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sábado, 19 de febrero de 2011

A ver, sinónimos de "El Horror"...

Ya, ya sé que hace eones que no actualizo. No ha sido por desidia ni por pereza ni por "perrysmo": es que he estado (todavía estoy) ocupada no, lo siguiente. Y me preguntaréis qué me está manteniendo tan entretenida como para no poder asomarme un rato a decir hola... Bueno, pues supongo que os gustará saber que ese "algo" no es otra cosa que la segunda novela de Ridia.

¿Pero no la tenías ya escrita desde hace tres años?, diréis. Pues sí. Escrita, releída, comentada, comparada, e incluso continuada (también tengo redactado el primer borrador de la tercera, así que imaginaos). Pero si hay algo de lo que los escritores y los editores somos conscientes es de que no somos capaces de dar por finalizada una obra. Yo en este caso estoy haciendo algo que creo que es absolutamente necesario, si lo que quiero es tenerme un poco de respeto a mí misma y al incauto lector que vaya a echarle la zarpa encima cuando (y si) la publique: corregirla.

Es un proceso que muchos me dicen que me podía haber ahorrado. ¿Por qué? Bueno, pues porque tengo la inmensísima suerte de escribir sin faltas ortográficas ni gramaticales ya desde el primer borrador (salvo mi tan madrileño laísmo, un estigma del que espero poder librarme algún día). Sí, la novela estaba correctamente escrita desde el principio, demos gracias a los dioses. Pero el hecho de que algo esté correcto no significa que esté perfecto. Y por eso llevo varias semanas dándole vueltas al texto, tanto que ya me lo he leído dos veces y voy por la tercera relectura (me la voy a aprender de memoria, y eso que son más de 200.000 palabras), buscando repeticiones, expresiones que no queden todo lo bien que deberían, y los malditos y malvados zarpazos (aaah, los zarpazos, nadie está libre de ellos. Y lo peor es que NO SE VEN: para descubrir un zarpazo tienes que estar con los cinco sentidos en el texto, tener un momento de lucidez, ganar la lotería y que tus ojos caigan sobre él en un instante de concentración suma, y aun así nadie te garantiza que tu cerebro vaya a procesar ese "apoyó la cabeza el su pecho" y a advertirte de que esa ele debería ser una ene, porque si algo tiene el cerebro es que procesa lo que le da la gana y lee no lo que está escrito sino lo que DEBERÍA estar escrito). Y usando el buscador del word para descubrir cuántas veces he repetido algún verbo o sustantivo o adjetivo y si se repite muy cerquita del anterior. Y empleando a fondo mi disco duro para encontrar sinónimos que encajen para evitar esas repeticiones. Y hay palabras que tienen muchos sinónimos (gracias a los dioses, todos los verbos de habla y los que se emplean como tales tienen varias posibilidades), pero hay otras que son, sencillamente, EL HORROR: ¿de dónde saco yo un sinónimo válido de "sonrisa" para que un tipo o tipa no sonría cinco veces en la misma página? ¿Y por qué demonios tengo que crear personajes tan expresivos, por Chulu bendito, que se pasan el día sonriendo, arqueando la ceja, riendo, llorando, gruñendo, suspirando, susurrando, murmurando, encogiendo los hombros y haciendo muecas?

En fin, que por muy correcto que esté un texto, anda que no hay cositas que corregir para que quede perfecto. Y nunca queda perfecto, no os engañéis: aun después de aquella primera relectura que hice hace tres años, y de las dos que acabo de hacer, y de las lecturas que han hecho varias personas en busca de cosas mejorables, aún sigo encontrando cosas corregibles, zarpazos, rimas no buscadas (oh, sí, ayer me encontré un "las orillas adoquinadas relucían empapadas" que habré leído veinte veces y nunca había procesado de verdad)... :P

Al final van a tener razón los editores cuando te dicen que se acabó y te quitan el manuscrito para que no sigas dándole vueltas. Si por nosotros fuera, creo que no daríamos carpetazo a una novela jamás de los jamases.

3 comentarios:

  1. :-D Entiendo tu horror, a mí me pasa lo mismo.

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  2. Pues ojalá todos los escritores mimaran tanto lo que hacen y sobre todo respetaran tanto al lector como tu, Nin.

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  3. En gran problema es que, cuando llevas unos cuantos días dedicada a la corrección, pierdes un poco la perspectiva. ¿No os ha pasado que os habéis encontrado con una composición que habitualmente no os da ningun problema, y de repente habéis dudado? Recuerdo un "tenía demasiadas cosas en qué pensar" que, repentinamente, me hizo dudar acerca de la tilde de "qué". Y me volví loca durante media hora, hasta que opté por compartir mi duda con gente que no tuviera el cerebro hecho migas. Ahora lo pienso y no tengo ninguna duda, pero cuando lees y relees y le das vueltas a una frase acabas no sabiendo ni lo que estás diciendo de verdad :P

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