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lunes, 9 de junio de 2014

Cantando números

Hoy no voy a hablar de libros, ni de pelis basadas en libros, ni de series basadas en libros, ni de nada relacionado con la literatura. Hoy esto va de otra cosa: hoy esto va de daros las gracias. Porque sí, porque sois muy grandes, porque sois lo mejor que me ha pasado en la vida y porque sois los que me dais fuerzas para seguir palante cuando todo va cuesta arriba y los que me hacéis gritar de euforia cuando todo va cuesta abajo.

Hoy he visto cómo los números me hacían un guiño cómplice. Veréis: quizá últimamente me vuelco más en las redes sociales, porque el contacto entre vosotros y esta chavala es mucho más cercano, directo y chulo, pero las cifras en RRSS pueden ser un poco engañosas. Éstas, las de visitas a webs y blogs, engañan menos. Y hoy he comprobado que entre las tres webs/sites que tengo repartidas por el ello internético (este blog, mi web oficial y la página dedicada a mi saga de novelas) he alcanzado ya la mareante cifra de 125.000 visitas.

Ciento. Veinticinco. Mil.

Se dice pronto.

Cuando yo era pequeñaja, los niños de San Ildefonso cantaban esto. Aún no me he acostumbrado a lo corto y breve y cortarrollos que es el "miiiiil eeeeurroooos". Esto quedaba como más... largo :P



Para los que estáis acostumbrados a este rollo, quizá sean pocos. Para mí, son un montón. Es decir, miro y remiro las estadísticas y se me abre la boca de asombro al pensar que ciento veinticinco mil tíos (y tías) han estado pululando por las webs que yo he creado, leyendo las chorradas (y no tan chorradas) que cuelgo para mantenerlas activas. Mirando la info sobre mis libros. Cotilleando la info sobre mí misma y mis circunstancias. Haciendo muecas mientras leen mis idas de pelota relacionadas con la literatura y con el mar y los peces y el turrón de chocolate. Fli-po.

Por eso digo que sois muy grandes =) así que hoy paaaso de los libros y dedico esta entrada a daros las gracias. Gracias a los que os pasáis por aquí (o por mis otras dos webs), sea de forma regular o por accidente. Gracias a los que alguna vez habéis compartido un link. Gracias a los que comentáis y a los que no comentáis. Gracias a los que habéis leído mis novelas y a los que las tenéis en la pila, gracias (gracias gracias gracias) a los que las habéis comprado, y gracias, gracias, gracias, gracias a los que las habéis recomendado. Gracias a los que habéis metido mi nombre en la wikipedia, y gracias a los que lo buscáis en google, y a los que me seguís en cualquier red social o me saludáis por la calle. Gracias =) porque todos sabemos que escribir es algo que se hace a solas, pero para todo lo demás un escritor necesita gente. Y sin esa gente no somos más que bichos raros que se encierran a darle al teclado. Y a mí no me importa ser un bicho raro, pero serlo acompañada es muchísimo más divertido ;)

lunes, 2 de junio de 2014

De series, sagas, standalones y otras cosas del comer

Siguiendo con la saaaana y hermoooosa costumbre recién adquirida (por mí) de resubir (a.k.a. volver a subir, vaya) algunos de los artículos/entradas/cosas de este blog que más éxito han tenido a lo largo de los años (sobre todo porque hace unas semanas noséquién me pidió encarecidamente que lo hiciera por noséqué de la caché de blogger o noséqué, como podéis observar estoy MUY enterada de las últimas novedades en tecnología informática), hoy voy a subir este... esto, que habla de un tema que me interesa (curioso, lo escribí yo misma... :P) y que me abre el camino para dentro de unos días, cuando ¡POR FIN! pueda hablaros de ese tema del que aún no os puedo hablar.


Hace algunos meses, un lector me escribía un mail para comentarme sus impresiones acerca de La Elegida de la Muerte (Öiyya). En ese mail, aparte de decirme muchas cosas bonitas, me hacía una pregunta que acabó iniciando un debate muy satisfactorio entre ambos, y digo satisfactorio porque, entre sus argumentos y los míos, salieron unas cuantas cosas curiosonas acerca de la literatura en general y el género fantástico en particular. La pregunta era: ¿Por qué esa manía con las sagas? Y seguía diciendo que la mayoría de las trilogías, tetralogías, pentalogías y n-logías que se ven por ahí pueden parecer más "literatura de explotación" que obras que responden de verdad a un plan preciso. Comentaba este lector anónimo que entendía que un escritor que ha creado un universo más o menos completo y complejo ambiente en él el grueso de su obra, pero en la mayoría de los casos le parecía que algunos autores estiraban demasiado algo que no daba para tanto…

Y yo le respondía mostrándome completamente de acuerdo con él. Y sí, me gustan las sagas, tanto para leer como para escribir. Pero en ese detalle en concreto, este lector tiene más razón que veinte santos y una canción desesperada. Sí, hay muchas sagas (aunque el término “saga” no esté excesivamente bien empleado en este contexto, ya que en realidad debería referirse a una obra que abarque las vicisitudes de varias generaciones de una familia, no a una historia dividida en varias novelas… pero a estas alturas creo que ya hemos asimilado ese otro significado :P), hay muchas sagas, decía, que dan precisamente esa sensación: la de historias que empiezan con una novela y cuya buena acogida por parte del público hace que el escritor, o el editor, o ambos, decidan estirarla para seguir vendiendo libros. Es algo completamente lícito, pero también es cierto que al lector puede darle la sensación de que le están vendiendo lo que no es, una historia larga y compleja donde sólo hay una dilatación de vicisitudes que en realidad no tienen que ver con la historia original.

Supongo que el tema da para mucho debate... y que depende de lo que el propio autor quiera hacer y cómo se plantee su obra. Por ejemplo: en mi caso, yo escribí "Öiyya" pensando en una novela independiente, y después empecé a plantear una novela distinta (también independiente), El sueño de los muertos (por aquel entonces titulada "Mellizo"), y cuando empecé a desarrollar la historia en mi cabeza me di cuenta de que, para contarla bien, tenía que hacerlo en varios libros. A mí personalmente las sagas me gustan, PERO cuando son una historia completa DE VERDAD, es decir: una historia planteada desde el principio hasta el final, como si fuera una novela íntegra pero más larga. Lo que no me gusta es precisamente lo que comentaba este lector, cuando un escritor alarga de forma innecesaria, o coge su mundo y sus personajes y, después de la primera novela, los mete en más y más fregaos sin sentido por el mero gusto de alargar la historia. Yo sólo me planteé escribir una saga cuando vi que mi historia no podía contarse en un libro (salvo que ahora publiquen libros de 6.000 páginas xD), a menos que lo hiciera de forma telegráfica, lo cual no acaba de gustarme =(. Supongo que, como todo, depende de lo que quieras contar... hay historias que te piden un relato corto, hay historias que te piden una "novella", hay historias que te piden siete libros :P. El truco está en saber ante qué estás a la hora de escribirla.

Coincido en que muchas veces se aprovecha el tirón de la primera historia para alargar los beneficios desarrollando historias paralelas, precuelas, secuelas y demas "elas". De hecho, un recurso que usan muchos escritores es dejar posibilidades argumentales abiertas para seguir explotando la historia si tiene suertecilla y el público responde, un cierre en falso para seguir la historia si hay que seguirla y darla por terminada si no ha habido suerte. (No hay que confundir esto con lo que ahora se llaman “cliffhangers”, que son justo lo contrario: dejar la historia completamente abierta y en un punto culminante para cuasi-obligar al lector a comprar la siguiente novela, algo que, cuando se trata de sagas de este tipo, se hace mucho (y que, narrativamente hablando, tiene bastante valor en determinados casos; y si se hace bien, claro xD).

El “cierre en falso”, si está bien hecho (coño, pues como todo xD), puede ser una de las mejores ‘trampillas’ de este mundo: uno escribe una novela independiente, y deja abierta una posibilidad por si acaso la cosa ‘pita’ y puede seguir palante contando la historia. El problema es cuando no se deja abierta esa posibilidad, se cierra la trama y luego se abre “en falso”, que eso queda mucho peor. Y que hay muchos, muchísimos casos en los que eso se ha hecho, y el lector, que está en su derecho porque para eso paga por el libro, pues va y protesta, claro. Porque eso no es una saga, es una novela cerrada y atada, un cuerpo terminado y perfecto al que después se ha añadido un apéndice postizo pretendiendo convencer a alguien de que eso ya formaba parte del cuerpo original desde el principio.

Por supuesto, hay que distinguir de lo que estamos hablando en cada caso: no es lo mismo una serie de novelas ambientadas en un mundo o con unos personajes comunes (compuesta de historias independientes que pueden o no estar relacionadas entre sí), que una saga "falsa" (alargada de forma artificial), que una historia completa demasiado larga para publicarla en un solo volumen. A mí me gustan las historias compactas, redondas y bien desarrolladas desde el principio hasta el final (como a todo el mundo, supongo xD); si esa historia ocupa 200 páginas, guay; si ocupa 20.000, guay también, mientras sea una historia compacta, redonda y bien desarrollada DE VERDAD, no un alargamiento de los de "voy a ver si lío un poquito la madeja por aquí y así expando y en vez de vender un libro vendo veinte". Y no porque esos siguientes libros no vayan a ser buenos, que pueden ser maravillosos (y algunos, de hecho, lo son): el problema es que no son lo que me están intentando vender, no son una historia completa, son otra cosa. Y si yo quiero leer una historia completa en varios libros no quiero acabar leyendo una historia de un libro y diecinueve libros más acerca de cómo al prota le crecen los enanos por un champú en mal estado vendido por el primo hermano del malo muerto cuando por fin parecía que había conseguido su sueño de poner un circo. Y ya si me hablas de "la historia de las vicisitudes de los hijos de los protagonistas de la anterior novela", personalmente y sin ánimo de ofender creo que vomito.

Supongo que, como en todo, dependerá de la calidad del autor. Sin embargo, a priori creo que lo más honesto, tanto con el lector como con uno mismo, es saber desde el principio lo que uno está haciendo. ¿Una novela independiente? Estupendo. ¿Una serie de novelas ambientadas en ese mundo/escenario que te has inventado y que te ha gustado tanto que no quieres abandonar? Magnífico. ¿Una historia larga compuesta de varias novelas que cuentan cada una una parte del total? Sensacional. Pero intentar hacer pasar una novela independiente por el primer capítulo de una saga que no existía ni siquiera en tu cabeza creo que es un poquito menos limpio. Ojo, eso no quiere decir que no se deba hacer, que sea ilícito ni que la saga resultante no pueda ser maravillosísima (de hecho, también hay ejemplos que hablan de esta posibilidad), pero a priori tiene muchas papeletas para ser un WTF en toda regla. ¿Lo mejor? Si uno no está seguro de poder escribir o publicar la saga que tiene en mente, escribir una novela independiente y después, una vez visto el panorama, emprender o no ese proyecto. Aunque claro, como en todo, cada caso es un mundo. Yo soy la primera que ha hecho trampa con las dos novelas que tengo publicadas al disfrazarlas de novelas independientes y autoconclusivas cuando en realidad forman parte de una saga (como "historia más larga", vaya). En mi descargo diré que fue para no joder al lector que no quisiera seguir leyendo :P desprendida que es una.

¿Conclusión? Básicamente la de siempre: que cada cual haga lo que le salga del cimborrio octogonal, que escriba lo que le venga en gana como y cuando le venga en gana (siendo honesto con uno mismo, con sus gustos y con sus motivaciones) y que sepa, eso sí, que el lector no es tonto y sabe lo que tiene entre manos cuando está leyendo un libro. Nada más.


PD. No, lo de “alargamiento” NO suena perverso. Son vuestras mentes, que están muy viciadas ya a estas alturas. Panda depravados.

lunes, 26 de mayo de 2014

Mi mundo es mío y me lo %&#@ cuando quiero

Siguiendo con la iniciativa "plágiate a ti misma, que total no te vas a denunciar" :P, y por aclamación popular, vuelvo a subir esta entrada de hace ya algunos tiempos. En su día interesó mucho a los colegas escritores que tengo por estos lares, pero yo creo que también puede interesar bastante a los que sois lectores (sin aspirar a escribir, al menos no "en serio" -ja-). Va de mundos imaginarios, así que supongo que tiene su cosita ;)

Andaba yo pululando por Facebook un día, un poco frita todavía y con los ojos llenos de legañas mutantes, cuando me tropecé con un enlace al blog de una colega escritora (y no obstante buena persona) que me resultó bastante interesante. La entrada, que podéis leer aquí, habla sobre la ‘actitud’, por llamarla así, de artistas (sobre todo autores) novatos y veteranos, y de cómo los primeros no pueden exigir ser tratados como lo que no son (autores consagrados geniales y sapientísimos) y los segundos no deben tratar a los primeros como si ellos no hubieran pasado por esa etapa en su día (con condescendencia o incluso mala uva).

Es una cuestión interesante, pero no es la que me ha hecho desempolvar la contraseña de este blog para actualizarlo (por fin, diréis, ya iba siendo hora). No, qué va. Es que veréis, pululando en busca de actitudes de autores famosos (o al menos relativamente conocidos), me he encontrado esta otra entrada, esta vez en el blog de Patrick Rothfuss (el autor de El nombre del viento y tal), y el caso es que me ha recordado la cantidad de veces que yo misma he tenido ese debate con otros escritores y con lectores de fantasía. De modo que he pensado que os podría interesar leerla, porque pone un ejemplo estupendo de un hecho que, creo, es importantísimo a la hora de ponerse a escribir.

Rothfuss se refiere a la fantasía, pero es un hecho válido también para quien escriba novela histórica y, en menor medida, para todos los géneros literarios. ¿Que de qué va la entrada, que no la he leído porque no sé inglés/no me apetecía darle al link? Bueno, veréis, la cuestión es la siguiente: cuando uno se pone a escribir, sobre todo, como decía, fantasía o histórica, tiene que hacer un esfuerzo para no dejarse llevar por el entusiasmo de estar metiendo al lector en un mundo que no es el suyo, sea porque es un mundo inventado (fantasía) o un mundo pasado (histórica). El autor tiene TODA la información sobre ese mundo, bien porque se la haya inventado durante meses de rascarse las neuronas (fantasía), bien porque se haya pasado meses investigando entre polvorientos volúmenes a los que la wikipedia no tiene acceso (histórica). El autor conoce cada detalle de ese mundo: configuración, leyes físicas, geografía, historia, costumbres, religiones, situación política, bleh bleh bleh, cientos y cientos de páginas de información (física o virtual, metidas en la cabecita, que aunque no ocupen espacio siguen siendo muchas páginas).

¿Y qué ocurre? Pues que el autor ha hecho un gran esfuerzo al diseñar/investigar ese mundo, y lo conoce tan bien, y le gusta tanto, y tiene tantas ganas de compartir sus vivencias en ese mundo que corre el riesgo de dejarse llevar por el entusiasmo y dejar al lector con cara de “pero qué coño me estás contando, tío”. ¿No os ha pasado alguna vez que habéis leído el inicio de un libro y os ha aburrido hasta querer sacaros los ojos con una cucharilla, porque después de cincuenta páginas aún no le habéis visto la jeta al prota pero, eso sí, habéis luchado para abriros paso a través de párrafos y párrafos de información acerca del mundo en el que os encontráis? Páginas repletas de países con nombres raros, relaciones internacionales, razas, seres, bichos, culturas, costumbres, de las que al acabar el párrafo ya ni siquiera os acordáis porque os habéis saturado de información…

Por mucho que a los escritores nos duela, eso es algo de lo que sólo alguien como Tolkien puede salir airoso. El resto, si comenzamos una novela describiendo enciclopédicamente el mundo que hemos creado/hemos indagado corremos el riesgo de que el lector no sólo no se entere de una mierda, sino que mande nuestro libro al mismo sitio con el lomo mirando pa Cuenca. Vale, la información es importante porque si el lector no conoce el mundo y sus costumbres puede no entender de qué carajos le estamos hablando. Pero seamos sinceros: si le metemos a presión toda esa información como a un pato del que queremos sacar pasta de hígado, el lector no se enterará de la mitad, no asimilará esa información y, lo que es peor, se aburrirá de nuestro libro antes incluso de que el libro haya empezado. Si le colamos cincuenta, o incluso diez, o incluso menos, páginas de “el mundo es blablabla y las razas son blablabla y este rey hizo esto y desde entonces este país está peleado con este otro por un quítame aquí estas tierras y entonces los antiguos seres que poblaban el bosque que hay aquí decidieron que blablabla y después hubo una guerra y muerte y destrucción y blablabla y espera, que ahora empiezo y te presento a mi prota, es que antes tienes que saber que es de un pueblo que blablabla y además blablabla”, el lector, con las pupilas dilatadas y la mandíbula desencajada, soltará el libro como si fuera una escolopendra y tendrá que darse un baño calentito acompañado de un cocktail de ibuprofeno, y todos sabemos que el agua no está pa desperdiciarla, que hay sequía.

¿Y si el lector es cabezón, y consigue sobrepasar esas cincuenta primeras páginas? Qué macho, ése sí es un héroe y no mi prota, joder. Bien, si el avezado lector logra tamaña tarea sin que le dé un ictus, para cuando llegue al sitio en el que necesita esa información lo más probable es que ya ni se acuerde de ella ni le importe tres cojones. “¿Quién coño eran los Kdefrrrgsh y qué coño pintan en todo esto? El caso es que me suena…” y allá va el lector a rebobinar, y hojea las cincuenta primeras páginas en busca de los Kdefrrrgsh, que resultan ser mortales enemigos de los Jhhhggunndda porque uno de los Hundidongos secuestró hace dos mil años a la princesa de los Fevermelos, y eso que la princesa no valía gran cosa, pero como te he contado veinte páginas antes los Fevermelos eran rubios y de ojos azules y los envidiosos de los Hundidongos, descendientes directos de los Kdefrrrgsh por parte de cuñado, el cuñado que era Jhhhggunndda adoptivo porque el rey de… Oye, se ha quedado buena noche, igual podría bajar a echarme una caña con Paco…

¿El secreto? Supongo que es dosificar esa información. Ofrecerla poquito a poco, conforme se vaya necesitando. Dejar que sean los personajes los que la den, y no darla al principio. Contar ese “backup” entremezclado en la trama de la novela, no como un aparte en plan enciclopedia británica con anexos. No quiere decir que no se puedan meter párrafos y párrafos de historia, costumbres, política, geografía y religión (aunque a mí personalmente me guste más la información esbozada que la desarrollada): lo que quiere decir es que esa información será mucho más digerible si se mete a lo largo de toda la trama, cuando se necesite, y no como un Génesis bíblico “en el principio fue el reino de Kotoriastas, y Kotoriastas, que era un poco cabroncete, escupió en la sopa de Guundimelo y los descendientes de ambos conformaron las naciones de dos continentes enfrentados, a saber: (inserte aquí una lista de países y reyes) y el cuñado del primo de Gonzalbano el Inmarcesible construyó una barca con troncos y tras innumerables peligros (inserte peligros aquí) llegó a las tierras de los Turulendonos y bleh bleh bleh”. Y para cuando el prota alza una ceja en dirección al lector, el lector se ha ahorcado con la sobrecubierta o se ha cortado las venas con el ticket de compra del libro.

No es fácil. Claro que, si fuera fácil, no tendría mérito conseguirlo, supongo. Tampoco es fácil conseguir que un bicho de metal con alas rígidas vuele, o abrirle la tripita a un pavo y que luego se vaya andando a su casa. Pero quizá sea precisamente el hecho de que no es fácil el que nos impulsa a seguir intentándolo, nyet? ;)


Nota: las imágenes, obviamente, ni son mías ni aspiran a serlo ;)

lunes, 19 de mayo de 2014

De chepcho y tal

Yo sigo atendiendo peticiones del lector del blog, y resubiendo algunas de las entradas más "in" y "cool" y "yupis" de allá por los alláes. En este caso, ésta es un MUST. No sé por qué, ni que el tema fuera... oh, wait :P

¿Que de qué va esto? Lo habéis adivinado: de sexo. ¿Por qué? Porque me apetece (aunque no sea la actividad más lógica un martes por la mañana, y menos para alguien que de repente se ha echado toda su senectud encima; pero a nadie le amarga un dulce, y si algo he intentado toda la vida es ser honesta. No me van demasiado los disimulos ni los fundidos en negro, y esta mañana, después de sacudirme la depre de verme un año más vieja, he pensado: "¿De qué hablo hoy?" y la respuesta automática de mi mente ha sido: "De sexo". ¿Y quién soy yo para contradecir a mi mente...?). Y también, por qué no decirlo, escribo esta entrada porque éste es un tema del que he hablado en muchas ocasiones en foros, chats y reuniones con lectores y escritores del género y de otros géneros, y creo que puede resultar interesante. Aunque lo fundamental sigue siendo que me apetece, claro =)


Que el sexo vende es una de esas Verdades que ya apenas necesita demostración empírica. Si alguien la requiere, no tiene más que comparar, por ejemplo, las visitas a este humilde blog con las visitas a, póngase por caso, un blog con contenidos "subiditos de tono". Las cifras cambian, vaya que si cambian. El sexo vende, el sexo atrae, el sexo gusta. Al menos eso demuestra que todavía hay esperanza para la raza humana, a pesar de todo (¿qué pasa? ¿cómo creíais que nos reproducíamos, por bipartición? xD). Cuando digo que hay esperanza pese a todo me refiero, por supuesto, a esa otra gran Verdad que se llama represión, y que muchas veces nos hace confundir las churras con las merinas o el sexo con algo intrínsecamente malo, malvado, maligno, sucio, vergonzoso o potencialmente peligroso para nuestras almas. No voy a juzgar las creencias religiosas, morales ni éticas de nadie: allá ca cual con su cacuálo, que diría aquél. Pero sí voy a hablar de sexo, y más concretamente voy a hablar del sexo en la literatura fantástica, que es a lo que me dedico. A la literatura, digo, no al sexo :P



Es un tema del que, como digo, se ha hablado ya en tantas ocasiones que poco más puedo aportar al asunto, salvo mis propias reflexiones. Si queréis leer un reportaje bastante bien documentado sobre sexo y fantasía, os invito a asomaros aquí: http://sirmia.wordpress.com/2010/10/13/sexo-mentiras-y-fantasia/ . Ahí se hace un recorrido por los géneros (nunca mejor dicho) desde la antigüedad más antigua hasta más o menos hoy.

Poco más, repito, se puede decir que no se haya dicho. Salvo quizá plantear un par o varios pares de cuestiones bastante curiosonas al respecto. Por un lado, quizá uno de los motivos por los que, a mi juicio, la literatura fantástica ha sido tan pacata y tan poco dada a las efusiones sexuales hasta hace bien poquito. En primer lugar, hay que tener en cuenta que una de las bases de la fantasía tal y como la conocemos ha sido el maestro Tolkien, que tenía muchas virtudes pero entre ellas no se encontraba precisamente el tratamiento del sexo con naturalidad: de hecho, quizá El Señor de los Anillos sea una de las novelas más asexuales que conozco, con la posible excepción de El Pampinoplas (pensemos lo que pensemos sobre Frodo y Sam, o sobre Merry y Pippin, no hay nada explícito en la novela, ni sobre ellos cuatro ni sobre Sam y Rosita, la pareja hobbit “uficiá”; tampoco, por supuesto, sobre Faramir y Eowyn. Y Aragorn y Arwen dan la sensación de haberse querido como la parejita de El milagro de P. Tinto, poco más o menos).

En segundo lugar está ese estigma que ha arrastrado la fantasía como género hasta ayer por la mañana: ese "para niños" que tenía pegado al lomo, y que hacía que muchos de los autodenominados frikis hayamos tenido que escuchar en infinidad de ocasiones la afamada y nunca bien ponderada frase de "¿Y no eres un poco mayorcito/a para leer esas cosas?", y la no menos exitosa de “¿Y cuándo vas a leer libros de verdad?”. Obviamente, en un libro “de pa niños” no vas a meter guarrerías erótico-festivas, que no está bien visto y además les puedes corromper la mente y todo eso y que casi mejor dejar esas cosas para cuando tengan el raciocinio bien formadito. De la violencia, ni papa: un chaval puede matar marcianos a hostias a los cinco años —pobres marcianos—, pero como se le ocurra preguntar cómo nacen los bebés la sociedad se llevará las manos a la cabeza. Volvemos a lo mismo: represión, idea del sexo como algo malo, sucio, pecaminooooosooooooo (aka pongan ustedes un ceporrín con los ojos en blanco). Y si son jóvenos o jóvenas, pues tres cuartos de lo mismo: no les pongas sexo no sea que aprendan, déjalos que sigan en la ignorancia (así pasa lo que pasa, sin querer entrar en polémicas sobre educación sexual) y que sepan cómo romperle el alma a leches a su vecino pero no cómo zoscarse a la chati/el chato que les mola y que la chati/el chato se lo pase de puta madre y no haya consecuencias indeseadas a raíz del “zoscamiento”. Y de ahí que en las novelas de fantasía hasta hace dos días y medio no hubiera ni un mísero metimiento o metición de manopla, pero eso sí, la espada los colegas la metían hasta la empuñadura.


Hablo, por supuesto, de la generalidad. Claro que hay ejemplos de novelas y series del género en las que el sexo tiene una presencia: sin embargo, en esa generalidad de la que hablamos el sexo apenas existe, se esboza como mucho, a lo máximo a lo que llegamos es a un fundido en negro colocado más o menos a tiempo de impedirnos vislumbrar cómo el besito se convierte en algo más. Creo que lo más que he llegado a leer en fantasía hasta hace poco fue cómo Tika Waylan tenía que atarse la blusa con un nudo después de los torpes manejos de Caramon Majere, o cómo Drizzt Do’Urden se ponía las botas sentado en la cama de Catti-Brie Battlehammer después de un fundido de lo más tocapelotas. O de lo menos, si de textualidades hablamos. La rosa que Rand Al’Thor deja en la almohada de Elayne Trakand también es un buen ejemplo de descripción explícita de coito (nótese la ironía).


Estamos, pues, ante una cuestión cultural bastante interesante: puesto que la fantasía siempre ha sido para jóvenes, y la literatura para jóvenes NO tiene sexo, la fantasía NO tiene sexo. Luego además tenemos que tener en cuenta otra cuestión: la fantasía tradicionalmente ha estado destinada a un público juvenil Y MASCULINO, de modo que las poquitas veces que se trataba —solapadamente— la sexualidad, se hacía de una forma un tanto… uf, por decirlo así. El hombre era un Macho-man mega powerful “mía-mi-mújculo” con su súper espadón (me irán a decir que en lo de “espada grande ande o no ande” no hay un ligero cariz de inseguridad sexual que lo flipas, cual si de enseñarse el “sable láser” en los servicios a ver quién lo tiene más grande se tratase), y la mujer era el adorno floreado que acompañaba al guerrero y se quedaba transida al ver su enorme espadón, un a modo de “descanso del guerrero” con las tetas más grandes de toda… donde sea xD xD xD. O, por el contrario, y si la mujer se atrevía a destilar no sólo sensualidad sino también un poquito de independencia (o, básicamente, no se dejaba impresionar por las espadas grandes), es porque era “la mala”. En el 90% de los casos, vamos, o incluso más. Hablamos de la generalidad. Había excepciones. Pocas, pero las había. Y cuando esa “tensión sexual solapada” se dejaba ver más de lo moralmente correcto, zas, cartelote de “fantasía erótica” o incluso “pornografía”. Y siempre, por supuesto, desde esa perspectiva un poco BDSM que culturalmente estaba más aceptada que la igualdad de géneros allá por los alláes.


Por supuesto, una vez la fantasía se desperezó y se sacudió la etiqueta de "para jovenzuelos inadaptados" o “para adultos enfermizos” el género se ha adecuado a la sociedad y ha visto nacer una bonita dicotomía: por un lado, el sexo ya tiene su presencia en el género, ya hay novelas con escenas explícitamente sexuales sin tener que aguantar el sambenito de “porno”: el sexo en muchas de ellas se trata con naturalidad, como una escena más, sin advertir al lector con un redoble de tambores ni cascarle el cartelito de “cuidado, dos rombos”. Por otro lado, no todo el monte es orgasmo: para empezar, porque para llegar hasta ahí ha tenido que surgir el género comúnmente denominado “fantasía para adultos”, que casi da la sensación de tener esos dos rombetes pegados en una esquina y que, para muchos, sólo se distingue de la otra fantasía en el sexo (aka otro ceporrín con los ojos en blanco, por favor). En realidad, la fantasía adulta tiene mucho más aparte del “no cortarse” a la hora de las acrobacias entre sábanas, pero lo que preocupa a muchos es sencillamente eso: qué más da que un jovenzuelo o jovenzuela lea violencia muy explícita, gore asquerosamente asqueroso o filosofía pura incomprensible: lo que importa es que no lea sexo. Válgame. (Y bueno, teniendo en cuenta que aún hay gente que la palabra “sexo” la pronuncia “seso”, “sepso” o “sesho”…). Y para seguir, porque aún hoy existe ese “desvío tímido/abochornado de mirada al atisbo de escena sexual”. Y como resulta que la fantasía sigue siendo considerada para jóvenes pese al cartelote anteriormente mencionado, nos encontramos con que muchos lectores tragan saliva al ver que en la fantasía actual el sexo es un elemento más de la historia (blablabla ojos en blanco, todo eso).


Y por otro lado, otra cuestión que me ha llamado la atención en los últimos meses, en el trato con otros escritores. Muchos de ellos (no todos, válgame) tienen un poquito o un muchito o un todito de reparo a la hora de describir con naturalidad una escena sexual. Algunos aseguran que “las escenas de sexo no se les dan bien”, y bastantes ni siquiera se plantean meter sexo en una novela o relato, pegue con la historia o no pegue con la historia (en contraste con aquéllos que meten sexo haya o no haya necesidad, que para todo hay dos extremos). Como escritores, y como correctores/lectores de otros escritores, aún existe esa “atención morbosa/desvío de mirada/qué van a pensar de mí” ante el sexo: si hay una escena de sexo, la novela o el relato queda automáticamente marcada/o por ella, y el resto de la historia da exactamente igual. “Metida con calzador” o “innecesaria” son críticas que he leído u oído acerca de escenas de sexo de todo tipo y pelaje, críticas que jamás nadie se plantearía hacer a una escena, por ejemplo, en la que el prota se emborracha o se dronja hasta las pencas, roba/estafa al vecino del quinto, insulta a alguien hasta la quinta generación, acaba a hostia limpia con medio barrio y lo detienen por resistencia a la autoridad. ¿Por qué nadie tiene que “justificar” una escena de violencia, robo, insulto flagrante, paseo aburrido por el campirri o juego de azar con acompañamiento de licores espirituosos, y sí es necesario justificar perfectamente la escena de sexo? ¿Tamos tontos? ¿O es que nadie practica en su vida el retoce y el refrote porque sí?


Bueno, pues aquí va una justificación, una que no tiene que ver con el hecho de que el sexo es (así de simple) lo que nos da la vida, y que sin sexo no existiríamos (fundamentalmente porque no nacerían más “humanitos”), si a alguien le hace falta dicha justificación y no le vale con “meto una escena de sexo porque me sale de los ovarios/cojones, igual que meto una escena de cánticos regionales y otra de carreras de cuádrigas”: el sexo, como tal, simple y llano, es una de las armas más poderosas con las que cuenta un escritor a la hora de describir a un personaje. Una escena de sexo puede mostrar al lector cómo es un personaje con muchísima más claridad que veinte poemas de diálogo y una canción de acción desenfrenada. Puede parecer extremista, pero es así de sencillo: Dime cómo follas y te diré cómo eres. En el sexo una persona se muestra desnuda, y no sólo de forma literal: desnuda su cuerpo y también su alma. Un amante generoso, un amante violento, un amante travieso, un amante egoísta, un amante fiel o promiscuo… describen una parte importantísima de sí mismos con lo que hacen entre las sábanas (nótese que el masculino de “amante” está utilizado de forma genérica: las mujeres también, por supuesto, se describen en la cama). Y me parece una estupidez renunciar a un arma tan poderosa como ésa de forma voluntaria. ¿Y por qué muchos escritores lo hacen? Porque aún hay muchos reparos culturales al respecto, y porque todavía hoy en día se tiene esa idea de que “si meto sexo me cuelgan el sambenito de “obseso/a” y nadie se fijará en el resto de la historia”. Válgame. Así no le quitamos el cartel de “sucio, pecaminoso, pernicioso para el alma” en la puñetera vida.


Nos encontramos con una paradoja absolutamente deliciosa: el sexo vende, pero el sexo también da miedo. O quizá sea vergüenza. Y bueno, supongo que repetir el manido “¿por qué el sexo es malo y la violencia no?” no va a conseguir que las cosas cambien así de un plumazo, pero qué quieren que les diga, a mí me sigue pareciendo un tanto absurdo. Por no decir lamentable.

Pero en fin, seamos optimistas: el caso es que la cosa va cambiando, y que ahora, con la “nueva ola de fantasía martiniana” (como antaño la hubo tolkiniana), poco a poco el tema sexual en el género se normaliza con paso lento pero (esperemos) seguro. Quizá si un día el ser humano se deja de pamplinas y comprende que no se puede estigmatizar algo que es fundamental para la conservación de la especie la cosa cambie de verdad y para siempre.






Y sí, aunque (por fortuna) cada día se nota menos, es muchísimo más difícil encontrar un dibujín de un maromo en "cuerpo" (destinado a ojos femeninos, no a excitar la imaginación culturista del hombre) en fantasía épica que uno de una nena enseñando las curvas de la oferta y la demanda. Válgame.

lunes, 12 de mayo de 2014

De géneros, subgéneros, subsubgéneros, subsubsubgéneros y la madre que parió a la avutarda

Por petición popular voy a resubir algunas de las entradas más "famosas" (sic.) de este blog, porque parece ser que la caché de blogger a veces da probles o no sé qué que dicen los que entienden de esto de la informática (yo, negada, encantada de conoceros :P). La primera de ellas, dedicada a un tema que sigue tan "de actualidad" como el día que perpetré la entrada original: las etiquetas literarias. O de cómo volver loco al lector y, también, al autor.

Pongámonos en la siguiente situación hipotético-demostrativa: un día cualquiera (puede ser un martes por la mañana, por ejemplo), una librería (o gran superficie con cacho destinado a libros, o incluso gran superficie destinada a libros, que las hay, para que luego digan que no se lee y todas esas cosas). Un incauto comprador en potencia que se pasea por entre las estanterías/mesas/aparadores/lugares de exhibición y/o exposición de libros, buscando algo que echarse a la boca (o, en este caso, a los ojos). Si resulta que el incauto comprador en potencia no va a tiro hecho (sabiendo exactamente qué libro quiere o una aproximación muy aproximada, vaya), pueden darse las siguientes posibilidades:

1- Que acabe echándose a los ojos el libro con la portada más agresivamente hiriente para las retinas, en un intento de impedir que dicha portada haga efectiva su amenaza silenciosa (“O me compras o te vas a cagar, machote”) y le salte a la yugular en el momento más inesperado.
2- Que acabe echándose a los ojos el libro que más cerca tenga de la manopla cuando su cerebro amenace con ir a la huelga, montarle una manifestación antisistema y/o una sentada a las puertas del cráneo, o directamente implosionar y salir convertido en gelatina grisácea por sus orejas, nariz, boca y demás orificios de entrada/salida.
3- Que acabe echándose a los ojos una garrafa de colirio comprada a granel en la farmacia que un avispado emprendedor acaba de abrir justo al lado de la librería/gran superficie en cuestión.
4- Todas las anteriores son ciertas.
5- La gallina.

¿Por qué? Bueno, vamos a presuponer que todos hemos ido a la caza y captura de un libro en los últimos n años (si no eres de “ese tipo de gente”, pruébalo: es una experiencia tan adrenalínica como subirse en una de esas atracciones a las que en mis tiempos llamaban ‘montañas rusas’ y ahora les llaman cosas muy feas —sobre todo los que están montados en ellas, que de hecho llegan a llamarlas gritos inarticulados, vómitos y crujir de dientes en general—). Si es así, quizá os hayáis dado cuenta de que eso de “voy a ver qué leo hoy” es tan complicado como descubrir el peso atómico de la kriptonita una noche de borrachera con la única ayuda de una pizarra vileda, un boli bic naranja y una tabla de límites cuando x tiende a infinito. Porque hay tantísimos géneros, subgéneros, subsubgéneros, mezclas, dispersiones, variantes, circunvalaciones, deconstrucciones, divagaciones, anexos, convexos, eximentes, palíndromos, concatenaciones y marsupiales que eso de “quiero un libro” se ha convertido en algo parecido a llegar a Ikea y decir “quiero un mueble”. Con la diferencia de que los libros no te los montas tú (salvo los de “Elige tu propia aventura”, claro) y de que, habitualmente, las instrucciones de uso del libro se entienden.

No, en serio: yo intento mantenerme al día en esto de los géneros literarios y tal, por aquello de que me dedico a escribir, pero os juro por mi peluche mutante que cada vez que tengo una conversación acerca del tema me paso hora y media con la cara que se le quedó a mi abuela el día que intenté explicarle de qué iba “eso del intenné”. Vamos, cara de WTF, pa entendernos. ¿Cyberpunk, ucronía distópica, ci-fi hard, ficción onírica, steampunk, terror cósmico…? ¿MANDÉ? O_O ¿Dónde ha quedado eso de “fantasía, ciencia-ficción, terror, romance, best-seller”, de toda la vida, oiga? Ha llegado un momento en el que alguien me intenta decir de qué va un libro y tengo que abrir el google veinte veces para enterarme del puñetero género del puñetero libro. Con lo fácil que era la vida cuando sólo había narrativa, lírica, dramática y ensayo, y el mayor desafío al que te enfrentabas era encuadrar el subgénero epistolar…

Y bueno, supongo que de lo que se trata (como siempre que alguien intenta organizar algo) es de ordenar lo que a priori parece un caos para que el lector no se vuelva gilipollas intentando averiguar qué libro le puede apetecer en qué momento, pero… no sé yo si eso de dividir y dividir y dividir y volver a dividir no es un error gordísimo. Y no sólo porque ahora haya que hacer un Master en Oxford y complementarlo con varios cursos CCC y dos grados universitarios para entender de qué nos están hablando cuando nos hablan de géneros literarios (o simplemente cuando vamos a la anteriormente mencionada librería/gran superficie), sino porque, como suele ocurrir cuando se ordenan las cosas, hay algunas que no encajan en ninguna parte, y las que parece que sí encajan resulta que en realidad encajan porque haces mucha fuerza al cerrar el cajón. Vaya, como cuando dices “tengo tres cajones en la cómoda: uno para la ropa interior, otro para calcetines, otro para bufandas”. Vale, genio: ¿y el bañador dónde lo metes? ¿Las medias van en el de ropa interior o en el de calcetines? ¿Y esos calcetines que son con suela, van en el de los calcetines o los llevas al armario de las zapatillas de andar por casa? ¿Y el fular de la foto de “la pose” (ver entradas anteriores xD), encaja donde las bufandas? Por cierto, ¿los guantes y los gorros también los metes con las bufandas? ¿Y la pamela de las bodas…?

Vamos, que no. E incluso cuando dices “enga, pues me voy a Ikea (sic.) y me compro una cómoda de quinientos cajones, y así no hay problema”. Bueno, pues sí hay problema. Porque entonces querrás tener las bufandas rojas con los guantes rojos y el gorro rojo, y la bufanda azul con los guantes azules y el gorro azul, pero resulta que en teoría tienes un cajón para bufandas, otro para guantes y otro para gorros, ¿no? Así que no puede ser, del mismo modo que aunque tengas un cajón para bragas y otro para tangas y otro para sujetadores y otro para… loqueseosocurra xD, resultará que te apetece guardar el tanga negro con el suje que va a juego, y volveremos a liarlo todo.

Pues yo creo que algo parecido sucede con los géneros literarios. Si ya había problemas para clasificar las obras cuando sólo había narrativa, lírica, drama y ensayo (¿Qué pacha si una novela tiene una parte teatralizada, por ejemplo? ¿Y las obras de teatro en verso? ¿Y las novelas ensayísticas, o los ensayos novelados? ¿Eh, eh, eh?), imaginaos ahora que hemos decidido passsar de la cómoda de cuatro cajones y comprarnos una de ésas que se pueden ir ampliando por módulos cada vez que a uno se le ocurre que quiere un cajón más. Y nos encontramos con novelas que son “de ci-fi hard con un componente distópico, onírico y de terror cósmico fantástico”. Y a ver en qué puñetero cajón metemos la puñetera novela.

...

(Yo la metería en el de las bragas negras, por cierto).

(En serio).

Y luego existe una cuestión curiosísima… y es que cuando encontramos varias novelas que encajan en el mismo cajón (a.k.a. género, aunque es más bien probable que sean veinticinco cajones/géneros), resulta que (como es lógico, normal y hasta deseable), no tienen naaada que ver entre sí. ¿Problema? Ninguno, salvo que es posible que (por ejemplo) alguien te diga “Boh, paso de leer ‘El nombre de la rosa’, es del mismo género que ‘La profetisa’, que es una ful”. O “Ni de broma me leo ‘Muerte de la Luz’, es del mismo género que ‘Titan A.E.’, que me pareció un bodrio”. O “Vamos, hombre, me voy yo a leer ‘Canción de Hielo y Fuego’, con la ‘Dragonlance’ tuve bastante”. Y a ver cómo le explicas tú que no tiene absolutamente nada que ver ni en temática, ni en desarrollo, ni en estructura, ni en público, ni en calidad. Puedes decírselo, claro; pero ya va de primeras con la cara esa de :/ y es bastante probable que, si lo coge, lo coja sin ganas y no le mole. Porque ya va predispuesto a que no le mole, qué le vamos a hacer. No hay nada peor que pillar algo por obligación. ¿O a vosotros no os pasa que cuando os dicen "tienes que... (insértese lo que sea)", os entran ganas de hacer justito lo contrario? Pues eso.

Es decir, volvemos a la misma conclusión que ya hemos extraído en bastantes ocasiones: al final, existen (o deberían existir) tantos géneros como autores. Más, de hecho: existen (o deberían existir) tantos géneros como libros. Cada novela tiene su propio género, su propio cajón. Cada libro es un mundo. Y fun y pin.




lunes, 5 de mayo de 2014

Amosnomejodas

Vale, va de coña, ¿de acuerdo? O al menos eso espero *se arrodilla y reza a Eru, R'hllor, Jenhaha y Crom Bendito con mucha mucha mucha intensidad y cara de estreñimiento*. Es una exageración. Pero es lo bueno (o lo malo) que tienen estas exageraciones: que son taaaaaaaaan plausibles que tienes problemas para decidir si es coña o es en serio. De hecho, si no pusiera ahí abajo "cinismoilustrado.com" yo lo mismo me lo creía. Y aun poniéndolo tengo mis dudas, oslodigodeverdad.

¿Cuál es el problema? Pues que no es más que una exageración de una tendencia que llevamos viendo varios años. No voy ahora a cargar contra la RAE (ya lo he hecho alguna que otra vez, y jamás les perdonaré lo de mi añorado rió T____T desde que cambiaron eso, mis personajes se ríen mucho menos. Si queréis echarle la culpa a alguien de lo puteados que están mis personajes, echadle la culpa a la RAE). Pero sí diré que hay ciertas tendencias que me superan. ¿Que el idioma español-castellano-whatever es mu difícil? Pues en vez de enseñarlo bien, ea, a cambiarlo para que no haya problemas y hasta los más torpes puedan escribir con corrección. Que no digo yo que un idioma sea algo estático y que no pueda evolucionar (más bien al contrario), pero jonjones, una evolución lógica y natural, qué es eso de quitarme la tilde de truhán y de guión y de sólo y quitarme las tildes de los pronombres y aceptar jonrán y cederrón y y y y COCRETA!!! Válgame la Virgen del Pompillo T_____T mi idioma, mi idiomaaaaaaaaaaaaaaaaaa *solloza*.

Y si a esa tendencia "pos nada, a quitar tontás" (que digo yo que ya que se ponen podrían poner regular el verbo andar -y desandar- y así todos los que anduvieran perdidos estarían mucho más felices y contentos, pero no, claro, vamos a quitar la tilde de guión, que es MUCHO peor, dónde va a parar) le sumamos la otra tontá, la de "la lengua española es sexista" (whadafuck sexista O____o es lo que es, no tenemos un género neutro, sin género neutro es IMPOSIBLE hablar sin que TODO tenga un género masculino o femenino, no jodamos, hombreya =( que le buscamos veinte pies al holotúrido, ¿en serio hay que cabrearse porque el genérico sea masculino? ¿En serio va a cambiar nuestra vida si a partir de ahora lo que es la polla se convierte en un coñazo y viceversa? ¿No sería como mucho más mejor preocuparse por el sexismo en otros ámbitos mucho más peligrosos...? Amos, digo yo), pues apaga y vámonos. Que hay mensajes que no hay quien entienda, pordiospordios =( y que no sé qué es peor, si el todos los niños y niñas, miembros y miembras o el todxs lxs niñxs y miembrxs, ¿de verdad alguien se siente discriminado si se dice "todos los niños" en genérico y en paz? =/

De ahí viene esto, I guess (seh, hablo en inglés porque ellos sí tienen género neutro, qué listos son, igual por eso son los amos del mundouniverso -perdón, mundxuniversx-). Es una coña, pero perfectamente podría ser verdad. De hecho aún no las tengo todas conmigo. Lo mismo es cierto y yo no me lo he querido creer. Cosas veredes.


viernes, 25 de abril de 2014

Rompiendo la baraja

Jaus =) En los albores de la tempestad regreso a vosotr… no, espera, eso está pillado :P A ver así: por increíbles peligros e innumerables fatigas me he abierto camino hasta el castillo más allá de la ciudad de los gobl… Me da que eso tampoco va a colar =/ Bueno, el caso: que ya sé que llevo unos meses desaparecida, y he pensado que ya iba siendo hora de asomar la cabeza y deciros que sigo viva y relativamente sana (no ahondemos, no vaya a ser que me vea en la obligación de contaros cómo estoy en realidad y me explote el blogger por ocupar todo el espacio que aún tengo disponible).

Han pasado muchas cosas en estos meses, tanto en el plano profesional como en el personal. La mayoría, lamento decirlo, malas =( pero no tan malas como para desaparecer para siempre de los aquíes del ello, graciasalosdioses. Sabéis que tengo la cabeza como un bolardo, y que cuando me caigo lo que hago es liarme a dar zarpazos como una gata panza arriba hasta sacarme de encima los problemas a base de arrancarles los ojos. Así que, aunque aún esté un poco renqueante, aquí me tenéis =) dispuesta a tirar palante y a darme impulso para ver si consigo llegar a meterle un buen mordisco al mundo antes de que me dé otro codazo en la boca.

De lo personal, como comprenderéis, no voy a hablar ;) básicamente porque sólo me interesa a mí, al resto de la Humanidad en su conjunto se la pela en si bemol. De lo profesional, que es lo que nos interesa de verdad, tampoco os voy a dar muchos detalles (básicamente porque 1-NO voy a hablar mal de nadie, que no es mi estilo (melena al viento, cámara lenta), y 2-a la hora de analizar los cómos y los porqués seguro que me dejo algún detalle, y sería injusta con mucha gente). Así que dejémoslo en lo siguiente: por muchos motivos y muchas circunstancias, mi carrera literaria va a tomar un camino un poco distinto. O, lo que viene siendo lo mismo, voy a salirme del caminito de baldosas amarillas para probar otras vías. No voy a dejar de escribir lo que escribo: simplemente, os lo voy a hacer llegar de otra manera.

Eso no quiere decir que reniegue de mis editoriales ni que les haya retirado el saludo o les haya devuelto el rosario de sus padres: ni mucho menos, tanto en Ediciones B como en Minotauro me han tratado estupendamente y sigo trabajando con ellas, mis dos novelas siguen en las librerías, y pronto veréis algún nuevo libro firmado por mí y publicado bien por ellas, bien por alguna otra editorial. Pero ahora mismo voy a probar ese otro camino, el del “háztelo tú mismo”. Porque estoy cansada. Porque no quiero seguir haciendo esperar a la gente que me está pidiendo la continuación de mis novelas. Porque estoy completamente convencida de que el presente (que ya no el futuro) está ahí, y que las editoriales, con todos mis respetos, están tardando demasiado en darse cuenta, y así está pasando lo que está pasando, que unos suben precios porque venden menos y otros compran menos porque se suben precios y otros abogan por "pues rompemos la baraja y cultura gratis" y a nadie le interesa pensar que los que pierden en todo esto no son las editoriales sino los autores.

La verdad es que tengo ganas de probar esta nueva vía =) yo tendré control absoluto sobre mis libros (desde el título y la portada hasta la extensión de la historia, pasando por supuesto por el precio), y estaré muchísimo más cerca de vosotros porque ya no tendré que pasar por ningún intermediario para arreglar lo que haya que arreglar, enderezar lo que haya que enderezar o responder a cualquier duda, sugerencia, solicitud o idea que se os ocurra a vosotros, que al fin y al cabo sois lo más importante de todo esto. No tendré que haceros esperar más de lo necesario, ni tendré que daros largas sin poder explicaros por qué cuando me preguntéis por la siguiente, o por la anterior, o por dónde y cuánto. Vosotros pedís, y yo os doy lo antes posible y sin retrasos ni abandonos.

Así que manos a la obra =) para empezar, ya veis que he cambiado un poco el diseño del blog y le he añadido varios vínculos allá arriba, los links a las redes sociales en las que participo. También, y como inicio de este nuevo camino, he reorganizado y actualizado mi web oficial y la web dedicada a El sueño de los muertos, que ahora, como es lógico, ya no contiene sólo la información de una única novela sino que está orientada a la saga completa, El Segundo Ocaso. Y muchas más sorpresitas que os tengo preparadas y que iréis descubriendo estas próximas semanas ;) De momento, sólo daros las gracias por seguir ahí, y por tener tanta paciencia. Os aseguro que os recompensaré en cuantito pueda, y no sólo con una ronda de sugus.