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lunes, 26 de enero de 2009

Una tacita de arroz (II parte)

Sagrario, la del primero derecha, era una visión de pesadilla cuando salía a la calle arreglá pero informal, o sea, a diario, con su chándal del Bazar Taiwán de la esquina y sus zapatos de leopardo. Pero esa noche Laura tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no echarse a chillar nada más verla. Había torturado su cabello ralo, teñido de un chillón color rosa, retorciéndolo alrededor de unos rulos sujetos con unas horquillas de aspecto letal y exceso de plomo en la aleación —probablemente, pues nada más podría haberle provocado ese brillo satánico en los ojos enrojecidos—. Se había envuelto la cabeza, con rulos y todo, en una redecilla del mismo color rosa que su pelo, rematada con un lazo que la hacía parecer una Minnie Mouse enorme y con papada. Aunque las orejas de Sagrario eran desproporcionadas incluso para la compañera del ratón Mickey. La bata era indescriptible.

Afortunadamente, Maruja sólo quería la presencia de Laura para "darle oficialidad al asunto" y, lo más probable, para que se comiera los marrones que a ella se le atragantasen; fue Maruja quien se encargó de explicarle el asunto a Sagrario, fue Maruja quien encabezó el paseo hacia la mucho más amplia cocina de Sagrario, con sus tapetitos de macramé estratégicamente repartidos, su luz mortecina y su palpable olor a repollo. Y fue Maruja quien insistió a Paco para que volviera a mirar cuando éste diagnosticó que la tubería de Sagrario, como la de Laura, estaba en perfecto estado.

—Señora —replicó éste con expresión ofendida—, si le digo que la rotura no está en esta casa, es que no está en esta casa.

—¡Pero ella también usa detergente de limón! —chilló Maruja, desesperada, dando una patada al suelo con sus zapatillas de felpa amarilla. Paco la miró de tal forma que Laura oyó claramente el snikt de sus garras al extenderse.

—Esta semana hay una oferta de tres por uno en el súper —comentó Sagrario, remetiéndose los rizos huidos en la redecilla. Maruja la miró con los ojillos entrecerrados, miró a Laura, volvió a mirar a Sagrario y dio una segunda patada al suelo con la sufrida zapatilla derecha, que se le salió (o, más probablemente, huyó despendolada ante tamaña crueldad) y se escondió debajo de la silla más cercana, acurrucada y temblando de terror desde la suela hasta la horrenda florecilla fucsia bordada.

—La loca de las cartas —gruñó al fin, y Laura notó cómo su atención se desplegaba desde sus entrañas, como el terrorífico poder de una reina del vudú, expandiéndose y atravesando las paredes de la casa de Sagrario para palpar con sus dedos incorpóreos la puerta del piso inferior, la planta baja, o, como la llamaban en el edificio, “El Oráculo”—. Seguro que ha sido ella. Está tan chiflada que seguro que usa detergente con olor a limón…

—Oye, bonita —se indignó Sagrario. Laura se limitó a sonreír, cansada.

Le tocó, cómo no, encabezar la marcha de vuelta al rellano y hacia las escaleras para seguir bajando y recorriendo los Círculos del Infierno. En un recodo la adelantó su guía espectral, encarnado en la desagradable imagen de Paco. Laura entornó los ojos para no verse obligada a clavarlos en el punto donde los pantalones caídos del mono escupían la camiseta blanca que llevaba debajo. No quería exponerse a ver nada que sus ojos no fueran capaces de soportar sin explotar en sus cuencas.

—¿...la has visto? —oyó que susurraba Sagrario a su espalda—. Una fresca, siempre lo dije, ahí, medio desnuda, de noche...

—¡Estaba en mi casa! —masculló sin molestarse en mirarlas, la rabia haciendo burbujear la sangre en sus venas y provocándole un enervante cosquilleo por todo el cuerpo. Se vio casi obligada a añadir—: ¡Joder!

A su espalda se hizo el silencio. Un silencio tan efímero como la vida de una rana perdida en el patio de un colegio.

—...y va siguiendo a los hombres, lo que yo te decía, Maruja... Si es que es una desvergonzada, como todas, a saber lo que hará ahí en su casa cuando no la veamos...

—Mira que pueden llegar a ser brujas —murmuró Laura, poniendo los ojos en blanco sin dejar de caminar detrás del albañil.

—...seguro que le dice a Paco que se quede después de arreglar el garaje, para que le haga un... trabajito... Ya sabes a qué me refiero —susurró Sagrario, propinándole a Maruja un sonoro codazo de complicidad.

—¡Hostia puta! —aulló Laura parando en seco y girando sobre sus talones para encarar a las dos mujeres, que la miraron con los ojos abiertos y desorbitados como cuatro pelotas de ping-pong con pupila—. ¡Han sido ustedes quienes me han sacado de mi casa, así que hagan el pu... el favor de callarse de una pu... de una vez!

Se callaron, claro. Pero Laura nunca llegó a saber si había sido por su exabrupto o porque acababan de llegar a la puerta del bajo. Del Oráculo.

—Laura Prístina —dijo Senda con su voz suave, haciendo un gesto teatral con los dedos alargados cubiertos de anillos de piedras semipreciosas—. He sentido tu presencia cuando has salido de tu piso...

Laura volvió a gemir para sí. Senda era una especie de chalada que se dedicaba al esoterismo, vendía filtros de amor, echaba las cartas y adivinaba el futuro en los posos del café y en la bola de cristal llena de burbujas posada sobre la mesa camilla que presidía el salón de su abigarrada casa. Llevaba cerca de un año tratando de tomar a Laura bajo su protección, asegurando que su nombre era de buen augurio y estaba repletito de magia desde la "L" hasta la "a", inasequible al desaliento e incapaz de comprender que lo único que quería decir su nombre era que sus padres habían sido unos hijos de perra fanáticos del misticismo.

7 comentarios:

  1. Dios, q caracter la Laurita!!!
    Yo creo que al final si que va a acabar con Paco.

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  2. Mi vecina (mujer del presi de comunidad con cargo vitalicio), es igual que Maruja, seguro que cuando le surge un problema baja a echarte la bronca con ojos llorosos y apestando a anís.

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  3. Jop, y yo que pensé que este era el desenlace, que desilusión, otra vez a esperar XD

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  4. Madre mía, la tal Sagrario es un regalo para la vista sin duda... Mu bien ninurria, me ha gustao. A ver si por fin sabemos de quien es la culpa, que me tienes en un sin vivir.

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  5. A este paso esto va camino de ser un culebron colombiano ,lo digo por el realismo magico que destila el relato.(aqui iria un emoticono descojonandose)

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  6. Juer Lady , cada vez que leo algo tuyo me entran ganas de colgar el teclado y dedicarme a algo como la cría de elefantes en los pirineos.

    Sencillamente brutal, ansiosa espero la continuación

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