Sígueme

Twitter Facebook Pinterest Youtube G+ Tumblr LinkedIn Amazon Goodreads Lektu Podcast Contacto rss

miércoles, 14 de enero de 2009

Día de lluvia

El mundo era gris. Grises las calles, las casas, los árboles, sus brillantes colores cubiertos por una impenetrable pátina de melancolía. Gris el asfalto bajo el cielo blanco sucio, cubierto de nubes. Grises los coches, gris el aire.
Debajo de un parterre desparramado de paraguas grises, hombres y mujeres de rostro gris y expresiones grises caminaban apresuradamente, clavando en ella la mirada sólo un instante, el segundo que empleaban en verla, para después apartarla y adoptar de nuevo el gesto agobiado de quien anda bajo la lluvia intentando no mojarse.
Sus miradas huidizas resbalaban sobre su piel como las gotas de agua que se escurrían desde su pelo empapado. Cuántas veces habría tenido ella el mismo aspecto... La cabeza gacha, hundida entre los hombros; el cuerpo encogido para protegerse del agua, el paraguas como un ancla que lastrase no sólo su mano sino su cuerpo entero, impidiendo que su mente pudiera pensar en algo que no fuera el mango apretado contra su pecho, la escasa protección de la tela tendida sobre las varillas, la lucha a muerte contra el viento que, juguetón, trataba de arrancarlo de su mano entumecida, de doblar el paraguas hacia arriba y convertir su figura encorvada en una imagen grotesca; una Mary Poppins involuntaria cuyo paraguas fuera más apto para recoger el agua que para impedir que ésta le calase hasta los huesos.
No ahora. No pensaba atarse a un paraguas, ni esconderse debajo de una capucha; transformarse, como los demás, en un monje anónimo encorvado, sin rostro. Esclavizada por el qué dirán, por el absurdo intento de no mojarse, tratando de huir de lo inevitable. Los pies igualmente mojados, el cuerpo aterido, la mente rechazando lo que el cuerpo no podía impedir... el agua, omnipresente, riéndose del vano intento de permanecer seca. ¿Por qué luchar...?
Abrió los brazos, alzó el rostro hacia el cielo, cerró los ojos y dejó que las gotitas que el cielo lloraba sobre ella mojasen sus labios y cayeran en el interior de su boca.

4 comentarios:

  1. Pequeño ejercicio de escritura automática que me he marcado mientras esperaba a que me pusieran un (maldito) café... No seáis muy duros, está escrito en cinco minutines ;)

    ResponderEliminar
  2. Pues a mí me gusta. Me he acordado de Momo y los hombres grises.

    ResponderEliminar
  3. ¿5 minutos? Wow, está muy bien, me viene al pelo para mi día gris.

    ResponderEliminar
  4. Me he sentio identificada, ultimamente ha llovido mucho en Madrid, y estaba jasta las narices del paraguas. En realidad si que parece que cuando llueve mides 5 centimetros menos. Mola mazo!!

    ResponderEliminar