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jueves, 10 de diciembre de 2015

Pisoteando la fantasía, una vez más, por qué no

No os podéis imaginar la frustración que siento ahora mismo. «Qué exagerada», pensaréis; puede ser. Pero veréis, es que después de años y años y años peleando para intentar que se deje de denigrar el fantasy y se empiece a considerar que quizá, tal vez, es posible que, haya buenas obras y buenos autores enmarcados en el mal llamado género fantástico… ver estas cosas me hunden en la miseria y me dan ganas de hacerme un ovillo y llorar muy fuerte.

Veréis, esta mañana me he desayunado con este artículo de El Diario (un periódico al que no solo tengo en gran consideración, sino que además cuenta entre sus redactores con grandísimos profesionales. Algunos de ellos incluso son amigotes míos, pobrecitos). Mi cabreo ha ido en aumento conforme avanzaba en el artículo hasta que, al final, ha alcanzado la masa crítica. ¿Por qué?, diréis. Pues porque me ha parecido una bofetada con la mano abierta a todos los que estamos intentando dignificar el género. Porque la autora del artículo no se ha molestado en intentar siquiera aclararse ella antes de redactarlo. Porque mezcla y confunde conceptos, géneros, subgéneros y públicos objetivos, y porque al mezclar y confundir todo eso lo que consigue es insistir una vez más en el axioma contra el que llevamos peleando décadas los que nos dedicamos a esto de la fantasía.

Vamos, que viene siendo, una vez más, Fantasía = niños o niñatos leyendo libros simplones. Fantasía = Caca. Añadiéndole la variante novedosa Fantasía = nueva arma del feminismo combativo.

Empezando por lo más obvio (tan flagrante era que hasta lo han editado al oír el clamor enfurecido de las masas, así que no lo busquéis que ya no está), decir que de “Los juegos del hambre” y similares han surgido nuevas voces de la fantasía como «Ursula K. LeGuin» es una afrenta y un ultraje tanto a los autores y lectores de fantasía y ciencia-ficción como a los periodistas. Es una falta de rigor informativo tan burra que creo que no voy ni a comentarla, salvo tal vez para guiñarle el ojo a la redactora del artículo y decirle amablemente que haga el favor de buscar el nombre de LeGuin en Google. Tan simple como eso.

Obviando esa burrada, y metiéndome en el artículo en sí (y teniendo en cuenta que, como os decía, lo han editado un poco al oír nuestros aullidos ultrajados… y solo han conseguido liarlo un poco más), lo que el reportaje supuestamente serio, extenso y documentado viene a decir, así un poco resumido, es que:

1- El antecedente y la causa del auge de lo que ellos llaman High Fantasy, al que denominan indistintamente Young Adult por variar de párrafo a párrafo, está en “Crepúsculo” y en “Los juegos del hambre”.
2- El High Fantasy se caracteriza por «situarse en un mundo paralelo contemporáneo […] en el que una lucha sin parangón obliga a los protagonistas a enfrentarse a poderosas fuerzas del mal».
3- El arquetipo de las sagas de High Fantasy contiene «a una protagonista adolescente de apariencia mundana y normal que, enfrentada a las enormes vicisitudes del mundo que la rodea, descubrirá en su seno un poder mágico que la convertirá en imprescindible para la salvación de todo aquello que conoce».
4- Básicamente, el High Fantasy es “Los juegos del hambre”
5- Es ahora, con “Los juegos del hambre” y similares, cuando el género «ha trascendido a los jóvenes adultos» y hay gente de 30-44 años que lee esos libros protagonizados por una adolescente enfrentada a las poderosas fuerzas del mal con su poder mágico único.
6- Además, muchos de esos libros están protagonizados por «chicas empoderadas», y la «nueva generación de escritoras» de este género está aprovechando para crear una nueva «tendencia young adult feminista» donde «las chicas son guerreras» (sic.).
7- Como mucho, si es que la hay (porque solo lo insinúa en un párrafo y creo que ha sido uno de los que han editado a posteriori), la única diferencia entre el High Fantasy y el Young Adult es que el primero está en una cosa medieval con magos y elfos y dragones y hadas, y el segundo en otro lado.


Ahora decidme que no es para encabronarse de buena mañana y dedicarse a morder paredes. Lo que viene a decir este artículo es que seguimos en las mismas, la fantasía es un género de adolescentes, las mujeres solo escribimos con protagonistas femeninas y casi exclusivamente para otras mujeres o para jovencitos, y, lo que es más humillante, el baremo de calidad de la fantasía es “Crepúsculo” y “Los juegos del hambre”, que son los que han provocado este auge.

De las adaptaciones de “El señor de los anillos” y “Canción de Hielo y Fuego”, ni palabra (que, señores, eso SÍ es High Fantasy, al menos lo primero; lo segundo entra más en el Grimdark, pero qué les voy a contar a ustedes de la diferencia entre High Fantasy y Grimdark si piensan que el súmmum de la fantasía es precisamente una distopía de ciencia-ficción…). De la oleada de autores que se han encargado de demostrar la enorme calidad que puede recoger la fantasía, ni palabra (ni una mirada de reojo a autorazos de la calidad de George R. R. Martin, Brandon Sanderson, Joe Abercrombie, Neil Gaiman, Jim Butcher, Patrick Rothfuss, R. Scott Bakker, Andrzej Sapkowski… y la única mención a una autoraza de la categoría de Ursula K. LeGuin la confunde con una de las nuevas autoras de trilogías adolescentes en primera persona del presente. MANDA. HUEVOS). De la posibilidad de que haya autores que escriban sus libros para un público lector 1-adulto 2-sin género 3-con criterio literario y que lo hagan con gran calidad, ni palabra. Es que ni siquiera se plantean la posibilidad de que haya algo en fantasía que no sea una distopía adolescente o la Dragonlance. Pues sí que estamos buenos.

(Nota marginal: da la sensación de que denigro a los lectores de distopías adolescentes o fantasía clásica ochentera. Nada más lejos de mi intención ;) lo que pretendo aquí es demostrar la amplitud y calidad del panorama, no decir que quien lee novelas de YA no tiene criterio o que entre esas novelas no haya cosas de calidad)

Mejor lo dejo aquí, que me va a salir una úlcera. Solo decir a los amigos de El Diario que, por favor, la próxima vez que quieran escribir un artículo sobre un tema del que no tengan ni idea no dediquen cinco minutos a hacer una búsqueda superficial en Google: mejor pregunten. Hay millones de expertos en TODOS los temas. En este, también. Es tan sencillo como dejar que sea quien sabe del asunto el que lo explique, y todo será mucho más hermoso y habrá alegría generalizada.

Aprovecho para dejaros este bonito enlace a una de las entradas antiguas del blog, con el precioso título «Fantasía = Caca». Han pasado años y seguimos sin avanzar. Por cada pasito que damos, alguien nos empuja veinte para atrás. Es desesperante y es frustrante, y si alguien considera que estoy exagerando mucho que pruebe a dedicar años y años, horas y horas y horas cada día, a una profesión que la gente se dedica a denigrar como pasatiempo los sábados a mediodía. Bueno, en mi caso a dos profesiones, que aparte de escritora de fantasía soy periodista. Todo muy bien.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Apadrina a un escritor (y te hará inmortal, o al menos te lo agradecerá mucho)

Recuperando esa sanísima costumbre de resubir entradas que en su día tuvieron éxito y hoy se han quedado ahí abajo, y si no hacemos nada para solucionarlo se perderán como lágrimas en la lluvia, hoy me apetecía recordaros esta disgresión mental de hace algunos años. Nada ha cambiado. Sigue siendo exactamente igual de necesario. Más, incluso, porque el panorama, lejos de mejorar, es cada día más desolador ;) Así que ¿qué podéis hacer si un escritor escribe (sic.) cosas que os gustan un montón, y queréis echarle una mano para que siga escribiendo esas cosas que tanto os gustan?

Vale, no, no se trata de que invirtáis parte de vuestros ahorros en un mecenazgo curioso que haga que el escritor viva como los dioses escribiendo las cosas que a su patrocinador le apetezca leer y bebiendo absenta y acudiendo a todos los saraos del brazo de su mecenas en plan mascota y todo eso tan glamouroso y cool. No, ni mucho menos. Veréis, la cosa está así: muchos sabéis (y si no lo sabéis ya os lo digo yo) lo dificilísimo que es que un escritor publique, ¿verdad? Incluso habiendo mil millones de formas de publicación (la editorial convencional, la autoedición —que ahora con eso del libro electrónico está como mucho más fácil—, la co-edición —de la que sinceramente prefiero no hablar porque hay demasiados casos de estafa como para que me apetezca—), incluso así, hay miles, millones de escritores que no logran llegar a las librerías. Vale, hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, la publicación NO es el final del camino, ni muchísimo menos: sea con una editorial convencional (gorda o escuchimizada), sea por tu cuenta, sea en paralelo, perpendicular, tangente o murciano, sea como sea, una vez que tienes un libro a disposición del público el mundo no se convierte en vino con miel, pastelitos de hojaldre y champán del caro, no no. En el mejor de los casos, el escritor conseguirá comer hasta fin de mes (sólo cuatro o cinco se hacen ricos con esto, que nadie piense lo contrario); en el peor, el escritor ni siquiera ganará para echarse unas cañas con los colegas el día de la presentación. Eso si no tiene que pagar de su bolsillo, caso del que ya he dicho que no voy a hablar, al menos hoy. Las ganancias de un escritor no superan nunca (salvo en casos muy muy muy excepcionales) el 10% de las ventas de su libro. Es decir, de ese libro que vosotros compráis a 20€, el escritor se lleva aproximadamente 1’80€, céntimo arriba, céntimo abajo. O incluso menos.

¿Que qué pobre? Pues sí, bastante. Unidle a eso que si las ventas no acompañan no sólo el escritor se llevará dos duros sino que encima lo más probable es que la editorial no le publique el siguiente libro que escriba, y entenderéis por qué hay muy poquitos escritores que sólo se dediquen a escribir. Que las musas son majísimas, pero los escritores también tienen que comer, como todo el mundo, y con 1’80€ multiplicado por el nº de ejemplares que venda pues… echad las cuentas, que ya veréis, ya. Y sin estar seguro de si va a publicar el siguiente, que todo depende de cuánta gente le eche la zarpa al libro y lo pague en caja.

Esta realidad, que para los que nos dedicamos a esto es algo requetesabido y requeteasumido, se le escapa a muchísima gente cuya relación con el mundo del libro se limita a leer. A mí me ha ocurrido en infinidad de ocasiones, como periodista y como escritora, que cuando he dicho a qué me dedicaba me han respondido con un rápido “Coño, pues estarás forrada” (sic.). Claro que sí, el periodismo y la literatura están pagados de puta madre los dos: en el primer caso, un sueldo base de 800 netos/mes, si tienes una suerte de la hostia, y ni complementos circunstanciales ni complementos de lugar, tiempo, obra y omisión (y ahora ni eso, que hace años que no tengo sueldo); en el segundo, como ya he dicho antes, un 10% de las ventas. Forradísima, oiga; se me salen los euros por todos los orificios.

La triste realidad (y aquí aparco yo el periodismo, que para hablar de eso ya habrá tiempo) es que mucha gente, muchísima, incluso diría que la mayoría, cree de verdad que los escritores estamos forrados. De ahí que no comprendan nuestras ansias por publicar, por vender y por seguir publicando, a ser posible, un par de libritos al año. Bueno, es que si no vendo uno, no publico el siguiente. Y de lo que venda de ese uno me llevo una cantidad casi simbólica. Así que una de dos, o me siento en la calle Montera con un cartel de “deme algo” (o similar :P), o intento por todos los medios publicar otro cuanto antes para no darme al arroz blanco 200 días al año, que la fruta está carísima y la carne ni os cuento.

¿Que qué es lo que intento deciros? Bueno, es sencillo: sé que muchos de los que leéis este blog también leéis libros, muchos libros, libros a decenas, si no a cientos. Sé que hay escritores que os gustan más que otros: también sé que sabéis qué escritores ya tienen la vida solucionada (no, no hablo de Tolkien o de Jordan, morbosillos; hablo de gente que tiene unas ventas aseguradas y un capitalito bien majo ahorrado en plan “colchoncito para la jubilación”, nada serio, unos milloncejos y tal) y qué escritores ni siquiera saben cuándo les llegará para poder invitar a un cubata a sus tres colegas. El caso es que si os mola un escritor de estos últimos, si os apetece que ese escritor siga escribiendo para que vosotros podáis seguir leyendo sus novelas, mucho me temo que, aunque se agradezca infinito, enviarle un mail de «Me encantas, sigue, quiero la siguiente, quiero más» no va a ayudarle a publicar otra novela. Quizá sí le dará muchos ánimos, pero esto no depende de los ánimos: ya no se trata sólo de que el escritor pueda vivir de escribir y, de ese modo, seguir escribiendo sin que el horario laboral/el hambre/las facturas/las preocupaciones/etc se lo impidan: se trata de que por mucho que escriba, si no funciona, si no vende, no sólo no cobra sino que no va a seguir publicando y, en consecuencia, sus lectores no van a seguir leyéndole. Es así de duro, y es así de triste.

El caso: que hay muchas cosas que se pueden hacer para que la cosa no llegue a tanto. Que si os gusta un escritor, hay muchas cosas que podéis hacer para «echarle una mano» y que el tío o tía pueda continuar esa historia que tanto os ha molado y que tantas ganas tenéis de seguir leyendo, o de inventar una nueva historia que os apetezca todavía más leer. Y tampoco es necesario que empeñéis vuestra alma, o vuestra pensión, para ello. Algunas cosas incluso son gratis :O

Empezando por la más obvia, que es comprar sus libros. Vale, es de cajón. Pero es lo que decíamos antes: ese escritor al que admiráis cobra una cantidad ridícula por cada ejemplar que vende, y además de para tener dinero para comer y pagar facturas, ese escritor necesita vender para seguir publicando (ninguna editorial confiará en un autor que en ocasiones anteriores no le ha funcionado; y ningún autor pasará AÑOS escribiendo una novela que le va a dar dos euros, si tiene que empeñar el tiempo en trabajar en otra cosa para comer), y vuelta a empezar. Mi opinión sobre la piratería ya la he dado en algunas ocasiones, y la resumiré diciendo que incluso puede ser beneficiosa para un escritor desde el punto de vista promocional, PEEERO por mucho que el nombre de un autor esté en todas partes y que todo dios se haya leído su libro, si no ha vendido, no cobrará y no seguirá publicando. Así que si leéis un libro pirateado/prestado/pillado en la biblio y os mola, y si queréis seguir leyendo cosas de ese autor, lo más sencillo y lo más útil será que os compréis ese libro, porque de ese modo el siguiente saldrá a la venta (y también “a la no venta”). Que no veáis lo difícil que es piratear un libro que nunca jamás se va a publicar porque el anterior no se vendió. «Es que están carísimos». Miradlo desde este punto de vista (no, no voy a insistir en la ratio 20/1’80€): por el precio de un libro no os pagáis ni media noche de juerga, al precio que están las copas. Un libro os cuesta lo mismo que pillar dos taxis. Un libro son dos entradas al cine. Y un libro no se lee en dos horas, ni os deja una resaca del carajo, ni tiene puesto el Carrusel Deportivo en stereo por los altavoces traseros ;) NADA te da tantas horas de felicidad como un libro. ¿20€? Cenar en una pizzería con Lambrusco os cuesta lo mismo, y engorda mucho más. Y dura mucho menos. Las ediciones electrónicas también valen, ¿eh? Son más baratas, suelen dar más porcentaje de beneficio al autor (aunque no siempre) y en las listas de venta cuentan como las ediciones en papelote. Y ya si encima elegís su libro para regalar en Navidad, Reyes, San Valentín, cumpleaños feliz, el Día del Orgullo Friki o el Día de la Independencia de EEUU, pues miel sobre hojuelas, qué os voy a contar (y de paso así atraéis a otro alguien al Lado Oscuro de la lectura, que nunca viene mal).

Y ahora, las posibilidades gratuitas: por ejemplo, hacer comentarios sobre los libros de ese autor, si os ha gustado y queréis que el tío o tía siga escribiendo. Donde os apetezca: no sólo se pueden hacer reseñas del libro en blogs o webs (cosa que siempre viene bien, y que tanto el escritor como los posibles futuros lectores, si creéis que les va a gustar también, os agradecerán); también sirve, y mucho, comentar en las páginas de venta (y mucho, muchísimo, incluso más que cualquier reseña que os curréis). Las reseñas y comentarios positivos hacen que otra gente se interese por el libro, lo cual traerá más ventas y más comentarios y reseñas, y así hasta… bueno, hasta donde se llegue.

Pero no sólo: un comentario en un foro, o en dos, o en quince, un debate sobre el libro, una lectura comentada con los colegas de tal o cual foro que leen lo mismo que vosotros. Un estado en facebook. Un tuit. Una estrellita en Goodreads, o en Anobii, o en las páginas de FNAC, Casa del Libro, Amazon, blehblehbleh. Un “me gusta” en una fotito o un link o un estado del autor o del libro, un “compartir” o “retwittear” eso mismo, apuntaros a la página de facebook, ‘followear’ al autor en twitter, suscribiros al blog del autor y leer y comentar sus entradas, compartir todo lo que se os ponga por delante, todas esas cositas hacen que otra gente (vuestros amigotes, y los amigotes de vuestros amigotes, y etcétera) se interese por ese autor y que, al tiempo que el interés, se incrementen las lecturas, las ventas y los comentarios positivos (si la novela los merece, por supuesto). Y eso lleva a, quizá, lo más importante de todo:

El boca-boca. O boca-oreja. O boca-loqueosapetezca, que yo en los gustos de cada uno no me meto :P La promoción más importante, la mejor, la más útil y la que más beneficios va a proporcionar tanto al autor (y su ‘panda’, en este caso editoriales, distribuidoras, etc) como a los lectores es la que los mismos lectores hagan. ¿O no os ocurre que confiáis más en lo que vuestros amigos digan sobre tal o cual libro, tal o cual peli, tal o cual serie, que lo que pueda llegar a decir un crítico de un periódico (y no digamos ya de lo que diga el propio autor/productor/actor/director…)? La difusión que hacen (¡hacéis! ¡hacemos!) los lectores es la que hace que un libro tenga o no éxito. Es la gente comentando el libro, y recomendándoselo a sus amigos/vecinos/compañeros de curro, la que consigue que un libro triunfe o no triunfe. Por muchas veces que el escritor comparta la información de su libro, por muchas presentaciones que haga, por muchos concursos que se invente, por muchas reseñas positivas que consiga su libro, por mucho que invierta una editorial en su promoción con anuncios millonarios en prime time y demás utopías, al final lo importante, lo verdaderamente importante, es QUE SEA LA GENTE la que lo recomiende. Es muchísimo más valioso que alguien le diga a su novio, a su vecino del cuarto, a su portero y al kioskero de la esquina «oye, ¿has leído lo último de…? ¡Es cojonudo!» que dos mil euros invertidos en una cuña radiofónica. Y eso, con Internet, es muchísimo más sencillo: lo que decía antes, un tema nuevo en un foro «Ey, qué libro me acabo de leer», un estado en facebook, un tuit, todo lo que se os ocurra, que es graaatis (y lo seguirá siendo :P :P :P) y cuesta dos segundos, hace que el de al lado se interese y te pregunte si crees que a él también le va a gustar, y si a éste le gusta hará lo mismo y se lo recomendará al de al lado, que a su vez… Es decir, si la novela lo merece (y si os ha gustado SEGURO que lo merece), vuestros propios comentarios, y no la promoción que pueda hacer la editorial o el autor, serán los que la pongan en su sitio.

Y de ese modo tan facilito y tan baratito ese escritor que os gusta podrá seguir escribiendo y comerá carne una vez por semana, vosotros seguiréis leyendo libros de ese autor, y todo será alegría y regocijo =)




Nota: obviamente esta entrada TAMBIÉN se refiere a mí. Por supuesto que, del mismo modo que quiero que os planteéis echar una maneja a otros escritores, quiero que me la echéis a mí. Pero OJO: sólo si os molan mis novelas. Que si recomendáis a vuestros amigos algo que no creáis que vaya a gustarles, entonces no volverán a haceros caso en la puñetera vida, y tampoco es cuestión.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Que no es lo mismo autopublicar que autoeditar

Ah, ¿no?, os preguntaréis. Pues no, aunque se empleen ambos términos de forma indistinta (a.k.a. como le venga a la mente o a la mano en esos momentos al que está haciendo referencia al tema) y aunque se utilice mucho más el primero que el segundo.

¿Y cuál es la diferencia? Pues la diferencia es algo fundamental, algo que todos los escritores que van a pasar o han pasado por el trámite de publicar sin editorial deberían tener clarísimo (más que eso, grabado a fuego en las meninges) y que todos los lectores que se enfrentan a la tesitura de comprar un libro sin sello editorial deberían aprender a diferenciar. Aunque esto último no es fácil, y por eso quizá sea también tarea de los autores encontrar la forma de hacer llegar a los lectores esa información: la que les dice si un libro es autopublicado o autoeditado. ¿Por qué? Pues porque es la garantía, es «lo que le da calidad a la película» (o, en este caso, a la novela).

Por ejemplo, un libro con los mapas sin erratas...
En realidad, el nombre lo dice todo. “Autopublicado” es un libro cuyo autor ha decidido publicar sin ayuda de nadie, ni editorial ni perrito que le ladre; “autoeditado”, por el contrario, es un libro cuyo autor ha decidido EDITAR por su cuenta. Y ahí es donde radica la diferencia: en la EDICIÓN. Porque no es lo mismo un libro publicado (es decir, puesto a disposición del público, sea por el propio autor o por una editorial convencional) que un libro editado: corregido, reescrito, reestructurado, valorado, cuidado, mimado, maquetado, con una buena portada y un buen diseño, bien presentado, BIEN HECHO.

Un libro en el que la portada sea original y "suya".
La diferencia, entonces, está en el respeto que el autor se tenga a sí mismo y a sus lectores. Porque soy de las que opinan que un lector, y también una novela, merecen el máximo cuidado y la máxima atención. Un libro autoeditado es un libro al que su autor ha mimado al máximo, dedicándole todo el trabajo que merecía (y que, por desgracia, muchas veces las editoriales no pueden o no quieren dedicarle; hablo en general, así que que nadie se me eche encima, pero cada día se tiene menos cuidado, cada día se invierte menos en los detalles que marcan la diferencia —corrección ortotipográfica y de estilo, maquetación, revisión, diseño original de portadas, promoción—, quizá porque las editoriales venden menos libros y no desean tener menos ganancias...). Ese mimo es el que el autor de la novela sí puede (y DEBE) darle. Porque es el que da la diferencia entre un libro publicado y uno editado, entre un libro mediocre y un libro bueno (o, al menos, correcto).

Se pueden hacer virguerías con la maquetación,
echándole trabajo y tiempo...
¿Que un autor solito no cuenta con medios suficientes para hacer el trabajo que antaño hacían las editoriales? Claro que sí =) querer es poder, y sólo es necesario querer hacer un buen trabajo para hacerlo. Lo que un libro necesita para no ser autopublicado sino autoeditado (y, por tanto, cumplir ese mínimo de calidad que se espera y se exige a una novela cuando a cambio se pide un dinero, sea cuanto sea) es una serie de puntos que cualquier autor puede cumplir por sí mismo o con la ayuda de unas pocas personas: pedir una valoración con un cierto criterio (para eso están los lectores “cero” o “beta”, y no, no valen la madre o el cuñado del autor), hacer los cambios que sean necesarios para que la trama y la estructura sean correctas (siguiendo los consejos de esos lectores), hacer una corrección ortotipográfica y de estilo (para eso hay profesionales; y no, por muy bien que escribamos lamentablemente no suele ser fiable la corrección que nos hagamos nosotros mismos...), realizar (o encargar, si no somos mañosos y/o no sabemos cómo hacerlo) una maquetación y un diseño de portada y contraportada correctos, atractivos y comerciales. Asegurarse de que el producto (sí, es un producto, se vende, ¿no?) tiene la mayor calidad posible. En todos los aspectos. Y si hay puntos que no puede cumplir por sí mismo, hay muchos profesionales que pueden ayudarle en todas esas tareas, y que no están sujetos a ninguna editorial.

Las cosas bien hechas, bien parecen ;)
Yo, en mi caso, procuro que mis novelas autoeditadas tengan, incluso, mayor calidad de la que tienen mis novelas publicadas con editorial: son muchos factores que no puedo controlar cuando publico bajo un sello, y que sí puedo controlar editando por mi cuenta (y para eso cuento con una correctora de bandera como es Natalia Cervera, a quien conoceréis por ser quien corrige las novelas de George R.R. Martin en España, y con un portadista y “mapero” increíble como es Fernando López Ayelo, muy relacionado con el mundo de las reproducciones de Tolkien), y me he encargado de reciclar mis conocimientos de maquetación para asegurarme de que mis novelas salen al mercado exactamente como yo quiero que salgan. Y si para ello he tenido que invertir meses de trabajo (aparte de los años de escritura), pues que así sea.

Un libro en el que la portada
refleje el interior. Por ejemplo.
¿Y para qué dedicarle tanto esfuerzo, tanto tiempo y tanto sacrificio? Pues porque sólo así se consigue lo que comentaba al principio, que los lectores comprendan la diferencia entre un libro autopublicado y uno autoeditado y se den cuenta de que un libro que salga a la venta lejos de los sellos editoriales no tiene por qué ser peor que los que tienen logotipo. Porque la autoedición no es sinónimo de baja calidad, sino todo lo contrario: ¿quién mejor que un autor para darle a su libro todo el cuidado, el cariño y el trabajo que su obra merece? Y ese cuidado, ese cariño y ese trabajo se notan, y mucho, en la calidad. Tanto que, a veces, esa calidad es superior a la de los libros con sello editorial (si la editorial no se preocupa por esos detalles tanto como el autor). Y, cuando los lectores se den cuenta de ese dato, dejarán de mirar con suspicacia a los libros publicados por su propio autor y los comprarán con gusto. Porque sabrán que los libros autoeditados (que no autopublicados) van a cumplir sus expectativas, al menos en lo que a calidad se refiere.

¿En conclusión? Si eres un lector, mira a ver si un libro está simplemente autopublicado o, por el contrario, su autor ha dedicado tiempo, esfuerzo y/o dinero a dejarlo impecable antes de su publicación. Y, si eres un autor, entiende que sólo ofreciendo productos de calidad se consigue que la gente reciba tu trabajo como se merece, con una buena crítica, con una alabanza, con una recomendación y con la compra del siguiente ;)




lunes, 24 de noviembre de 2014

¡Hablad bien, que no cuesta un carajo!

Es una frase que decía mi abuelita (creo) y que me viene al pelo para definir lo que me apetecía contaros hoy. Veréis, el otro día un buen amigo y mejor profesional en esto de la edición/corrección/escritura me comentaba que alguien le había dicho que había dejado de leer una de mis novelas porque le había chocado demasiado (para mal) que «un rey medieval llamase “cabronazo” a un mayordomo». Este amigo me decía que a él no le parecía correcto, que lo consideraba un fallo estilístico y que se había disculpado con ese alguien (el que había dejado de leer) por haberle recomendado mi novela.

Vayamos por partes ^^ En primer lugar, por supuesto que esa persona tiene todo el derecho del mundo a dejar de leer una novela si el estilo, la historia o el tipo de letra no le gusta, ¡faltaría más!, y yo ahí no tengo nada que decir. Donde sí tengo algo que decir es en la otra afirmación, la de que utilizar ese tipo de coloquialismos (que yo en mi casa llamo «palabras malsonantes», «tacos» y «salvajadas burras») es un fallo estilístico. Y mirad que suelo estar de acuerdo en prácticamente todo lo que me dice este amigo, porque es un grandísimo profesional; pero en esto no, sorry =)

Cuando una novela está escrita con corrección ortotipográfica, sintáctica y semántica y mantiene una coherencia interna en los tonos (de la narración y de los diálogos de cada personaje), NO contiene fallos estilísticos. A uno le puede gustar más o menos un estilo, obviamente; pero, le guste o le disguste, el estilo ES CORRECTO. Eso como punto número uno.

Como punto número dos: desde los inicios de la literatura se han empleado los coloquialismos como recurso. No es algo nuevo, ni es algo que yo me haya inventado (hasta ahí podíamos llegar): las mismísimas comedias de Aristófanes están plagadas de ellos. Vulgarismos en griego clásico, válgame. Lope de Vega escribía una obra al día y, aunque lo hiciera en verso, también metía por ahí sus expresiones “bajunas”, y no de vez en cuando. Por no hablar de la literatura más contemporánea, por supuesto, donde los coloquialismos y vulgarismos tienen una presencia casi predominante.

Punto número tres: los coloquialismos y vulgarismos están ahí para algo. Ese tipo de expresiones, frases y términos es el que utiliza la gente al hablar entre sí, cuando no está empleando el idioma para dar un discurso o una conferencia, cuando no está escribiendo una carta oficial o un ensayo sobre la inmortalidad del alma sensible, cuando no se está dirigiendo a una instancia superior :P Es el lenguaje que empleamos todos cuando charlamos con el vecino del quinto en el ascensor o con nuestro amigo Paco mientras nos peleamos por las aceitunas en el bar. Entonces ¿por qué digo que es correcto empleado en literatura, si no está aceptado dentro de la corrección semántica/sintáctica general (aunque la mayoría sí está recogida en el diccionario de la RAE y en el Panhispánico, conste)? Porque la gran diferencia entre la narrativa de ficción (meaning “novela”) y el resto de géneros escritos estriba en los personajes y el tipo de narración.

Es fundamental para todo autor de ficción saber caracterizar a los personajes, hacerlos reales, convertirlos en personas auténticas, existentes y vivas. Y para conseguir que un personaje inventado esté vivo, aparte de otras muchas cosas (que por cierto este amigo mío conoce a la perfección, dicho sea de paso) es absolutamente necesario que, cuando hablan, el lector se crea que están hablando. Que son de verdad. Que sus palabras han salido de sus bocas.

¿Cómo se supone que vamos a creernos que un personaje está vivo y es real si, cada vez que abre la boca, suelta un discurso como si estuviera en el palacio de la Zarzuela dirigiéndose a Sus Majestades los (cuatro) Reyes de España con motivo del aniversario de su proclamación? Ese tipo de discursos, ese tipo de lenguaje y de tono altisonante, sólo funciona si DE VERDAD el personaje está en la Zarzuela con los reyes. Si no, la caracterización del personaje falla y la credibilidad de la novela se tambalea. No hay nada más chocante y provoca-muecasdedolor que un campesino pobre y desdentao entrando en un bar de pueblo a pedir un carajillo y dirigiéndose al parroquiano de al lado con un «Buenas tardes. El señor alcalde ha proclamado en un bando municipal la obligatoriedad de todos los convecinos de ésta, nuestra villa, de inscribirnos en el padrón de la provincia, con motivo de...» Pooor favooor, «Paco, ¿has oído al hijoputa del Pepito que dice que nos tenemos que apuntar en no sé qué coño? Pues se van a apuntar él y su puta madre, que no tengo tiempo de soplapolleces». Hala. Y no sólo al describir al campesinado: no tenéis más que salir a la calle para daros cuenta de que todo el mundo, sea cual sea su profesión, clase social, nivel económico y de estudios y patrimonio, TODO el mundo, habla con coloquialismos y vulgarismos. Nadie emplea un lenguaje elevado excepto en lo que os comentaba antes, discursos oficiales, conferencias, ese tipo de cosas raras.

¿Y en fantasía épica? En fantasía épica, lo mismo. Antaño (allá por mediados/último tercio del XX) los diálogos de personajes de fantasía eran muy altisonantes, no sé si será por culpa de las traducciones o porque los autores bebían de Tolkien y no sabían exactamente hasta dónde beber antes de emborracharse. Es decir: las novelas de Tolkien, por su tono, son altisonantes (sí, lo son; lo cual no quiere decir que me gusten menos, pero serlo, lo son. Bien es cierto que Tolkien escribía en una época y dentro de una corriente que empleaba este tipo de lenguaje). Cuando se dio la furia imitadora de Tolkien, todos los autores de épica se dedicaron a imitar ese tono, y quedaba raro no, lo siguiente: porque en la obra de Tolkien los personajes y situaciones son lo bastante “etéreos” como para que les pegue hablar como si estuvieran declamando, pero ese tono no siempre encaja. Por ejemplo: si metes a un pavo espada en mano cargándose a medio mundo para abrirse paso hacia la Sede del Mal en busca del Malo Deificado que está destruyendo la realidad, ese menda no va por la vida diciendo a sus enemigos «No sabéis lo que hacéis, deteneos, por los cinco dioses que cometéis un gravísimo error al atacarme con tanta saña». No, joder: el tío está luchando desde hace veinte años, anda que no habrá soltado tacos, exabruptos y maldiciones en todos los idiomas a estas alturas :P

En la actualidad, eso se ha diluido. La fantasía épica actual intenta acercar el género heroico al lector y dotarlo de un mayor realismo (a pesar de sus elementos fantásticos): la descripción de la supuesta época medieval, por ejemplo, se acerca más al medievo real y se aleja de esa Edad Media de cartón piedra que parecía más un decorado de una película de Errol Flynn. Hay guerras sangrientas, hay gore, hay tripas, hay violencia, hay violaciones y masacres, hay injusticias que no reciben compensación. Los personajes son grises, no blancos o negros: son más reales, más humanos, porque ningún ser humano real es completamente bueno o completamente malvado. Hacen cosas muy malas, y cosas muy buenas. Y hablan como habla todo el mundo: con un lenguaje coloquial plagado de vulgarismos. Porque ningún violador que se precie va a decirle a la moza que tiene debajo abierta de patas «Ahora vais a conocer el precio de vuestras erróneas lealtades, señora». Pues claro que no. Como mínimo le dirá «Te voy a meter de tó menos miedo, japuta». De ahí parriba.

En la fantasía épica actual, los personajes (y el narrador, si es tercera persona subjetiva, como es a menudo) hablan como habla la gente de la calle. Y los tacos, exabruptos, insultos y coloquialismos y salvajadas que dicen son las que decimos todos cuando charlamos con los colegas en un bareto. ¿Que “mamonazo” no es un insulto medieval? Bueno, aquí hay otro debate distinto, pero mi postura en este caso es la siguiente: si los autores empleamos castellano (o inglés, o polaco, o whatever) MODERNO para escribir toda la novela, diálogos incluidos, ¿por qué íbamos a cambiar a un lenguaje más antiguo en los tacos/insultos/expresiones coloquiales? Eso sí que no tendría sentido. Eso sí que chirriaría. Chirría, cuando se hace. Y, no menos importante: no hay un conocimiento claro de las expresiones vulgares y coloquiales que se empleaban en la Alta Edad Media. Si intentamos poner los diálogos en “medieval”, la cagaremos fijo; primero, porque ningún lector se enterará de una mierda; segundo, porque no lo haremos bien. ¿La novela está escrita en lenguaje moderno, los personajes hablan en lenguaje moderno? Lo lógico es que también los coloquialismos que empleen sean modernos. Pero ese es otro debate y mejor lo dejamos para otro día =)

Sea como sea, que me enrollo: ese tipo de expresiones sirve para caracterizar a los personajes y la época, para aligerar el tono de la narración y, sobre todo, para darle realismo y verosimilitud a la novela. ¿Un error estilístico? No puedo estar menos de acuerdo ;) ¿Significa eso que TODO el mundo debe escribir con tacos y burradas? No. Igual que es elección del lector abandonar una novela por un «cabronazo», es elección del autor poner «cabronazo» o «desgraciado». Lo importante es que, al leer la novela, los diálogos suenen naturales. Y que un capitán chusquero del ejército no hable como si estuviera leyéndoles a sus soldaditos el discurso de investidura del sacerdote supremo del templo diamantino de las veinte declinaciones.

Y un apunte más: lo que me hace gracia es que autores como George R.R. Martin, Joe Abercrombie o Andrzej Sapkowski llenen sus novelas de tacos, insultos, vulgaridades, coloquialismos y expresiones «de letrina» y todo sean alabanzas y loas, y lo haga cualquier otro (por ejemplo una chavala madrileña apellidada Pérez) y sea un fallo estilístico. Eso sí que me hace una gracia bárbara :P

miércoles, 29 de octubre de 2014

Todos somos Martin

Un tema del que tenía yo ganas de comentar un par de cosas hace tiempo, pero siempre se me olvidaba :P Hoy voy a hacerlo, porque en menos de doce horas han conseguido que me salgan dos úlceras (de forma involuntaria, estoy segura/confío/espero/creo/supongo). Veréis, el detonante de mi momento de ARGSFGJGJGLLGGGL han sido dos cadenas de twits:





Que esto no es nuevo, ¿eh? Ya ocurría hace años, en vez de con Martin, con Tolkien (a rey muerto, rey puesto). Pero veréis: ni es justo para Martin ni es justo para los demás autores de fantasía que todo lo que se haga en ese género pase por el rasero de Canción de Hielo y Fuego. No es justo que TODO lo que se escriba de fantasía épica medieval ahora sea "una copia de Canción", como hace años era "una copia de Tolkien". Y no es justo básicamente porque no es verdad.

Veréis: los escritores, como es obvio, también leemos. Y, a la hora de escribir, es evidente que tenemos nuestras influencias, y que lo que hemos leído influye en nuestra forma de escribir de una manera más o menos acusada. Es cierto que cualquier autor de cualquier género tiene una serie de autores que han influido en él y por los que se sigue dejando influir hasta que todas esas influencias conforman un estilo diferenciado propio del autor en cuestión. Lo que no es cierto es que TODA la fantasía épica actual esté influida por Martin, como no toda la fantasía épica del siglo XX estaba influida por Tolkien. Pongamos las cosas en perspectiva: en estos casos concretos que os ponía arriba, esta gente estaba diciendo que mis novelas parecen de Martin porque son medievales y tienen política, sangre, sexo y mapas. El mismo Martin se descojonaría en sol sostenido si alguien se atreviera a decirle que él inventó la fantasía épica, que él inventó las conspiraciones políticas, que él inventó los mapas en las novelas de fantasía, que él inventó eso de cargarse personajes, que él inventó lo de meter sexo en sus novelas y hasta que él inventó la Edad Media. (Por cierto que si muchos autores elegimos el Medievo para ambientar nuestras novelas no es por Martin, ni por Tolkien: es porque las historias épicas/de caballería/de héroes se inventaron en aquella época. Y también porque la Edad Media es la época ideal para hablar de brujos, maldiciones, conjuros y profecías, una época oscura y llena de magia y de monstruitos, dragones y brujas malas. Vale, no los había, pero la gente creía que sí, que es lo importante. Y no, eso tampoco lo inventó Martin. Ni Tolkien. Tolkien, de hecho, se basó en las leyendas y la mitología de la edad media escandinava/germánica, así que tampoco era del todo original. ¿Os sorprende? ¿Por qué?).

Un poco de por favor :P Martin es un escritorazo y se ha convertido en un referente por algo, pero tampoco vayamos a sacar los pies del tiesto pensando que TODO lo que se hace está hecho para imitarlo a él, porque ni es justo ni es cierto. Es como los que comentan que Camelot y Outlander quieren aprovechar el tirón de Juego de Tronos. Eh... ¿hola? ¿La historia del rey Arturo también es un plagio de Canción de Hielo y Fuego, cuando es unos 10 siglos anterior? ¿Una serie basada en una novela de 1991 es una copia de una serie basada en una novela de 1996? Claro que sí. Si me apuráis, hasta Shakespeare, con su manía de matar personajes, era una burda copia de Martin. Que escribiera en el XVI-XVII es un detalle sin importancia.

Lo que quiero decir con este exabrupto no es que Martin tenga menos mérito del que tiene =) creo que los que me conocéis un poco sabéis que soy #muyfan de Canción y del señor de la barba y los tirantes, y que me flipa su saga y el resto de sus novelas. Pero el resto de los escritores de fantasía también tiene su mérito, y no únicamente como imitadores. Y que no es justo que cuando una novela huele a épica medieval ya se tache de "imitación de GoT", ni que cuando un autor mata a un personaje ya se le tache de "imitador de Martin", ni que cuando un autor hace un mapa se le diga que el mapa "es de Poniente". Que ya había mapas, épica, Edad Media, sangre, muerte y sexo antes de Canción, y que seguirá habiéndolos después, vaya ;) simplemente eso.

jueves, 23 de octubre de 2014

Al Cid, que le folle un pez

Quería yo hoy comentar un tema que llevamos varios milenios debatiendo en las redes sociales, y del que, como de casi todos, parecemos tener la solución parcial o total pero ¡oh, cosa extraña!, nadie nos hace caso (sobre todo los que mandan, que son los que deberían hacérselo mirar. Y bueno, también en temas económicos y sociales parece que las cosas “de cajón” no les entran en la cocorota, así que de qué nos extrañamos).

El tema en cuestión es la educación y el dañito que hace a la lectura. Sí, tal cual. Veréis: a juicio de los que nos hemos entretenido en debatir esto (parte interesada, ya os lo voy diciendo, porque el 95% somos escritores), el plan educativo en literatura está perfectamente diseñado para que los chavales no vuelvan a leer un puto libro en su puta vida. Hablo de España, pero no creo que en el resto del “mundo libre” la situación sea mucho mejor. Aunque estoy dispuesta a dejarme sorprender, siempre que sea para bien, gracias =)

O sea, vamos a ver. ¿A qué mente preclara se le ocurrió que la mejor forma de conseguir que la gente ame la lectura es obligar a los chavales de 13-14 años a cascarse el Cantar de Mio Cid en castellano antiguo y El Quijote en versión extendida con sus dos partes y el fanfiction extraoficial? ¿En serio piensan que la amenaza «O te lees y asimilas y entiendes a la perfección La Celestina y El Lazarillo de Tormes de aquí al lunes, o suspendes, pazguato, y calla la boca o te mando al despacho del dire» va a hacer que los muchachetes que llenan las aulas de Secundaria respondan «Genial, profe, a partir de ahora en vez de irme a los futbolines o pasarme las horas muertas trolleando en el LOL, voy a dedicarme a leer, muchas gracias»??? Coño, se me quitan las ganas de leer hasta a mí, que soy el monstruo de las galletas versión libros... Lo raro es que todavía quede alguno que no decida des-aprender a leer para ahorrarse sufrimientos. O sacarse los ojos con una cucharilla, lo que venga antes.

Vamos, que para que un chicochica estudiante de ESO decida no colgar los libros y dedicarse a ver MYHYV en sus ratos de esparcimiento, para que de un adolescente salga un lector, el adolescente en cuestión tiene que “venir leído” de casa: haber aprendido a amar los libros antes de que en el cole le explicasen cómo se abren y qué movimientos musculares hay que hacer para leerlos. Guau, qué mérito el del sistema educativo, ¿eh? Apartar de la lectura a TODOS los chavales excepto a los que ya están tan metidos en el vicio de leer que no los apartas ni con agua caliente. E incluso ésos, lo que sí se consigue en el 80% de los casos (caso arriba, caso abajo) es que decidan no volver a leer en su puta vida ESOS libros. ¿La prueba? Mirad estos dos twits, que son (creo) sintomáticos:




Estos dos chavales son un síntoma de lo que ocurre, y por fortuna son el mejor de los síntomas: el de los poquitos que no deciden mandar a los libros a pescar coquinas por la vía rápida. Uno porque decide seguir leyendo pese a todo (eso sí, seguir leyendo lo que a él/ella le gusta, no lo que el ministro de turno piensa (je) que debe leer), el otro porque supera su fobia a los libros y decide meterle mano a uno que parece que le puede molar. Por desgracia, no es lo más común. No tenéis más que pasaros por las redes sociales y echar un ojo a los mensajes que se intercambian los adolescentes y adultos jóvenes: el que lee casi casi lo oculta, se siente avergonzado de ello, o lo declara con el orgullo de quien declara que su enfermedad degenerativa no le impide hacer vida normal. Y la mayoría hace de su no-lectura una bandera, «Yo no leo», sabiendo que con ese lema va a encajar en el grupo mayoritario y a formar parte del club más amplio y con más seguidores de todo el planeta.

Y luego se asombran de que en España, y en casi todo el mundo, no se lea un pijo. Y se desprecie la literatura, y los libros sean un quéseso (o, en el mejor de los casos, una forma bonita para crear un bolso de moda, que es lo que se lleva ahora, bolsos con forma de libro O_o ¿Y lo de dentro?). Pero es que es normal, joder. Te cogen con 14 años y te zoscan el Mester de Clerecía sin anestesia, y ahí el que no sale corriendo despendolado y jurando en veinte idiomas que no vuelve a leer algo más complejo que la etiqueta del champú es un jodido héroe. Que parece que hagan el programa educativo para que los críos no vuelvan a leer una mierda, coño.

Que no digo yo que no se estudie la historia de la literatura. Hay que estudiarla. Pero eso no sirve para hacer que los chavales aprecien la lectura: sirve para meterles datos en la mollera con un embudo y un pistón de corchopán. Aparte de que muy bueno tiene que ser el profe para que todos esos datos se les queden en el cerebro, pero eso pasa con todas las asignaturas, así que para qué hurgar.

A lo que yo me refiero no es a que no se dé esa materia de historia de la literatura, sino a que no se obligue a esos chavales a leer semejantes bodrios (sí, son bodrios. Tened en cuenta que hablamos de gente muy joven y, generalmente, con poca experiencia lectora: cascarles algo así de complejo y denso es matarles las ganas pa siempre jamás). Que se estudie la asignatura todo lo que se quiera, pero que se impulse a los chicos a leer otras cosas que les puedan gustar. En clase, Cervantes; en casa, Harry Potter. Y quizá los datos y fechas y corrientes literarias no se les queden en la cabeza (total, ahora tampoco se les quedan, así que qué más da), pero seguro que la magia de la lectura convierte a más de uno y más de dos en un lector irredento conforme vaya creciendo y saltando de libro en libro y de género en género. No creo que sea tan descabellado =)

lunes, 13 de octubre de 2014

Se mata poco

Buenas =) Me apetecía hoy comentaros un mensaje/respuesta/cosa que me enviaron ayer en twitter y que me resultó lo bastante curiosa como para detenerse un poco a pensar en ella. No mucho, que tampoco hay que pasarse :P pero sí un poco más de 140 caracteres, por qué no =) El mensaje fue éste:


El caso es que esta respuesta me hizo pensar. Para empezar, en que este ser humano cuya identidad he escondido con tanta habilidad :P (sólo por si no quería que su mensaje saliera aireado con su perfil ahí a lo bestia) es uno de los pocos que no hacen referencia a mi bienamado y nunca bien ponderado George R. R. Martin cuando se habla de matar personajes. Que sí, que Martin mata personajes, eso es innegable :P pero ¡No es el único! ¡Ni es el primero en hacerlo! ¡Ni es el que más mata! Anda que no hay muertes a cascoporro en la historia de la literatura universal, empezando por las tragedias griegas y acabando... bueno, no se acaba nunca. Pero en fin, lo de que cuando dices "voy a matar a un personaje" toda la humanidad en su conjunto se apresure a preguntarte si quieres parecerte a Martin no es más que una anécdota :P El tema da para mucho más que eso.

El tuit me hizo plantearme si es cierto que a algunos escritores (lo del género lo dejaremos a un lado porque es tan anecdótico como lo otro) nos gusta matar a los personajes más queridos de los lectores. Y mucho me temo que la respuesta, en muchas ocasiones, es un contundente .

No me entendáis mal: no lo disfrutamos. Bueno, un poco sí xD pero sólo como uno disfruta una travesura, te echas una risita al pensar en lo que pensará el de enfrente y ya está. En realidad, cuando un lector se enamora de un personaje suele ser porque el autor se ha enamorado antes de ese mismo personaje, y ha conseguido transmitir ese sentimiento al lector. Y, si el autor ama apasionadamente a ese personaje ¿cómo va a disfrutar matándolo? Al menos los que todavía estamos medio cuerdos :P :P Nah: una cosa es que no tengamos miedo de matar, otra bien distinta que lo hagamos por joder al lector o por maldad pura y asalvajada.

No =) en realidad los escritores matamos cuando es necesario. Sí, es evidente que queremos despertar una reacción en el lector (como con todas las escenas que escribimos), pero la muerte de un personaje no es un objetivo en sí mismo: es una forma de hacer avanzar la trama, es necesaria cuando es necesaria, tiene que ser sólo cuando tiene que ser. Y, además, es una cuestión de provocar dos cosas en el lector: por un lado que no se acomode (¿No os ha pasado nunca que habéis dejado de emocionaros al leer un libro porque sabíais que los protagonistas iban a salir de aquélla sí o sí? ¿Que, por muy negras que se les pusieran, SIEMPRE saldrían? Cuando uno deja de temer por el futuro de un personaje, puede ocurrir que le deje de emocionar o de interesar la historia. Y eso es algo de lo que todos los autores huimos :P y cuando el lector sabe que eres capaz de matar a CUALQUIERA, que no te importa que sea el protagonista o el personaje más querido o un secundario que pasaba por allí... entonces no puede acomodarse jamás, #bwahaha y todo eso), y por otro lado queremos provocar una sensación de realismo (sí, los autores de fantasía también). Y, por desgracia, en la vida real la gente muere. Mucho. De hecho, todos :P Así que no es tan extraño que un personaje de una novela muera, sea quien sea. Todo el mundo tiene que morir, y todos los días muere un montón de gente. Así es la vida, no la inventé yo y todo eso.

Así que no, no lo hacemos por maldad ni por dar por saco al pobre y desconsolado lector =) lo hacemos porque tenemos que hacerlo, y lo contrario sería incumplir nuestra obligación como escritores. Eso sí, y ahora hablo sólo por mí, no me tiembla el pulso al matar a ningún personaje PEEERO cuanto más adoro a ese personaje mejor muerte quiero darle: más épica, más dramática, más... digna de recordar. Es mi personaje y lo quiero, ¿no? Lo quiero MUCHO. Así que quiero que tanto su vida como su muerte sean memorables. Y si soltáis una lagrimilla... bueno ;) eso es porque os he hecho sentir, ¿no...?