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lunes, 31 de diciembre de 2012

Ni Reloaded

Hoy se acaba el año, y dicen que es costumbre hacer "review" de lo que ha sido, con las cosas buenas y las cosas malas, para empezar el siguiente (also known as "2013") con buen pie. Bueno, yo no tengo mucho que "reviewear": 2012 ha sido un año tranquilito, sin eventos destacados ni en lo bueno ni en lo malo (salvo alguna cuestioncilla personal que no viene al caso porque no me atañe directamente, aunque me afecte). He utilizado el año para recargar las pilas: he hecho una limpieza de disco duro, borrando todos los archivos que me sobraban y me estaban molestando y ocupando espacio en el cerebro, y sobre todo he ido preparando el camino para 2013, porque ya desde el pasado mes de enero veía yo venir que lo gordo, lo chulo, lo guay, iba a ser en este próximo año que empieza dentro de unas horillas.

Eso no significa que no haya hecho nada, claro que no: he terminado de escribir una novela que hacía mucho que tenía aparcada y muerta de risa, he comenzado a escribir la siguiente, he escrito una novela corta y una obra de teatro. He preparado la promoción de El sueño de los muertos (creedme, no es tan sencillo como parece :P). He trabajado como una salvaje en la edición de la novela (no, el curro no se acaba cuando acabas de escribir, ni siquiera cuando acabas de corregir y envías el manuscrito al editor: después hay más, mucho más. Es un trabajo pesado, difícil, cansado y desesperante, pero hay que hacerlo si quieres que lo que salga a la venta sea lo mejor que puedes dar de ti mismo). He participado en varias antologías de relatos y cuentos junto con otros profesionales de esto de las letras. Y, además, he conocido gente extraordinaria en el ambiente "escritoril" (ahora mismo se me ocurren los nombres de Carlos Sisí y Alejandro Castroguer, pero ha habido más, muchos más: todos los componentes de la TerNa madrileña, algunos nuevos de la tertulia de Madrid Escribe...), he vuelto a ver/hablar/charlar/contactar con otros autores que ya conocía (entre ellos, esta vez voy a destacar a George R.R. Martin y a Javier Negrete, aunque también ha habido más, muchos más), me he dejado arrastrar al Lado Oscuro de dos asociaciones que desde este 2012 cuentan conmigo en el "equipo titular" (NOCTE y ESMATER, dos agrupaciones de escritores de terror que, sin embargo, han abierto sus puertas a la fantasía y, con ella, a mí ^^), y he mantenido el contacto con otros muchos entes que también viven a caballo entre la literatura y el mundo real y que son, pese a todo, buena gente :P ¿Eso no cuenta como trabajo? A mí me gusta mi trabajo: me encanta escribir, y me encanta conocer escritores. Como todo redunda en lo mismo, lo contaré en el saco del "curro" aunque en realidad haya sido un placer =)

De modo que no me he quedado quieta, aunque 2012 haya sido, como decía al principio, un año de "recarga". Ahora tengo el disco duro configurado y la batería cargada para lo que va a venir: y sí, lo que va a venir me hace una ilusión monstruosa (no de fea sino de impresionante), y sé que en 2013 habrá malos momentos, pero estoy convencida de que los buenos serán mucho, muchísimo más numerosos y mucho, muchísimo más importantes que los malos. Así que que venga lo que tenga que venir, que ésta está preparada =) =) =) =)



Nota marginal: sí, la imagen es una chorripollez, pero ¿y lo que me he reído haciendo el montaje, eh, eh, eh, eh? :P


viernes, 28 de diciembre de 2012

Primeros capítulos de El sueño de los muertos

Hoy os traigo una sorpresita... Apenas quedan 13 días para la salida a la venta de mi próxima novela, El sueño de los muertos (Minotauro, 2013), y para ir abriendo boca aquí os dejo los primeros capítulos, para que les echéis un vistazo y los disfrutéis =) =) =)


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lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Feliz eso y próspero ello!

Como es preceptivo y casi casi obligado (y queda bonito y glamouroso y todo eso), hoy aprovecho para felicitaros las Pascuas, las Navidades, las Fiestas, el Solsticio, las vacaciones de invierno o comocoño queráis llamar a este ello. Y para ello (valga la redundancia) os he preparado un Christmas muy especialísimo que he hecho con estas manitas y mi afamada y nunca bien ponderada habilidad (inserte risas incrédulas aquí) con el photoshop, ese invento del delmoño capaz de poner histérico al mismísimo santo Job. Sí, ése que era muy paciente.



Además, y ya que nos ponemos a ello (valga blablablabla), aprovecho este tieeeempo maravillooooooso de paz, amor, solidaridad, armonía y consumismo salvaje para daros (¡GRATIS!) dos consejuelos, que sé que algunos sois tan despistados como yo y eso de las fiestas os pilla todos los años más perdidos que un besugo cruzando una carretera comarcal a las cuatro de la madrugada de un martes de agosto. De modo que, para los que hayáis dejado lo de las compras (sigh) navideñas para el último día, una posibilidad estupendísima que os dejo caer puramente por la bondad de mi corazón y sin ningún tipo de ánimo lucrativo ni interés comercial ni nada de nada de nada de nada ;)


Y para los afortunados que hayáis rascado un algo el pasado sábado en eso de los MIIIIIL EEEEUROOOOOS (sabéis a qué me refiero, el soniquete se mete en la cóclea allá por finales del Adviento y no sale hasta bien entrada la Cuaresma :P), yoquésé, un reintegro, una pedrea, un segundo premio... bueno, pues hay otra posibilidad chachiestupendísima que os doy también gratis y también por la pura bondad de mi corazón y sin ánimo lucrativo y/o comercial de ninguna clase ni nada de eso, cómo podéis pensar semejante barbaridad de mí, me siento ofendida, todas esas cosas :P :P :P


El caso =) que Feliz Eso a todos, que paséis unos días requetechulísimos, que no os gastéis mucho en regalacos ni en fiestacas, y que lo que os gastéis os merezca la pena o lo amorticéis en forma de feedback regalero, borrachera carcajeante o lo que surja ;)

jueves, 13 de diciembre de 2012

Apadrina un escritor

Vale, no, no se trata de que invirtáis parte de vuestros ahorros en un mecenazgo curioso que haga que el escritor viva como los dioses escribiendo las cosas que a su patrocinador le apetezca leer y bebiendo absenta y acudiendo a todos los saraos del brazo de su mecenas en plan mascota y todo eso tan glamouroso y cool. No, ni mucho menos. Veréis, la cosa está así: muchos sabéis (y si no lo sabéis ya os lo digo yo) lo dificilísimo que es que un escritor publique, ¿verdad? Incluso habiendo mil millones de formas de publicación (la editorial convencional, la autoedición —que ahora con eso del libro electrónico está como mucho más fácil—, la co-edición —de la que sinceramente prefiero no hablar porque hay demasiados casos de estafa como para que me apetezca—), incluso así, hay miles, millones de escritores que no logran llegar a las librerías. Vale, hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, la publicación NO es el final del camino, ni muchísimo menos: sea con una editorial convencional (gorda o escuchimizada), sea por tu cuenta, sea en paralelo, perpendicular, tangente o murciano, sea como sea, una vez que tienes un libro a disposición del público el mundo no se convierte en vino con miel, pastelitos de hojaldre y champán del caro, no no. En el mejor de los casos, el escritor conseguirá comer hasta fin de mes (sólo cuatro o cinco se hacen ricos con esto, que nadie piense lo contrario); en el peor, el escritor ni siquiera ganará para echarse unas cañas con los colegas el día de la presentación. Eso si no tiene que pagar de su bolsillo, caso del que ya he dicho que no voy a hablar, al menos hoy. Las ganancias de un escritor no superan nunca (salvo en casos muy muy muy excepcionales) el 10% de las ventas de su libro. Es decir, de ese libro que vosotros compráis a 20€, el escritor se lleva aproximadamente 1’80€, céntimo arriba, céntimo abajo. O incluso menos.

¿Que qué pobre? Pues sí, bastante. Unidle a eso que si las ventas no acompañan no sólo el escritor se llevará dos duros sino que encima lo más probable es que la editorial no le publique el siguiente libro que escriba, y entenderéis por qué hay muy poquitos escritores que sólo se dediquen a escribir. Que las musas son majísimas, pero los escritores también tienen que comer, como todo el mundo, y con 1’80€ multiplicado por el nº de ejemplares que venda pues… echad las cuentas, que ya veréis, ya. Y sin estar seguro de si va a publicar el siguiente, que todo depende de cuánta gente le eche la zarpa al libro y lo pague en caja.

Esta realidad, que para los que nos dedicamos a esto es algo requetesabido y requeteasumido, se le escapa a muchísima gente cuya relación con el mundo del libro se limita a leer. A mí me ha ocurrido en infinidad de ocasiones, como periodista y como escritora, que cuando he dicho a qué me dedicaba me han respondido con un rápido “Coño, pues estarás forrada” (sic.). Claro que sí, el periodismo y la literatura están pagados de puta madre los dos: en el primer caso, un sueldo base de 800 netos/mes, si tienes una suerte de la hostia, y ni complementos circunstanciales ni complementos de lugar, tiempo, obra y omisión; en el segundo, como ya he dicho antes, un <10% de las ventas. Forradísima, oiga: se me salen los euros por todos los orificios corporales.


La triste realidad (y aquí aparco yo el periodismo, que para hablar de eso ya habrá tiempo) es que mucha gente, muchísima, incluso diría que la mayoría, cree de verdad que los escritores estamos forrados. De ahí que no comprendan nuestras ansias por publicar, por vender y por seguir publicando, a ser posible, un par de libritos al año. Bueno, es que si no vendo uno, no publico el siguiente. Y de lo que venda de ese uno me llevo una cantidad casi simbólica. Así que una de dos, o me siento en la calle Montera con un cartel de “deme algo” (o similar :P), o intento por todos los medios publicar otro cuanto antes para no darme al arroz blanco 200 días al año, que la fruta está carísima y la carne ni os cuento.

¿Que qué es lo que intento deciros? Bueno, es sencillo: sé que muchos de los que leéis este blog también leéis libros, muchos libros, libros a decenas, si no a cientos. Sé que hay escritores que os gustan más que otros: también sé que sabéis qué escritores ya tienen la vida solucionada (no, no hablo de Tolkien o de Jordan, morbosillos; hablo de gente que tiene unas ventas aseguradas y un capitalito bien majo ahorrado en plan “colchoncito para la jubilación”, nada serio, unos milloncejos y tal) y qué escritores ni siquiera saben cuándo les llegará para poder invitar a un cubata a sus tres colegas. El caso es que si os mola un escritor de estos últimos, si os apetece que ese escritor siga escribiendo para que vosotros podáis seguir leyendo sus novelas, mucho me temo que, aunque se agradezca infinito, enviarle un mail de «Me encantas, sigue, quiero la siguiente, quiero más» no va a ayudarle a publicar otra novela. Quizá sí le dará muchos ánimos, pero esto no depende de los ánimos: ya no se trata sólo de que el escritor pueda vivir de escribir y, de ese modo, seguir escribiendo sin que el horario laboral/el hambre/las facturas/las preocupaciones/etc se lo impidan: se trata de que por mucho que escriba, si no funciona, si no vende, no sólo no cobra sino que no va a seguir publicando y, en consecuencia, sus lectores no van a seguir leyéndole. Es así de duro, y es así de triste.

El caso: que hay muchas cosas que se pueden hacer para que la cosa no llegue a tanto. Que si os gusta un escritor, hay muchas cosas que podéis hacer para «echarle una mano» y que el tío o tía pueda continuar esa historia que tanto os ha molado y que tantas ganas tenéis de seguir leyendo, o de inventar una nueva historia que os apetezca todavía más leer. Y tampoco es necesario que empeñéis vuestra alma, o vuestra pensión, para ello. Algunas cosas incluso son gratis :O

Empezando por la más obvia, que es comprar sus libros. Vale, es de cajón. Pero es lo que decíamos antes: ese escritor al que admiráis cobra una cantidad ridícula por cada ejemplar que vende, y además de para tener dinero para comer y pagar facturas, ese escritor necesita vender para seguir publicando (ninguna editorial confiará en un autor que en ocasiones anteriores no le ha funcionado), y vuelta a empezar. Mi opinión sobre la piratería ya la he dado en algunas ocasiones, y la resumiré diciendo que incluso puede ser beneficiosa para un escritor desde el punto de vista promocional, PEEERO por mucho que el nombre de un autor esté en todas partes y que todo dios se haya leído su libro, si no ha vendido, no cobrará y no seguirá publicando. Así que si leéis un libro pirateado/prestado/pillado en la biblio y os mola, y si queréis seguir leyendo cosas de ese autor, lo más sencillo y lo más útil será que os compréis ese libro, porque de ese modo el siguiente saldrá a la venta (y también “a la no venta”). Que no veáis lo difícil que es piratear un libro que nunca jamás se va a publicar porque el anterior no se vendió. «Es que están carísimos». Un poquito caros sí andan, pero miradlo desde este punto de vista (no, no voy a insistir en la ratio 20/1’80€): por el precio de un libro no os pagáis ni media noche de juerga, al precio que están las copas. Un libro os cuesta lo mismo que pillar dos taxis. Un libro son dos entradas al cine. Y un libro no se lee en dos horas, ni os deja una resaca del carajo, ni tiene puesto el Carrusel Deportivo en stereo por los altavoces traseros ;) NADA te da tantas horas de felicidad como un libro. ¿20€? Cenar en una pizzería con Lambrusco os cuesta lo mismo, y engorda mucho más. Y dura mucho menos. Las ediciones electrónicas también valen, ¿eh? Más, incluso: son más baratas, suelen dar más porcentaje de beneficio al autor (aunque no siempre) y en las listas de venta cuentan como las ediciones en papelote. Y ya si encima elegís su libro para regalar en Navidad, Reyes, San Valentín, cumpleaños feliz, el Día del Orgullo Friki o el Día de la Independencia de EEUU, pues miel sobre hojuelas, qué os voy a contar (y de paso así atraéis a otro alguien al Lado Oscuro de la lectura, que nunca viene mal).

Y ahora, las posibilidades gratuitas: por ejemplo, hacer comentarios sobre los libros de ese autor, si os ha gustado y queréis que el tío o tía siga escribiendo. Donde os apetezca: no sólo se pueden hacer reseñas del libro en blogs o webs (cosa que siempre viene bien, y que tanto el escritor como los posibles futuros lectores, si creéis que les va a gustar también, os agradecerán); también sirve, y mucho, comentar en las páginas de venta (y mucho, muchísimo, incluso más que cualquier reseña que os curréis). Las reseñas y comentarios positivos hacen que otra gente se interese por el libro, lo cual traerá más ventas y más comentarios y reseñas, y así hasta… bueno, hasta donde se llegue.

Pero no sólo: un comentario en un foro, o en dos, o en quince, un debate sobre el libro, una lectura comentada con los colegas de tal o cual foro que leen lo mismo que vosotros. Un estado en facebook. Un tuit. Una estrellita en Goodreads, o en Anobii, o en las páginas de FNAC, Casa del Libro, Amazon, blehblehbleh. Un “me gusta” en una fotito o un link o un estado del autor o del libro, un “compartir” o “retwittear” eso mismo, apuntaros a la página de facebook, ‘followear’ al autor en twitter, suscribiros al blog del autor y leer y comentar sus entradas, compartir todo lo que se os ponga por delante, todas esas cositas hacen que otra gente (vuestros amigotes, y los amigotes de vuestros amigotes, y etcétera) se interese por ese autor y que, al tiempo que el interés, se incrementen las lecturas, las ventas y los comentarios positivos (si la novela los merece, por supuesto). Y eso lleva a, quizá, lo más importante de todo:

El boca-boca. O boca-oreja. O boca-loqueosapetezca, que yo en los gustos de cada uno no me meto :P La promoción más importante, la mejor, la más útil y la que más beneficios va a proporcionar tanto al autor (y su ‘panda’, en este caso editoriales, distribuidoras, etc) como a los lectores es la que los mismos lectores hagan. ¿O no os ocurre que confiáis más en lo que vuestros amigos digan sobre tal o cual libro, tal o cual peli, tal o cual serie, que lo que pueda llegar a decir un crítico de un periódico (y no digamos ya de lo que diga el propio autor/productor/actor/director…)? La difusión que hacen (¡hacéis! ¡hacemos!) los lectores es la que hace que un libro tenga o no éxito. Es la gente comentando el libro, y recomendándoselo a sus amigos/vecinos/compañeros de curro, la que consigue que un libro triunfe o no triunfe. Por muchas veces que el escritor comparta la información de su libro, por muchas presentaciones que haga, por muchos concursos que se invente, por muchas reseñas positivas que consiga su libro, por mucho que invierta una editorial en su promoción con anuncios millonarios en prime time y demás utopías, al final lo importante, lo verdaderamente importante, es QUE SEA LA GENTE la que lo recomiende. Es muchísimo más valioso que alguien le diga a su novio, a su vecino del cuarto, a su portero y al kioskero de la esquina «oye, ¿has leído lo último de…? ¡Es cojonudo!» que dos mil euros invertidos en una cuña radiofónica. Y eso, con Internet, es muchísimo más sencillo: lo que decía antes, un tema nuevo en un foro «Ey, qué libro me acabo de leer», un estado en facebook, un tuit, todo lo que se os ocurra, que es graaatis (y lo seguirá siendo :P :P :P) y cuesta dos segundos, hace que el de al lado se interese y te pregunte si crees que a él también le va a gustar, y si a éste le gusta hará lo mismo y se lo recomendará al de al lado, que a su vez… Es decir, si la novela lo merece (y si os ha gustado SEGURO que lo merece), vuestros propios comentarios, y no la promoción que pueda hacer la editorial o el autor, serán los que la pongan en su sitio.

Y de ese modo tan facilito y tan baratito ese escritor que os gusta podrá seguir escribiendo y comerá carne una vez por semana, vosotros seguiréis leyendo libros de ese autor, y todo será alegría y regocijo =)




Nota: obviamente esta entrada TAMBIÉN se refiere a mí. Por supuesto que estoy en mitad de la promo de una novela, y por supuesto que, del mismo modo que quiero que os planteéis echar una maneja a otros escritores, quiero que me la echéis a mí. Pero OJO: sólo si os mola mi novela. Que si recomendáis a vuestros amigos algo que no creáis que vaya a gustarles, entonces no volverán a haceros caso en la puñetera vida, y tampoco es cuestión.

Edición post-mortem: vi el otro día una serie de "consejos" muy parecidos en el blog de una amiga, pero malditaseamiestampa estaba buscando el link para ponéroslo y no lo encuentro T____T

Audito otra vez: ¡La encontré! =) Y sí, tal y como recordaba, son unos consejos muy parecidos a éstos. Está aquí, por si queréis echarle un ojo =)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Es que eso no es robar...

Andaba yo haciendo tiempo mientras mi musa terminaba de desayunar cuando me he encontrado un nuevo caso de robo con alevosía y mucho morro. Una vez más, una compañera en esto de las letras ha visto con estupefacción cómo un ente ignoto ponía en su estado de Facebook un texto que esta compañera escribió hace tiempo, lo firmaba con su propio nombre y lo soltaba, hala, tan feliz, aguardando a que todos sus contactos le dedicasen una salva de aplausos por su habilidad literaria y su genuina inspiración de miércoles por la mañana. Plas plas plas eres un genio, qué bien escribes, eres nuestro ídolo, te queremos, voy a buscar unas bragas a ver si te las tiro a tu muro de Facebook o en los comentarios de tu Fotolog para demostrarte mi amor incondicional y mi ardoroso deseo.




Lo flipo en gominolas. No, en serio que lo flipo. En gominolas. Y además se me abren las carnes de la rabia que me da ver estas cosas. Y se quedan tan felices y tan contentos, los tíos. O, peor aún, cuando entras a sacarles los colores por sisarte un texto (o sisárselo a un compañero) encima te insultan, o se ríen de ti, o te vienen con “marxate ke aka no vuscamos mas ke disfrutar d nuestros inspiracions i no keremos jente ke benga ha molestar”. Oh, espera, sí, ahora me creo mucho más que el autor del texto seas tú, perdona, ya me voy. Muy bueno, por cierto. O «es k solo keria conpartirl haci ke no digas ke e robao xk solo lo e puesto aki». Bien, campeón, es que eso es robarlo, chavalín, pequeñuelo, cosa linda, ay ay ay animalito eaea.

No es un caso aislado, no: por ejemplo, en esta página unos cuantos compañeros recopilan los plagios, robos y demás afrentas que se van encontrando por la red. Ni es la única página, ni son los únicos robos, por desgracia.

¿Que no es para tanto? Joder que si es para tanto. Si tú dedicas tu jornada laboral a construir una casa, yo no voy con todo el morro y te la mango o te la okupo o digo que la he construido yo y se la vendo al vecino del quinto, que tiene goteras y el del sexto se dedica a bailar claqué los viernes por la noche y hace tiempo que dice que se quiere mudar. Si dedicas tus noches a hacer punto, yo no voy, te mango el jersey y se lo voy enseñando a todo el vecindario para que admire mi habilidad con las agujas, fíjate qué rechupiguay me ha quedado el diseño a rombitos de la sisa con lo jodido que es hacerlo, ¿eh? ¿A que soy genial? Si te dedicas a escribir, no voy, te robo el relato, o el poema, y se lo enseño al de la panadería a ver si le impresiono y consigo que me lleve a la cama. No, gente: eso no es sólo que esté feo. Es que es un delito. Porque a eso se le llama robar.

¿Que por qué? Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Un robo es un robo, y plagiar, hermosos míos, es ROBAR. ¿Que no? Mirad, facilito os lo voy a poner, para que lo entendáis. La RAE, que por muchas gilipolleces que haga sigue siendo la que pincha y corta en esto del idioma y que, hasta que se demuestre lo contrario, es la que dice qué significa qué cosa y punto y a tragar todos, dice lo siguiente:

robar.
(Del lat. vulg. *raubare, y este del germ. *raubôn, saquear, arrebatar; cf. a. al. ant. roubôn, al. rauben, ingl.reave).
2. tr. Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea.


Si existe algo llamado «propiedad intelectual», es porque aquello que sale de nuestro intelecto en forma de obras es NUESTRO. Si alguien coge algo que es de MI PROPIEDAD, entonces está cogiendo algo que no es suyo, que es MÍO. Así que me está robando. Sí, si pillas una frasecita de un relato/novela/ensayo/artículo que haya escrito yo y lo pegas en tu estado del Facebook sin decir que no es tuyo sino mío, joven padawan, ME ESTÁS ROBANDO. Y además hay otra cosita curiosa: la propiedad intelectual es del autor REGISTRE O NO LA OBRA. ¿Que no? Ojito:

Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril

Artículo 1. Hecho generador
La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación.

Artículo 2. Contenido
La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho inexclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley.

Artículo 14. Contenido y características del derecho moral
Corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:
1. Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma.
2. Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente.
3. Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra.
4. Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.



Es decir, es algo irrenunciable: si yo escribo algo, es mío lo quiera yo o no. Así que, niños y niñas, incluso si os las prometéis muy felices porque lo que habéis copypasteado no está registrado, no os engañéis: aun sin ese registro, ese texto, ese dibujo, esa foto, esa canción, SIGUE SIENDO DE SU AUTOR. Así que cogerlo sin permiso y hacerlo pasar por algo vuestro SIGUE SIENDO ROBAR. Y a los que roban se les llama LADRONES.


Que ya está bien de tanta tontería. Que si supierais lo que cuesta sacarse las palabras de dentro, el esfuerzo físico, mental y emocional que supone escribir, las horas y horas que todos los que nos dedicamos a esto echamos delante del ordenador, las noches, fines de semana y horas libres que sacrificamos por escribir, se os caería la jeta de vergüenza sólo de pensar en intentar hacer pasar nuestras obras por vuestras. O quizá no, porque hay que tener muy poquita vergüenza para coger un texto, una ilustración, una canción, una foto de otra persona y plantarla en vuestro blog, o en vuestro tuenti, o en vuestro facebook, y esperar que todo vuestro rebaño de amigos se crea que lo habéis parido vosotros. Claro que sí, hombre: lo has escrito entre clase y clase, sentado en el váter mientras esperabas a que tus intestinos liberasen su contenido en prosa poética, no te digo lo que hay.


Vergüenza, coño. Si queréis la admiración de vuestro corrillo, escribid vuestras propias mierdas y dejad las nuestras en paz. O, mejor aún, aprended a tocar la guitarra y llevad a todas las nenas del insti al parque a tocarles canciones de Pablo Alborán («Es mía, es que estaba súper inspiradísimo ayer por la tarde, telojuro»), los grandes éxitos de Amaral y lo que surja detrás de un matorral. Igual ahí sí sois capaces de hacer algo vuestro. Aunque mi confianza en vuestras habilidades no sea excesiva, pero quién soy yo para juzgar la matorralidad de nadie.


Nota: las imágenes están sacadas de google, sin ningún ánimo mangante, mangador o manganeso ;)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Me molo a mí mismo

Se nos acaba noviembre, y con noviembre se acaba el NaNoWriMo (sí, un año más lo he conseguido, aunque por desgracia no he logrado triplicar el mínimo, que es lo que pretendía: y bueno, es una cuestión de prioridades, y en estos momentos considero una prioridad pensar en los lectores que voy a tener a corto plazo más que en los hipotéticos lectores que tendré, quizá, tal vez, en un futuro. O, lo que viene a ser lo mismo, no he conseguido triplicar porque he abandonado el NaNo unos cuantos días en favor de la novela que voy a publicar dentro de poco más de un mes). No importa. Seguiré escribiendo en diciembre, porque ahora mi objetivo es acabar esta novela antes del 10 de enero. ¿Por qué? Pues porque ese día sale a la venta El sueño de los muertos (Ed. Minotauro), y pretendo dedicar todo mi esfuerzo a partir de ese día a darla a conocer y estar mucho más disponible para mis lectores que la última vez, que la publicación me pilló en un momento bastante estresante de curro y no tuve tiempo ni de decir hola.



Y pensando en eso andaba yo cuando me he topado con mi pobre blog y me he dicho: ¿por qué no hablas de ello, ya que es en lo que tienes tu mente puesta ahora mismo? Porque sí, es justo lo que estoy yo calibrando en estos momentos, qué hacer, cómo hacerlo, hasta dónde llegar. Me refiero, por supuesto, al tema de la promoción y autopromoción de novelas, antologías y demás productos y subproductos literarios (me centro en la literatura porque es lo que conozco, aunque supongo que, con unas pocas variaciones, se puede aplicar a otros géneros artístico-creativos).


Veréis, la cuestión es la siguiente: para empezar, la mayoría (con un porcentaje elevadísimo) de los autores no cuenta con el respaldo de un departamento de marketing/publicidad que les haga la promoción de una novela. Algunos ni siquiera cuentan con un alguien que les apoye a la hora de decir “hola, soy escritor y tengo esta novela disponible”. Incluso los que tenemos la suerte de tener una gran editorial detrás y un departamento que nos dé apoyo físico y moral tenemos que buscarnos un poco las vueltas, porque Stephen King sólo hay uno y en el resto, obviamente, las editoriales no van a invertir una millonada (hay que mirarlo desde su punto de vista: ¿cómo van a dejarse el presupuesto en promocionar una obra que les va a dar unos beneficios muy inferiores?). De modo que, en gran medida (y en muchos casos en TODA la medida) la promoción recae sobre los hombros del propio autor, que en teoría debería dedicarse sólo a escribir, pero en la práctica, si quiere que alguien le lea, tiene que promocionarse. Una novela de la que no se habla NO se vende. Eso es así, por gracia o por desgracia.

¿Y cómo se promociona uno? Pues es chungo de cojones, con perdón. Hombre, ahora con la cosa del internete y las redes sociales todos tenemos acceso a un público más o menos atento, y todos podemos, quién más y quién menos, levantar la manita y decir «Eh, que estoy aquí.» La cuestión es que eso no garantiza que nos vayan a comprar o, siquiera, a leer. Que uno puede tener mil millones de contactos en Google + y no vender una escoba, vamos. La promoción es un arte, o al menos un oficio complicadete: por eso hay una licenciatura que se llama Publicidad, y por eso los publicistas «güenos» son profesionales. Porque no es tan fácil hacerlo. Hay que saber cómo, dónde, qué, a quién, hay que saber cómo llegar y tocarle la fibra al que está delante para que decida gastarse los cuartos en nuestro producto. Y eso no es nada fácil, que todos somos consumidores y sabemos que porque alguien nos sonría no le damos veinte pavos así como así, que está la cosa muy mala. Hombre ya. Y vender libros no es como vender lasaña congelada.

Hay que llegar a la gente, y hay que hacerlo con habilidad. Lo fundamental: tener paciencia, ser perseverante, y sobre todo NO DAR EL COÑAZO. Cuidado, que esto es peliagudo. ¿No os ha ocurrido que estáis tranquilamente en (por ejemplo) Facebook y alguien os pide amistad y dos nanosegundos después le tenéis en vuestro muro colgándoos un mensaje de «Mira, ésta es mi novela y es cojonuda, tienes que comprarla, ven a mi blog, pásate por Amazon, compra compra compra compra»? (¡¡Eeeh, que ésta es mi casa, no me la ensucies!!! ¿Me he ido yo a pegar carteles electorales en tu cocina, desgraciao? ÒÓ). Que una cosa es dar la barrila en vuestro propio muro (y si a alguien le acabas cansando, te borra y en paz, aunque lo mejor es no llegar a eso) y otra irte a los muros de otros a dar la barrila. Eso está feo, gente. En serio: eso no sólo no consigue que la gente os compre, lo que hace es conseguir que la gente os aborrezca mucho. Casi tanto como el inútil “VOTA” de las elecciones, que na más con verle el careto al político que sea por todas las farolas ya entran ganas de darle una patada en los cataplines; pues imaginaos si os cuelgan el cartelote tamaño marquesina en la puerta de vuestro dormitorio. Virgen del Pompillo, ganas de matar entrando en masa crítica, todo eso.

Cuidado con spammear como si no hubiera un mañana. Sí, es importante que la gente oiga/lea/vea hablar de nuestra novela, es importante que vea la portada, que se aprenda el título, porque así luego cuando vaya a una librería le sonará, y eso ya es un paso muy gordo si lo que queréis es que la compre. Que una novela de la que no se habla no se vende, como decíamos antes. Peeeero también es importante que cuando la vea su primer pensamiento NO sea «Joder, otra vez el coñazo éste, será capaz de hablar de otra cosa, la Virgen». Elegancia, como decíamos. Poneos en el otro lado: ¿estamos dando mucho la brasa? ¿Somos aburridos/monotemas? ¿Somos como el vecino o el amigo ese que no es capaz más que de hablar de los goles del Madrid, a quien todo el mundo acaba huyendo por provocar un aburrimiento agudo con complicaciones? No nos pasemos: una cosa es que se conozca nuestra obra, otra que cada vez que alguien vea su portada tenga ganas de echar hasta los higadillos. Y de paso sacarnos los nuestros. Con lo chungo que es después metérselos dentro otra vez, que una vez que un hígado ha fregado un suelo se llena de pelusillas y tal. Por supuesto, si la promo se hace con un poquito de buen gusto y un muchito de imaginación, la cosa cambia bastante; lo que estamos criticando aquí es el spam masivo y "hartazgante", sabéis perfectamente a cuál me refiero.

Y otra cosita más: el autobombo está mal visto. Vale, joder, no vamos a ser tan pazguatos de decir que nuestra novela es mala. No sólo porque no somos tan idiotas, sino porque lo más probable es que, sea como sea nuestra novela, nosotros la queramos porque es nuestra. Si no nos gustase, habríamos escrito otra cosa, ¿no? Vale, hasta ahí de acuerdo. Pero una cosa es que nuestra novela nos mole, y otra que vayamos por la vida que más que promocionarnos parezca que nos estamos dando amor del bueno en la oscuridad de nuestro dormitorio. Que el onanismo está muy bien, gente, y relaja y tal, pero no vende novelas. Que un tío me diga “Mi novela es la rehostia y tienes que comprobarlo porque soy el más grande de las letras hispanas desde Lope de Vega” pues como que no me da demasiada credibilidad. Si no me la da el hecho de que lo diga otro (tal y como está el invento, que te hagan una reseña positiva es algo, pero no todo), mucho menos que lo diga el propio autor. Cuando ves a alguien amándose tanto casi dan ganas de rascarle detrás de las orejillas y preguntarle amablemente si sabe cómo se llama el lobo de Jon Nieve…


Lo suyo es conseguir que haya gente que hable de nosotros, y no tener que ser nosotros mismos los que hablemos de nosotros mismos. Hombre, eso requiere esfuerzo, y no es fácil. Tampoco mola mucho hacerlo a base de intercambio de favores, porque esas cosas se acaban sabiendo. Últimamente no da ninguna credibilidad ver que te dan una palmadita en la espalda, porque al día siguiente se la estás dando tú al mismo que te la dio el día anterior y entonces la gente, que es así de suspicaz, piensa que ahí hay gato encerrado o huele a cuerno quemado o igual hay un gato-rinoceronte fumándose un peta encerrado hipotéticamente vivo o muerto en una caja. Lo suyo es conseguirlo encandilando a la gente con calidad literaria (que la tenemos, claro que sí, hasta ahí podíamos llegar), pero claro, para eso tienen que leernos antes, y muchas veces no es tan sencillo. Y dar el coñazo para que lo hagan tampoco es la solución. Bueno, en realidad dar el coñazo para lo que sea NO es la solución.

Y otra cosilla: si por una casualidad se nos da bien, tengamos cuidadito, porque no hay nada que joda más y destroce más una reputación (dejando a un lado lo de dar el coñazo en el muro de la gente, claro. Bueno, y tal vez salir en una afoto en pelota picada en un ángulo poco favorecedor) que ver cómo a alguien se le han subido los pies a la cabeza. Mirad a vuestro alrededor. Pensad en un alguien que haya publicado con quien sea y lo que sea. Si esa persona (aunque haya publicado con Random House Mondadori, joder) de repente empieza a portarse como si tuviera en su alacena el Santo Grial y todos los días se tomase un vermucito con aceituna y todo en dicho recipiente, si de pronto os mira como si fuera la reencarnación de Calderón de la Barca amancebado con William Shakespeare, ¿no empieza a caeros menos bien? Que una cosa es no denigrarse a uno mismo, y otra bien distinta darse aires de soy-el-más-puto-genial-de-los-putos-escritores-del-puto-mundo-universo. Equilibrio, gente: es lo que decíamos antes, el autobombo no mola, el autospam desmesurado no mola, y el engreimiento mola todavía menos. Si no mola cuando el autor ha vendido millones de ejemplares, ¿cómo va a molar si quien adopta esa actitud ha vendido yoquésé, quinientos, mil, cinco mil…? A ver si ponemos los pies sobre la tierra, que el hecho de que en casa mi mami esté súper orgullosa de mí no significa que yo ya sea digna de que me hagan una estatua y le pongan mi nombre a tres calles, dos colegios y un centro comercial.


Yo creo que eso es lo que todos debemos grabarnos a fuego en la cabeza: elegancia. Mesura. Discreción. Modestia. Y, sobre todo, inteligencia. Hay que dar a conocer la obra, pero no metérsela a la gente bajo la nariz, ni vendérsela al grito de “¡TIENES que comprarla, que es la Orestiada pero mucho más mejor!”. Ni a ningún grito, ya puestos. Hay que presentarla en sociedad, pero no intentar encasquetársela a to dios agitándola delante de sus ojos como si fuera lo único digno de verse en el mundo universo. Es mejor dejar que la obra hable por sí misma. Asegurarnos de que esté bien distribuida –que ése es otro problema, claro–, presentarla allá donde buenamente podamos (jornadas, librerías, colegios, ferias, guateques, barbacoas de la asociación de vecinos), buscar que sean otros los que en las redes hablen de la novela, y dar una imagen buena tanto de nosotros mismos como de nuestro libro: pero sobre todo, sobre todo, no demos el coñazo. Dar el coñazo es la forma más fácil de conseguir que la gente nos huya y, en consecuencia, huya de nuestro libro. Y no queremos eso, ¿verdad? ;)

martes, 20 de noviembre de 2012

Aquí, barriendo ;)


Jaus =) Como podéis ver, he cambiado un poquitirrinín el diseño del blog. Me daba la sensación de que el anterior se había quedado pa los tigres, como decimos en mi pueblo al día siguiente de las fiestas (o sea, todos los días de agosto).

Se admiten sugerencias, por supuesto. Si veis que tardo en responder, es que estamos en noviembre... y noviembre es mes de NaNoWriMo, y en el mes del NaNoWriMo dedico prácticamente todo mi tiempo a escribir. Este año además me he propuesto una salvajada (triplicar el número mínimo de palabras), y entre eso, lo otro, lo de más allá y la rana cantando debajo del agua, entiéndame quien quiera que yo me entiendo, la cosa está un poco chunga. Pero sigo viva, oigáis lo que oigáis al respecto :P

martes, 13 de noviembre de 2012

Todas las almas tienen derecho a soñar

Ya se ha hecho público en algunos medios, así que aprovecho este blog y mi web para contaros en persona un par de cosillas que creo que no está de más que os cuente acerca de esas noticias que tenía yo guardadas para vosotros.

Como quizá ya hayáis leído por ahí, en enero publico mi próxima novela, El sueño de los muertos (concretamente a partir del 10 de enero de 2013), publicada nada menos que por Minotauro. Antes de que la cosa se desmadre, quería yo hacer un par de puntualizaciones al respecto, para que luego no haya informaciones contradictorias ni reveses chungos y raros :P

El sueño de los muertos NO es una secuela de La Elegida de la Muerte. Lo digo porque no sé por qué hay informaciones que dicen lo contrario (aunque claro, también he leído por ahí que yo nací en Badajoz, que vivo en la Mérida de Venezuela y sólo estoy en Madrid de visita, que soy la hija secreta de los duques de Montpensier y que soy morena natural, así que supongo que uno no se puede creer todo lo que lee :P). La Elegida de la Muerte es una novela independiente, como ya he dicho en multitud de ocasiones, y El sueño de los muertos exactamente igual.

¿Y entonces, de dónde ha salido eso de que es una trilogía o una saga o...? Bueno, es sencillo: ambas novelas tienen cierta relación, por la cronología y por el escenario, y forman parte, dentro de mi cabezota, de una historia más grande (y no, no es una trilogía): La Elegida de la Muerte es algo así como el prefacio o precuela, y El sueño de los muertos el primer capítulo. ¿La veremos? Depende de vosotros ;) pero, de momento, lo importante es que El sueño de los muertos, como La Elegida de la muerte, es una novela con un principio y un final y no es necesario ni haber leído la una para leer la otra ni esperar a la siguiente para conocer el desenlace.

Os dejo la sinopsis de El sueño de los muertos por si os apetece echarle un ojo ;)


En un reino al borde de la guerra los destinos de un futuro rey y un esclavo que no se conocen parecen estar irremediablemente unidos.
El príncipe heredero de Novana, Danekal, intenta averiguar quién está detrás del atentado que casi le cuesta la vida a su padre en vísperas de la firma de un tratado con la reina de un país vecino. Al mismo tiempo deberá lidiar con los nobles que esperan la muerte del rey Tearate para hacerse con la corona, una horda invasora y sus propios fantasmas interiores.
Ajeno a ello, Kal, un hombre esclavizado por su capacidad para encauzar una antigua magia llamada Shah, pugna por liberarse de las cadenas que lo someten a la mujer que obtiene de él su poder: su Melliza.
Pese a sus enormes diferencias, el futuro rey y el esclavo descubrirán que existe entre ellos una unión, y que es mucho más profunda de lo que ambos suponen.

domingo, 28 de octubre de 2012

¿Qué es...?

Una actualización rapidilla: os cuento que tengo noticias frescas (y sobre todo MUY buenas), pero que de momento no os puedo contar gran cosa... No tardaré muchos días en hacer público todo lo que tengo que hacer público, pero mientras tanto, si queréis seguir "en directo" de qué va la vaina, podéis hacerlo en la página que he creado en cierta red social, useasé, aquí.

Guiño guiño codazo codazo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Éste es mi mundo y yo lo quiero *-*

Andaba yo pululando por Facebook un día, un poco frita todavía y con los ojos llenos de legañas mutantes, cuando me tropecé con un enlace al blog de una colega escritora (y no obstante buena persona) que me resultó bastante interesante. La entrada, que podéis leer aquí, habla sobre la ‘actitud’, por llamarla así, de artistas (sobre todo autores) novatos y veteranos, y de cómo los primeros no pueden exigir ser tratados como lo que no son (autores consagrados geniales y sapientísimos) y los segundos no deben tratar a los primeros como si ellos no hubieran pasado por esa etapa en su día (con condescendencia o incluso mala uva).

Es una cuestión interesante, pero no es la que me ha hecho desempolvar la contraseña de este blog para actualizarlo (por fin, diréis, ya iba siendo hora). No, qué va. Es que veréis, pululando en busca de actitudes de autores famosos (o al menos relativamente conocidos), me he encontrado esta otra entrada, esta vez en el blog de Patrick Rothfuss (el autor de El nombre del viento y tal), y el caso es que me ha recordado la cantidad de veces que yo misma he tenido ese debate con otros escritores y con lectores de fantasía. De modo que he pensado que os podría interesar leerla, porque pone un ejemplo estupendo de un hecho que, creo, es importantísimo a la hora de ponerse a escribir.

Rothfuss se refiere a la fantasía, pero es un hecho válido también para quien escriba novela histórica y, en menor medida, para todos los géneros literarios. ¿Que de qué va la entrada, que no la he leído porque no sé inglés/no me apetecía darle al link? Bueno, veréis, la cuestión es la siguiente: cuando uno se pone a escribir, sobre todo, como decía, fantasía o histórica, tiene que hacer un esfuerzo para no dejarse llevar por el entusiasmo de estar metiendo al lector en un mundo que no es el suyo, sea porque es un mundo inventado (fantasía) o un mundo pasado (histórica). El autor tiene TODA la información sobre ese mundo, bien porque se la haya inventado durante meses de rascarse las neuronas (fantasía), bien porque se haya pasado meses investigando entre polvorientos volúmenes a los que la wikipedia no tiene acceso (histórica). El autor conoce cada detalle de ese mundo: configuración, leyes físicas, geografía, historia, costumbres, religiones, situación política, bleh bleh bleh, cientos y cientos de páginas de información (física o virtual, metidas en la cabecita, que aunque no ocupen espacio siguen siendo muchas páginas).

¿Y qué ocurre? Pues que el autor ha hecho un gran esfuerzo al diseñar/investigar ese mundo, y lo conoce tan bien, y le gusta tanto, y tiene tantas ganas de compartir sus vivencias en ese mundo que corre el riesgo de dejarse llevar por el entusiasmo y dejar al lector con cara de “pero qué coño me estás contando, tío”. ¿No os ha pasado alguna vez que habéis leído el inicio de un libro y os ha aburrido hasta querer sacaros los ojos con una cucharilla, porque después de cincuenta páginas aún no le habéis visto la jeta al prota pero, eso sí, habéis luchado para abriros paso a través de párrafos y párrafos de información acerca del mundo en el que os encontráis? Páginas repletas de países con nombres raros, relaciones internacionales, razas, seres, bichos, culturas, costumbres, de las que al acabar el párrafo ya ni siquiera os acordáis porque os habéis saturado de información…

Por mucho que a los escritores nos duela, eso es algo de lo que sólo alguien como Tolkien puede salir airoso. El resto, si comenzamos una novela describiendo enciclopédicamente el mundo que hemos creado/hemos indagado corremos el riesgo de que el lector no sólo no se entere de una mierda, sino que mande nuestro libro al mismo sitio con el lomo mirando pa Cuenca. Vale, la información es importante porque si el lector no conoce el mundo y sus costumbres puede no entender de qué carajos le estamos hablando. Pero seamos sinceros: si le metemos a presión toda esa información como a un pato del que queremos sacar pasta de hígado, el lector no se enterará de la mitad, no asimilará esa información y, lo que es peor, se aburrirá de nuestro libro antes incluso de que el libro haya empezado. Si le colamos cincuenta, o incluso diez, o incluso menos, páginas de “el mundo es blablabla y las razas son blablabla y este rey hizo esto y desde entonces este país está peleado con este otro por un quítame aquí estas tierras y entonces los antiguos seres que poblaban el bosque que hay aquí decidieron que blablabla y después hubo una guerra y muerte y destrucción y blablabla y espera, que ahora empiezo y te presento a mi prota, es que antes tienes que saber que es de un pueblo que blablabla y además blablabla”, el lector, con las pupilas dilatadas y la mandíbula desencajada, soltará el libro como si fuera una escolopendra y tendrá que darse un baño calentito acompañado de un cocktail de ibuprofeno, y todos sabemos que el agua no está pa desperdiciarla, que hay sequía.

¿Y si el lector es cabezón, y consigue sobrepasar esas cincuenta primeras páginas? Qué macho, ése sí es un héroe y no mi prota, joder. Bien, si el avezado lector logra tamaña tarea sin que le dé un ictus, para cuando llegue al sitio en el que necesita esa información lo más probable es que ya ni se acuerde de ella ni le importe tres cojones. “¿Quién coño eran los Kdefrrrgsh y qué coño pintan en todo esto? El caso es que me suena…” y allá va el lector a rebobinar, y hojea las cincuenta primeras páginas en busca de los Kdefrrrgsh, que resultan ser mortales enemigos de los Jhhhggunndda porque uno de los Hundidongos secuestró hace dos mil años a la princesa de los Fevermelos, y eso que la princesa no valía gran cosa, pero como te he contado veinte páginas antes los Fevermelos eran rubios y de ojos azules y los envidiosos de los Hundidongos, descendientes directos de los Kdefrrrgsh por parte de cuñado, el cuñado que era Jhhhggunndda adoptivo porque el rey de… Oye, se ha quedado buena noche, igual podría bajar a echarme una caña con Paco…

¿El secreto? Supongo que es dosificar esa información. Ofrecerla poquito a poco, conforme se vaya necesitando. Dejar que sean los personajes los que la den, y no darla al principio. Contar ese “backup” entremezclado en la trama de la novela, no como un aparte en plan enciclopedia británica con anexos. No quiere decir que no se puedan meter párrafos y párrafos de historia, costumbres, política, geografía y religión (aunque a mí personalmente me guste más la información esbozada que la desarrollada): lo que quiere decir es que esa información será mucho más digerible si se mete a lo largo de toda la trama, cuando se necesite, y no como un Génesis bíblico “en el principio fue el reino de Kotoriastas, y Kotoriastas, que era un poco cabroncete, escupió en la sopa de Guundimelo y los descendientes de ambos conformaron las naciones de dos continentes enfrentados, a saber: (inserte aquí una lista de países y reyes) y el cuñado del primo de Gonzalbano el Inmarcesible construyó una barca con troncos y tras innumerables peligros (inserte peligros aquí) llegó a las tierras de los Turulendonos y bleh bleh bleh”. Y para cuando el prota alza una ceja en dirección al lector, el lector se ha ahorcado con la sobrecubierta o se ha cortado las venas con el ticket de compra del libro.

No es fácil. Claro que, si fuera fácil, no tendría mérito conseguirlo, supongo. Tampoco es fácil conseguir que un bicho de metal con alas rígidas vuele, o abrirle la tripita a un pavo y que luego se vaya andando a su casa. Pero quizá sea precisamente el hecho de que no es fácil el que nos impulsa a seguir intentándolo, nyet? ;)


Nota: las imágenes, obviamente, ni son mías ni aspiran a serlo ;)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Arturito

Andaba yo pensando en qué tema utilizar para actualizar esto, que ya se me han alargado demasiado las vacaciones blogueras (shame on me), y lo cierto es que me rondaban por la cabeza unos cuantos asuntos bastante curiosones, inquietantes, interesantes, emocionantes e incluso excitantes. Sin embargo, todos ellos son susceptibles de conseguir que medio mundo se me eche a la yugular y el otro medio se eche a la yugular de los que previamente se me han echado a la yugular, y como hoy estoy en modo buenrrollista he pensado: pues casi mejor un tema que no pueda suscitar polémica, ¿no? Pero, como no lo he encontrado, me he decidido por éste, que sí puede suscitar polémica pero, sinceramente, la polémica que provoque me importa más o menos tres cuartos de pepinillo en salmuera :P

Así que hoy voy a hablar de una de mis mayores fobias, de una cosita que, sólo con olerla de lejos, ya hace que se me pongan los ojos mirando pal cerebro y se me salga el páncreas por la boca de puro aburrimiento, horror, asquete, gangrena y aborrecimiento brutal. No, no me refiero al huevo (mi incapacidad para comer huevo no tiene que ver con los mismos motivos), me refiero a los mitos artúricos.




Hala, ya lo he dicho. ¿Ya hay polémica? ¿O tengo que esforzarme un poco más…?

Veréis, no es una cuestión consciente, o al menos no es un aborrecimiento provocado por mí misma en el sentido "ahora voy a odiar esto" del término. No es algo que yo haya decidido: es, como mi odio por el huevo, algo que me sale de natural, de los mismísimos adentros y las entrañas, sí, ahí, en la boca del estómago, bañadito de bilis. Pero es que NO-PUE-DO-SO-POR-TAR-LO (ni al Arturito ni al huevo), es superior a mis fuerzas. No puedo comer huevo porque me sienta mal y me sabe mal, no sé si una cosa está causada por la otra y cuál es la causa y cuál la consecuencia. Y no soporto al Arturito más o menos por lo mismo, pero en este caso mi aborrecimiento no viene de nacimiento: ha sido provocado por el hartazgo. Vamos, es como si a mí no me gustara el huevo porque me hubiera pasado veinte años desayunando, comiendo, merendando y cenando huevos. Y poniéndome mascarilla de huevo en el pelo. Y en la jeta. Y en los putos pies.

No, en serio. Es que me da por saco que me metan la misma puñetera historia a todas horas y por todas partes, y que cada dos nanosegundos salga una nueva adaptación cinematográfica, una nueva serie televisiva, un nuevo libro con “la verdad sobre” el puto mito de los huevos (sic.), un nuevo ensayo sobre el último descubrimiento megaultrasuperimportante que demuestra que bleh bleh bleh bleh. Doscientas mil películas, mil quinientas series, ocho millones cuatrocientos mil libros, veinte mil millones de ilustraciones, cuatro billones de cómics y la rana cantando debajo del agua. Con una espada digna de un rey, probablemente. La Rana del Lago, la llaman. O algo así. Sieeeeeempre lo mismo. Que tengo ya aborrecíos al Arthur-Arturito, al Lancelot-Lanzarote, a la Ginebra-Guinevere-Gwenwhyvar, al Merlin, a la Morgana-Morgan y a su puta madre en bicicleta. Que parece que no hay otra historia, cojones.

Y ya no sólo eso: es que encima de estar por todos lados, se cuelan donde se supone que no deberían estar. O sea, si me estrenan una peli que se llama “El rey Arturo”, pues ya sé de qué va a ir y huyo a toda prisa hasta encontrarme tan lejos de una sala de cine que un poco más y aparezco en otro espacio dimensional. Pero es que no, es que se esconden, los jodíos. Se agazapan entre las matas de cualquier peli, serie y libro y te saltan a la yugular cuando menos te lo esperas, jodiéndote el libro/peli/serie/comic entero y haciéndote desear que alguien le meta el mito al autor por el agujero de la inspiración. Que se ha convertido en un recurso tan fácil que es que ya los meten hasta en los putos anuncios de compresas, coño. ¿Que no? ¿Habéis leído El tapiz de Fionavar (Guy Gavriel Kay), Geralt de Rivia (Andrzej Sapkowski) o La rueda del tiempo (Robert Jordan), por poner sólo tres ejemplos? Pues veréis, yo sí. Porque son sagas de fantasía, y a mí me gusta la fantasía. Y estas tres sagas me gustan mucho, porque están bien escritas, bien llevadas, bien desarrolladas y los personajes me molan. HASTA QUE a los tres autores (que no tienen nada que ver, uno es canadiense, otro polaco y otro estadounidense, son de generaciones distintas, de estilos distintos, todo eso) decidieron joder sus propias sagas metiendo al putoarturo y a sus putosamigos cuando no venían a putocuento. El tapiz empezaba de coña, unos coleguis que se van a un mundo raruno muy lejotes a hacer El Bien de la mano de un viejo enigmático, al más puro Amo del Calabozo style, y cuando la cosa se pone ultrainteresante, de repente… ZAS!!! Una de las protas resulta ser la reencarnación de la Ginebra de los huevos, y claro, se encuentra con Lancelot y con Arthur, cómo no, y pasa lo miiiiiiismo de sieeeeeeempre, que hay un triángulo amoroso destructivo bleh bleh bleh. En La rueda, directamente hay un Artur Paendrag que fue supermegarey y unificó toda la tierra (que por supuesto no tiene nada que ver con Gran Bretaña, pa eso es otro mundo) y uno de los secun-protas se llama Galad y es un caballero que bleh bleh bleh. En Geralt de Rivia, al final, y así como de rondón y sin afectar para nada a la trama, aparece un Galahad de pronto a saludar con la manita desde su tabla redonda de los huevos. Y así cientos y cientos de ejemplos, La torre oscura (S. King), Esencia Oscura (T. Powers), Harry Potter (J.K. Rowling), El mundo es un pañuelo (David Lodge, La última legión (Valerio Massimo Manfredi))… en los que los chavales del Arturito no pintan nada y sin embargo ahí andan, como si no hubiera más personajes que inventarse que tuvieran que meter sieeeeeempre a los miiiiiiiiismos.

Que cuando un autor está carente de ideas parece que siempre tira del mismo recurso, copón. «¿Y ahora qué meto? Jo, la historia me está quedando un poco pobre… Enga, pues meto al Arturito y ancha es Camelot». Miraaaaaaaaaaaa que te tengo ya aborrecíoooooooooooooo ÒÓ que no puedo con él, de verdad que no, que está por todas partes, como en su época la amiga Gunilla von Bismarck. Y si no está con su nombre, está con el nombre de su primo el de Zumosol, pero viene a ser el mismo puñetero personaje. Me da igual que se llame Paco y su compañero del alma sea Pepe y su churri sea Lola, si la historia es la miiiiiiiiiiiiiiiiiiiisma y los personajes los miiiiiiiiiiismos. Ayns, qué hartazgo más grande y qué desazón más chunga. Y tanta culpa como los autores la tienen editores, productores, directores y demás fauna, ¿eh? ¿Qué pasa, que no hay historias nuevas que contar, que no hay mundos nuevos que explorar, que no hay personajes nuevos que conocer? ¿No hay nada nuevo bajo el sol? ¿Siempre tenemos que ver/oír/leer sobre el Arturito, el Lancelot, la Ginebrilla, la Morgana y el Merlin y toda su trascendencia? “Reinterpretación del mito” my ass, que siempre es lo mismo y como mucho cambia el punto de vista, en uno Morgana es malísima y en otro es una incomprendida, en uno Ginebra es una guerrera chunga sajona y en otro es una melindres rubinchi con carencias afectivas, en uno Arthur es un vejete cachondo y en otro es un joven guaperas y/o no tan guaperas, pero al final viene a ser la miiiiiisma puuuuuta histooooooooria. Y yo ya no la soporto ÒÓ

¿Que qué exagerada? Mis cojones treinta y tres, que diría aquél. Mirad a vuestro alrededor. La mayoría de vosotros vivís en España o en un lugar de cultura hispana, ¿me equivoco? Y, sin embargo, incluso en nuestra cultura se nos ha colado el Arturito de los mis carajos, como si no fuera un exponente de la cultura anglosajona que no tiene nada que ver con nosotros. Ah, que sí tiene que ver. Será eso, porque si no a ver por qué demontres hay referencias hasta en el escudo de Galicia gñññgñgñgñgñgñ. ¿Que la cultura anglosajona se nos ha colado enterita, y no sólo en este detalle? Es cierto. Pero incluso cuando hacemos gala de esa hispanidad molona nuestra preferimos meter un clon del Arturito en vez de, yo qué sé, meter la reencarnación del Cid Campeador o similar. Hasta cuando adaptamos el Quijote la cosa huele a artúrica que tira patrás… y yo lo siento, pero no soporto el olor a huevo cocido. Ni el olor a Pendragon. Es lo que hay.

No me entendáis mal. No estoy quitándole valor histórico/legendario/literario al mito artúrico, ni quiero negar que la influencia que ha tenido sobre la cultura actual es fundamental, y en especial sobre la literatura fantástica que tanto me apasiona. Sólo quería decir que todo eso me parece muy bien, pero que empiezo a estar hasta lo que no tengo de que siempre nos metan lo mismo como si fuera algo nuevo y novedoso: que sí, que la historia original tiene un encanto y una magia indiscutibles, pero cuando ves mil ochocientos millones de versiones a cual peor de la leyenda, llega un momento en el que dices “basta”. Que ya está bien, hombre. Que hay muchas cosas que contar, y que recurrir siempre a lo mismo es tan fácil, y tan pobre, que casi casi da hasta vergüenza.

Nota: Por supuesto, no pretendo faltar al respeto a quienes desarrollen estos mitos, ni poner en duda su calidad como autores, en el caso concreto de la literatura. Sin embargo, sí creo que esa calidad podría ser empleada en algo un poquito más imaginativo y un poquito más arriesgado. Just saying.

Edición post-mortem: acabo de enterarme de que el próximo año nuestro buen amigo J.R.R. Tolkien, que es algo así como el escritor zombie más prolífico del último siglo (:P), va a sacar nuevo libro, un poema inconcluso que recibe el sugerente título de "The fall of Arthur". Et tu, Tolkien T___T