El otro día hablaba con unos amigos del concepto de "normalidad": gente que vive su vida "normal", que ve programas de televisión "normales", que tiene sus trabajos "normales" y sus hipotecas "normales", que pasa sus fines de semana "normales" comiendo paella con sus suegros e invadiendo los centros comerciales, que va a misa o no pero se casan por la iglesia como todas las personas "normales", que cuando leen libros son del tipo "normal" (entiéndase Premio Planeta y similares)... Hay muchísima gente que es así, y el problema no es tanto que lo sean, que cada uno puede hacer con su vida lo que quiera, sino que no conciben otra forma de vida, e inculcan ese concepto a sus hijos. Por supuesto que hacer que los adolescentes se enganchen a los clásicos por vía hormonal es una forma muy efectiva y loable de conseguirlo :P, pero la presión social todavía es muy fuerte, porque al sistema no le interesa que la gente piense de manera autónoma. Tal vez nosotros tengamos otra impresión porque a nuestra manera hemos creado un mundo-burbuja en el que la normalidad es justo la excepción y nos parece que todo el mundo aspira a enriquecer su vida alcanzando nuevos horizontes con la imaginación, pero fuera de esa burbuja hay un mundo vasto y terrible. Aún nos queda mucho por hacer para que la burbuja se expanda.

    Por cierto, qué vídeo... :babas: :babas: :babas: :babas:

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  3. Bueno, pero hablamos de los clásicos, de Shakespeare, de las Grandes Obras de la Literatura Universal. No de Tolkien y Martin. Al menos cuando tú y yo éramos adolescentes se suponía que Shakespeare HABÍA que leerlo, era "lo normal": leerlo, y aborrecerlo de cara a la galería pero adorarlo en la intimidad xD xD. No sé si ahora con estos nuevos métodos de aprendizaje Shakespeare se ha caído del programa porque se escribe mu raro :S

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  4. Vete a saber, ésa es otra... Por otro lado, la inclusión a capón de los clásicos en el sistema escolar no siempre es beneficiosa; todos hemos comentado alguna vez que hacer leer el Poema de Mío Cid a chavales de trece años suele ser contraproducente. Si luego resulta que te gusta, genial, aunque eso ya depende de cada uno, pero me temo que muchas veces se aborrece a los clásicos no sólo de cara a la galería, sino también en la intimidad :P. Precisamente por eso tu vía "hormonal" me parece un método bastante adecuado para introducir a los adolescentes en los clásicos, pero aun así queda mucho camino por recorrer.

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  5. En eso estoy de acuerdo. A lo que iba es a que en realidad ¿quién dice lo que es "normal" y lo que no? Se supone que la sociedad en general, pero luego ves que la sociedad en realidad es tan heterogénea que es imposible que tenga un concepto unitario de "normalidad". Es complicado. La vía hormonal lo bueno que tiene es que la niña o niño obsesionado suele passsssar de lo que la sociedad diga o de lo mucho que se ría, y la sociedad tiende a dejar en paz a sus miembros más jóvenes después de echarse unas risas a su costa. Se sobreentiende que un adolescente se va a comportar de una manera algo distinta, obsesiva, un poco estúpida y sorda a los consejos de los "mayores"; pero esos mismos adolescentes demuestran muchas veces tener más criterio que los adultos que los miran con condescendencia. El problema está en que esos adolescentes no tengan más ídolos en potencia de los que "colgarse" que les enganchen a la Calidad: la mayoría son ídolos prefabricados pensados para sacarles el dinero de la paga semanal. Sin embargo, cuando sale una obsesión en potencia que aúna esa potencialidad con una calidad, los adolescentes nos demuestran que tienen muchísimo más criterio del que pensamos. A mí me mola la idea, la verdad =)

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  6. Clap, clap, clap suscribo todo lo que dices en la entrada. Además estoy completamente de acuerdo con la nota marginal.

    Por lo demás cabe recordar que Spain se encuentra atrapada en un universo paralelo donde estas cosas son ci-fi hard. Los Británicos acercan el teatro al público general, no solo porque Tennant protagonice la mayoría de las obras de Shakespeare XD que también ayudará XD además de eso se preocupan por rodarlas para venderlas en DVD y hasta tienen su propio Digital Theatre que está al alcance de todo el mundo por un precio bastante asequible, no es lo mismo pero sino tienes ocasión de ir en directo no te quedarás sin disfrutarlo. BBC radio también es otra mina por explorar que mima nuestros oídos :3

    Nota: solo hay que leer los comentarios que hay en youtube para comprobar lo que disfrutan las teens con Shakespeare desde que Tennant hizo Hamlet XD

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  7. Estoy mas o menos de acuerdo con lo que dices. Yo tambien tengo 35 primaveras y lo de "teen" ya me queda lejos. Yo empecé con Shakespeare gracias a Branagh y Zeferelli y mas adelante leyendolo y viendolo en teatro.

    Este verano fui a Londres y aproveché para ver el Much Ado about Nothing de Tennant y Tate ... y sólo puedo decirte que el teatro estava lleno de FANS incondicionales e histéricos que se reían con TODO. Con lo que se tiene que reir y con lo que no. En algunos momentos me faltó poco para empezar a gritar como Ahmed "Silence! I'll kill you!".

    Con eso quiero decir que sí, que vas a acercar los clasicos a los jovenes, pero despues algunos se interesran por la obra y el autor y otros solo babearán. Y de esos ultimos habran ma de los que desearias. Y que hay que ir con cuidado con quien pones. David tiene una larga experiencia con Shakespeare pero tambien está la brillante idea de poner a Nick Jonas de Marius en el concierto del 25 aniversario de Los Miserables ......

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