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viernes, 20 de marzo de 2009

Azrael

Todavía adormilado, levantó la cabeza y movió las orejas, sorprendido, cuando Blanca abrió la pared-de-madera-que-se-mueve con tanto ímpetu que la hoja se estrelló contra el muro, salió como un vendaval del cuarto-donde-no-debo-entrar y echó a correr por el cuarto-alargado-que-sirve-para-correr-por-él, quitándose la camiseta llena de agujeros que utilizaba para dormir.
—¡Mierda, mierda, mierda, mierda! —Blanca había empezado a brincar a la pata coja mientras se despojaba del pantalón de color rosa chillón. Azrael cerró los párpados, bostezó silenciosamente y extendió las patas delanteras. Echó los cuartos traseros hacia atrás y arqueó el lomo, estirando todo su cuerpo anquilosado por las horas de sueño que había pasado aovillado; sacudió la cabeza, parpadeó, dio un paso para bajar de la cosa-blandita-donde-duermo, y empezó a andar con dignidad, mirando con una leve expresión de curiosidad las idas y venidas de Blanca, que trataba en esos momentos de levantarse del suelo, donde había acabado tirada en su prisa por desembarazarse del estrecho pantalón de un pijama que hacía años que debería haber jubilado—. Mierda. Mierda, mierda, mierda —repitió, pataleando en el aire para quitarse de encima el amoroso pantalón de felpa. Azrael volvió a agitar las orejas y observó cómo la joven se ponía en pie de un salto, accionaba el mando-que-hace-salir-agua y se lavaba la cara con tanta prisa que acabó salpicando todo cuanto la rodeaba. Bufó cuando una gota golpeó su nariz, esquivó la segunda y decidió que era un buen momento para huir al cuarto-donde-Blanca-se-sienta-a-mirar-esa-caja-negra-con-personas-dentro; allí al menos no corría peligro de que las malditas gotas de agua le obligasen a hinchar su cuerpo hasta adquirir el tamaño de una pelota de playa. Trotó hacia allí, muy erguido, sin disimular su aire ofendido, y clavó las alargadas pupilas en el sitio-donde-hay-cosas-y-sirve-para-subirse-y-tirar-las-cosas.
Sus labios poco acostumbrados a sonreír esbozaron una sonrisa.
Enfoca. Sus pupilas se ensancharon mientras se fijaban en un punto concreto. Bajó los cuartos traseros, tensó los músculos. Salta. Un fuerte empujón, y Azrael voló por los aires y se posó sin un sonido metro y medio más arriba.
Dio media vuelta y miró hacia abajo. Desde allí, la habitación se veía mucho mejor que desde sus habituales treinta centímetros de altura. Una estancia amplia, llena de objetos fascinantes que Blanca no le dejaba ni oler y que Azrael pasaba todo el día olisqueando.
Los más fascinantes estaban precisamente en el sitio-donde-hay-cosas-y-sirve-para-subirse-y-tirar-las-cosas, justo donde Azrael acababa de aterrizar. Su atención se centró en el pequeño gatito que guardaba cierta horrible semejanza con él. Lo tocó con la pata. El gatito no protestó. Probó a empujarlo: el gatito no se defendió. Un empujoncito, otro. El gatito saltó al vacío y se estrelló mucho más abajo, en el suelo, donde se hizo añicos.
—¡Mierda!—chilló Blanca. Debajo de donde Azrael oteaba el horizonte, la cosa-que-hace-ruido-y-que-a-veces-Blanca-usa-para-hablar-sola emitió un ruidito agudo—. ¡Mierda, mierda, mierda, mierda!
Entró gritando y se abalanzó sobre la cosa-que-hace-ruido-y-que-a-veces-Blanca-usa-para-hablar-sola, sin dejar de chillar. Azrael torció la cabeza y echó las orejas hacia atrás al ver la curiosa fluctuación del aire encima de la cabeza de Blanca. Pese a la intensa luminosidad que penetraba por la ventana, sus pupilas se dilataron. Peligro.
Los músculos de sus ancas se tensaron, preparados para volver a saltar. El aire se quedó inmóvil; Azrael recorrió una vez más el cuarto-donde-Blanca-se-sienta-a-mirar-esa-caja-negra-con-personas-dentro con los ojos, rígido, ignorando los muebles, buscando...
—"Ola wapa :D t sperams a ls 12 n l campus d Qmik, btllon cn ls d 4º!! ;)". ¿¡Está loca!? ¿Cree que me puedo ir de botellón un miércoles, así, indiscriminadamente? ¿A las doce? ¿Y qué hora es...? —añadió, asustada, buscando con los ojos la cosa-redonda-que-Blanca-mira-cuando-pregunta-qué-hora-es—. ¡¿Las once?! ¡Mierda, mierda, mierdaaaa! ¡Y tú, baja de la estantería, bicho de mierda! —gritó, alzando un dedo amenazador en dirección a Azrael. Él le devolvió una mirada ultrajada, se lo pensó un par de minutos y finalmente saltó, cayendo grácilmente sobre el rascador-donde-a-veces-Blanca-se-sienta-a-mirar-esa-caja-negra-con-personas-dentro.
En ese mismo instante la cosa-que-hace-ruido-y-que-a-veces-Blanca-usa-para-hablar-sola empezó a sonar, un ruido estridente que le erizó los pelos del lomo. Blanca soltó una maldición que satisfizo incluso a Azrael, que llevaba años desconfiando de su capacidad para maldecir. Curiosamente, fue justo entonces cuando sus ojos se posaron sobre la nueva fluctuación del aire, que esta vez se abombaba al lado de la caja-negra-con-personas-dentro.
—Hiiiiiiiiijaaaaaaa... —sonó una voz quejumbrosa.
—Hola, mamá. ¿Cómo estás?
—Bieeen, hija, bieeeeeeeeen... Aunque —la voz cambió para hacerse francamente acusadora— no es que te importe mucho, ¿verdad? Para lo que llamas...
—Mamá...
—...desde luego, cría cuervos y te sacarán los ojos...
—Pero...
—...tanto colegio de pago para que luego me salgas así...
Azrael bajó al suelo y se acercó lentamente al círculo irisado que se había formado en el aire transparente. Lo olisqueó, mientras el aire seguía agitándose ante su nariz. Sus orejas se sacudieron violentamente. Ya. Suspiró. Habéis tardado en volver a intentarlo...
—Mamá, ya sabes que aquí no tengo teléfono fijo...
—Ya, como si quedase algún sitio sin teléfono en el planeta... ¿Dónde estás? ¿En una comuna hippie? ¿Eres drogadicta? ¿Estás embarazada? ¿¡Te han echado de la facultad?!
Azrael se plantó delante del círculo de aire coloreado, que se fue aclarando paulatinamente. De repente, el aire quedó liso como una cosa-donde-Blanca-se-mira. Una cosa-donde-Blanca-se-mira que reflejase un mundo completamente distinto. Azrael miró fijamente al demonio que lo observaba desde el otro lado.
—Lo sabía, si es que lo sabía, ya sabía yo que tenía que pasar algo así...
—Mamá...
—Si ya se lo decía yo a tu padre, qué hace esta chica sola por ahí, perdida, que es una perdida...
—Pero mamá...
—...que se cree que todo el monte es orgasmo, digo orégano...
—¡Mamá! ¡Tengo diecinueve años!
—...precisamente por eso, qué hace una chica de tu edad soltera y entera, pero claro, en lugar de ir a buscar un marido decente te vas por ahí de juerga, y a saber cómo vas a acabar...
Tu bruja no está preparada, se mofó el demonio, alargando una zarpa para traspasar el acceso. Azrael clavó las uñas en la mano peluda del demonio, que chilló de dolor y de sorpresa.
¿Quién te ha dicho que mi bruja sea la única que vigila?, respondió.
—...tú lo que tienes que hacer es venirte a casa con tus padres, que dónde vas a estar mejor que con nosotros...
—Mamá, cállate sólo un min...
—¡No me digas que me calle! Ahora mismo te coges el primer avión, tren, autobús, coche o patera que salga para aquí, que en cuanto llegues te vas a enterar de lo que vale un...
—TUIT-TUIT-TUIT-TUIT...
Largo, advirtió Azrael, amenazante.
Pequeño Guardián, rugió el demonio, apártate, no sea que te haga daño.
Azrael movió una oreja en un gesto burlón. Le dio la espalda al demonio y aprovechó que Blanca pasaba a su lado para frotar la cabeza contra su pierna. Mimosmimosmimos...
—Maldito bicho —murmuró ella, agachándose para cogerlo. Lo apretó contra su pecho—. Qué suerte, ¿eh? Tener que preocuparse sólo por tener lleno el cuenco de la comida...
Y Azrael, el Guardián del Inframundo, puso los ojos en blanco, empujando con la pata trasera al demonio. Éste soltó un alarido desgarrador y, cayendo hacia atrás, atravesó de nuevo el acceso dimensional. Azrael ronroneó, abrazado a su todavía inexperta brujita, que le acarició suavemente entre las orejas.

3 comentarios:

  1. Muy divertido; me ha encantado el giro final y el dialogo con la rancia de la madre.

    pd . Me alegro de que vuelcas a escribir

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  2. Me encanta el gato, se llama como el de los pitufos pero podía llamarse Smaug porque es igual que la mía.
    Aunque no sé si la mía espanta memonios. :S
    Me ha encantado: costumbrista y fantástico al mismo tiempo.

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  3. Hola. Soy juanillo el escritor del rap en Sedice. Tu blog está muy bien, enhorabuena. Un saludo.

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