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miércoles, 29 de octubre de 2014

Todos somos Martin

Un tema del que tenía yo ganas de comentar un par de cosas hace tiempo, pero siempre se me olvidaba :P Hoy voy a hacerlo, porque en menos de doce horas han conseguido que me salgan dos úlceras (de forma involuntaria, estoy segura/confío/espero/creo/supongo). Veréis, el detonante de mi momento de ARGSFGJGJGLLGGGL han sido dos cadenas de twits:





Que esto no es nuevo, ¿eh? Ya ocurría hace años, en vez de con Martin, con Tolkien (a rey muerto, rey puesto). Pero veréis: ni es justo para Martin ni es justo para los demás autores de fantasía que todo lo que se haga en ese género pase por el rasero de Canción de Hielo y Fuego. No es justo que TODO lo que se escriba de fantasía épica medieval ahora sea "una copia de Canción", como hace años era "una copia de Tolkien". Y no es justo básicamente porque no es verdad.

Veréis: los escritores, como es obvio, también leemos. Y, a la hora de escribir, es evidente que tenemos nuestras influencias, y que lo que hemos leído influye en nuestra forma de escribir de una manera más o menos acusada. Es cierto que cualquier autor de cualquier género tiene una serie de autores que han influido en él y por los que se sigue dejando influir hasta que todas esas influencias conforman un estilo diferenciado propio del autor en cuestión. Lo que no es cierto es que TODA la fantasía épica actual esté influida por Martin, como no toda la fantasía épica del siglo XX estaba influida por Tolkien. Pongamos las cosas en perspectiva: en estos casos concretos que os ponía arriba, esta gente estaba diciendo que mis novelas parecen de Martin porque son medievales y tienen política, sangre, sexo y mapas. El mismo Martin se descojonaría en sol sostenido si alguien se atreviera a decirle que él inventó la fantasía épica, que él inventó las conspiraciones políticas, que él inventó los mapas en las novelas de fantasía, que él inventó eso de cargarse personajes, que él inventó lo de meter sexo en sus novelas y hasta que él inventó la Edad Media. (Por cierto que si muchos autores elegimos el Medievo para ambientar nuestras novelas no es por Martin, ni por Tolkien: es porque las historias épicas/de caballería/de héroes se inventaron en aquella época. Y también porque la Edad Media es la época ideal para hablar de brujos, maldiciones, conjuros y profecías, una época oscura y llena de magia y de monstruitos, dragones y brujas malas. Vale, no los había, pero la gente creía que sí, que es lo importante. Y no, eso tampoco lo inventó Martin. Ni Tolkien. Tolkien, de hecho, se basó en las leyendas y la mitología de la edad media escandinava/germánica, así que tampoco era del todo original. ¿Os sorprende? ¿Por qué?).

Un poco de por favor :P Martin es un escritorazo y se ha convertido en un referente por algo, pero tampoco vayamos a sacar los pies del tiesto pensando que TODO lo que se hace está hecho para imitarlo a él, porque ni es justo ni es cierto. Es como los que comentan que Camelot y Outlander quieren aprovechar el tirón de Juego de Tronos. Eh... ¿hola? ¿La historia del rey Arturo también es un plagio de Canción de Hielo y Fuego, cuando es unos 10 siglos anterior? ¿Una serie basada en una novela de 1991 es una copia de una serie basada en una novela de 1996? Claro que sí. Si me apuráis, hasta Shakespeare, con su manía de matar personajes, era una burda copia de Martin. Que escribiera en el XVI-XVII es un detalle sin importancia.

Lo que quiero decir con este exabrupto no es que Martin tenga menos mérito del que tiene =) creo que los que me conocéis un poco sabéis que soy #muyfan de Canción y del señor de la barba y los tirantes, y que me flipa su saga y el resto de sus novelas. Pero el resto de los escritores de fantasía también tiene su mérito, y no únicamente como imitadores. Y que no es justo que cuando una novela huele a épica medieval ya se tache de "imitación de GoT", ni que cuando un autor mata a un personaje ya se le tache de "imitador de Martin", ni que cuando un autor hace un mapa se le diga que el mapa "es de Poniente". Que ya había mapas, épica, Edad Media, sangre, muerte y sexo antes de Canción, y que seguirá habiéndolos después, vaya ;) simplemente eso.

jueves, 23 de octubre de 2014

Al Cid, que le folle un pez

Quería yo hoy comentar un tema que llevamos varios milenios debatiendo en las redes sociales, y del que, como de casi todos, parecemos tener la solución parcial o total pero ¡oh, cosa extraña!, nadie nos hace caso (sobre todo los que mandan, que son los que deberían hacérselo mirar. Y bueno, también en temas económicos y sociales parece que las cosas “de cajón” no les entran en la cocorota, así que de qué nos extrañamos).

El tema en cuestión es la educación y el dañito que hace a la lectura. Sí, tal cual. Veréis: a juicio de los que nos hemos entretenido en debatir esto (parte interesada, ya os lo voy diciendo, porque el 95% somos escritores), el plan educativo en literatura está perfectamente diseñado para que los chavales no vuelvan a leer un puto libro en su puta vida. Hablo de España, pero no creo que en el resto del “mundo libre” la situación sea mucho mejor. Aunque estoy dispuesta a dejarme sorprender, siempre que sea para bien, gracias =)

O sea, vamos a ver. ¿A qué mente preclara se le ocurrió que la mejor forma de conseguir que la gente ame la lectura es obligar a los chavales de 13-14 años a cascarse el Cantar de Mio Cid en castellano antiguo y El Quijote en versión extendida con sus dos partes y el fanfiction extraoficial? ¿En serio piensan que la amenaza «O te lees y asimilas y entiendes a la perfección La Celestina y El Lazarillo de Tormes de aquí al lunes, o suspendes, pazguato, y calla la boca o te mando al despacho del dire» va a hacer que los muchachetes que llenan las aulas de Secundaria respondan «Genial, profe, a partir de ahora en vez de irme a los futbolines o pasarme las horas muertas trolleando en el LOL, voy a dedicarme a leer, muchas gracias»??? Coño, se me quitan las ganas de leer hasta a mí, que soy el monstruo de las galletas versión libros... Lo raro es que todavía quede alguno que no decida des-aprender a leer para ahorrarse sufrimientos. O sacarse los ojos con una cucharilla, lo que venga antes.

Vamos, que para que un chicochica estudiante de ESO decida no colgar los libros y dedicarse a ver MYHYV en sus ratos de esparcimiento, para que de un adolescente salga un lector, el adolescente en cuestión tiene que “venir leído” de casa: haber aprendido a amar los libros antes de que en el cole le explicasen cómo se abren y qué movimientos musculares hay que hacer para leerlos. Guau, qué mérito el del sistema educativo, ¿eh? Apartar de la lectura a TODOS los chavales excepto a los que ya están tan metidos en el vicio de leer que no los apartas ni con agua caliente. E incluso ésos, lo que sí se consigue en el 80% de los casos (caso arriba, caso abajo) es que decidan no volver a leer en su puta vida ESOS libros. ¿La prueba? Mirad estos dos twits, que son (creo) sintomáticos:




Estos dos chavales son un síntoma de lo que ocurre, y por fortuna son el mejor de los síntomas: el de los poquitos que no deciden mandar a los libros a pescar coquinas por la vía rápida. Uno porque decide seguir leyendo pese a todo (eso sí, seguir leyendo lo que a él/ella le gusta, no lo que el ministro de turno piensa (je) que debe leer), el otro porque supera su fobia a los libros y decide meterle mano a uno que parece que le puede molar. Por desgracia, no es lo más común. No tenéis más que pasaros por las redes sociales y echar un ojo a los mensajes que se intercambian los adolescentes y adultos jóvenes: el que lee casi casi lo oculta, se siente avergonzado de ello, o lo declara con el orgullo de quien declara que su enfermedad degenerativa no le impide hacer vida normal. Y la mayoría hace de su no-lectura una bandera, «Yo no leo», sabiendo que con ese lema va a encajar en el grupo mayoritario y a formar parte del club más amplio y con más seguidores de todo el planeta.

Y luego se asombran de que en España, y en casi todo el mundo, no se lea un pijo. Y se desprecie la literatura, y los libros sean un quéseso (o, en el mejor de los casos, una forma bonita para crear un bolso de moda, que es lo que se lleva ahora, bolsos con forma de libro O_o ¿Y lo de dentro?). Pero es que es normal, joder. Te cogen con 14 años y te zoscan el Mester de Clerecía sin anestesia, y ahí el que no sale corriendo despendolado y jurando en veinte idiomas que no vuelve a leer algo más complejo que la etiqueta del champú es un jodido héroe. Que parece que hagan el programa educativo para que los críos no vuelvan a leer una mierda, coño.

Que no digo yo que no se estudie la historia de la literatura. Hay que estudiarla. Pero eso no sirve para hacer que los chavales aprecien la lectura: sirve para meterles datos en la mollera con un embudo y un pistón de corchopán. Aparte de que muy bueno tiene que ser el profe para que todos esos datos se les queden en el cerebro, pero eso pasa con todas las asignaturas, así que para qué hurgar.

A lo que yo me refiero no es a que no se dé esa materia de historia de la literatura, sino a que no se obligue a esos chavales a leer semejantes bodrios (sí, son bodrios. Tened en cuenta que hablamos de gente muy joven y, generalmente, con poca experiencia lectora: cascarles algo así de complejo y denso es matarles las ganas pa siempre jamás). Que se estudie la asignatura todo lo que se quiera, pero que se impulse a los chicos a leer otras cosas que les puedan gustar. En clase, Cervantes; en casa, Harry Potter. Y quizá los datos y fechas y corrientes literarias no se les queden en la cabeza (total, ahora tampoco se les quedan, así que qué más da), pero seguro que la magia de la lectura convierte a más de uno y más de dos en un lector irredento conforme vaya creciendo y saltando de libro en libro y de género en género. No creo que sea tan descabellado =)

lunes, 13 de octubre de 2014

Se mata poco

Buenas =) Me apetecía hoy comentaros un mensaje/respuesta/cosa que me enviaron ayer en twitter y que me resultó lo bastante curiosa como para detenerse un poco a pensar en ella. No mucho, que tampoco hay que pasarse :P pero sí un poco más de 140 caracteres, por qué no =) El mensaje fue éste:


El caso es que esta respuesta me hizo pensar. Para empezar, en que este ser humano cuya identidad he escondido con tanta habilidad :P (sólo por si no quería que su mensaje saliera aireado con su perfil ahí a lo bestia) es uno de los pocos que no hacen referencia a mi bienamado y nunca bien ponderado George R. R. Martin cuando se habla de matar personajes. Que sí, que Martin mata personajes, eso es innegable :P pero ¡No es el único! ¡Ni es el primero en hacerlo! ¡Ni es el que más mata! Anda que no hay muertes a cascoporro en la historia de la literatura universal, empezando por las tragedias griegas y acabando... bueno, no se acaba nunca. Pero en fin, lo de que cuando dices "voy a matar a un personaje" toda la humanidad en su conjunto se apresure a preguntarte si quieres parecerte a Martin no es más que una anécdota :P El tema da para mucho más que eso.

El tuit me hizo plantearme si es cierto que a algunos escritores (lo del género lo dejaremos a un lado porque es tan anecdótico como lo otro) nos gusta matar a los personajes más queridos de los lectores. Y mucho me temo que la respuesta, en muchas ocasiones, es un contundente .

No me entendáis mal: no lo disfrutamos. Bueno, un poco sí xD pero sólo como uno disfruta una travesura, te echas una risita al pensar en lo que pensará el de enfrente y ya está. En realidad, cuando un lector se enamora de un personaje suele ser porque el autor se ha enamorado antes de ese mismo personaje, y ha conseguido transmitir ese sentimiento al lector. Y, si el autor ama apasionadamente a ese personaje ¿cómo va a disfrutar matándolo? Al menos los que todavía estamos medio cuerdos :P :P Nah: una cosa es que no tengamos miedo de matar, otra bien distinta que lo hagamos por joder al lector o por maldad pura y asalvajada.

No =) en realidad los escritores matamos cuando es necesario. Sí, es evidente que queremos despertar una reacción en el lector (como con todas las escenas que escribimos), pero la muerte de un personaje no es un objetivo en sí mismo: es una forma de hacer avanzar la trama, es necesaria cuando es necesaria, tiene que ser sólo cuando tiene que ser. Y, además, es una cuestión de provocar dos cosas en el lector: por un lado que no se acomode (¿No os ha pasado nunca que habéis dejado de emocionaros al leer un libro porque sabíais que los protagonistas iban a salir de aquélla sí o sí? ¿Que, por muy negras que se les pusieran, SIEMPRE saldrían? Cuando uno deja de temer por el futuro de un personaje, puede ocurrir que le deje de emocionar o de interesar la historia. Y eso es algo de lo que todos los autores huimos :P y cuando el lector sabe que eres capaz de matar a CUALQUIERA, que no te importa que sea el protagonista o el personaje más querido o un secundario que pasaba por allí... entonces no puede acomodarse jamás, #bwahaha y todo eso), y por otro lado queremos provocar una sensación de realismo (sí, los autores de fantasía también). Y, por desgracia, en la vida real la gente muere. Mucho. De hecho, todos :P Así que no es tan extraño que un personaje de una novela muera, sea quien sea. Todo el mundo tiene que morir, y todos los días muere un montón de gente. Así es la vida, no la inventé yo y todo eso.

Así que no, no lo hacemos por maldad ni por dar por saco al pobre y desconsolado lector =) lo hacemos porque tenemos que hacerlo, y lo contrario sería incumplir nuestra obligación como escritores. Eso sí, y ahora hablo sólo por mí, no me tiembla el pulso al matar a ningún personaje PEEERO cuanto más adoro a ese personaje mejor muerte quiero darle: más épica, más dramática, más... digna de recordar. Es mi personaje y lo quiero, ¿no? Lo quiero MUCHO. Así que quiero que tanto su vida como su muerte sean memorables. Y si soltáis una lagrimilla... bueno ;) eso es porque os he hecho sentir, ¿no...?

lunes, 22 de septiembre de 2014

Los puntos sobre las íes

Yo sé que esto no va a servir de nada (o, como mucho, servirá para granjearme unas cuantas hostilidades y conseguirme un par de insultos gratuitos, probablemente aderezados con alguna referencia a mi género), pero tengo que decirlo. Y como tengo que decirlo, pues lo digo, y me quedo más tranquila, y respiro hondo y todos en paz.

Hace ya mucho que tengo pendiente esta entrada, pero la he ido postergando porque no tenía ganas de jarana. Hoy, sin embargo, la voy a escribir. ¿Por qué? Porque hoy es cuando me han dado la última hostia, la que ha rebasado el vaso y ha conseguido lo que no han conseguido ni rumores falsos, ni insultos solapados, ni boicot de hipotéticos compañeros ni reveses editoriales ni mobbing laboral: ha conseguido hacerme llorar. De rabia. Y no me gusta llorar, y tampoco me gusta sentir rabia, de modo que mejor lo suelto todo y así puedo dormir tranquila esta noche.

Veréis: hace cuatro o cinco días publiqué en Amazon una novela corta, parte de un proyecto mucho mayor que es la saga de El Segundo Ocaso. Esta novela corta (no tan corta, son 250 paginitas) está pensada como primer paso de la campaña de promoción de mi próxima novela, y como tal, y por su extensión, decidí ponerla a un precio simbólico: apenas supera el euro. UN EURO. Bien, pues esta novela, cuatro días después, ya está pirateada. Sí, hay un par de foros que ya la tienen para descargar de forma gratuita. Por si alguien no tiene un euro suelto, vaya.

Ahora os voy a contar la realidad, una realidad en la que quizá no habéis pensado porque nadie os la ha querido contar (no es muy halagüeña, y en este país todavía nos movemos mucho en mode voy-a-ponerme-miguitas-en-la-capa para que piensen que como pan todos los días). Esa novela (corta, breve, pocacosa, bah, un euro) me ha costado cuatro meses de trabajo. Cuatro meses. 120 días. Y sus noches. Me he dejado los cuernos para escribirla, para corregirla, para maquetarla y hacerle una portada bonita e incluirle unos mapas chulos y dejarla perfecta para mis lectores, aunque sabía que iba a ganar poquito porque el precio de venta es casi testimonial. Ojo: cuando hablo de 120 días no hablo de "ratos libres que podría estar pasando frente a la tele y en vez de eso los paso frente al ordenador", no: hablo de 8 horas diarias. ¿Qué, que nunca se os había ocurrido que escribir una novela costase tanto esfuerzo? Sí, cuesta. Es un trabajo duro, muy muy duro. Y lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo y muchos momentos de desesperación y pánico y dolores de espalda, de cabeza y de trasero.

Las otras novelas que he escrito y publicado me han costado mucho más, porque son mucho más largas. ¿Cuántos días creéis que le eché, por ejemplo, a El sueño de los muertos? Contando solamente las horas que dediqué al manuscrito original os aseguro que superaron las cinco mil. Añadidle otras muchas de correcciones, revisiones y promoción, y eso que esa novela tiene una editorial que me quitó parte del trabajo. ¿Sabéis qué rendimiento económico me han dado esos tres años? Lo que el portero de mi edificio gana en un mes, aproximadamente. Así, como suena. Y es una novela que ha tenido éxito: ha gustado a los lectores y ha estado varios meses en las listas de los más vendidos del género, ha recibido críticas muy positivas y ha sido propuesta para varios premios literarios.

¿Sabéis lo que no es justo? Que yo esté ahora mismo dedicándole ocho horas diarias a un trabajo así de duro y tenga mi piso embargado, esté viviendo de mis padres con 37 años que tengo mientras les pido dinero para pagar la hipoteca de un piso en el que no puedo vivir, y no tenga dinero ni siquiera para pagar el champú (y no, no exagero). Eso no es justo. Sobre todo cuando esas novelas que tengo publicadas, las cuatro, son novelas que la gente lee y que la gente disfruta, o al menos así lo dicen cuando las comentan. Y es menos justo todavía que ni siquiera se les ocurra pensarlo. Porque estoy convencida de que todos los que suben y descargan mis novelas sin pagarlas (salvo quizá los dos o tres que ganan dinero en sus páginas de descargas ilegales) ni siquiera se plantean ese hecho: que la autora de esas novelas, ahora mismo, tiene la cuenta bancaria en negativo, una hipoteca sin pagar, un piso vacío y un gato cojo al que no puede llevar al veterinario. Y que los libros que tan alegremente se descargan sin pagar le han costado a esa autora meses y años de trabajo duro POR LOS QUE NO ESTÁ VIENDO NI UN EURO.

Más allá de la injusticia de esa situación, y yendo un poquito más allá, yo creo que los que descargan esos libros tampoco han pensado que, si la autora no ve un duro por ellos, evidentemente dejará de escribirlos. Escribir no es un hobbie, escribir no es un pasatiempo: es una profesión, y es dura. Si alguien se cree capaz de aguantar muchos años trabajando 8 horas diarias, 7 días a la semana, y no cobrar por ello, por favor que lo intente. Y más si hay facturas que pagar: en ese caso, el escritor tendrá por fuerza que dejar de ser escritor para aceptar cualquier otro trabajo que le dé un sueldo al mes (y que obviamente no le dejará tiempo ni energías para seguir escribiendo). ¿Conclusión? No se escribirán novelas, y la gente no tendrá novelas nuevas que leer.

No quiero con esto atacar a nadie: como ya os he dicho, estoy convencida de que la mayoría de los que descargan novelas ni siquiera se habían planteado la posibilidad de que con ese pequeñísimo gesto están consiguiendo empujarnos cada día un poquito más hacia la ruina y el abandono de la profesión. Es más, estoy convencida de que la mayoría cree que todos los autores somos ricos y unos snobs, y nos encendemos cigarros con billetes de quinientos mientras reímos malignamente cada vez que denunciamos un link de descarga (cosa que, por cierto, no he hecho: lo de las puertas y el campo me lo sé muy bien). Con este post lo único que me gustaría es daros una perspectiva que quizá no os haya dado nadie nunca. Con cada descarga pirata no estáis jodiendo a los grandes grupos editoriales, ni estáis poniendo un granito de arena para cambiar el mercado editorial, ni estáis protestando por las políticas pseudomafiosas de las editoriales, ni estáis obligando al Gobierno a aceptar la gratuidad de la cultura, ni nada por el estilo (recordad que Robin Hood robaba a los ricos, no a los mendigos): lo único que estáis haciendo es obligar al autor a trabajar como un esclavo sin cobrar. Y eso no hay persona que pueda aguantarlo (ni por ánimo, ni por supervivencia), y los escritores, ante todo, somos personas.

Si con esto consigo que alguien se pare a pensar, aunque sólo sea un minutito, antes de darle click al "magnet link", me daré por satisfecha. Si consigo que alguno comprenda que ese "bah, por un euro no se va a arruinar" es FALSO, entonces todo bien. Y no, un euro no me va a sacar de pobre, pero un link de descarga sí puede empujarme un poco más allá del borde. A mí, y a todos los que, como yo, dedican años y años de trabajo a una novela que luego alguien descarga sin dedicar un solo pensamiento a todo ese trabajo.

jueves, 31 de julio de 2014

No juzguéis y no seréis juzgados

Bonito título, ¿a que sí? =) Sugerente, místico, prometedor, esas cosas. Hacía tiempo que no actualizaba este blog (es que estoy un pelín ocupada, como habréis podido comprobar si os ha dado por visitar mi web oficial en algún momento de las últimas semanas/meses/milenios :P pero sigo viva y cuerda, lo juro). ¿Qué pasa? Que este blog lo uso para cosas que no están estrictamente relacionadas con mi trabajo como escritora, y últimamente no hago otra cosa más que trabajar, trabajar y trabajar =/ de ahí que no tenga mucho que contaros por aquí. Peeeeero hoy vengo porque creo que es justo y necesario envainársela cuando hay que envainársela, y reconocer los errores cuando una comete uno, aunque sea venial :P

Veréis, hoy me ha dado por escribir esta entrada para prometer que no volveré a juzgar una historia (película, serie de tv, libro, comic, lo que sea) por su título y/o por su supuesto target (meaning el público al que se supone que va dirigida). Y, por extensión, que no volveré a prejuzgar una historia. Siempre he procurado no decir si algo es bueno o malo sin haberlo 'catado' antes (y, en el caso de no querer 'catarlo', al menos digo que no tengo los suficientes datos para juzgarlo), pero voy más allá: si alguien me dice que tal cosa es buena, al menos le daré una oportunidad antes de decidir si me va a gustar o no.


¿Que a qué viene esto? Pues a que esta última semana he recibido una lección de las buenas. Sabéis que escribo novelas destinadas a un público 'adulto', y que los libros que leo suelen estar orientados a ese público también (aunque no me niego a leer literatura juvenil, porque en lo que a libros se refiere ya hace mucho tiempo que descubrí que hay joyas maravillosas dedicadas a todos los públicos; este último mes, por ejemplo, me he zampado la trilogía The maze runner y la he disfrutado como una salvaje animal, y me ha parecido estupenda, dicho sea de paso). Pero en lo que a producto audiovisual se refiere soy un poquito más cerrada. Me gustan las pelis y las series de aventuras, pero de aventuras dedicadas a un público adulto. No quiero decir que tengan que tener ultraviolencia ni supersexo ni tacos a cascoporro, sino que siento un rechazo general por todo lo que esté etiquetado como "adolescente". ¿Por qué, si yo misma he reconocido muchas veces que pienso seguir siendo una adolescente hasta que cumpla los 90 (en el caso improbable de que llegue a esa edad)? Pues porque, en general, los productos audiovisuales destinados a ese público son un insulto a la inteligencia de los adolescentes y de todo ser humano con un poquito de neurona en la cabeza =( historias simplonas, actores horriblemente malos, ambientaciones y efectos para pegarse un tiro o veinte, diálogos que llaman al asesinato ritual, clichés, tópicos, y sobre todo la sensación de que, a juicio de los productores y guionistas de según qué engendros, los adolescentes sólo tienen en la cabeza dos cosas: besitos/corazones y ser la reina del baile si son chicas, meterla en la jefa de animadoras y cacaculopedopis si son chicos. Y eso me parece de un simplismo insultante. Así que no suelo ver pelis o series que estén dedicados a ese público, porque como adolescente vocacional que soy (a mis 37 años, sí, qué pasa) me entran ganas de dedicarme a matar gente usando como arma de destrucción masiva una patata afilada.

Y aquí es donde viene el momento en el que yo me la envaino ;) El otro día andaba estresada y muerta de asco por todo el curro que tengo pendiente y el que llevo ya a mis espaldas, y decidí que necesitaba una serie para desintoxicarme por las noches, a esas horas en las que tengo que sujetarme los ojos con celo para que no se me caigan de la cara dando brincos de pánico por todo el tiempo que los he obligado a estar muy pendientes de la pantalla blanquísima del ordenador (blanquísima porque lo que tengo abierto es un documento de word, claro xD). Y no tenía serie que me apeteciera ver. Sí, hay un montón, pero lo que necesitaba era una serie que me relajase y me dejase la mente en blanco, no algo duro, seriote y filosófico que me hiciera pensar todavía más. Y mirando por ahí así al azar me dio un pronto y me dije: "Pues voy a ver ésta, que total fijo que me echo unas risas aunque sea de puro WTF".

La serie en cuestión era Teen Wolf.

Coña, es que lo tenía todo para parecerme lo peor. Para empezar, el título. Teen. Pues empezamos bien. El "adolescente" así en gordo y grande, que ya canta a chorradas de instituto y animadoras de falda corta de aquí a Sri Lanka. Para seguir, el tema: hombres lobo adolescentes. Madre mía madre mía, y el careto inexpresivo del menda-lobo de Crepúsculo apareciéndoseme delante de los ojos como en una de mis peores pesadillas. Para continuar, que la serie es de la MTV. Y la MTV tiene muchas cosas buenas, pero no precisamente las series que suele producir. Vamos, que no sé cómo tuve las narices de cascarme el primer episodio con todas esas pistas que me iban chillando NO TE VA A GUSTAR NO TE VA A GUSTAR VA A SER HORRIBLE NO TE VA A GUSTAR.

No volveré a juzgar una serie por el público potencial, por el título y por lo que yo crea que va a ser.

La serie es estupenda. Vale, quizá no para cincuenta Globos de Oro, pero es estupenda. Ok, quizá no. Quizá sólo sea que no tiene pretensiones y, precisamente por eso, las alcanza xD Muy entretenida, con un ritmo fabuloso, tramas ágiles y bien llevadas, cliffhangers que te obligan a seguir viéndola como si fuera una droga (a ratos alucinógena), muy poquito corazoncito rosa y cero chistecito tonto de cacaculopedopis, acción, chispa, diálogos ingeniosos, unos efectos que quizá sean un poco cutrecillos en sus inicios pero eh, ¿no lo son los de Doctor Who, y adoramos esa serie? Y sobre todo, algo que me dejó patidifusa desde el minuto uno: los actores. O____o ¡Son decentes! Es más, ¡son buenos! ¡Incluso los actores más jóvenes!, iba yo diciendo mientras veía cómo el prota se convierte en hombre lobo allá por el minuto cinco. Caray, seguía yo diciendo, ¡son muy buenos! Y seguir avanzando y darte cuenta de que los actores adultos lo hacen con bastante dignidad, los actores adolescentes lo hacen muy bien, y uno en concreto, que es el amigo-sidekick-camarada del prota, es sencillamente magnífico. Pero magnífico con todas las letras, vaya. No sé si le han dado ya algún premio, pero por todos los dioses que le den cuarenta de mi parte ya mismo, que luego voy y los pago.

Total, cuarenta y ocho capítulos en cinco días que me he merendado así sin empujar con pan. Y me he quedado con unas ganas de que acabe ya la temporada 4 para zampármela entera que no sé si me explico. Y además, como efecto colateral, mi hype por la adaptación cinematográfica de The Maze Runner (trilogía de la que hablaba al principio) se ha incrementado hasta alcanzar la masa crítica, porque resulta que (yo siempre a la última) me he enterado de que el prota de esa peli es justo el chaval que me ha dejado boquiabierta y ojiplática después de pasar de ser el personaje-de-apoyo-del-protagonista a comerse Teen Wolf con patatas, actores jóvenes y adultos y guionistas y cámaras incluidos. Que, curiosidades de la vida, el otro día veía el trailer de esa peli y expresé (ilusa e inocente de mí) mi desconcierto por que las adolescentes de hoy no tuvieran ya dos millones de clubs de fans moja-bragas dedicados al tío ese y sí a otro del que no voy a hablar porque me da un poco de urticaria, y ahora mi punto de vista ha variado considerablemente al comprobar que el tío en cuestión no sólo es monillo sino que encima se desenvuelve delante de una cámara como si esto de petarlo actuando fuera algo que le regalaron por Reyes cuando cumplió los tres años. (Pensamiento así a vuelapluma: si no hay club de fans histéricas de este chaval, ya si eso lo creo yo, ¿eh? Que una es mayorcita pero no insensible xD)

Así que no volveré a juzgar. Noooo volveré a juzgar. Y si os apetece una serie entretenida y divertida y enganchante y emocionante para este verano, en serio, dadle una oportunidad: igual no es Juego de Tronos, pero qué buenísimos ratos me ha hecho pasar la serie de las narices. #MuyFan #MyFeelings =)


lunes, 9 de junio de 2014

Cantando números

Hoy no voy a hablar de libros, ni de pelis basadas en libros, ni de series basadas en libros, ni de nada relacionado con la literatura. Hoy esto va de otra cosa: hoy esto va de daros las gracias. Porque sí, porque sois muy grandes, porque sois lo mejor que me ha pasado en la vida y porque sois los que me dais fuerzas para seguir palante cuando todo va cuesta arriba y los que me hacéis gritar de euforia cuando todo va cuesta abajo.

Hoy he visto cómo los números me hacían un guiño cómplice. Veréis: quizá últimamente me vuelco más en las redes sociales, porque el contacto entre vosotros y esta chavala es mucho más cercano, directo y chulo, pero las cifras en RRSS pueden ser un poco engañosas. Éstas, las de visitas a webs y blogs, engañan menos. Y hoy he comprobado que entre las tres webs/sites que tengo repartidas por el ello internético (este blog, mi web oficial y la página dedicada a mi saga de novelas) he alcanzado ya la mareante cifra de 125.000 visitas.

Ciento. Veinticinco. Mil.

Se dice pronto.

Cuando yo era pequeñaja, los niños de San Ildefonso cantaban esto. Aún no me he acostumbrado a lo corto y breve y cortarrollos que es el "miiiiil eeeeurroooos". Esto quedaba como más... largo :P



Para los que estáis acostumbrados a este rollo, quizá sean pocos. Para mí, son un montón. Es decir, miro y remiro las estadísticas y se me abre la boca de asombro al pensar que ciento veinticinco mil tíos (y tías) han estado pululando por las webs que yo he creado, leyendo las chorradas (y no tan chorradas) que cuelgo para mantenerlas activas. Mirando la info sobre mis libros. Cotilleando la info sobre mí misma y mis circunstancias. Haciendo muecas mientras leen mis idas de pelota relacionadas con la literatura y con el mar y los peces y el turrón de chocolate. Fli-po.

Por eso digo que sois muy grandes =) así que hoy paaaso de los libros y dedico esta entrada a daros las gracias. Gracias a los que os pasáis por aquí (o por mis otras dos webs), sea de forma regular o por accidente. Gracias a los que alguna vez habéis compartido un link. Gracias a los que comentáis y a los que no comentáis. Gracias a los que habéis leído mis novelas y a los que las tenéis en la pila, gracias (gracias gracias gracias) a los que las habéis comprado, y gracias, gracias, gracias, gracias a los que las habéis recomendado. Gracias a los que habéis metido mi nombre en la wikipedia, y gracias a los que lo buscáis en google, y a los que me seguís en cualquier red social o me saludáis por la calle. Gracias =) porque todos sabemos que escribir es algo que se hace a solas, pero para todo lo demás un escritor necesita gente. Y sin esa gente no somos más que bichos raros que se encierran a darle al teclado. Y a mí no me importa ser un bicho raro, pero serlo acompañada es muchísimo más divertido ;)

lunes, 2 de junio de 2014

De series, sagas, standalones y otras cosas del comer

Siguiendo con la saaaana y hermoooosa costumbre recién adquirida (por mí) de resubir (a.k.a. volver a subir, vaya) algunos de los artículos/entradas/cosas de este blog que más éxito han tenido a lo largo de los años (sobre todo porque hace unas semanas noséquién me pidió encarecidamente que lo hiciera por noséqué de la caché de blogger o noséqué, como podéis observar estoy MUY enterada de las últimas novedades en tecnología informática), hoy voy a subir este... esto, que habla de un tema que me interesa (curioso, lo escribí yo misma... :P) y que me abre el camino para dentro de unos días, cuando ¡POR FIN! pueda hablaros de ese tema del que aún no os puedo hablar.


Hace algunos meses, un lector me escribía un mail para comentarme sus impresiones acerca de La Elegida de la Muerte (Öiyya). En ese mail, aparte de decirme muchas cosas bonitas, me hacía una pregunta que acabó iniciando un debate muy satisfactorio entre ambos, y digo satisfactorio porque, entre sus argumentos y los míos, salieron unas cuantas cosas curiosonas acerca de la literatura en general y el género fantástico en particular. La pregunta era: ¿Por qué esa manía con las sagas? Y seguía diciendo que la mayoría de las trilogías, tetralogías, pentalogías y n-logías que se ven por ahí pueden parecer más "literatura de explotación" que obras que responden de verdad a un plan preciso. Comentaba este lector anónimo que entendía que un escritor que ha creado un universo más o menos completo y complejo ambiente en él el grueso de su obra, pero en la mayoría de los casos le parecía que algunos autores estiraban demasiado algo que no daba para tanto…

Y yo le respondía mostrándome completamente de acuerdo con él. Y sí, me gustan las sagas, tanto para leer como para escribir. Pero en ese detalle en concreto, este lector tiene más razón que veinte santos y una canción desesperada. Sí, hay muchas sagas (aunque el término “saga” no esté excesivamente bien empleado en este contexto, ya que en realidad debería referirse a una obra que abarque las vicisitudes de varias generaciones de una familia, no a una historia dividida en varias novelas… pero a estas alturas creo que ya hemos asimilado ese otro significado :P), hay muchas sagas, decía, que dan precisamente esa sensación: la de historias que empiezan con una novela y cuya buena acogida por parte del público hace que el escritor, o el editor, o ambos, decidan estirarla para seguir vendiendo libros. Es algo completamente lícito, pero también es cierto que al lector puede darle la sensación de que le están vendiendo lo que no es, una historia larga y compleja donde sólo hay una dilatación de vicisitudes que en realidad no tienen que ver con la historia original.

Supongo que el tema da para mucho debate... y que depende de lo que el propio autor quiera hacer y cómo se plantee su obra. Por ejemplo: en mi caso, yo escribí "Öiyya" pensando en una novela independiente, y después empecé a plantear una novela distinta (también independiente), El sueño de los muertos (por aquel entonces titulada "Mellizo"), y cuando empecé a desarrollar la historia en mi cabeza me di cuenta de que, para contarla bien, tenía que hacerlo en varios libros. A mí personalmente las sagas me gustan, PERO cuando son una historia completa DE VERDAD, es decir: una historia planteada desde el principio hasta el final, como si fuera una novela íntegra pero más larga. Lo que no me gusta es precisamente lo que comentaba este lector, cuando un escritor alarga de forma innecesaria, o coge su mundo y sus personajes y, después de la primera novela, los mete en más y más fregaos sin sentido por el mero gusto de alargar la historia. Yo sólo me planteé escribir una saga cuando vi que mi historia no podía contarse en un libro (salvo que ahora publiquen libros de 6.000 páginas xD), a menos que lo hiciera de forma telegráfica, lo cual no acaba de gustarme =(. Supongo que, como todo, depende de lo que quieras contar... hay historias que te piden un relato corto, hay historias que te piden una "novella", hay historias que te piden siete libros :P. El truco está en saber ante qué estás a la hora de escribirla.

Coincido en que muchas veces se aprovecha el tirón de la primera historia para alargar los beneficios desarrollando historias paralelas, precuelas, secuelas y demas "elas". De hecho, un recurso que usan muchos escritores es dejar posibilidades argumentales abiertas para seguir explotando la historia si tiene suertecilla y el público responde, un cierre en falso para seguir la historia si hay que seguirla y darla por terminada si no ha habido suerte. (No hay que confundir esto con lo que ahora se llaman “cliffhangers”, que son justo lo contrario: dejar la historia completamente abierta y en un punto culminante para cuasi-obligar al lector a comprar la siguiente novela, algo que, cuando se trata de sagas de este tipo, se hace mucho (y que, narrativamente hablando, tiene bastante valor en determinados casos; y si se hace bien, claro xD).

El “cierre en falso”, si está bien hecho (coño, pues como todo xD), puede ser una de las mejores ‘trampillas’ de este mundo: uno escribe una novela independiente, y deja abierta una posibilidad por si acaso la cosa ‘pita’ y puede seguir palante contando la historia. El problema es cuando no se deja abierta esa posibilidad, se cierra la trama y luego se abre “en falso”, que eso queda mucho peor. Y que hay muchos, muchísimos casos en los que eso se ha hecho, y el lector, que está en su derecho porque para eso paga por el libro, pues va y protesta, claro. Porque eso no es una saga, es una novela cerrada y atada, un cuerpo terminado y perfecto al que después se ha añadido un apéndice postizo pretendiendo convencer a alguien de que eso ya formaba parte del cuerpo original desde el principio.

Por supuesto, hay que distinguir de lo que estamos hablando en cada caso: no es lo mismo una serie de novelas ambientadas en un mundo o con unos personajes comunes (compuesta de historias independientes que pueden o no estar relacionadas entre sí), que una saga "falsa" (alargada de forma artificial), que una historia completa demasiado larga para publicarla en un solo volumen. A mí me gustan las historias compactas, redondas y bien desarrolladas desde el principio hasta el final (como a todo el mundo, supongo xD); si esa historia ocupa 200 páginas, guay; si ocupa 20.000, guay también, mientras sea una historia compacta, redonda y bien desarrollada DE VERDAD, no un alargamiento de los de "voy a ver si lío un poquito la madeja por aquí y así expando y en vez de vender un libro vendo veinte". Y no porque esos siguientes libros no vayan a ser buenos, que pueden ser maravillosos (y algunos, de hecho, lo son): el problema es que no son lo que me están intentando vender, no son una historia completa, son otra cosa. Y si yo quiero leer una historia completa en varios libros no quiero acabar leyendo una historia de un libro y diecinueve libros más acerca de cómo al prota le crecen los enanos por un champú en mal estado vendido por el primo hermano del malo muerto cuando por fin parecía que había conseguido su sueño de poner un circo. Y ya si me hablas de "la historia de las vicisitudes de los hijos de los protagonistas de la anterior novela", personalmente y sin ánimo de ofender creo que vomito.

Supongo que, como en todo, dependerá de la calidad del autor. Sin embargo, a priori creo que lo más honesto, tanto con el lector como con uno mismo, es saber desde el principio lo que uno está haciendo. ¿Una novela independiente? Estupendo. ¿Una serie de novelas ambientadas en ese mundo/escenario que te has inventado y que te ha gustado tanto que no quieres abandonar? Magnífico. ¿Una historia larga compuesta de varias novelas que cuentan cada una una parte del total? Sensacional. Pero intentar hacer pasar una novela independiente por el primer capítulo de una saga que no existía ni siquiera en tu cabeza creo que es un poquito menos limpio. Ojo, eso no quiere decir que no se deba hacer, que sea ilícito ni que la saga resultante no pueda ser maravillosísima (de hecho, también hay ejemplos que hablan de esta posibilidad), pero a priori tiene muchas papeletas para ser un WTF en toda regla. ¿Lo mejor? Si uno no está seguro de poder escribir o publicar la saga que tiene en mente, escribir una novela independiente y después, una vez visto el panorama, emprender o no ese proyecto. Aunque claro, como en todo, cada caso es un mundo. Yo soy la primera que ha hecho trampa con las dos novelas que tengo publicadas al disfrazarlas de novelas independientes y autoconclusivas cuando en realidad forman parte de una saga (como "historia más larga", vaya). En mi descargo diré que fue para no joder al lector que no quisiera seguir leyendo :P desprendida que es una.

¿Conclusión? Básicamente la de siempre: que cada cual haga lo que le salga del cimborrio octogonal, que escriba lo que le venga en gana como y cuando le venga en gana (siendo honesto con uno mismo, con sus gustos y con sus motivaciones) y que sepa, eso sí, que el lector no es tonto y sabe lo que tiene entre manos cuando está leyendo un libro. Nada más.


PD. No, lo de “alargamiento” NO suena perverso. Son vuestras mentes, que están muy viciadas ya a estas alturas. Panda depravados.