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sábado, 16 de octubre de 2010

Crisis por tos laos...

Siempre me ha molestado, como un picorcillo ahí en la parte de atrás del cerebro, ver cómo muchos lectores cargan a machete contra sus autores favoritos por un quítame aquí esas continuaciones. Si un escritor logra hacerse con el fandom gracias a las primeras entregas de una serie o saga, cuando se acaban las alabanzas y loas a su obra comienza una serie casi inacabable de críticas, más o menos sutiles, más o menos insultantes, más o menos amenazadoras dirigidas hacia su persona, debidas a que el escritor en cuestión no termina la siguiente entrega de la saga o serie en cuestión con la celeridad que el fan medio exige. En estos momentos el máximo exponente de "blanco móvil para críticas encarnizadas de lectores de fantasía" es George R.R. Martin, a quien le está costando finalizar la quinta entrega de su Canción de Hielo y Fuego tantos años que como se descuide se van a empezar a contar por décadas. Y eso, obviamente, ha provocado una marea de rezongos, insultos, críticas, exabruptos y demás pataleos que ha adquirido las proporciones de tsunami y que en breve requerirá de las manos expertas de los nenes de Next Limit y una banda sonora de Hans Zimmer para ser representado, al ritmo que va creciendo. Sin embargo, aparte de Martin hay muchos que se han ganado el pescozón del público por su tardanza en continuar la historia que han empezado, cual si la historia fuera del público y el autor un criminal que la mantuviera secuestrada a punta de pistola, arriesgándose a que la historia en cuestión acabe con un síndrome de Estocolmo de agárrate y no te menees: Patrick Rothfuss, Brandon Sanderson, R. Scott Bakker, Javier Negrete, el traductor de Sapkowski (que entra en este ranking por derecho propio)... allá donde hay una saga, allá hay una turba de lectores enfurecidos exigiendo rapidez y calidad al autor de marras, enojándose si el escritor demuestra tener una vida aparte de la literatura y soltando improperios a cual más colorido e imaginativo conforme el calendario va dejando caer las hojas en un otoño inacabable.

Digo todo esto porque yo misma me he mordido las uñas esperando la continuación de unas cuantas sagas. Canción es sólo un ejemplo: recuerdo cómo pataleaba con cada entrega de Harry Potter, cómo me quedé de estupefacta cuando Robert Jordan murió sin terminar La Rueda del Tiempo, lo malísimamente mal que me cayó el anteriormente citado traductor cuando siguió demorando la última entrega de Geralt de Rivia, y aún hoy sigo desazonada aguardando la siguiente novela de El Emperador-Aspecto, Tramórea, etc. Peeeeeero una cosa es querer seguir leyendo, y otra pensar que el autor te ha traicionado, se ha vendido, te está tomando el pelo o actúa por simple malevolencia cuando no te pone en las manos el siguiente volúmen cuando tú así lo deseas. Igual es que siempre pienso lo mejor de los demás, pero estaba convencida de que, si alguien no terminaba una novela, era por algo. Bien porque tenía otro proyecto, bien porque se había tomado un descanso, bien simplemente porque no podía.

Ahora estoy convencida de que esto último es mucho más frecuente de lo que cualquiera puede pensar. Hace siete meses que no escribo prácticamente nada, y lo poquito que escribo lo hago con un enorme esfuerzo y muy poquita calidad literaria. Sí, estoy bloqueada. Puede ser porque, como dicen algunos, me exijo mucho a mí misma (aunque no lo creo, puesto que lo que me cuesta es escribir en sí, no ver lo que escribo como algo bueno; es el hecho de escribir lo que se me hace una tarea hercúlea), puede ser porque estoy pasando una racha de trabajo absolutamente inhumana (de lunes a domingo, mañanas y tardes), puede ser porque se me ha juntado la publicación de la novela con el verano y con esa racha de currele apocalíptico. Puede ser porque estoy cansada, o simplemente porque sí, porque me ha venido un bloqueo y hasta que no se destape el corcho que si quieres arroz, Catalina. El caso es que no puedo escribir. Y cuanto más me presiono a mí misma, peor: no sólo no escribo, sino que encima me siento culpable por no hacerlo.

Mi planteamiento, pues, es el siguiente: si yo, pobre de mí, puedo bloquearme, ¿no puede también bloquearse gente como Martin, Rothfuss, Bakker, Negrete? Y si se bloquean, ¿no será infinitamente peor que tengan a una turba enfurecida de fans armados con horcas y antorchas golpeando su puerta para exigir que escriban, que escriban y que escriban? Desde luego, sé que si yo la tuviera mi mente haría "chac" y no podría ni encender el ordenador, mucho menos acabar una obra de la envergadura de "Dance with dragons", por seguir con el ejemplo más sangrante.

Escribir no es como montar un coche. No vale decir "me siento a trabajar y me sale, y si tengo que sentarme doce horas me siento": si no sale, no sale. No basta con apretar el tornillo, con juntar el sujeto y el predicado. Y si un escritor no ha terminado una novela, por mucho que sus fans golpeen su puerta no la va a acabar antes. De hecho, es posible que la acabe después. O que no llegue a acabarla.

Paciencia, pues. A ningún escritor le gusta dejar una obra inacabada, y a ninguno le gusta verse en la imposibilidad de escribir. Ya llegará, y cuando llegue, mejor que sea algo escrito con ganas, ilusión e inspiración. Que luego nos cuelan un truño redactado con un Cuaderno Rubio y nos quejamos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Dos Hermanas y muchos hermanos, parte II

El segundo de los libritos con los que me vine de Dos Hermanas (aparte de Sopa de Sapos, que merecerá entrada aparte y cariñosa -más, quiero decir- por aquello de que entre los perpetradores se cuenta una servidora) está publicado por el Grupo AJEC y recibe el curioso título de 10 billetes para el fin del mundo. Una antología del Círculo de Escritores Errantes que, lejos de ser una peli de catástrofes (o diez, en este caso) llevada a la literatura, está compuesta por diez relatos que llaman poderosamente la atención por tener cada uno de ellos algo que los diferencia de los demás y, desde luego, de otros relatos y novelas de tintes similares que se han escrito hasta ahora. No se trata de una antología de "diferentes modos de ver el fin del mundo": se trata de distintos Apocalipsis llevados a una antología. ¿Que cuál es la diferencia? Haceos con el libro y la veréis ;) por lo que yo llevo leído y hojeado, merece muchísimo la pena.



Diez travesías, un destino.

En una estación imposible, más allá del espacio y el tiempo, los miembros del Círculo de Escritores Errantes te esperan para que subas con ellos al tren del fin del mundo, para que les acompañes hasta la última de todas las paradas.

Nadie sabe si ha sido la fatalidad, la ciencia, la misma Tierra cansada de nosotros o nuestra inconsciente mano quien ha precipitado los acontecimientos, pero el momento ha llegado. Aprieta los dientes, agarra con fuerza tu billete y arrepiéntete de todas tus faltas pues, una vez en marcha, este tren sólo se detendrá al final de su trayecto: el fin del mundo.




Los diez relatos en cuestión son:

Eirene, de Ernesto Fernández
KO la felicidad, de Daniel Pérez Navarro
Wolframio Syndrome, de David Valero Barjola
Fallo crítico de sistema, de Alex Godmir
Por un mundo mejor, de Miguel Puente Molins
Cadena alimenticia, de Juan Ángel Laguna
El viaje de la mente, de Agustín Luzárraga
5 minutos para la media noche, de José Ramón Vázquez
Las horas muertas, de Miguel Cisneros Perales
Sustracción de variables, de Manuel Mije

martes, 5 de octubre de 2010

Dos Hermanas y muchos hermanos

Este fin de semana he tenido la inmensa suerte de compartir conversación, silla, copas y muchas risas con varios de los escritores que, creo, conforman el futuro de mis géneros favoritos en este país. Contrariamente a lo que dice el arquetipo, el escritor medio español ni es introspectivo, ni es asocial tirando a sociópata, ni es raro (al menos no más de lo normal), ni es un ser solitario que se esconde en las letras por miedo a vivir: estos chavales y chavalas, entre los que quiero contarme (por supuesto), son gente encantadora, divertida, agradable, risueña y con un puntito pícaro que ya querrían muchos protagonistas de best-sellers que se me vienen a la mente en este momento y que no voy a mentar por aquello de que a la bicha, todo eso.

En el Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas (cita a la que no me da la gana de volver a faltar, si todos los años son como éste) ha habido de todo. Ya iré desgranando algunas de las cosillas que he visto por ahí (algunas, no todas, que una todavía tiene una -mala- imagen que mantener y todas esas cosas), pero para empezar me gustaría hablar de literatura. De literatura de la buena. Que al fin y al cabo es de lo que han ido las jornadas, claro.

Durante el fin de semana asistí a varias presentaciones de libros, de los cuales dos me llamaron mucho la atención, no sólo porque conozco de "vista" a los autores (a algunos de ellos, gracias a Dos Hermanas, también los conozco de vista e incluso de otros sentidos), sino también porque son de un género olvidado por las editoriales y que, visto lo que he visto en los últimos años, no debería ser despreciado en absoluto: el relato.

Son dos antologías recientemente publicadas y que evidentemente ahora están en mis manos, que cuando me llama la atención un libro TENGO que comprarlo. De una de ellas hablaré en cuanto la abra; de la segunda, ahora mismo. Se trata de Tenebrae, del colectivo Sevilla Escribe, una antología de relatos de género fosco (¿que qué es el fosco? Preguntádselo a Manuel Mije que lo explica muy bien). Ya le he echado un ojo por encima y me ha dado una impresión fantabulosa, así que os dejo la sinopsis y un booktrailer que han colgado en su blog para que lo anotéis en vuestra lista de "imprescindibles" de este otoño =)




El ser humano lleva contando cuentos de miedo desde siempre, quizás sea ese, el miedo, el único sentimiento inherente a toda cultura.

Pero como todo, el miedo tiene mil caras. Tenebrae explora esas caras con ocho relatos de temas dispares, pero que siempre, siempre, tratan el miedo, el terror, lo fosco y tenebroso.

Desde el humor negro de la mejor cocina vanguardista caníbal, hasta los delirios de un artista que aún cree vivir en el siglo XIX.

Todo eso y más es Tenebrae, la antología de relatos foscos de Sevilla Escribe que tienes entre las manos, la que miraste de soslayo al pasar junto a la estantería, presintiendo que no se escribió para espíritus temerosos.

Son ocho relatos, ocho piezas de ese género que algunos decidieron llamar Fosco, una invitación para que, al menos por esta noche, no sueñes con los angelitos...


Los relatos son:

"El viejo de plata" de Miguel Cisneros Perales
"Bocado de Dioses" de Francisco Jesús Franco Díaz
"El Insomne" de Ángel Vela
"La huida" de Manuel Mije
"La ganga" de Juande Dios Garduño
"Absenta" Juan Díaz Olmedo
"El cazador de tigres" de Ernesto Fernández
"El noctívago demacrado" de Alejandro Castroguer.