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martes, 5 de abril de 2011

sHa_pOSe_reSHuLoNaaH


No, en realidad esta entrada no tiene nada que ver con la tortura lingüística de algunos —no todos, graciasalosdioses— jóvenes de hoy en día (válgame, ya parezco una viejuna y todo con eso de “¡Esta juventud…!” xD), pero hay que reconocer que, en ocasiones, el “canidioma” (sin ánimo de ofensa alguna) presta una expresividad al dolorido castellano que la corrección gramatical no logra otorgarle.

De qué va esto. Pues de que hoy me he levantado acordándome de un comentario que surgió en este mismo blog hace algunos días, y he pensado “Qué leches, hablemos no del milenarismo sino de esto otro, que puede resultar cuanto menos curioso, si no interesante”. Y con ese ánimo me he puesto delante del ordenador, con mi café, mi pijama y mis pelacos de bruja Avería recién levantada (qué queréis que os diga, por las mañanas o me meto un rastrillo o no hay quien me peine), a hablar justo de lo opuesto: de la imagen tratada, cuidada, estudiada. De la “pose”. ¿De quién? Pues de quién va a ser: de los escritores.

Ah, que no se os había ocurrido pensar que los escritores tuvieran una pose. Pues sólo tenéis que echar un ojo a las afotos que hay en esta entrada para ver que todas ellas tienen algo en común, aparte de que los retratados son gente que, en mayor o menor medida, todos reconoceréis (para los que no, al final digo sus nombres: vamos a aprovechar para hacer un poquito de promo a las Letras asín “de grati”, que diría si no tuviera que cuidar el lenguaje xD xD). ¿Qué tienen en común? La imagen que los retratados quieren dar a la cámara, la idea que quieren transmitir, la anteriormente mencionada y nunca bien ponderada “pose”.

Uno puede pensar lo que pensé yo cuando me metí a currar en la radio jornada completa y a escritora en mis ratejos de ocio y refocile: lo bueno que tiene esto de escribir (y la radio también, por eso lo menciono) es que nadie te ve hacerlo, así que puedes desarrollar esa tarea con el pelo recogido con un boli Bic, un jersey lleno de pelotillas, los pantalones del chándal del Bazar Taiwan, zapatillas de felpa del mismo bazar y/o del Carrefour (de ésas de toda la vida, o bien las más “modernitas”, las zapas enormes que nos hacen parecer un personaje manga), una mascarilla de pepino en la jeta, las gafas rotas y pegadas con celo y demás complementos que jamás os atreveríais no sólo a llevar a la calle, sino a llevar puestos cuando le abrís la puerta al vecino, al butanero, al pizzero o a los Testigos de Jehová. Y bueno, sí: mientras uno está escribiendo, puede no preocuparse en absoluto por su imagen, que nadie va a verlo. Siempre que tenga cuidado de no conectar la cámara del ordenata, claro, pero de despistes varios capaces de arruinar la imagen de uno ya hablaremos en otra ocasión.

Es lo bueno, repito, de este curro (el de escritor; el radiofonista, por desgracia, tiene que salir de casa y compartir redacción con sus compañeros, así que al menos debe estar vestido con decencia). Se puede desempeñar sin necesidad de pensar en quién te estará viendo hacerlo, porque habitualmente no te está viendo nadie (en mi caso, mi gato Bruno; pero al maldito bicho le da igual que yo esté en pijama, en chándal, en túnica, en vestidito de tirantes o en ropa interior, lo cual es bastante de agradecer).

Pero claro, eso sólo sucede cuando uno está escribiendo. El problema (si es que es un problema, claro) es que el trabajo de un escritor, por gracia o por desgracia, no se limita a eso: también tiene que aparecer en público, aunque sólo sea en la solapa/contraportada de sus “niños”. Presentaciones, sesiones de fotos, mesas redondas, debates, entrevistas televisivas, conferencias… todo eso se hace con un público delante, y claro, la cosa cambia bastante de una a otra situación.

No vamos a sorprender a nadie a estas alturas si decimos que, con independencia de cómo estemos en nuestra casita, de puertas afuera nos preocupamos bastante (o más) por nuestra imagen. Eso no sólo le pasa al escritor: le pasa a todo el mundo. Incluso aquellos que “pasan”, no pasan. Aunque sólo sea porque para ir a la calle se pasan el rastrillo por la pelambrera (o, en casos desesperados, se frotan la calva pa que reluzca), se lavan los piños y se visten de persona humana (uniforme básico: pantalones, jersey/camiseta, zapatos o zapatillas; no se pide mucho más, pero menos resulta ciertamente chocante). Pero ya no hablamos de los fundamentos de la vida en sociedad, que implican, al menos, no ir por la vida escandalizando a la viejita del quinto o al vendedor de periódicos de la esquina. Hablamos de algo muy distinto, que es lo que antes llamábamos “la pose”.

Incluso los que dicen no preocuparse por eso se preocupan. Incluso los que van de “me importa tres cojones mi imagen” se miran al espejo antes de salir a la calle. Seamos sinceros: nadie (NADIE) sale a la calle en calzoncilloslip/bragafaja, con las patas peludas y los rulos puestos (en caso de las hembras), sin camiseta/en camiseta de tirantes interior enseñando michelín (en el caso de los machos), y demás ejemplos de la comodidad hogareña, salvo casos muy extremos como el “es de madrugada y voy a tirar la basura” o el “soy un ente asocial y las voces me dicen que así estoy estupendo/a”. Pero vamos a dejar lo obvio (que aunque vayamos a comprar el pan procuramos no espantar a nuestros conciudadanos con nuestro aspecto) y centrémonos en lo que da título a esta entrada, que de Vida Práctica En Sociedad siempre hay tiempo para hablar.

Los escritores, como cualquier otro ser que vive del público (y los escritores viven del público, al menos los que tienen suertecilla :P), se preocupan de la imagen que dan, como los músicos, los actores, los modelos, los políticos, los periodistas “estrella” (sigh) y los príncipes del pueblo varios que pululan por el “ello” mediático.

Cada uno, como es obvio, busca la imagen que quiere dar y procura atenerse a ello: habitualmente, los modelos (y los actores) intentan dar la imagen más bella que pueden, porque en gran medida es de la estética de lo que viven y es estética lo que venden (en el caso de los actores esto podría matizarse un poquito, pero sigue siendo cierto que viven de su imagen). ¿Los músicos? Muchos de ellos, también. Algunos se van al otro extremo y procuran dar una imagen “feísta”, que no deja de ser crearse una imagen a juego con lo que quieren expresar. Otros intentan ofrecer una imagen descuidada, casi hasta “sucilla”, pero estamos ante lo mismo: se crean una imagen, y es la imagen que dan al público. Los protagonistas del “mercadeo televisivo”, también. Esto no deja de ser un reflejo de esa frase que no recuerdo en qué peli ni quién decía pero que no deja de ser absolutamente cierta: “Vístete para el trabajo que quieres”. ¿Quieres ser modelo, actor/actriz? Vístete de marca, conviértete en un fashion victim, da la imagen de ser el rey o la reina del glamour. ¿Quieres ser cantante, o músico en todas sus variantes? Elige un estilo musical, y créate una imagen acorde con él. ¿Quieres ser político? Pon cara de buena gente (igual alguien se la cree y todo). ¿Quieres ser Belén Esteban…? Hmmm eso es más complicado, pero si lo estudiamos seguro que se puede hacer algo al respecto.

¿Quieres ser escritor…?

Vale, tiempo muerto. Hemos dicho miles y miles de veces que para ser escritor lo primero y lo más importante es escribir (obvio), escribir bien (evidente), escribir con corrección (lógico), escribir con imaginación, siendo fiel a uno mismo, derramando en las páginas lo que uno tiene dentro, etc etc etc (sobre esto hemos hablado y volveremos a hablar, no os preocupéis). De acuerdo. Tomemos como premisa que ya hacemos todo eso, ¿eh? Escribimos, escribimos bien, con corrección, nuestras historias son nuestras (jeje) y han llamado la atención de algún editor y zasca, nos encontramos con que de repente nos hemos convertido en gente cuya foto sale en el google O_O maemía, y yo con estos pelos.

Sí, bien, es cierto que nuestra carta de presentación es lo que escribimos. Pero cuando uno se enfrenta al público, lo primero que el público ve es a nosotros, no a nuestros libros (al menos, no por dentro; de portadas y demás horrores trataremos en otra ocasión). ¿Y qué hace un escritor ante esa tesitura? Pues lo que haría cualquiera: peinarse.

Ahora bien, en el caso de los escritores esto es un poco distinto de otros colectivos cuya imagen se convierte en “imagen pública”. ¿Por qué? Pues porque los escritores, como los pensadores, los filósofos, los “ideólogos”, viven de un trabajo INTELECTUAL, con lo cual no importa si tienen un buen culo o no. O no debería importar. Sí, bueno, claro, a todo el mundo le mola pensar “y encima tengo un buen culo”, pero nadie vende libros dependiendo de la calidad de sus nalgas. O no debería. Al fin y al cabo, hay personas (machos y hembras) que tienen un trasero de infarto y no saben enhebrar dos pensamientos juntos. Y quien dice culete dice tripita, caderas, pecho/s, careto, patas y demás partes del cuerpo humano.

Vale, partiendo de la base de que todo el mundo quiere salir guapo en la afoto (salvo los que van de feos, al párrafo sobre algunos músicos/actores me remito), veamos a qué problemática se enfrentan los escritores y cómo la solventan, con mayor o menor acierto.

Se trata de salir guapo (lo que la naturaleza permita, claro), pero de intentar no darle importancia a la hermosura. Difícil, ¿eh? Sí, bueno, es que todavía hay gente que piensa que la belleza física (y más si se refiere a la mujer) es un obstáculo para el desarrollo del intelecto (valiente sandez, jatetú). Del mismo modo que un buen culo no garantiza una inteligencia superior, tampoco garantiza lo contrario. Vaya, que se puede ser majete/majeta físicamente y pensar, coña, pero parece que eso aún no está asimilado por “la generalidad” (véanse todos los chistes sobre rubias tontas, por poner sólo un ejemplo. Oh, por cierto, yo soy de las de “inteligencia artificial”: una rubia teñida de morena. Aunque de eso hace poco, así que vaya usté a saber si las novelas que escribí cuando todavía tenía el pelito dorado no serán una ful xD xD xD).

Bien, pues partiendo de la base de que un escritor no suele intentar acentuar esa belleza física aunque cuente con ella (y aunque sí que intente salir guapo en las fotos, como decíamos antes; contradicciones te da la vida), la cosa se pone bastante chunga. ¿Qué imagen doy? ¿Cómo lo hago para no salir hecho/a un congrio (que todos tenemos nuestra pequeña dosis de orgullo), pero al mismo tiempo demostrando que lo que me importa no es ser mono/a sino ser listo/a? La solución: intentando dar una imagen de “intelectualidad”. ¿Y eso cómo se hace…?

Fijaos en las fotos que hay repartidas por todo este engendro que no me atrevo a denominar “artículo” ni “reportaje” ni “columna” ni nada que dé una idea medianamente seria y/o informativa, periodística o similar: todos ellos son escritores, y todos tienen un renombre. No se limitan a un género, ni a un estilo: son heterogeneos, hombres y mujeres que sólo tienen en común su amor por la literatura y que, por suerte para ellos, se ganan la vida escribiendo. ¿De verdad no les veis nada más en común…?

Síp, es esa imagen de “tengo dentro de la cabeza cosas que vosotros no creeríais…”. Como es evidente, una foto no va a mostrarnos los recovecos y circunvoluciones de sus hemisferios cerebrales, salvo que fuera una foto clasificada e incorporada a un archivo forense (lo cual haría bastante difícil que la actividad cerebral del sujeto en cuestión se pudiera clasificar como “fuera de lo común”, excepto en el caso de que la hubiera, lo cual nos situaría ante un caso claro de zombiedad o zombieción o zombieísmo). Como la foto de los sujetos en cuestión se hace “desde fuera” y no nos enseña “lo de dentro”, esa imagen de “tengo cosas en la cabeza…” ha de darse de otros modos. Y si encima tenemos que preocuparnos de salir medianamente agraciados/as, la cosa se convierte en un arte.

Hasta aquí, probablemente estaréis pensando “Qué cojones me está contando esta tía”. Bueno, yo me estoy preguntando lo mismo xD xD. La idea, resumiendo, es que un escritor intentará dar una imagen de “vale, no estoy mal —o sí—, pero jatetú lo interesante que soy”. Como en una foto no podemos demostrar lo lissstos que somos, se trata de aparentarlo (y bueno, algunos es que no son listos, pero de ello hablaremos en otra ocasión). Y para aparentar ser lisssto, eso de poner cara de concentración intelectual tiene su riesgo, porque puede ser que sobreactuemos y acabemos dando imagen de anuncio de yogur favorecedor del tracto intestinal.

Así que vamos a ver qué podemos hacer para crearnos esa “pose” de escritor, la que dice “soy físicamente majo/a —o un poco menos—, pero lo que importa es que tengo cosas en la cabeza que vosotros no creeríais…” Para empezar, cómo nos preparamos para ponernos delante de la cámara. Si tenemos en cuenta lo que decíamos antes de que está comúnmente aceptado que una belleza física impactante NO vende novelas (again, qué chorrada, ni que estar rico/a influyera en nuestras sinapsis neuronales), no es recomendable vestirse como si se fuera a recoger un Oscar y/o a la boda de tu futuro rey (la corbata y el traje de chaqueta son muy útiles para encontrar curro en un bufete, pero no para decirle al mundo “tengo mucha vida interior así que tengo superada la vida exterior, ergo no me pliego a los convencionalismos sociales”; del mismo modo, para las mujeres, no es recomendable llevar un minivestido que del escote a la falda ocupe medio metro, por muy de puta madre que nos quede: estamos vendiendo capacidad craneal, no talla de sujetador).

También está socialmente aceptado que los escritores no son muy de polo Lacoste/Blueberry, pantalón de pinzas, collarcito de perlas (salvo que vaya una de “femme fatale” y se plante una ristra de ocho vueltas, aunque eso ya es pa nota), diadema y demás elementos comunes a ciertas capas sociales, del mismo modo que el chándal purpurínico, las deportivas con lucecitas/cámara de aire/plataforma, los microtops y tal tampoco son excesivamente recomendables. Vístete para el trabajo que quieres, ¿recordáis…? Casi mejor una camisa de las de “fondo de armario” (entiéndase como tal esa prenda que sirve para todas las ocasiones dependiendo de con qué se combine) y pantalones o falda del mismo sitio. Algo que no llame mucho la atención ni pa un lado ni pal otro: neutro, que ya tendremos tiempo para liarla parda con los complementos.

De ellos hablamos. Puesto que queremos dar una imagen de “intelectualidad”, vamos a ponernos esas convenciones sociales por montera y a crearnos una imagen de “soy tan imaginativo que fíjate lo que me pongo”. Como podéis observar, el bastón es un complemento muy en boga entre los escritores (vaya usted a saber qué conexión neuronal habrá establecido que tener problemas para caminar equivale a escribir bien, pero son muchos los que usan el bastón, preferiblemente con puño de plata, para crearse esa imagen). Usar gafas es bastante conveniente a la hora de obtener una “pose” competitiva; yo estoy por comprarme unas sin graduar, no os digo más. El fular, tan en boga en otro tiempo, hay que llevarlo con cierta gracia para que nos ayude a esa imagen, pero está también aceptado que ponerse un pañuelo al cuello en vez de la anteriormente mencionada corbata demuestra independencia social y, por tanto, superioridad mental :P. Para las nenas, poca joya, o mejor aún ninguna. Para los nenes, cero abalorios, salvo que queráis crearos una imagen de “escritor excéntrico”. Esto puede ser muy positivo dependiendo del género que practiquéis, y si no, asomaos a las fotos una vez más ;)

Para seguir, hablemos de los ojos, que como buen espejo del alma que son deberían reflejar toda esa vida interior que hace que nuestras novelas sea, así a priori, completamente recomendables. Se puede elegir entre mirar a cámara con los ojos repletitos de “tengo taaanto que contarte” (no es fácil; se puede ensayar en el espejo, pero hacerlo mirando a un objetivo es mucho más chungo, dónde va a parar. Algunos recomiendan desenfocar la mirada y pensar en pajaritos, pero si se usa ese método se suele salir con cara de sobredosis de sustancia psicotrópica, así que es preferible utilizar otro) o mirar al infinito con cara de “mi mente no para en tierra ni para repostar” (ésta es más sencilla, pero también se corre el riesgo de aparentar llevar un “viaje” más que regular, así que cuidadito). Si no, siempre se puede hacer el truco del almendruco: se cala uno unas gafas de sol para no deslumbrar al respetable con el brillo de su inteligencia superior, y santas Pascuas.

El gesto también es importante. La sonrisa siempre es un gesto aceptable (excepto si vais de ranciacos, que también puede ser, cada uno va de lo que quiere). Si no queréis ir de simpáticos o de amables, o simplemente no os veis favorecidos sonriendo, podéis optar por lo del viaje astral que decíamos antes: no es imprescindible sonreír para decir “qué mente tengo”, sólo para decir “soy simpaticote”. Todo depende de la cercanía/lejanía que queráis transmitir. ¿Queréis ser cercanos, de ésos de “Joé, lo bien que escribe y lo majo y lo normal que es!!!”? Pues a sonreír se ha dicho. ¿Queréis ser más bien de ésos de “Es un genio y está por encima de todos nosotros”? Mejor no sonriáis. (Nota adicional: si lo que os pasa es que tenéis los piños descolocados, descascarillados, despavoridos o sujetos con brackets, también se puede sonreír sin enseñarlos. O enseñarlos y dar imagen de “me la pela en si bemol”, cada uno lo que prefiera).

Y las manos, no nos olvidemos de las manos. Poner cara de inteligencia suprema está muy bien, pero hay que enseñar manos. ¿Por qué? Pues porque escribimos con ellas (al menos, el 99% de nosotros), así que está bien eso de relacionar “mente” y “manos” para que la conclusión sea “ponemos la mente en las manos y éstas transmiten nuestras ideas inteligentísimas a nuestros escritos, que en consecuencia son la rehostia”. No es aconsejable hacerle un gesto obsceno a la cámara, salvo que queramos ir de “bruscos” por la vida. Lo mejor es enseñar las manitas de forma inocua, cual si fueran inofensivas pero, al mismo tiempo, omnipresentes. O cual si fueran inteligentes por sí mismas. Si a la inteligencia de la mirada y del gesto le añadimos la inteligencia de las manos, nos sale una inteligencia inteligentísima, oiga.

Una cosa muy curiosa es el tema del tabaco. Pasándose la corrección política por el arco del triunfo (y también los consejos de las autoridades sanitarias), muchos eligen complementar esa “pose” con un cigarrillo encendido. Bueno, antaño eso lo hacían los actores para demostrar que eran el colmo del glamú, pero eso se acabó cuando fumar dejó de ser “lo más in” para pasar a ser “lo más peor”. Sin embargo, muchos escritores siguen fumando ante las cámaras… No está demostrado que el tabaco nos vuelva más lissssstos (de hecho, y lo dice una fumadora, hay que ser tonto para fumar), pero ahí está el cigarrillo: como símbolo de rebelión, quizá, o de libertad social, tal vez, o simplemente porque el humo queda que te cagas en una foto bien hecha. Eso sí, no es recomendable que empecéis a fumar si no lo hacéis ya: hay otras formas de encontrar ese puntito intelectual sin joderse los pulmones. Y si salís fumando en una afoto, aseguraos de que sea evidente que NO estáis en un sitio donde está prohibido (básicamente todos, excepto vuestra casa y la puta calle). Que ir de rebelde por la vida puede molar, pero una denuncia y un multazo molan menos :P

Vamos, que en definitiva sólo hay que tener en cuenta una cosa: para tener una buena “pose” de escritor hay que intentar parecer listo, inteligente, imaginativo y, a ser posible, no salir como un orco de feo (más que nada para no horrorizar al respetable). Luego ya cada uno que se busque la imagen que más le apetezca (sobria, malota, rebelde, excéntrica, pasota, elegante…) y actúe en consecuencia. Eso sí, cuidado: si os hacéis muy famosos, no se os ocurra salir a comprar la fruta a la desavillé. Que no hay nada que arruine más una imagen que otra imagen.

PD. Esta entrada está escrita sin ningún tipo de intención hiriente-atacante, y referida a “la generalidad”. No nos pongamos susceptibles, que no se refiere a nadie en concreto. Y además, por si alguien lo dudaba, está escrita bastante bastante de cachondeo ;)

PD2. Por supuesto, las fotos que ilustran esta entrada tienen trampa. Es decir, he ido buscando las que más me encajaban, en un método de muestreo que habría hecho que cualquier encuestador profesional se llevase las manos a la cabeza de puro horror. No iba a poner imágenes en las que estos mismos u otros escritores demostrasen que son seres humanos normales y naturales como la vida misma… que lo son, o al menos eso creo xD pero la pose de las fotos ES la pose de las fotos y de ella hablaba, así que hala, pose. Zasca.

Títulos de crédito (useasé, “han posado” para esta entrada): Mafalda, Jorge Luis Borges, J.R.R. Tolkien, Stephanie Meyer, George R.R. Martin, Ana Mª Matute, Ursula K. LeGuin, Gioconda Belli, Isabel San Sebastián, Martin Amis, Joanne K. Rowling, Andrzej Sapkowski, Isabel Allende, Julia Navarro, Zoe Valdés, Marjane Satrapi, Antonio Gala, Robert Jordan, Ray Loriga, Carmen Martín-Gaite, Arturo Pérez-Reverte y Terry Pratchett =)

22 comentarios:

  1. Divina!!!

    Eso sí, se te ha olvidado comentar lo de las fotos con la mano apoyada en la barbilla. El día que alguien quiera hacerme una foto con la mano apoyada en la barbilla, dimito.

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  2. Ajajaja yo tengo unas cuantas... Tienen una cosa buena: disimulan el cuello xD xD xD xD (y son superintelectualesosea, yo cuando me veo siempre digo "fíjate que chavala más lista" jajajajajaja)

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  3. Uuuu madre mía cuánto fumador suelto, a este paso nos quedamos sin escritores. En mi caso, para salir natural y siendo yo misma, tendría que hacerme la foto con un botellín de Cruzcampo XD

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  4. No, no, Laura, no lo has pillao xD no se trata de salir natural ni siendo tú misma, se trata de adoptar "la pose" :P :P :P

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  5. 1)Guapaaa!!

    2)Lo que me he reído xDDD. Yo muchas veces me he entretenido mirando las fotos de los escritores en la solapa de los libros, "la pose" suele ser bastante curiosa xD.

    3)Un día de estos (o así xD) publicaré un libro (o así xD), y sé que mi pose incluirá mirada de viaje psicotrópico (y así parece que soy hasta interesante xD), más que nada porque lo raro es que no salga en una foto con mirada de viaje psicotrópico xD.

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  6. En este siglo tuentiuán tan divertido que compartimos la cosa de la imagen se va de madre, me parece. Estoy de acuerdo en que, a día de hoy, cultivar una imagen más o menos peculiar es un punto más en el desarrollo de una carrera literaria. Me llama la atención James Ellroy, que ha pasado de parecer un recluso de un campo de concentración a parecer uno de los guardias.
    El mismo A.Pérez Reverte se aplicó el cuento, cambiando su anterior aspecto (parecía Juan Manuel de Prada anoréxico) por una imagen de melancólico lobo de mar.
    No se hasta que punto el "éxito" influye en todo esto. El saber que de repente eres conocido (realmente lo es tu obra, pero bueno...) quizá fuerce a la posturita y la pose. El otro día vi a Espido Freire (de la que no he leído nada jamás) y resulta que está buena y todo. O será como iba vestida... o que se comportaba como si lo estuviera. Ni idea. El caso es que si me la hubiese cruzado en otros tiempos, es probable que hubiese ido al tanteo, a ver que pasa. Pero ni en entonces ni ahora me llama leer nada de lo que ha escrito.
    Ale, podéis llamarme machista cuando gusteis :P

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  7. Jajajaja. Menos mal que no suelo comprar los libros por la foto de los autores. Si por eso fuera, no compraría ni la mitad. La mayoría dan una sensación de "soy sublime porque escribo" que tumba. Me ha encantado la entrada.

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  8. Alaaaa Ninotchka fumas??? Se me ha caído un ídolo o una ídola (por aquello de la ministra inculta y la miembra) XD

    Pues en la afoto de tu Öiyya debo decir, que lo primero que pensé al verla fue, me recuerda a Mimosín ese osito de peluche tan tierno y esponjoso...daban ganas de abrazarse al libro y llorar, XDXDXD

    En el próximo pon mejor la afoto de macarra esta que nos has puesto, que así quedas más escritora super-intelectual-profunda-macarra-y-chachi-guay XDXD

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  9. Qué le voy a hacer, algún vicio tenía que tener xD xD xD prometo cambiarlo por el sexo en cuanto se me presente la ocasión, si eso, ¿vale? xD

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  10. Fumas, ahora me dices que quieres ser ninfómana, madre míiiia eres un nexo de perversión XD

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  11. No, no, la ninfomanía es una enfermedad. Yo lo que querría es cambiar un vicio por otro xD xD xD xD

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  12. La Martirio Emo, en plena Feria de Abril. XD XD XD

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  13. xD xD cómo que emo, con lo feliz que es una xD xD xD

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  14. Te falta un piercing en los morros, un tatuaje tribal asomando por el cuello, y si lo acompañas con un bastón con la empuñadura en forma de calavera, ya ni te cuento...

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  15. Eeeeeh, bastón tengo... bueno, algo parecido xD xD xD

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  16. Lo del bastón a mí me suena a patriarca gitano. XD

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  17. XDXD Paaaaaaaaayo comprame un liiiibro, como ha degenerado esto ya XDXD

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  18. Un poco xD bueno, así en confianza y que no salga de aquí xD xD xD, el bastón que tengo en la foto en realidad es la espada de Issi, un regalo que me hicieron el año pasado y que guardo como si fuera mi hija menor xD xD

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  19. Ni... no puedes usar abstones. Pratchett es el único que puede usarlos con calidad (eso y los patos en la cabeza). Por cierto, JK da miedo con tanta capa y esa cara avinagrada O_O. XA-LFDM

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  20. Pobre Antonio Gala, qué te habrá hecho para que le digas eso xD xD xD Y ya digo que lo mío no es un bastón, es una espada jajajajajaja

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  21. Sigue ganando pratchett, tiene una espada con meteorito... y, seamos sinceros, pratchett le patea el culo a gala cuando quiera y sin als dos piernas XD. Xa-LFDM

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  22. Bueno, lo que pasa es que yo aka hablaba de la pose de los escritores, no de si me gustan más o menos sus libros =) si de eso se tratase, creo que Pratchett y Martin tendrían una lucha épica en mi blog jajajajajaja.

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