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viernes, 21 de octubre de 2011

A ver si es verdad

Que ya nos tenéis muy cansaditos de "ahora sí, ahora no, era broma, me lo he pensado mejor". Así que a ver si es verdad que es de verdad.

Y sí, va a ser la única entrada que dedique a ETA en toda mi vida.

miércoles, 19 de octubre de 2011

NaNoWriMo

Por si alguno se pregunta qué demonios es esa imagencilla que he colocado en la parte de la izquierda (sí, justo ahí <<), y dentro de un tiempo se pregunta qué ha sido de mí que no se sabe nada ni se tiene conocimiento, subo esta entrada para explicarlo... y de paso pediros perdón por no haber aparecido en tanto tiempo (es lo que tienen las mudanzas, que te absorben de tal manera que no hay forma de hacer nada que no sea mover trastos, pintar casas, llenar maletas y maletas y cajas y cajas, limpiar, limpiar, limpiar... argh).

Bueno, el caso es que el NaNoWriMo (si hacemos lo que hace el del chiste de 'recopla', en realidad lo que dice es "National Novel Writing Month", o, en cristiano, "mes nacional de pa escribir una novela" xD) es lo que me va a hacer desaparecer del mapa otro mesecito. Es posible que encuentre tiempo para contaros algo, pero también es posible que no: por eso voy avisando, para que luego no me llaméis de traidora parriba =). El NaNoWriMo viene a ser una iniciativa que se puso en marcha hace ya unos añitos allá por los EE.UU. (o U.S.A. o incluso USA, como nos ha dado por llamarlos de un tiempo a esta parte) y que consiste en algo muy sencillito (a priori): escribir una novela en un mes. Así, a lo bestia.

O sea, básicamente lo que he hecho ya un par de veces (una de ellas esta misma primavera), pero "organizado". Hay que empezar un día determinado (el 1 de noviembre), hay que terminar un día determinado (el 30 de noviembre). Hay que ir avanzando cada uno como pueda, y actualizar cada día tu perfil en la página 'uficiá' (supongo que por aquello de que, si los demás pueden ver cómo vas, te metes más presión a ti mismo). Y al final del mes, hay que subir el documento para que los organizadores cuenten las palabras y, si has llegado a las 50.000 (el límite mínimo), te proclaman Ganador.

Así de simple. 50.000 palabras en 30 días. La calidad da igual: eso es cosa tuya. La historia da igual: es cosa tuya. Si engañas y subes una novela que ya tenías escrita, sólo te engañas a ti mismo. ¿Por qué? Pues porque no hay premio... sólo la posibilidad de escribir una novela en 30 días y decir que lo has hecho.

¿Que qué tontería? Bueno... supongo que para muchos será un a modo de "pa chulo mi pirulo". Para mí, en concreto, es una forma de volver a desanquilosarme, que me he vuelto a dejar llevar por la pereza y llevo meses sin escribir nada. Un modo de obligarme a hacerlo, puesto que a partir de ahora ES lo que tengo que hacer (escribir, escribir, escribir). Y, de paso, conseguir una novela más que tener en la guantera, de cara al futuro. Y también, por qué no, la posibilidad de pasar unos días agradables compartiendo agobios, cachondeo, desenfreno literario y salvajada escribiente con unos cuantos miles de escritores que, como yo, se han apuntado este año a la movida.

No sé a vosotros... a mí me suena muy bien. Como sabéis, ya he hecho burradas semejantes antes, pero siempre ha sido en solitario: la última vez tenía la compañía de mi única 'pareja literaria', pero la pobre tuvo que abandonar por causas ajenas a su voluntad, y acabé perpetrando la salvajada solita; esta vez espero que nada entorpezca su mes, porque sí, ella también se ha apuntado. Y otros cuantos escritores y proyectos de que conozco =) Voy a estar bien acompañadita... y me apetece un montón, qué demonios.

Así que si veis que no aparezco hasta diciembre... no os preocupéis. Probablemente estaré tecleando como una bestiaja. Upi, upi, upi! y todo eso =)

lunes, 3 de octubre de 2011

El sueño de la razón produce monstruos...

...o al menos bichos muy feos. Sabéis que no suelo hablar de política en este blog: prefiero destinarlo a la literatura, que es mi gran pasión y (hoy en día) mi única ocupación; además, teniendo en cuenta que he pasado los últimos diez años trabajando en medios de comunicación (y sí, hablando de política a diario), la verdad es que no me apetece excesivamente usar esto para seguir ahondando en un tema que cada día me da más pereza, bochorno e incluso asco. Sin embargo, hay días en los que una no es capaz de contenerse. Y aunque hoy tenía previsto hacer un repaso a las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas (a las que he asistido este fin de semana), creo que hay ciertas cosas que no se pueden pasar por alto, y ésta es una de ellas.

Mirad, yo sigo considerándome periodista, soy una de esas pocas personas que, al comprender cómo es el trabajo en los medios de comunicación (por haberlo 'sufrido' durante una década) no puedo evitar defender a mis compañeros de profesión cuando se les acusa de (inserte descalificativo aquí). Y estos últimos meses se les está acusando mucho. Y lo cierto es que se les está acusando con razón, aunque creo que cualquiera que conozca el funcionamiento interno de un medio sabe de sobra que donde se dice "los periodistas son unos (inserte insulto aquí)", en realidad habría que decir "los directores/responsables de los medios son unos (inserte exabrupto aquí)". Los periodistas no son (somos) más que unos mandaos, que después de cinco años de carrera nos encontramos (los más afortunados, que no llegan ni a la mitad) con una situación laboral poco menos que lamentable: contratos mierdosos, sueldo inhumano, horarios absurdos, convenios colectivos impresos en papel higiénico para uso y disfrute del personal directivo, cero respeto tanto desde los mandos como desde el 'mundo exterior' y, sobre todo, nula capacidad de expresión de nuestra propia opinión. Es decir, algo así como marionetas a las que se contrata por poco más que el sueldo mínimo. Aquí el que opina no es el periodista: es el medio. El periodista hace lo que le mandan, o carretera.

La situación es así, y como suele decirse, son lentejas: si quieres las comes, si no, al paro, que hay miles (millones) de licenciados en la puerta esperando para convertirse en marioneta cuando tú te hartes de serlo. De ahí que, cuando el resto de la Humanidad se indigna (con razón) por esa desinformación de los medios (y, como decía antes, últimamente ha habido mucho de eso en este país nuestro), yo me pongo tristona, porque sé perfectamente que no son mis compañeros los que desinforman: ellos se limitan a intentar sobrevivir en un mundo en el que la jerarquía es algo así como mandato divino y la obediencia a los mandos es tan importante como en el ejército de tierra (aunque en este caso no te abren consejo de guerra sino la puerta de la calle). Y, por desgracia, todos tenemos que comer.

Pero me desvío del tema que quería tratar. En realidad toda esta disgresión venía a esta portada que ayer tuvo a bien publicar un periódico de tirada nacional de éste, nuestro país, y que es la que me ha impelido a hablar (aunque sólo sea de forma tangencial) de política. ¿Por qué? Pues porque me ha indignado, me he sentido atacada, me he sentido casi ultrajada, y me han entrado unas ganas tremendas de pillar la maleta y buscarme una granjita en un fiordo noruego para no tener que volver a enfrentarme con cosas como ésta en mi puñetera vida. "Qué exagerada", diréis. Pues veréis, es que me ha tocado muy de cerca dos de las tres cositas más importantes de mí misma, que son mi género (o sexo, como lo prefiráis) y el periodismo. Y me ha dolido, qué demonios.

El periodismo me lo ha tocado porque hasta ahora (ingenua que es una, y mirad que he visto de todo en esta última década) todavía tenía la esperanza de que los medios de comunicación siguieran intentando, con mayor o menor acierto, disimular su alineación ideológica, siquiera para poder 'convencer' a algún lector despistado. Como han hecho (con mayor o menor acierto) hasta ahora. Todos sabemos de qué pie cojea cada periódico, cada tele, cada radio; todos sabemos a qué partido miran y dan calorcito para intentar auparlo al gobierno de España; sin embargo, lo que en la mayoría de las ocasiones es una "interpretación" de los hechos que tira hacia uno u otro lado (¿Nunca habéis jugado a comparar titulares entre uno y otro periódico? Puede llegar a ser divertido ver cómo se redacta un titular para que parezca que un partido es un santo y el otro es más culpable que Judas en sus peores días... y justito al contrario en el otro medio de comunicación), en esta ocasión se ha convertido en algo digno de enarcamiento de ceja, dilatación de pupilas y torcimiento de boca en gesto de incredulidad. Es decir, un periódico que se dice 'independiente', que supuestamente se dedica a informar, se ha transformado en un folleto de propaganda electoral. Y no hay dios que pueda confundirlo con información, ni siquiera información de la más sesgada que pueda existir: no, esto es propaganda electoral, punto. Me pregunto dónde queda entonces la ya escasísima credibilidad que tenían los medios de comunicación. Y me pregunto también cuál es el siguiente paso, ya que parece que, al dejar a un lado el disimulo, también han abandonado esa farsa en la que pretendían hacernos creer que vivíamos en un país en el que primaba el libre flujo de la información. Y también me pregunto qué pensarán mis compañeros de profesión, tanto los que curren en La Razón como los que trabajen en otros medios. Me atrevo a adivinar que unos cuantos de ellos estarán en pleno 'facepalm', viendo cómo los directores de contenido de turno han clavado un clavito más en el ataúd de la profesión. Y qué pensarán sabiendo que todo su esfuerzo por licenciarse, por buscar curro, por aguantar becas gratuitas, contratos basura, sueldos de risa, jornadas inhumanas y (en algunas ocasiones) maltrato psicológico laboral, se va poco a poco pero inexorablemente por el retrete para dejar tan solo el 'periodista = cabrón manipulador'.

Y en cuanto a lo otro... Bien sabéis que yo no soy feminista. Yo no quiero que haya discriminación positiva, porque la discriminación siempre es discriminación. No quiero que se aúpe a la mujer, que se la ayude, que se la considere mejor o superior o lo que sea. Yo soy estricta y radicalmente 'igualitaria' (como pudieron comprobar ayer los que asistieron a las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, por cierto): no quiero empujones ni para arriba ni para abajo, ni 'la mujer hace esto mejor que el hombre', ni 'contrata a la mujer que nos dan subvención/vendemos más/queda mejor'. No, quiero IGUALDAD, quiero que la obviedad tan obvia (o así me lo parece a mí) de que hombre y mujer son IGUALES se vea reflejada en la sociedad. Sin embargo, ese pequeño debate acerca de si feminismo o igualitarismo o lo que sea se va al carajo cuando nos encontramos con cosas como ésta. La foto de la portada es un poema, sí. Y no precisamente de los que me molan.

"Exagerada", diréis. No, no exagero nada de nada. No, cuando me encuentro con imágenes tan evidentemente retrógradas como la que el periódico publicaba para ilustrar el programa electoral de uno de los dos partidos mayoritarios. Bien saben los que me conocen que, políticamente, no tiro ni para un lado ni para el otro: como suelo decir a quien me pregunta, cuanto más conozco a los políticos más adoro a mi gato (o algo así xD). Y es que mira que nos lo ponen difícil, ¿eh? Hoy por hoy no veo yo un solo partido político, grande, mediano, pequeño o unicelular, capaz de hacerme sentir ni la más mínima gana de verlo ahí en la Moncloa... :P Ni soy anti-PP, ni soy pro-PSOE (soy anti-todos los partidos casi casi por igual), ni soy feminista. Pero la foto, insisto, clama a los Cielos.

Es decir: la última vez que miré el calendario, estábamos en 2011. Dos mil once, joder. Si ya me rasca un poco los intestinos saber que aún se piensa que la mujer es sensibilidad y sentimiento y el hombre acción (aprovecho para mandarle un achuchón enorme a Montse de Paz, con quien por cierto fue una auténtica delicia debatir sobre el tema), imaginad mi estupefacción al encontrarme con que en pleno DOS MIL ONCE un partido político considera que va a ganar votos apelando al emprendimiento, y lo hace con... recapitulemos: cinco tíos (contando al candidato), todos trajeados, todos profesionales de 'alta rama' (licenciados en cosas gordas, pa entendernos), todos especializados en tecnologías, innovación, arquitectura, blablablabla (ni un solo 'currito'; qué pasa, que los electricistas, fontaneros, vendedores de periódicos o comerciantes de electrodomésticos no cuentan?), y una, ¡UNA! mujer. Ahí apartadita, para que no contagie al macho dominante de su femineidad. Y una mujer vestida que parece salida de un folleto de los años 50 (aunque se le ve un poco de rodilla, válgame Dios; eso sí, lo equilibra con el moño de institutriz del siglo pasado, el negro del vestido y el cuello vuelto que casi le tapa la barbilla. Válgame, si le falta la mantilla... cuidado, que yo no estoy en contra de las tradiciones, pero en plan folclore, no realidad laboral, coño). Y, lo mejor de todo, una mujer emprendedora que hace... bizcochos.

Bizcochos. O sea, qué me estás contando. O sea, que los hombres juguetean con el i-Pad, construyen edificios, controlan flotas de aviones, y las mujeres hacemos repostería. GE-NIAL. Una ovación para el jefe de comunicación de este partido, que nos ha llevado de vuelta a la época de 'sé la esposa ideal' y encima seguro que se siente orgulloso de ello. Hala, bonita, tú a emprender a la cocina, y nosotros ya levantaremos este país de mierda que nos han dejado los socialistas con su mierda de igualdad. ¿Qué pasa, que si volvemos al bizcocho se acaba el paro y encima el Estado se ahorra el dinero en guarderías y geriátricos públicos? Cojonudo, oiga. Sencillamente cojonudo. Y no, no es un accidente, ni estoy buscando bichos donde no los hay: en serio, fijaos en la imagen. Es... una puta burla a todas las que hemos estudiado una carrera, a todas las que hemos abierto un negocio, a todas las que desarrollamos un trabajo cualificado e intelectual, a todas las que hemos luchado por abrirnos camino en una sociedad todavía dominada por los hombres. ¿Se puede ser hostelera, como es la muchacha de la foto? Por supuesto que sí. Pero poner a una mujer con un puto bizcocho en la mano en una foto en la que hay 5 pavos demostrando ser los Amos del Mundo en Corbata sigue siendo una burla, por muy empresaria que sea la mujer del roscón de reyes. ¿O acaso no hay otros miles de ejemplos de mujeres emprendedoras que no parecen salidos del Manual de la Perfecta Casada? ¿Cinco a una, y como único ejemplo ponen a una mujer en pose de cocinera decimonónica? Que sí, que cada una viste como quiere y monta el negocio que le da la gana: pero convendréis conmigo en que elegir a UNA mujer para posar entre CINCO hombres, y elegir PRECISAMENTE a la que viste cual si de procesión de Viernes Santo se tratase (o la visten así, a saber), y encima reducir su negocio hostelero a un bizcocho que muestra con el orgullo de la recién casada entregándole a su santo esposo su primer postre con expresión de "descanso del guerrero" es, cuanto menos, indignante.

Es decir, tras tanta lucha, tras tanto desgaste, tras tanto desgañite, van los tíos y después de mirarnos con condescendencia e intentar hacernos creer que de discriminación nada, que eso está superado y que la vida es maravillosa en el país de la piruleta, zasca: hala, bonita, a hacer bizcochos. Válgame.

Pues miren ustedes, señores políticos (tanto el de la barba como el otro de la barba como todos los políticos, barbudos o no, que tienen intención de enseñarnos su jeta para ver si nos rascan un voto el próximo día 20 de noviembre): si éste es el futuro de España, se lo pueden ir metiendo directamente por el bizcocho.