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viernes, 15 de julio de 2011

Para mí tu carne

Asomo la cabecita un momentín (ahora mismo estoy bastante encerrada en mis dos mundos favoritos, Ridia y Poniente :P) para daros una noticia... Dentro de muy poquitos días los amantes de los zombis tendréis una nueva antología a la que echarle zarpa, y una en la que, para más señas, participo yo con un relato titulado "Cera Negra" al que, por varios motivos, le tengo bastante cariño.

La antología, coordinada por el grupo literario Sevilla Escribe (al que pertenezco, aunque ni naciese ni viva en Sevilla =) cosas de la vida), está publicada por la editorial Veintitrés Escalones y os puedo asegurar que tiene entre sus páginas algunas auténticas obras de arte del género fosco-terror =)

Aquí tenéis la portada y la nota de prensa de la editorial (por cierto, no puedo sentirme más orgullosa al ver que, de todo el libro, han elegido precisamente un fragmento de mi relato para la promoción. Un honor ser elegida, y más junto con un pedazo de autor como es Juan Ángel Laguna).

El colectivo cultural Sevilla Escribe y la editorial 23 Escalones presentan una antología de relatos de temática zombi en la que participan algunos de los autores más destacados del género de terror en España. Más de trescientas páginas que seguro te quitarán el sueño.

Título: PARA MÍ TU CARNE (Antología Z de Sevilla Escribe)
Editorial: Veintitrés Escalones
Nº de páginas: 352
Tamaño: 230mm x 150mm
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 18 €
ISBN: 978-84-15104-74-2
Ilustración de la portada: Luis Nct

En esta antología encontrarás relatos de Félix Morales Hidalgo, Virginia Pérez de la Puente, Pedro Escudero Zumel, Francisco Jesús Franco, Luisfer Romero Calero, Alejandro Castroguer, Juan de Dios Garduño, Juan Ángel Laguna, Manuel Mije, Vanessa Benítez Jaime, Francisco J. Sosa Garduño y Carlos Sisí.

“Blanca como el polvo de arroz con el que se maquilla una geisha, sino blanca como los periódicos trasnochados, blanca como un hueso mordido por la intemperie. Óscar lo descubrió en el rostro cerúleo de su abuelo, cuando lo velaron allá arriba, en Jasa. Ese blanco corrupto, el mismo que se enseñoreaba de la casona, era la inconfundible firma de la muerte. Como una huella dactilar. Y por eso dudó, y estuvo a punto de dar media vuelta y largarse como alma que lleva el diablo. Pero ya había avanzado demasiado y decidió descubrir lo que se escondía tras del dédalo de papeles amontonados como barricadas imposibles.
Así fue cómo descubrió a Margarita.
Muerta.”
(Juan Ángel Laguna)

“Gritó. De angustia, de odio, de dolor. Y, al tiempo que gritaba, dio un fuerte tirón que arrancó limpiamente la cabeza del cuerpo del anciano, ahogando con el brusco crujido de su cuello al partirse el sonido de su aullido de terror.
La sangre cálida salpicó su rostro y sus brazos. No lo notó. Solo sus ojos percibieron las gotas que se escurrían lentamente hasta su codo, que caían después sobre la tierra reseca y negruzca. Sangre. Gotas como cera caliente derritiéndose en una vela negra. Soltó la cabeza, que cayó a sus pies con un golpe sordo. Después, sus dedos se desasieron de la sucia camisa del hombre. También el cuerpo cayó al suelo y quedó tumbado junto al cadáver de uno de los jóvenes, que todavía lo miraba con ojos acusadores desde las profundidades de su capucha negra.”
(Virginia Pérez de la Puente)

viernes, 1 de julio de 2011

En la boca del estómago

(aclaración previa: esta entrada es completamente spoiler-free. O sea, no contiene spoilers. Vamos, que podéis leerla tranquilamente que no os voy a arruinar nada: no soy tan malvada. Bueno, un poco sí, pero en este caso voy a contener mis ansias malignas xDxDxD)

Spoiler: del inglés spoil (arruinar, echar a perder, estropear), se denomina comunmente "spoiler" a aquella información sobre un libro, película, serie, videojuego, etc conocida de antemano por el futuro lector/espectador/gamer, y que, de alguna manera, estropea el impacto que el autor del libro o guión pretendía causar en el lector/espectador/gamer. Por ejemplo, imaginaos que estáis allá por el año 1980 (el pelo cardado, las hombreras enormes, los pantalones-piel y las camisetas de rejilla son opcionales) en la cola de un cine esperando para ver la película anteriormente conocida como Star Wars 2 (ahora, si mis cuentas no me engañan, es la 5), "El Imperio Contraataca", y alguien se acerca y os dice: "Darth Vader es el papá de Luke Skywalker"... ESO es un spoiler. Un "arruinador", para entendernos. Desde luego, ni George Lucas, ni Leigh Brackett ni Lawrence Kasdan pretendían que nos enterásemos de la relación entre Luke y Vader/Anakin de ese modo, sino que su intención era que, al ver la escena de la lucha en la ciudad-nube, nos quedásemos ojopláticos y boquimétricos al descubrir que la némesis de nuestro héroe era, en realidad, su (¿amantísimo?) padre. Que todo el cine soltase un ‘UALAAAAAAAAA!!!’. Un ‘UALAAAAAAAAA!!!’ que queda bastante desmejorado si ya tienes la información antes de ver la peli, claro.

Tampoco George R. R. Martin pretendía que nos enterásemos de ESO así, tropezándonos (voluntaria o involuntariamente) con ello en Internet: su intención era que lo leyésemos en el libro y, probablemente, que al hacerlo tirásemos nuestro ejemplar de A Dance with Dragons al otro extremo de la habitación y empezásemos a soltar exabruptos e insultos más o menos coloridos y más o menos imaginativos contra su persona (estoy convencida de que si no le gustase eso de ser vilipendiado habría dejado de maltratarnos con sus puñeteros “giros dramáticos inesperados, impactantes y potencialmente homicidas”, a los que, por cierto, no hay manera de acostumbrarse por mucho que uno lea la obra de este buen señor). No, no pretendía que nos enterásemos de ESO así, y por eso ha dicho que va a poner en una pica la cabeza del responsable de la salida a la venta de varios ejemplares casi una quincena antes de la fecha oficial de puesta a disposición del público de A Dance with Dragons, un ser humano (presumiblemente) que, también presumiblemente, trabaja en Amazon Alemania y que, presumiblemente, ni siquiera se dio cuenta de que estaba abriendo la puñetera caja de Pandora (o la “caja de los truenos”, como les gusta decir a los políticos españoles) al soltar esos 180 ‘Dances’ antes de tiempo.

Vale, entiendo su reacción. El hombre se ha pasado seis años (o más) escribiendo el puñetero libro, y ver cómo la sorpresa se arruina dos semanas antes de su (¡Por fin!) salida no tiene que molar un cacho, al menos para él. Yo me pongo en su lugar y me cago en todo, así de claro. Pienso: si alguien, por ejemplo uno de los conejillos de indias que se prestan como lectores previos de mis novelas, o aquéllos con los que he contrastado la historia futura en busca de fallos o flecos, suelta prenda y dice algo, igual me enfado y todo. Pero, por muy empática que quiera ponerme con el bueno de George, ahora mismo me está resultando un poco difícil ponerme en su lugar, la verdad. Fundamentalmente porque en quien me estoy cagando es en él y porque la cabeza que quiero en una pica es la suya. Desde el cariño, claro. Sin acritud alguna. Sgrunt.

¿Por qué?, os preguntaréis. Bueno, es que yo soy una de las que se han comido ESE spoiler de A Dance with Dragons. No, ya sé que la culpa no es suya. De hecho, en esta ocasión ni siquiera es mía, y eso que yo soy una ‘spoiler-whore’, es decir, me gusta ir pululando por ahí en busca de información de los libros o pelis que me apasionan, y habitualmente si me como un spoiler me siento hasta feliz. Anda que no habré yo buscado spoilers de los últimos libros de la saga de Harry Potter antes de que éstos fueran publicados… por poner un ejemplo similar, quiero decir. Y cuando me encontraba alguno, daba palmas con las orejas xD. Pero esta vez no tenía yo intención de hacerlo, por desgracia: después de seis años de espera, quería llegar al libro limpia de polvo y paja, habiendo releído los cuatro anteriores para tener la historia fresca e ir descubriéndola poco a poco y disfrutándola página a página. No deja de ser una puñetera broma kármica que justo el libro en el que no quiero spoilearme sea el libro del que encuentro el spoiler más salvaje y más impactante de toda mi vida de spoiler-whore.


No, no os voy a contar qué es lo que vi y por qué me tiene tan cabreada. Prometí que este artículo sería spoiler-free, y pienso cumplirlo. Si alguno tiene intención de conocerlo, que me pregunte en privado. Aunque de verdad, DE VERDAD, os recomendaría que no lo hicierais. De alguna manera, a mí me ha arruinado la espera… es decir, ya no tengo tantas ganas de leer un libro por el que llevo suspirando seis largos años. Bien es cierto que casi prefiero esto a acabar tirando el libro por la ventana y que le dé en la cabeza a un pobre butanero que pasaba por allí, o ceder al impulso de quemarlo en un rito vudú y terminar incendiando mi casa. Al menos, ahora no tengo el libro y no puedo usarlo como arma arrojadiza, pirotécnica o de destrucción masiva. Y sí, logré contener la tentación de tirar el ordenador por el balcón cuando leí lo que leí, aunque fue difícil, lo reconozco. También es bueno que George R. R. Martin haya elegido como año de su visita a España 2012, porque si apareciese por aquí en los próximos dos meses íbamos a tener unas palabritas. Y lo que no son palabritas. Al estar lejos, lo máximo que recibirá de mí será un ejemplar de “Misery”, de Stephen King.

Coñas aparte, todo este asunto me ha hecho reflexionar acerca de la literatura, y es por eso que os lo cuento, no para que penséis que estoy chiflada (si es que alguno no lo pensaba todavía, quiero decir). Veréis, a mis treinta y cuatro años de edad bien cumpliditos, con unas cuantas experiencias vitales a mis espaldas (muchas de ellas malas, la verdad, auque no todas, ni mucho menos), me he encontrado de repente hecha un guiñapo y absolutamente destrozada por… un acontecimiento de un libro. O sea. Un libro, ¿vale? Una historia que un tío se ha inventado, del mismo modo que yo me invento las mías o que mi hermana se inventa los cuentos que les cuenta a sus hijos por la noche. Una trama que ha salido de la mente de un tío, y que está protagonizada por unos personajes que NO EXISTEN. Y esta nena de aquí, con sus treinta y cuatro añazos y sus dos carreras y su master y su experiencia laboral y vital y blablabla, llorando por las esquinas, y eso tan sólo por haber leído en un foro de Internet que alguien dice que alguien ha leído que pasa algo.

Sí, lo sé, es bastante patético. Y precisamente por eso me detuve a reflexionar, y me di cuenta de una cosa: esto que me ha ocurrido a mí, y que estoy segura de que le habrá ocurrido a alguien más (no voy a decir que sea la chiflada más chiflada del universo), sólo ocurre con determinadas historias. He conocido a mucha gente de todo tipo gracias a mi profesión (soy periodista y escritora, por si alguno aún anda despistado) y a que soy una persona bastante sociable, y la mayoría de la gente a la que conozco lee bastante. Conozco a amantes de la literatura en general, de la novela negra, de la literatura romántica, histórica, y por supuesto fantástica. Y me he encontrado con que este tipo de reacciones viscerales como la que tuve yo el otro día, este tomarse un acontecimiento de un libro como si fuera algo personal, como si le estuviera ocurriendo a tu mejor amigo o a ti mismo, esta preocupación por el destino de unos tipos y tipas que son inventos surgidos de la imaginación de otra persona, el hecho de vivir tanto una historia como para sufrir y penar y llorar y gritar y patalear en determinados pasajes, no son comunes a todos los libros ni a todos los tipos de literatura.

He visto a mucha gente leer un libro, el que sea, y estar absolutamente absorto con él, y preocuparse por lo que sucediera entre sus páginas, claro que sí: eso puede ocurrir en cualquier género y con cualquier estilo. Pero crear una historia capaz de levantar tantas pasiones como para hacer que los lectores pasen AÑOS preocupados por lo que sucederá a continuación, y que, llegado el caso, chillen e insulten y berreen y se tiren de los pelos cuando sucede ‘algo’… eso casi siempre lo he visto en fantasía. Y no en toda. De hecho, las reacciones tan apasionadas las he visto sobre todo en sagas como Harry Potter y Canción de Hielo y Fuego (en televisión he visto algunas otras, pero curiosamente la mayoría tienen elementos fantásticos, como la tantas veces aclamada y vilipendiada a partes iguales Lost, o la ‘altibájica’ Supernatural). Sí, he visto cómo la gente elucubraba acerca del destino de Lisbeth Salander, por poner un ejemplo de otro género y de “saga”, pero, por muchos lectores de Millenium con los que haya compartido mesa y conversación, jamás he visto a ninguno de ellos ponerse histérico perdido mientras esperaba la salida del siguiente libro de la trilogía, o lloriquear de forma patética al pensar en lo que a Larsson (QEPD) se le hubiera podido ocurrir para solventar determinada situación de la que no voy a hablar porque prometí no soltar spoilers. (Obviamente, esto es una generalización; como en todo, hay excepciones).

¿Depende del género? ¿Depende de los lectores? Yo creo que no. Muchos de esos lectores de Millenium también han leído las dos sagas que he mencionado antes, y se han histerizado y han llorado y han insultado con ellas lo que no han hecho con la saga del sueco. Y, por otro lado, muchos de esos lectores de las dos sagas, y de la del sueco, y de otras muchas que existen por ahí, han leído cientos, tal vez miles de libros, algunos de ese mal llamado ‘género fantástico’, y no han sufrido esa reacción de ansiedad, histerismo, pena, rabia y odio puro que sí han provocado en ellos gentes como Rowling o Martin.

¿Entonces de quién depende? Pues del escritor, obviamente. Es el autor el que crea la historia y a los personajes, y es el autor el que consigue o no que sintamos tanta empatía con ellos como para sufrir DE VERDAD por su destino. Y lo curioso de todo este asunto es que sean precisamente dos autores de fantasía los que consiguen despertar semejantes pasiones, cuando la fantasía, supuestamente, es algo irreal. Es curioso, sí, que sea ese ‘género’ irreal el que acoja a unos personajes tan reales como para que uno acabe llorando por ellos. Será que, una vez más, se demuestra que la calidad no depende del ‘género’ sino del autor. En este caso, la capacidad de crear personajes de carne y hueso.

Así que no, Martin no me da ninguna pena. Entiendo que se haya cabreado porque los de Amazon hayan destrozado su sorpresa, pero el hecho de que alguien se haya molestado en colgar esos spoilers en la red y la reacción que han provocado en los lectores, yo entre ellos, demuestra que ha conseguido lo que muchos escritores anhelamos: que los lectores se sientan tan absorbidos por su historia que la sientan como si fuese real. Un golpe en la boca del estómago al descubrir lo que va a pasar. Un dolor casi físico al enterarse del destino de sus personajes o de sus evoluciones o de sus miserias.

Y ojalá algún día yo consiguiera recibir tantos insultos, exabruptos, odio concentrado y deseos de poner mi cabeza en una pica como él. Eso querría decir que, en cuanto a escritura, lo estoy haciendo bien.



PD. Por cierto que esos 180 ejemplares deben haber ido a caer en manos de los 180 alemanes más cabrones/legales (táchese lo que no proceda) del mundo… ¿Cuatro días, y lo único que han hecho es soltar spoilers? ¿A ninguno se le ha ocurrido todavía subir una copia pirata a la red? De lo que se desprende que el ser humano todavía tiene la capacidad de sorprenderme...