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viernes, 13 de febrero de 2009

Nanuk

Suspiró, desalentado, antes de desatar la bolsa de piel de foca que colgaba de su cinturón.
Y pensar que había entrado simplemente para hurgarse un poco más en la herida, como el que juega a tocarse con la lengua una muela cariada para ver si duele...
La cajera lo miró enarcando una ceja.
—¿Se acaba de comprar una casa, o algo? —preguntó, conteniendo a duras penas la sonrisa que pugnaba por asomar a sus labios. Nanuk siguió la dirección de su mirada y posó los ojos en los tres carritos repletos de cajas de cartón de todas las formas imaginables. Se encogió de hombros.
—Resulta que la estantería Ivar va a encajar perfectamente en mi iglú —explicó innecesariamente—. Cuando Ivar se entere le va a dar un ataque de asma. Nunca le ha gustado su nombre, pero de ahí a tener nombre de estantería... —Hizo una mueca; la capucha ribeteada de piel cayó sobre sus ojos. La echó hacia atrás con un manotazo—. Y me ha gustado mucho la mesa Mammut. No sé si me explico —sonrió.
—Perfectamente. —La cajera le devolvió la sonrisa, pero la suya estaba preñada de burla. A Nanuk no le importó.
—No sabía que hubiera muebles redondos —continuó, descargando sobre la cinta transportadora una enorme caja que pesaba como un trineo familiar—. Si lo hubiera sabido antes, hace años que habría... ¿Cómo lo dicen ustedes? ¿"Redecorado mi vida"? Por cierto, ¿tienen ese felpudo? —rió sin pizca de hilaridad.
—¿No lo sabía? ¿Y entonces a qué ha venido? —inquirió la cajera, buscando el código de barras de la caja.
Nanuk no contestó. Siguió descargando caja a caja, sonriendo para sí al leer de nuevo las etiquetas que las identificaban, la verdadera razón por la que había comprado aquellos muebles, y no la forma de su iglú: Godmorgon, Malm, Hemnes... ¿qué dirían al leer sus nombres en cajas de embalaje? Aneboda, la esposa de Godmorgon, convertida en un armario... Bueno, el tamaño ya lo tenía antes, pero si Aneboda tenía o no puertas que se abrían y cerraban era algo que sólo Godmorgon sabría, probablemente. Se estremeció de horror. Hensvik, una balda que traía a su mente la imagen del hijo de Malm... Leksvik, el mejor amigo de Hensvik... y Billy. Como el hijo de Ivar se hacía llamar desde que se había aficionado a los westerns.
—Podemos llevárselo a casa, si lo prefiere —dijo la cajera, repentinamente solícita. Nanuk la miró, sabiendo que lo que la joven buscaba era obtener una excusa para volver a burlarse. Se la ofreció con gusto.
—No creo que Groenlandia entre en su ruta de reparto.
—Somos una empresa sueca —replicó la cajera.
—Groenlandia queda más arriba. —Nanuk desvió la mirada cuando la risa desapareció de los ojos de la muchacha. No, sigue burlándote. ¿No ves que estoy comprobando si duele? ¿No quieres ser la lengua que hurga en la muela cariada? Pues sigue hurgando.
La cajera cerró la boca y siguió pasando las cajas por el aparatito que hacía "píííí". Si se sorprendió cuando él pagó con su tarjeta de crédito, no hizo ningún comentario. Nanuk la miró, decepcionado, pero ella no levantó la mirada. Volvió a susìrar antes de encaminarse a las enormes puertas acristaladas.
—¿Sabe...? —comentó Nanuk de pronto, volviéndose a medias para mirarla—. Mi esposa se llamaba Ikea.
Ella sonrió una última vez. —¿Se "llamaba"? —preguntó—. ¿La mataron los osos, o algo?
—Los hombres —respondió simplemente Nanuk—. La confundieron con una foca.
La risa efervescente de la cajera se clavó en su pecho, y Nanuk descubrió, sorprendido, que la muela cariada, en realidad, no le dolía.

5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Pos eso, una chorrada que se me ocurrió un día leyendo el catálogo de Ikea. Y sí, Kiko, Nanuk el Esquimal me recuerda muuuuucho a nuestra infancia XD XD XD

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  3. Donde está "una tacita de arroz (III Parte)"?
    BAstante ingenioso la historia de nanuk.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. en realidad nanuk no es nanuk, sino nanook, y ya es mayorcito, aunque
    ¿sabrá él solito montar los muebles?

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