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lunes, 6 de febrero de 2012

(Del lat. censūra)

Últimamente la palabra “censura” está en boca de prácticamente la mitad del Universo conocido y quizá también de la otra mitad e incluso de parte del ignoto. Sindes, Sopas, Actas y demás leyes de “control” de Internet (¿cómo era eso? Sí, hombre, lo de las puertas al campo y/o al mar…) han hecho que de repente la Turba Enfurecida recuerde (o redescubra) que existe una cosita que hacen los “poderosos” cuando les molesta que la gente a la que creen manejar de repente no se deje, y esa cosita es controlar los conocimientos y las informaciones que llegan a la masa de supuestas marionetas que, de repente y merced a esos conocimientos y a esas informaciones, ya no lo son tanto. Que sí, que derechos de autor, piratería, industria audiovisual y musical, blablablá la abuela fuma y el fútbol es así, hemos jugado como nunca y hemos perdido como siempre, blablablá, lo que ustedes digan: aquí de lo que se trata, me cuenten lo que me cuenten, es de controlar lo que sabemos y lo que no sabemos. Y eso, en mi pueblo, se llama CENSURA.

Sin embargo, no quería yo hoy hacer una reflexión acerca de Megaupload y similares / futuribles / consecuencias: más bien quería recordar que, Actas, Sopas y Sindes o no Actas, Sopas y Sindes, la censura no ha dejado de existir jamás. Y los que creyeran que vivían en una época de conocimiento libre más vale que se vayan cayendo del guindo: que esto no es nuevo, y que lo de Twitter no es más que un ejemplo aislado de algo que ocurre, ha ocurrido y seguirá ocurriendo: el conocimiento es peligroso, porque si la gente SABE, la gente PIENSA, y si la gente PIENSA, la gente no se deja manejar. Y eso a los que mueven los hilos les viene fatal de los fatales. Y no me refiero sólo a los Gobiernos absolutistas y/o autoritarios: protección de regímenes, de Gobiernos democráticos, de religiones, de status quos variados que sólo se consigue dejando a la masa tan aborregada como lleva siendo toda la vida, sabiendo sólo lo que esos Gobiernos/Iglesias le dejan saber a través de los medios de comunicación intervenidos (todos lo están, en mayor o menor medida, ya sea por cuestiones ideológicas, por cuestiones de favor personal, por cuestiones económicas —subvenciones, publicidad institucional, blablabá—; y si alguien se cree eso de “diario independiente” es que es más inocente que Tarta de Fresa vestida de domingo).

Un adoctrinamiento político, moral o religioso que, en definitiva, sólo tiene como objetivo que la gente no se salga del caminito que le han marcado, que actúe, piense, sienta y crea como A ELLOS les conviene que actúe, piense, sienta y crea. Una forma de asegurarse el beneplácito del “común” para poder seguir actuando como A ELLOS les conviene sin que nadie les cuestione ni media mijita, porque al fin y al cabo ¿qué va a decir el rebaño si el pastor decide ir por esa cañada en concreto? Pues dirá “beeee” a coro y seguirá al pastor, mientras el perrete de turno mordisquea las patitas de las pobres ovejas despistadas que, débilmente, protestan y pretenden desviarse un par de metros en su camino.

Esto, por desgracia, ha ocurrido en todas las épocas desde que el mundo es mundo y el ser humano es ser humano. Ahora nos intentan controlar Internet, hace unos añetes eran los medios de comunicación, desde siempre han sido los libros. Libros censurados (ayer, hoy y siempre) porque suponían un peligro para una ideología en la que se basaba tal o cual Gobierno, para una moral en la que se basaba tal o cual religión. ¿Que no? Pues como muestra, un botón: hoy me he encontrado con esta entrada en un blog que no conocía pero del que me voy a hacer seguidora a la voz de ya: http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-10-libros-que-han-sido-sorprendentemente-prohibidos-o-censurados


Cuando publiqué mi primera novela, La Elegida de la Muerte (Öiyya), dije medio en broma medio en serio que estaba pensando en enviarle un ejemplar al Papa a ver si lo incluía en el Índice de Libros Prohibidos, ya que eso sería una publicidad impresionante para la novela. No pensaba hacerlo, evidentemente: mi relación con la religión (la católica y las demás) es una especie de pacto de no agresión, yo no me meto con ellos (mucho) y ellos no se meten conmigo, y si se meten conmigo les ignoro y ancha es Castilla (más que nada porque si empezamos con peleas morales aquí puede haber más que palabras). Sin embargo, me vale como ejemplo: ese Índice sigue existiendo. Continúa habiendo censura. Hay libros que no se recomiendan, hay libros que no se publican. Hay autores perseguidos e incluso asesinados por escribir determinadas cosas incómodas. Y no, no sólo es en China. En todas partes, oriente y occidente, norte y sur, se siguen prohibiendo determinados libros “por el bien común”. Por si acaso a la gente le da por pensar que el capitalismo/comunismo/loquesea no es el mejor sistema, por si acaso a la gente le da por pensar que el catolicismo/protestantismo/ortodoxia/islamismo/whatever no tiene derecho a intentar imponer su moral a los humanos que viven bajo su “bondadosa” ala. Por si acaso a la gente le da por pensar que otro sistema, otra forma de gobierno, otra moral son posibles. Pensar, con lo peligroso que es eso, quita, quita.

Me pregunto si alguna vez se verá un mundo en el que no puedan controlar lo que la gente sabe. Me pregunto si algún día los poderosos, los gobernantes, los líderes religiosos, tendrán las narices de permitir que la gente SEPA TODO y actúe en consecuencia, como seres inteligentes y racionales que somos. ¿O qué pasa, que ninguno cree que su ideología, sus creencias, su moral sean lo bastante atractivas como para que la gente las elija a pesar de SABER?

2 comentarios:

  1. Para mí la peor censura es la corporativa, por ponerle un nombre. Si hay censura por parte de una dictadura o teocracia, pues canta bien rápido. Pero ahora tenemos medios de comunicación que sólo publican lo que resulta afín a su ideología, y lectores que sólo quieren leer eso. Y no hablo de Intereconomía o las cadenas que maneja el PP (esperemos que tve no vuelva a lo de Urdaci), sino de cualquiera, desde El país a Antena 3, pasando por todos los demás.
    No hay medios objetivos ni imparciales, pero tampoco hay lectores críticos y exigentes.

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  2. Sí, en eso tienes razón, Warren. Lo que pasa es que eso no se nota tanto, es más sutil (no mucho más realmente, pero lo parece). Me di cuenta de ello sobre todo cuando el 15-M. En casa de mis padres siempre hemos leído "El País", que aunque obviamente no es imparcial, lo parecía un poco más que "El Mundo", por ejemplo. Pues no; yo estuve en manifestaciones, vi, oí y leí lo que proponía la gente, y primero me chocó que "El País" primero ignorara o menospreciara el movimiento (no tan descarado como otros periódicos, pero también lo hizo) y después, cuando vio que eso no le valía porque estaba atacando a parte de su propia clientela, entonces pareció pasar a apoyarlo, pero de una manera muy ambigua. Recuerdo, por ejemplo, un artículo en el semanal en el que se entrevistaba a unos cuantos integrantes del movimiento. Pero, qué casualidad, parecía que habían escogido a los más utópicos, a los más perroflautas, por así decirlo. Resultado: quedaban retratados como una panda de idealistas que viven en los mundos de Yupi. Y sí que los hay así, pero hay mucha más gente que comparte con el 15-M las ganas de reformar y cambiar el sistema pero con ideas bastante más concretas y realistas. Pero claro, eso lo sé yo, que lo he visto. El lector medio de ese periódico lee ese artículo en su casa y sigue votando a Rubalcaba.

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