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lunes, 24 de noviembre de 2014

¡Hablad bien, que no cuesta un carajo!

Es una frase que decía mi abuelita (creo) y que me viene al pelo para definir lo que me apetecía contaros hoy. Veréis, el otro día un buen amigo y mejor profesional en esto de la edición/corrección/escritura me comentaba que alguien le había dicho que había dejado de leer una de mis novelas porque le había chocado demasiado (para mal) que «un rey medieval llamase “cabronazo” a un mayordomo». Este amigo me decía que a él no le parecía correcto, que lo consideraba un fallo estilístico y que se había disculpado con ese alguien (el que había dejado de leer) por haberle recomendado mi novela.

Vayamos por partes ^^ En primer lugar, por supuesto que esa persona tiene todo el derecho del mundo a dejar de leer una novela si el estilo, la historia o el tipo de letra no le gusta, ¡faltaría más!, y yo ahí no tengo nada que decir. Donde sí tengo algo que decir es en la otra afirmación, la de que utilizar ese tipo de coloquialismos (que yo en mi casa llamo «palabras malsonantes», «tacos» y «salvajadas burras») es un fallo estilístico. Y mirad que suelo estar de acuerdo en prácticamente todo lo que me dice este amigo, porque es un grandísimo profesional; pero en esto no, sorry =)

Cuando una novela está escrita con corrección ortotipográfica, sintáctica y semántica y mantiene una coherencia interna en los tonos (de la narración y de los diálogos de cada personaje), NO contiene fallos estilísticos. A uno le puede gustar más o menos un estilo, obviamente; pero, le guste o le disguste, el estilo ES CORRECTO. Eso como punto número uno.

Como punto número dos: desde los inicios de la literatura se han empleado los coloquialismos como recurso. No es algo nuevo, ni es algo que yo me haya inventado (hasta ahí podíamos llegar): las mismísimas comedias de Aristófanes están plagadas de ellos. Vulgarismos en griego clásico, válgame. Lope de Vega escribía una obra al día y, aunque lo hiciera en verso, también metía por ahí sus expresiones “bajunas”, y no de vez en cuando. Por no hablar de la literatura más contemporánea, por supuesto, donde los coloquialismos y vulgarismos tienen una presencia casi predominante.

Punto número tres: los coloquialismos y vulgarismos están ahí para algo. Ese tipo de expresiones, frases y términos es el que utiliza la gente al hablar entre sí, cuando no está empleando el idioma para dar un discurso o una conferencia, cuando no está escribiendo una carta oficial o un ensayo sobre la inmortalidad del alma sensible, cuando no se está dirigiendo a una instancia superior :P Es el lenguaje que empleamos todos cuando charlamos con el vecino del quinto en el ascensor o con nuestro amigo Paco mientras nos peleamos por las aceitunas en el bar. Entonces ¿por qué digo que es correcto empleado en literatura, si no está aceptado dentro de la corrección semántica/sintáctica general (aunque la mayoría sí está recogida en el diccionario de la RAE y en el Panhispánico, conste)? Porque la gran diferencia entre la narrativa de ficción (meaning “novela”) y el resto de géneros escritos estriba en los personajes y el tipo de narración.

Es fundamental para todo autor de ficción saber caracterizar a los personajes, hacerlos reales, convertirlos en personas auténticas, existentes y vivas. Y para conseguir que un personaje inventado esté vivo, aparte de otras muchas cosas (que por cierto este amigo mío conoce a la perfección, dicho sea de paso) es absolutamente necesario que, cuando hablan, el lector se crea que están hablando. Que son de verdad. Que sus palabras han salido de sus bocas.

¿Cómo se supone que vamos a creernos que un personaje está vivo y es real si, cada vez que abre la boca, suelta un discurso como si estuviera en el palacio de la Zarzuela dirigiéndose a Sus Majestades los (cuatro) Reyes de España con motivo del aniversario de su proclamación? Ese tipo de discursos, ese tipo de lenguaje y de tono altisonante, sólo funciona si DE VERDAD el personaje está en la Zarzuela con los reyes. Si no, la caracterización del personaje falla y la credibilidad de la novela se tambalea. No hay nada más chocante y provoca-muecasdedolor que un campesino pobre y desdentao entrando en un bar de pueblo a pedir un carajillo y dirigiéndose al parroquiano de al lado con un «Buenas tardes. El señor alcalde ha proclamado en un bando municipal la obligatoriedad de todos los convecinos de ésta, nuestra villa, de inscribirnos en el padrón de la provincia, con motivo de...» Pooor favooor, «Paco, ¿has oído al hijoputa del Pepito que dice que nos tenemos que apuntar en no sé qué coño? Pues se van a apuntar él y su puta madre, que no tengo tiempo de soplapolleces». Hala. Y no sólo al describir al campesinado: no tenéis más que salir a la calle para daros cuenta de que todo el mundo, sea cual sea su profesión, clase social, nivel económico y de estudios y patrimonio, TODO el mundo, habla con coloquialismos y vulgarismos. Nadie emplea un lenguaje elevado excepto en lo que os comentaba antes, discursos oficiales, conferencias, ese tipo de cosas raras.

¿Y en fantasía épica? En fantasía épica, lo mismo. Antaño (allá por mediados/último tercio del XX) los diálogos de personajes de fantasía eran muy altisonantes, no sé si será por culpa de las traducciones o porque los autores bebían de Tolkien y no sabían exactamente hasta dónde beber antes de emborracharse. Es decir: las novelas de Tolkien, por su tono, son altisonantes (sí, lo son; lo cual no quiere decir que me gusten menos, pero serlo, lo son. Bien es cierto que Tolkien escribía en una época y dentro de una corriente que empleaba este tipo de lenguaje). Cuando se dio la furia imitadora de Tolkien, todos los autores de épica se dedicaron a imitar ese tono, y quedaba raro no, lo siguiente: porque en la obra de Tolkien los personajes y situaciones son lo bastante “etéreos” como para que les pegue hablar como si estuvieran declamando, pero ese tono no siempre encaja. Por ejemplo: si metes a un pavo espada en mano cargándose a medio mundo para abrirse paso hacia la Sede del Mal en busca del Malo Deificado que está destruyendo la realidad, ese menda no va por la vida diciendo a sus enemigos «No sabéis lo que hacéis, deteneos, por los cinco dioses que cometéis un gravísimo error al atacarme con tanta saña». No, joder: el tío está luchando desde hace veinte años, anda que no habrá soltado tacos, exabruptos y maldiciones en todos los idiomas a estas alturas :P

En la actualidad, eso se ha diluido. La fantasía épica actual intenta acercar el género heroico al lector y dotarlo de un mayor realismo (a pesar de sus elementos fantásticos): la descripción de la supuesta época medieval, por ejemplo, se acerca más al medievo real y se aleja de esa Edad Media de cartón piedra que parecía más un decorado de una película de Errol Flynn. Hay guerras sangrientas, hay gore, hay tripas, hay violencia, hay violaciones y masacres, hay injusticias que no reciben compensación. Los personajes son grises, no blancos o negros: son más reales, más humanos, porque ningún ser humano real es completamente bueno o completamente malvado. Hacen cosas muy malas, y cosas muy buenas. Y hablan como habla todo el mundo: con un lenguaje coloquial plagado de vulgarismos. Porque ningún violador que se precie va a decirle a la moza que tiene debajo abierta de patas «Ahora vais a conocer el precio de vuestras erróneas lealtades, señora». Pues claro que no. Como mínimo le dirá «Te voy a meter de tó menos miedo, japuta». De ahí parriba.

En la fantasía épica actual, los personajes (y el narrador, si es tercera persona subjetiva, como es a menudo) hablan como habla la gente de la calle. Y los tacos, exabruptos, insultos y coloquialismos y salvajadas que dicen son las que decimos todos cuando charlamos con los colegas en un bareto. ¿Que “mamonazo” no es un insulto medieval? Bueno, aquí hay otro debate distinto, pero mi postura en este caso es la siguiente: si los autores empleamos castellano (o inglés, o polaco, o whatever) MODERNO para escribir toda la novela, diálogos incluidos, ¿por qué íbamos a cambiar a un lenguaje más antiguo en los tacos/insultos/expresiones coloquiales? Eso sí que no tendría sentido. Eso sí que chirriaría. Chirría, cuando se hace. Y, no menos importante: no hay un conocimiento claro de las expresiones vulgares y coloquiales que se empleaban en la Alta Edad Media. Si intentamos poner los diálogos en “medieval”, la cagaremos fijo; primero, porque ningún lector se enterará de una mierda; segundo, porque no lo haremos bien. ¿La novela está escrita en lenguaje moderno, los personajes hablan en lenguaje moderno? Lo lógico es que también los coloquialismos que empleen sean modernos. Pero ese es otro debate y mejor lo dejamos para otro día =)

Sea como sea, que me enrollo: ese tipo de expresiones sirve para caracterizar a los personajes y la época, para aligerar el tono de la narración y, sobre todo, para darle realismo y verosimilitud a la novela. ¿Un error estilístico? No puedo estar menos de acuerdo ;) ¿Significa eso que TODO el mundo debe escribir con tacos y burradas? No. Igual que es elección del lector abandonar una novela por un «cabronazo», es elección del autor poner «cabronazo» o «desgraciado». Lo importante es que, al leer la novela, los diálogos suenen naturales. Y que un capitán chusquero del ejército no hable como si estuviera leyéndoles a sus soldaditos el discurso de investidura del sacerdote supremo del templo diamantino de las veinte declinaciones.

Y un apunte más: lo que me hace gracia es que autores como George R.R. Martin, Joe Abercrombie o Andrzej Sapkowski llenen sus novelas de tacos, insultos, vulgaridades, coloquialismos y expresiones «de letrina» y todo sean alabanzas y loas, y lo haga cualquier otro (por ejemplo una chavala madrileña apellidada Pérez) y sea un fallo estilístico. Eso sí que me hace una gracia bárbara :P

miércoles, 29 de octubre de 2014

Todos somos Martin

Un tema del que tenía yo ganas de comentar un par de cosas hace tiempo, pero siempre se me olvidaba :P Hoy voy a hacerlo, porque en menos de doce horas han conseguido que me salgan dos úlceras (de forma involuntaria, estoy segura/confío/espero/creo/supongo). Veréis, el detonante de mi momento de ARGSFGJGJGLLGGGL han sido dos cadenas de twits:





Que esto no es nuevo, ¿eh? Ya ocurría hace años, en vez de con Martin, con Tolkien (a rey muerto, rey puesto). Pero veréis: ni es justo para Martin ni es justo para los demás autores de fantasía que todo lo que se haga en ese género pase por el rasero de Canción de Hielo y Fuego. No es justo que TODO lo que se escriba de fantasía épica medieval ahora sea "una copia de Canción", como hace años era "una copia de Tolkien". Y no es justo básicamente porque no es verdad.

Veréis: los escritores, como es obvio, también leemos. Y, a la hora de escribir, es evidente que tenemos nuestras influencias, y que lo que hemos leído influye en nuestra forma de escribir de una manera más o menos acusada. Es cierto que cualquier autor de cualquier género tiene una serie de autores que han influido en él y por los que se sigue dejando influir hasta que todas esas influencias conforman un estilo diferenciado propio del autor en cuestión. Lo que no es cierto es que TODA la fantasía épica actual esté influida por Martin, como no toda la fantasía épica del siglo XX estaba influida por Tolkien. Pongamos las cosas en perspectiva: en estos casos concretos que os ponía arriba, esta gente estaba diciendo que mis novelas parecen de Martin porque son medievales y tienen política, sangre, sexo y mapas. El mismo Martin se descojonaría en sol sostenido si alguien se atreviera a decirle que él inventó la fantasía épica, que él inventó las conspiraciones políticas, que él inventó los mapas en las novelas de fantasía, que él inventó eso de cargarse personajes, que él inventó lo de meter sexo en sus novelas y hasta que él inventó la Edad Media. (Por cierto que si muchos autores elegimos el Medievo para ambientar nuestras novelas no es por Martin, ni por Tolkien: es porque las historias épicas/de caballería/de héroes se inventaron en aquella época. Y también porque la Edad Media es la época ideal para hablar de brujos, maldiciones, conjuros y profecías, una época oscura y llena de magia y de monstruitos, dragones y brujas malas. Vale, no los había, pero la gente creía que sí, que es lo importante. Y no, eso tampoco lo inventó Martin. Ni Tolkien. Tolkien, de hecho, se basó en las leyendas y la mitología de la edad media escandinava/germánica, así que tampoco era del todo original. ¿Os sorprende? ¿Por qué?).

Un poco de por favor :P Martin es un escritorazo y se ha convertido en un referente por algo, pero tampoco vayamos a sacar los pies del tiesto pensando que TODO lo que se hace está hecho para imitarlo a él, porque ni es justo ni es cierto. Es como los que comentan que Camelot y Outlander quieren aprovechar el tirón de Juego de Tronos. Eh... ¿hola? ¿La historia del rey Arturo también es un plagio de Canción de Hielo y Fuego, cuando es unos 10 siglos anterior? ¿Una serie basada en una novela de 1991 es una copia de una serie basada en una novela de 1996? Claro que sí. Si me apuráis, hasta Shakespeare, con su manía de matar personajes, era una burda copia de Martin. Que escribiera en el XVI-XVII es un detalle sin importancia.

Lo que quiero decir con este exabrupto no es que Martin tenga menos mérito del que tiene =) creo que los que me conocéis un poco sabéis que soy #muyfan de Canción y del señor de la barba y los tirantes, y que me flipa su saga y el resto de sus novelas. Pero el resto de los escritores de fantasía también tiene su mérito, y no únicamente como imitadores. Y que no es justo que cuando una novela huele a épica medieval ya se tache de "imitación de GoT", ni que cuando un autor mata a un personaje ya se le tache de "imitador de Martin", ni que cuando un autor hace un mapa se le diga que el mapa "es de Poniente". Que ya había mapas, épica, Edad Media, sangre, muerte y sexo antes de Canción, y que seguirá habiéndolos después, vaya ;) simplemente eso.

jueves, 23 de octubre de 2014

Al Cid, que le folle un pez

Quería yo hoy comentar un tema que llevamos varios milenios debatiendo en las redes sociales, y del que, como de casi todos, parecemos tener la solución parcial o total pero ¡oh, cosa extraña!, nadie nos hace caso (sobre todo los que mandan, que son los que deberían hacérselo mirar. Y bueno, también en temas económicos y sociales parece que las cosas “de cajón” no les entran en la cocorota, así que de qué nos extrañamos).

El tema en cuestión es la educación y el dañito que hace a la lectura. Sí, tal cual. Veréis: a juicio de los que nos hemos entretenido en debatir esto (parte interesada, ya os lo voy diciendo, porque el 95% somos escritores), el plan educativo en literatura está perfectamente diseñado para que los chavales no vuelvan a leer un puto libro en su puta vida. Hablo de España, pero no creo que en el resto del “mundo libre” la situación sea mucho mejor. Aunque estoy dispuesta a dejarme sorprender, siempre que sea para bien, gracias =)

O sea, vamos a ver. ¿A qué mente preclara se le ocurrió que la mejor forma de conseguir que la gente ame la lectura es obligar a los chavales de 13-14 años a cascarse el Cantar de Mio Cid en castellano antiguo y El Quijote en versión extendida con sus dos partes y el fanfiction extraoficial? ¿En serio piensan que la amenaza «O te lees y asimilas y entiendes a la perfección La Celestina y El Lazarillo de Tormes de aquí al lunes, o suspendes, pazguato, y calla la boca o te mando al despacho del dire» va a hacer que los muchachetes que llenan las aulas de Secundaria respondan «Genial, profe, a partir de ahora en vez de irme a los futbolines o pasarme las horas muertas trolleando en el LOL, voy a dedicarme a leer, muchas gracias»??? Coño, se me quitan las ganas de leer hasta a mí, que soy el monstruo de las galletas versión libros... Lo raro es que todavía quede alguno que no decida des-aprender a leer para ahorrarse sufrimientos. O sacarse los ojos con una cucharilla, lo que venga antes.

Vamos, que para que un chicochica estudiante de ESO decida no colgar los libros y dedicarse a ver MYHYV en sus ratos de esparcimiento, para que de un adolescente salga un lector, el adolescente en cuestión tiene que “venir leído” de casa: haber aprendido a amar los libros antes de que en el cole le explicasen cómo se abren y qué movimientos musculares hay que hacer para leerlos. Guau, qué mérito el del sistema educativo, ¿eh? Apartar de la lectura a TODOS los chavales excepto a los que ya están tan metidos en el vicio de leer que no los apartas ni con agua caliente. E incluso ésos, lo que sí se consigue en el 80% de los casos (caso arriba, caso abajo) es que decidan no volver a leer en su puta vida ESOS libros. ¿La prueba? Mirad estos dos twits, que son (creo) sintomáticos:




Estos dos chavales son un síntoma de lo que ocurre, y por fortuna son el mejor de los síntomas: el de los poquitos que no deciden mandar a los libros a pescar coquinas por la vía rápida. Uno porque decide seguir leyendo pese a todo (eso sí, seguir leyendo lo que a él/ella le gusta, no lo que el ministro de turno piensa (je) que debe leer), el otro porque supera su fobia a los libros y decide meterle mano a uno que parece que le puede molar. Por desgracia, no es lo más común. No tenéis más que pasaros por las redes sociales y echar un ojo a los mensajes que se intercambian los adolescentes y adultos jóvenes: el que lee casi casi lo oculta, se siente avergonzado de ello, o lo declara con el orgullo de quien declara que su enfermedad degenerativa no le impide hacer vida normal. Y la mayoría hace de su no-lectura una bandera, «Yo no leo», sabiendo que con ese lema va a encajar en el grupo mayoritario y a formar parte del club más amplio y con más seguidores de todo el planeta.

Y luego se asombran de que en España, y en casi todo el mundo, no se lea un pijo. Y se desprecie la literatura, y los libros sean un quéseso (o, en el mejor de los casos, una forma bonita para crear un bolso de moda, que es lo que se lleva ahora, bolsos con forma de libro O_o ¿Y lo de dentro?). Pero es que es normal, joder. Te cogen con 14 años y te zoscan el Mester de Clerecía sin anestesia, y ahí el que no sale corriendo despendolado y jurando en veinte idiomas que no vuelve a leer algo más complejo que la etiqueta del champú es un jodido héroe. Que parece que hagan el programa educativo para que los críos no vuelvan a leer una mierda, coño.

Que no digo yo que no se estudie la historia de la literatura. Hay que estudiarla. Pero eso no sirve para hacer que los chavales aprecien la lectura: sirve para meterles datos en la mollera con un embudo y un pistón de corchopán. Aparte de que muy bueno tiene que ser el profe para que todos esos datos se les queden en el cerebro, pero eso pasa con todas las asignaturas, así que para qué hurgar.

A lo que yo me refiero no es a que no se dé esa materia de historia de la literatura, sino a que no se obligue a esos chavales a leer semejantes bodrios (sí, son bodrios. Tened en cuenta que hablamos de gente muy joven y, generalmente, con poca experiencia lectora: cascarles algo así de complejo y denso es matarles las ganas pa siempre jamás). Que se estudie la asignatura todo lo que se quiera, pero que se impulse a los chicos a leer otras cosas que les puedan gustar. En clase, Cervantes; en casa, Harry Potter. Y quizá los datos y fechas y corrientes literarias no se les queden en la cabeza (total, ahora tampoco se les quedan, así que qué más da), pero seguro que la magia de la lectura convierte a más de uno y más de dos en un lector irredento conforme vaya creciendo y saltando de libro en libro y de género en género. No creo que sea tan descabellado =)

lunes, 13 de octubre de 2014

Se mata poco

Buenas =) Me apetecía hoy comentaros un mensaje/respuesta/cosa que me enviaron ayer en twitter y que me resultó lo bastante curiosa como para detenerse un poco a pensar en ella. No mucho, que tampoco hay que pasarse :P pero sí un poco más de 140 caracteres, por qué no =) El mensaje fue éste:


El caso es que esta respuesta me hizo pensar. Para empezar, en que este ser humano cuya identidad he escondido con tanta habilidad :P (sólo por si no quería que su mensaje saliera aireado con su perfil ahí a lo bestia) es uno de los pocos que no hacen referencia a mi bienamado y nunca bien ponderado George R. R. Martin cuando se habla de matar personajes. Que sí, que Martin mata personajes, eso es innegable :P pero ¡No es el único! ¡Ni es el primero en hacerlo! ¡Ni es el que más mata! Anda que no hay muertes a cascoporro en la historia de la literatura universal, empezando por las tragedias griegas y acabando... bueno, no se acaba nunca. Pero en fin, lo de que cuando dices "voy a matar a un personaje" toda la humanidad en su conjunto se apresure a preguntarte si quieres parecerte a Martin no es más que una anécdota :P El tema da para mucho más que eso.

El tuit me hizo plantearme si es cierto que a algunos escritores (lo del género lo dejaremos a un lado porque es tan anecdótico como lo otro) nos gusta matar a los personajes más queridos de los lectores. Y mucho me temo que la respuesta, en muchas ocasiones, es un contundente .

No me entendáis mal: no lo disfrutamos. Bueno, un poco sí xD pero sólo como uno disfruta una travesura, te echas una risita al pensar en lo que pensará el de enfrente y ya está. En realidad, cuando un lector se enamora de un personaje suele ser porque el autor se ha enamorado antes de ese mismo personaje, y ha conseguido transmitir ese sentimiento al lector. Y, si el autor ama apasionadamente a ese personaje ¿cómo va a disfrutar matándolo? Al menos los que todavía estamos medio cuerdos :P :P Nah: una cosa es que no tengamos miedo de matar, otra bien distinta que lo hagamos por joder al lector o por maldad pura y asalvajada.

No =) en realidad los escritores matamos cuando es necesario. Sí, es evidente que queremos despertar una reacción en el lector (como con todas las escenas que escribimos), pero la muerte de un personaje no es un objetivo en sí mismo: es una forma de hacer avanzar la trama, es necesaria cuando es necesaria, tiene que ser sólo cuando tiene que ser. Y, además, es una cuestión de provocar dos cosas en el lector: por un lado que no se acomode (¿No os ha pasado nunca que habéis dejado de emocionaros al leer un libro porque sabíais que los protagonistas iban a salir de aquélla sí o sí? ¿Que, por muy negras que se les pusieran, SIEMPRE saldrían? Cuando uno deja de temer por el futuro de un personaje, puede ocurrir que le deje de emocionar o de interesar la historia. Y eso es algo de lo que todos los autores huimos :P y cuando el lector sabe que eres capaz de matar a CUALQUIERA, que no te importa que sea el protagonista o el personaje más querido o un secundario que pasaba por allí... entonces no puede acomodarse jamás, #bwahaha y todo eso), y por otro lado queremos provocar una sensación de realismo (sí, los autores de fantasía también). Y, por desgracia, en la vida real la gente muere. Mucho. De hecho, todos :P Así que no es tan extraño que un personaje de una novela muera, sea quien sea. Todo el mundo tiene que morir, y todos los días muere un montón de gente. Así es la vida, no la inventé yo y todo eso.

Así que no, no lo hacemos por maldad ni por dar por saco al pobre y desconsolado lector =) lo hacemos porque tenemos que hacerlo, y lo contrario sería incumplir nuestra obligación como escritores. Eso sí, y ahora hablo sólo por mí, no me tiembla el pulso al matar a ningún personaje PEEERO cuanto más adoro a ese personaje mejor muerte quiero darle: más épica, más dramática, más... digna de recordar. Es mi personaje y lo quiero, ¿no? Lo quiero MUCHO. Así que quiero que tanto su vida como su muerte sean memorables. Y si soltáis una lagrimilla... bueno ;) eso es porque os he hecho sentir, ¿no...?

lunes, 22 de septiembre de 2014

Los puntos sobre las íes

Yo sé que esto no va a servir de nada (o, como mucho, servirá para granjearme unas cuantas hostilidades y conseguirme un par de insultos gratuitos, probablemente aderezados con alguna referencia a mi género), pero tengo que decirlo. Y como tengo que decirlo, pues lo digo, y me quedo más tranquila, y respiro hondo y todos en paz.

Hace ya mucho que tengo pendiente esta entrada, pero la he ido postergando porque no tenía ganas de jarana. Hoy, sin embargo, la voy a escribir. ¿Por qué? Porque hoy es cuando me han dado la última hostia, la que ha rebasado el vaso y ha conseguido lo que no han conseguido ni rumores falsos, ni insultos solapados, ni boicot de hipotéticos compañeros ni reveses editoriales ni mobbing laboral: ha conseguido hacerme llorar. De rabia. Y no me gusta llorar, y tampoco me gusta sentir rabia, de modo que mejor lo suelto todo y así puedo dormir tranquila esta noche.

Veréis: hace cuatro o cinco días publiqué en Amazon una novela corta, parte de un proyecto mucho mayor que es la saga de El Segundo Ocaso. Esta novela corta (no tan corta, son 250 paginitas) está pensada como primer paso de la campaña de promoción de mi próxima novela, y como tal, y por su extensión, decidí ponerla a un precio simbólico: apenas supera el euro. UN EURO. Bien, pues esta novela, cuatro días después, ya está pirateada. Sí, hay un par de foros que ya la tienen para descargar de forma gratuita. Por si alguien no tiene un euro suelto, vaya.

Ahora os voy a contar la realidad, una realidad en la que quizá no habéis pensado porque nadie os la ha querido contar (no es muy halagüeña, y en este país todavía nos movemos mucho en mode voy-a-ponerme-miguitas-en-la-capa para que piensen que como pan todos los días). Esa novela (corta, breve, pocacosa, bah, un euro) me ha costado cuatro meses de trabajo. Cuatro meses. 120 días. Y sus noches. Me he dejado los cuernos para escribirla, para corregirla, para maquetarla y hacerle una portada bonita e incluirle unos mapas chulos y dejarla perfecta para mis lectores, aunque sabía que iba a ganar poquito porque el precio de venta es casi testimonial. Ojo: cuando hablo de 120 días no hablo de "ratos libres que podría estar pasando frente a la tele y en vez de eso los paso frente al ordenador", no: hablo de 8 horas diarias. ¿Qué, que nunca se os había ocurrido que escribir una novela costase tanto esfuerzo? Sí, cuesta. Es un trabajo duro, muy muy duro. Y lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo y muchos momentos de desesperación y pánico y dolores de espalda, de cabeza y de trasero.

Las otras novelas que he escrito y publicado me han costado mucho más, porque son mucho más largas. ¿Cuántos días creéis que le eché, por ejemplo, a El sueño de los muertos? Contando solamente las horas que dediqué al manuscrito original os aseguro que superaron las cinco mil. Añadidle otras muchas de correcciones, revisiones y promoción, y eso que esa novela tiene una editorial que me quitó parte del trabajo. ¿Sabéis qué rendimiento económico me han dado esos tres años? Lo que el portero de mi edificio gana en un mes, aproximadamente. Así, como suena. Y es una novela que ha tenido éxito: ha gustado a los lectores y ha estado varios meses en las listas de los más vendidos del género, ha recibido críticas muy positivas y ha sido propuesta para varios premios literarios.

¿Sabéis lo que no es justo? Que yo esté ahora mismo dedicándole ocho horas diarias a un trabajo así de duro y tenga mi piso embargado, esté viviendo de mis padres con 37 años que tengo mientras les pido dinero para pagar la hipoteca de un piso en el que no puedo vivir, y no tenga dinero ni siquiera para pagar el champú (y no, no exagero). Eso no es justo. Sobre todo cuando esas novelas que tengo publicadas, las cuatro, son novelas que la gente lee y que la gente disfruta, o al menos así lo dicen cuando las comentan. Y es menos justo todavía que ni siquiera se les ocurra pensarlo. Porque estoy convencida de que todos los que suben y descargan mis novelas sin pagarlas (salvo quizá los dos o tres que ganan dinero en sus páginas de descargas ilegales) ni siquiera se plantean ese hecho: que la autora de esas novelas, ahora mismo, tiene la cuenta bancaria en negativo, una hipoteca sin pagar, un piso vacío y un gato cojo al que no puede llevar al veterinario. Y que los libros que tan alegremente se descargan sin pagar le han costado a esa autora meses y años de trabajo duro POR LOS QUE NO ESTÁ VIENDO NI UN EURO.

Más allá de la injusticia de esa situación, y yendo un poquito más allá, yo creo que los que descargan esos libros tampoco han pensado que, si la autora no ve un duro por ellos, evidentemente dejará de escribirlos. Escribir no es un hobbie, escribir no es un pasatiempo: es una profesión, y es dura. Si alguien se cree capaz de aguantar muchos años trabajando 8 horas diarias, 7 días a la semana, y no cobrar por ello, por favor que lo intente. Y más si hay facturas que pagar: en ese caso, el escritor tendrá por fuerza que dejar de ser escritor para aceptar cualquier otro trabajo que le dé un sueldo al mes (y que obviamente no le dejará tiempo ni energías para seguir escribiendo). ¿Conclusión? No se escribirán novelas, y la gente no tendrá novelas nuevas que leer.

No quiero con esto atacar a nadie: como ya os he dicho, estoy convencida de que la mayoría de los que descargan novelas ni siquiera se habían planteado la posibilidad de que con ese pequeñísimo gesto están consiguiendo empujarnos cada día un poquito más hacia la ruina y el abandono de la profesión. Es más, estoy convencida de que la mayoría cree que todos los autores somos ricos y unos snobs, y nos encendemos cigarros con billetes de quinientos mientras reímos malignamente cada vez que denunciamos un link de descarga (cosa que, por cierto, no he hecho: lo de las puertas y el campo me lo sé muy bien). Con este post lo único que me gustaría es daros una perspectiva que quizá no os haya dado nadie nunca. Con cada descarga pirata no estáis jodiendo a los grandes grupos editoriales, ni estáis poniendo un granito de arena para cambiar el mercado editorial, ni estáis protestando por las políticas pseudomafiosas de las editoriales, ni estáis obligando al Gobierno a aceptar la gratuidad de la cultura, ni nada por el estilo (recordad que Robin Hood robaba a los ricos, no a los mendigos): lo único que estáis haciendo es obligar al autor a trabajar como un esclavo sin cobrar. Y eso no hay persona que pueda aguantarlo (ni por ánimo, ni por supervivencia), y los escritores, ante todo, somos personas.

Si con esto consigo que alguien se pare a pensar, aunque sólo sea un minutito, antes de darle click al "magnet link", me daré por satisfecha. Si consigo que alguno comprenda que ese "bah, por un euro no se va a arruinar" es FALSO, entonces todo bien. Y no, un euro no me va a sacar de pobre, pero un link de descarga sí puede empujarme un poco más allá del borde. A mí, y a todos los que, como yo, dedican años y años de trabajo a una novela que luego alguien descarga sin dedicar un solo pensamiento a todo ese trabajo.

jueves, 31 de julio de 2014

No juzguéis y no seréis juzgados

Bonito título, ¿a que sí? =) Sugerente, místico, prometedor, esas cosas. Hacía tiempo que no actualizaba este blog (es que estoy un pelín ocupada, como habréis podido comprobar si os ha dado por visitar mi web oficial en algún momento de las últimas semanas/meses/milenios :P pero sigo viva y cuerda, lo juro). ¿Qué pasa? Que este blog lo uso para cosas que no están estrictamente relacionadas con mi trabajo como escritora, y últimamente no hago otra cosa más que trabajar, trabajar y trabajar =/ de ahí que no tenga mucho que contaros por aquí. Peeeeero hoy vengo porque creo que es justo y necesario envainársela cuando hay que envainársela, y reconocer los errores cuando una comete uno, aunque sea venial :P

Veréis, hoy me ha dado por escribir esta entrada para prometer que no volveré a juzgar una historia (película, serie de tv, libro, comic, lo que sea) por su título y/o por su supuesto target (meaning el público al que se supone que va dirigida). Y, por extensión, que no volveré a prejuzgar una historia. Siempre he procurado no decir si algo es bueno o malo sin haberlo 'catado' antes (y, en el caso de no querer 'catarlo', al menos digo que no tengo los suficientes datos para juzgarlo), pero voy más allá: si alguien me dice que tal cosa es buena, al menos le daré una oportunidad antes de decidir si me va a gustar o no.


¿Que a qué viene esto? Pues a que esta última semana he recibido una lección de las buenas. Sabéis que escribo novelas destinadas a un público 'adulto', y que los libros que leo suelen estar orientados a ese público también (aunque no me niego a leer literatura juvenil, porque en lo que a libros se refiere ya hace mucho tiempo que descubrí que hay joyas maravillosas dedicadas a todos los públicos; este último mes, por ejemplo, me he zampado la trilogía The maze runner y la he disfrutado como una salvaje animal, y me ha parecido estupenda, dicho sea de paso). Pero en lo que a producto audiovisual se refiere soy un poquito más cerrada. Me gustan las pelis y las series de aventuras, pero de aventuras dedicadas a un público adulto. No quiero decir que tengan que tener ultraviolencia ni supersexo ni tacos a cascoporro, sino que siento un rechazo general por todo lo que esté etiquetado como "adolescente". ¿Por qué, si yo misma he reconocido muchas veces que pienso seguir siendo una adolescente hasta que cumpla los 90 (en el caso improbable de que llegue a esa edad)? Pues porque, en general, los productos audiovisuales destinados a ese público son un insulto a la inteligencia de los adolescentes y de todo ser humano con un poquito de neurona en la cabeza =( historias simplonas, actores horriblemente malos, ambientaciones y efectos para pegarse un tiro o veinte, diálogos que llaman al asesinato ritual, clichés, tópicos, y sobre todo la sensación de que, a juicio de los productores y guionistas de según qué engendros, los adolescentes sólo tienen en la cabeza dos cosas: besitos/corazones y ser la reina del baile si son chicas, meterla en la jefa de animadoras y cacaculopedopis si son chicos. Y eso me parece de un simplismo insultante. Así que no suelo ver pelis o series que estén dedicados a ese público, porque como adolescente vocacional que soy (a mis 37 años, sí, qué pasa) me entran ganas de dedicarme a matar gente usando como arma de destrucción masiva una patata afilada.

Y aquí es donde viene el momento en el que yo me la envaino ;) El otro día andaba estresada y muerta de asco por todo el curro que tengo pendiente y el que llevo ya a mis espaldas, y decidí que necesitaba una serie para desintoxicarme por las noches, a esas horas en las que tengo que sujetarme los ojos con celo para que no se me caigan de la cara dando brincos de pánico por todo el tiempo que los he obligado a estar muy pendientes de la pantalla blanquísima del ordenador (blanquísima porque lo que tengo abierto es un documento de word, claro xD). Y no tenía serie que me apeteciera ver. Sí, hay un montón, pero lo que necesitaba era una serie que me relajase y me dejase la mente en blanco, no algo duro, seriote y filosófico que me hiciera pensar todavía más. Y mirando por ahí así al azar me dio un pronto y me dije: "Pues voy a ver ésta, que total fijo que me echo unas risas aunque sea de puro WTF".

La serie en cuestión era Teen Wolf.

Coña, es que lo tenía todo para parecerme lo peor. Para empezar, el título. Teen. Pues empezamos bien. El "adolescente" así en gordo y grande, que ya canta a chorradas de instituto y animadoras de falda corta de aquí a Sri Lanka. Para seguir, el tema: hombres lobo adolescentes. Madre mía madre mía, y el careto inexpresivo del menda-lobo de Crepúsculo apareciéndoseme delante de los ojos como en una de mis peores pesadillas. Para continuar, que la serie es de la MTV. Y la MTV tiene muchas cosas buenas, pero no precisamente las series que suele producir. Vamos, que no sé cómo tuve las narices de cascarme el primer episodio con todas esas pistas que me iban chillando NO TE VA A GUSTAR NO TE VA A GUSTAR VA A SER HORRIBLE NO TE VA A GUSTAR.

No volveré a juzgar una serie por el público potencial, por el título y por lo que yo crea que va a ser.

La serie es estupenda. Vale, quizá no para cincuenta Globos de Oro, pero es estupenda. Ok, quizá no. Quizá sólo sea que no tiene pretensiones y, precisamente por eso, las alcanza xD Muy entretenida, con un ritmo fabuloso, tramas ágiles y bien llevadas, cliffhangers que te obligan a seguir viéndola como si fuera una droga (a ratos alucinógena), muy poquito corazoncito rosa y cero chistecito tonto de cacaculopedopis, acción, chispa, diálogos ingeniosos, unos efectos que quizá sean un poco cutrecillos en sus inicios pero eh, ¿no lo son los de Doctor Who, y adoramos esa serie? Y sobre todo, algo que me dejó patidifusa desde el minuto uno: los actores. O____o ¡Son decentes! Es más, ¡son buenos! ¡Incluso los actores más jóvenes!, iba yo diciendo mientras veía cómo el prota se convierte en hombre lobo allá por el minuto cinco. Caray, seguía yo diciendo, ¡son muy buenos! Y seguir avanzando y darte cuenta de que los actores adultos lo hacen con bastante dignidad, los actores adolescentes lo hacen muy bien, y uno en concreto, que es el amigo-sidekick-camarada del prota, es sencillamente magnífico. Pero magnífico con todas las letras, vaya. No sé si le han dado ya algún premio, pero por todos los dioses que le den cuarenta de mi parte ya mismo, que luego voy y los pago.

Total, cuarenta y ocho capítulos en cinco días que me he merendado así sin empujar con pan. Y me he quedado con unas ganas de que acabe ya la temporada 4 para zampármela entera que no sé si me explico. Y además, como efecto colateral, mi hype por la adaptación cinematográfica de The Maze Runner (trilogía de la que hablaba al principio) se ha incrementado hasta alcanzar la masa crítica, porque resulta que (yo siempre a la última) me he enterado de que el prota de esa peli es justo el chaval que me ha dejado boquiabierta y ojiplática después de pasar de ser el personaje-de-apoyo-del-protagonista a comerse Teen Wolf con patatas, actores jóvenes y adultos y guionistas y cámaras incluidos. Que, curiosidades de la vida, el otro día veía el trailer de esa peli y expresé (ilusa e inocente de mí) mi desconcierto por que las adolescentes de hoy no tuvieran ya dos millones de clubs de fans moja-bragas dedicados al tío ese y sí a otro del que no voy a hablar porque me da un poco de urticaria, y ahora mi punto de vista ha variado considerablemente al comprobar que el tío en cuestión no sólo es monillo sino que encima se desenvuelve delante de una cámara como si esto de petarlo actuando fuera algo que le regalaron por Reyes cuando cumplió los tres años. (Pensamiento así a vuelapluma: si no hay club de fans histéricas de este chaval, ya si eso lo creo yo, ¿eh? Que una es mayorcita pero no insensible xD)

Así que no volveré a juzgar. Noooo volveré a juzgar. Y si os apetece una serie entretenida y divertida y enganchante y emocionante para este verano, en serio, dadle una oportunidad: igual no es Juego de Tronos, pero qué buenísimos ratos me ha hecho pasar la serie de las narices. #MuyFan #MyFeelings =)


lunes, 9 de junio de 2014

Cantando números

Hoy no voy a hablar de libros, ni de pelis basadas en libros, ni de series basadas en libros, ni de nada relacionado con la literatura. Hoy esto va de otra cosa: hoy esto va de daros las gracias. Porque sí, porque sois muy grandes, porque sois lo mejor que me ha pasado en la vida y porque sois los que me dais fuerzas para seguir palante cuando todo va cuesta arriba y los que me hacéis gritar de euforia cuando todo va cuesta abajo.

Hoy he visto cómo los números me hacían un guiño cómplice. Veréis: quizá últimamente me vuelco más en las redes sociales, porque el contacto entre vosotros y esta chavala es mucho más cercano, directo y chulo, pero las cifras en RRSS pueden ser un poco engañosas. Éstas, las de visitas a webs y blogs, engañan menos. Y hoy he comprobado que entre las tres webs/sites que tengo repartidas por el ello internético (este blog, mi web oficial y la página dedicada a mi saga de novelas) he alcanzado ya la mareante cifra de 125.000 visitas.

Ciento. Veinticinco. Mil.

Se dice pronto.

Cuando yo era pequeñaja, los niños de San Ildefonso cantaban esto. Aún no me he acostumbrado a lo corto y breve y cortarrollos que es el "miiiiil eeeeurroooos". Esto quedaba como más... largo :P



Para los que estáis acostumbrados a este rollo, quizá sean pocos. Para mí, son un montón. Es decir, miro y remiro las estadísticas y se me abre la boca de asombro al pensar que ciento veinticinco mil tíos (y tías) han estado pululando por las webs que yo he creado, leyendo las chorradas (y no tan chorradas) que cuelgo para mantenerlas activas. Mirando la info sobre mis libros. Cotilleando la info sobre mí misma y mis circunstancias. Haciendo muecas mientras leen mis idas de pelota relacionadas con la literatura y con el mar y los peces y el turrón de chocolate. Fli-po.

Por eso digo que sois muy grandes =) así que hoy paaaso de los libros y dedico esta entrada a daros las gracias. Gracias a los que os pasáis por aquí (o por mis otras dos webs), sea de forma regular o por accidente. Gracias a los que alguna vez habéis compartido un link. Gracias a los que comentáis y a los que no comentáis. Gracias a los que habéis leído mis novelas y a los que las tenéis en la pila, gracias (gracias gracias gracias) a los que las habéis comprado, y gracias, gracias, gracias, gracias a los que las habéis recomendado. Gracias a los que habéis metido mi nombre en la wikipedia, y gracias a los que lo buscáis en google, y a los que me seguís en cualquier red social o me saludáis por la calle. Gracias =) porque todos sabemos que escribir es algo que se hace a solas, pero para todo lo demás un escritor necesita gente. Y sin esa gente no somos más que bichos raros que se encierran a darle al teclado. Y a mí no me importa ser un bicho raro, pero serlo acompañada es muchísimo más divertido ;)