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domingo, 12 de septiembre de 2010

Cada uno en lo suyo

Hace muchos años, cuando yo todavía era una niña pequeñita que buscaba por dónde sacar toda esa tontería que tenía dentro y probaba con varias expresiones artísticas diferentes (la música, la pintura, la literatura -que ya entonces era, de lejos, lo que más me gustaba-), recuerdo haber sentido una curiosa mezcla de envidia y orgullo fraterno al ver cómo toda mi familia y adyacentes admiraban a mi hermano. Entendedme bien: yo era niña, después adolescente, buscaba una forma de encajar y tenía dos hermanos mayores, una chavala más maja que las pesetas (de entonces) a la que físicamente me parecía tanto como para que algunos nos tomasen por gemelas, pero que siempre iba más guapa que yo (tenía cinco años más, eso es un handicap) y tocaba la guitarra mejor que yo y sacaba mejores notas que yo y sabía más que yo y era, en definitiva, más que yo, y un hermano mayor, físicamente muy diferente de mí, pero que me llevaba cuatro años de ventaja y cientos de kilos de arte de ventaja: llevaba más años tocando el violín y lo tocaba mejor que yo, llevaba más años pintando y pintaba mejor que yo, y por supuesto tenía cuatro años más que yo por lo que escribía mejor que yo (la diferencia entre 10 y 14 años, en eso, se nota).

Para una niña que busca su identidad y la aceptación del entorno, eso es duro, aunque no lo parezca a priori. Intenté ser música, intenté pintar, dibujar, estudiar, lo intenté todo, y mis hermanos seguían superándome, con lo que acumulé un nivel de frustración solo comparable al que me producía verme "apartada" del común de los mortales (primero en el cole, después en la universidad) por no llegar a encajar jamás en el "grupo". Sin embargo, seguí buscando eso que consiguiera apartarme de lo que mi familia y adyacentes consideraban "mera imitación" de lo que mis hermanos mayores hacían: al fin y al cabo, cada vez que conseguía algo (pintar un cuadro, dominar la parte rápida del Canon de Pachelbel, llevar a buen puerto el coro de los domingos baajo mi -implacable- dirección, dibujar un monigote con cierta gracia, sacar un sobre en lengua española o en literatura contemporánea...) conseguía una sonrisa y un "muy bien, Nini", y nada más, porque mis hermanos ya lo habían hecho antes y lo habían hecho mejor. O quizá no lo habían hecho mejor, pero como hacía ya cuatro o cinco años de aquello y ahora se habían superado a sí mismos, pues daba esa impresión.

¿Que por qué os cuento todo esto? Bueno, pues porque aunque parezca la afirmación de una niña tonta y malcriada, lo cierto es que aquello me provocó una acumulación de frustración que me acompañó hasta hace bien poquito. Me salí del camino de mis hermanos cuando estudié periodismo, pero ni siquiera el día que logré ponerme delante de un micro y cantar un informativo supuso una mejora, porque mi familia no me escuchó, ni los adyacentes (es lo que tiene irse a vivir a otra comunidad autónoma). Así que durante cerca de media década seguí acumulando frustraciones, mejorando cada día en un trabajo en el que mis hermanos no habrían destacado (fundamentalmente porque ninguno de los dos es periodista), y escuchando a cambio el consabido "¿Te han nombrado directora de un programa? Muy bien, Nini: pues tu hermano/a fíjate que ha conseguido blablabla". Normal, porque sus logros sí que estaban al alcance de mi familia y adyacentes, mientras que los míos eran una especie de leyenda urbana. "Sí, se dice que Nini es muy buena en la radio, tiene una voz preciosa, hace unos programas entretenidísimos, qué bien cuenta la información". Pero SE DICE: ante eso, la familia y los adyacentes no pueden sino contestar: "Muy bien, Nini. ¿Habéis visto el último cuadro de Kiko?"

Esa frustración continuó en gran medida cuando yo por fin logré encontrar lo que podía, tal vez, distinguirme: la literatura. Yo escribía, pero mi familia tampoco lo veía. Será porque no gustan de la literatura fantástica, o será porque yo sueño y ellos se encargan de ponerme los pies en la tierra (supongo que ése es el cometido de la familia, no dejar que te lances a la piscina así como así). Salvo mi padre, que desde el primer momento me pidió que le enviase todo lo que escribía y que se encargó de hacerme saber, con su habitual laconismo, que TENÍA que seguir, el resto era algo así como "Muy bien, Nini; pero recuerda que tienes que trabajar/salir/pasear/no pasarte todo el fin de semana delante del ordenador PERDIENDO EL TIEMPO". ¿Consecuencia? Más frustración acumulada, cuando mi familia y adyacentes ni siquiera eran capaces de leer una página de lo que había escrito, sino que se dedicaban a pensar que bien podría emplear mi tiempo libre en otra cosa.

¿Que a qué viene todo esto? Bueno, viene a que cuando Ediciones B me hizo "la llamada" esa frustración, mágicamente, desapareció. Viene a que por fin, POR FIN, había encontrado ese algo que podía convertirme en algo más que una copia pobre del acervo genético de mis dos brillantes hermanos. Viene a que por fin, después de treinta y tres años de frustración, Nini consiguió hacer algo que su familia y adyacentes no pudieran comentar con un "Muy bien, Nini, PERO...". Y viene a que por fin, y pese a todo, mi frustración no me obliga a aborrecer cordialmente a mis hermanitos ni me hace sentirme, como siempre, un paso por debajo de ellos.

Mi hermana es mejor discutidora que yo, mejor esposa que yo, mejor madre que yo, y tiene dos hijos que son una obra de arte. Mi hermano pinta mejor que yo, dibuja mejor que yo, hace mejores fotografías que yo y cocina mejor que yo. Y yo... supongo que yo escribo mejor que ellos dos (lo del micrófono lo dejaremos porque hasta que no vuelva a Madrid supongo que no cuenta). Cada uno a lo suyo, y bien felices. Y así, sin frustraciones de por medio, me encanta ver que mi hermano se desarrolla como artista y que poco a poco va consiguiendo lo que ya hace años era su sueño. ¿Que suena un poco egoísta y malcriado, eso de "y me pide consejo porque yo he publicado antes que él"? Nadie dijo que la mente humana tuviera que ser racional. Eh... bueno, igual sí lo dijo alguien, pero no tenía razón XD XD XD. Las frustraciones que arrastras de pequeño no son racionales, y mi reacción ante todo esto, aunque irracional, es la que es. O quizá sea porque el hecho de vivir lejos de la familia y adyacentes incrementó mi frustración hasta convertirla en un dolorcillo constante a la altura de la boca del estómago. No sé. EL caso es que ahora cada uno de los tres tiene su campo, ninguno es "más mejor que el otro", y yo he encontrado un sitio en el grupo "familia y adyacentes" fuera del subgrupo "gente simpática que se va de juerga hasta el amanecer y vuelve ebria como un orco". Ahora ya no soy "la prima/sobrina/hija/hermana que vive lejos, dice que habla por un micro y cuando viene se va de juerga", sino "Nini, que por fin ha conseguido publicar un libro, ¿te has enterado? Uy, sí, me lo estoy leyendo, ¡quién nos iba a decir que escribía así! ¿De dónde ha sacado esta niña ese arte con las palabras?"

Qué, suena mal, ¿verdad? Pues claro. Incluso a mí misma me suena fatal, y supongo que por eso me lo he estado callando los últimos treinta años. Pero una vez que te deshaces de tus frustraciones, las cosas parecen bien distintas. Y por eso ahora, en vez de frustrada porque "él lo consigue y yo sigo aquí luchando por obtener un 'Muy bien, Nini'", me siento muuy orgullosa de mi hermanito mayor, que también ha conseguido superar un par de tropezones que el mundo le ha puesto delante y poco a poco va rompiendo esa crisálida de mediocridad con la que la sociedad nos envuelve a todos menos a unos poquitos suertudos. Y estoy convencida de que dentro de muy poquito mi hermano ya no será "Kiko es un pedazo de artista" sólo en mi familia y adyacentes, sino en todo el mundo. Porque él lo vale, y porque lo es, qué coño.



Y yo... y yo tendré que pensar, con una sonrisa, que aunque haya tardado décadas en conseguir que mi familia pase del "Muy bien, Nini, pero..." al "Qué barbaridad, quién nos lo iba a decir", más allá de la familia y adyacentes sí hubo gente que creyó en mí antes de toda esta historia. Y cuando veo ese corto de mi hermano ya no pienso "Cagontó, qué bueno es, y yo aquí intentando demostrar... ¿qué?" sino más bien "Qué bueno es en su campo. ¿Debería escribirle un guioncito...?" Y ahora, además, no sólo voy por ahí sintiéndome orgullosa de ser su hermanita, sino que él también va por ahí diciendo que es mi hermano. Como he dicho, cada uno en lo suyo. Por fin.

sábado, 11 de septiembre de 2010

New York, New York...

Mal día, un 11 de septiembre, para actualizar el blog. Más que nada porque por mucho que lo intentes la mente siempre se te acaba yendo nueve (¿ya?) años atrás, a aquel once de septiuembre de 2001, cuando el mundo cambió. Quizá no tanto como todos creímos en ese momento, pero las cosas no han vuelto a ser como eran antes.

Así que, dejando a un lado cualquier cuestión política, religiosa o cultural, simplemente vamos a recordasr a todos aquellos que han muerto, bien ese día, bien un once de marzo, bien un siete de julio, bien cualquier otro día del calendario y en cualquier lugar del planeta, simplemente porque el ser humano es lo suficientemente idiota como para no darse cuenta de que el odio es lo peor que ha inventado el hombre.