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martes, 3 de marzo de 2009

Miedo a la oscuridad

De pequeña tenía miedo a la oscuridad. Creía que, cuando la luz se apagaba, aparecían los monstruos... No sé si pensaba que se materializaban de la nada, o si creía más bien que salían de su escondite al amparo de la penumbra, aprovechando que yo no podía verlos, y se acercaban a mí por detrás para atacarme cuando más indefensa estuviera... Ciega, sola, muerta de miedo.

Hoy he comprendido que los monstruos no aparecen de la nada: siempre están ahí, aunque tú no los veas, aunque estén escondidos en el armario o debajo de tu cama, esperando a que apagues la luz para atacarte. Es posible que sea yo el objetivo de sus ataques, o que sólo "me hayan pillado en medio" cuando se dirigían a atacar a otro, pero me han herido, y sangro, y duele. Me atacan donde más daño pueden hacerme: con mis palabras, que son las que utilizo para trabajar, para vivir. Me han herido utilizando mi nombre. Me han herido utilizando lo que soy, quién soy.

Sí, soy quien dices que soy. Sí, soy periodista. Ahí has acertado, Juanjo, o Teo, o como quiera que te llames. Lo demás, y tú lo sabes, es falso. Ni estoy usando mi profesión para atacar a Minotauro, ni he acusado a la editorial de estafa, ni, por supuesto, pienso pisar un tribunal, a menos que tú me obligues a ello. No tengo en contra de Minotauro nada más que la decepción de no haber logrado ganar un premio. Y no, Juanjo, o Teo, o como quiera que te llames, asshai.com no está tampoco orquestando ninguna rebelión contra Minotauro. El Premio Teseo no ha sido organizado por asshai.com, ni está pensado para acusar a la editorial de nada. La única polémica es la que tú mismo has querido crear, a saber con qué intenciones.

Mientes, y haces daño, y hieres, y no sabemos muy bien con qué motivo, pero te puedo asegurar que, sea el que sea, te has retratado a ti mismo estupendamente. Atacas, y lo haces al amparo de la oscuridad, escudándote en el anonimato sin importarte si dejas a la luz de la lámpara a personas que jamás te han tocado ni un pelo. Y desde aquí sólo se me ocurre decir que eres un cobarde. Con todas las letras.

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